Texto: La Mujer del Almacén
de Katherine Mansfield


Cuento


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La Mujer del Almacén

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Edición física

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Fragmento de La Mujer del Almacén

La niña nos dirigió la mirada con uno de sus ojos, por detrás de las faldas de su madre, y se ocultó de nuevo.

—¿Dónde está su hombre? —preguntó Jim.

La mujer parpadeó rápidamente, se pasó una mano por la boca y giró la cabeza para observarnos.

—Se fue a la esquila —nos dijo, demorando su respuesta—. Hace casi un mes que anda fuera. Supongo que no permanecerán aquí, ¿verdad? Una tormenta se avecina.

—No se intranquilice, pero nos quedamos —afirmó Jo—. ¿De modo que está sola, señora?

Permaneció quieta, con la cabeza gacha y empezó a acomodar los pliegues del delantal. Luego nos miró de reojo, uno a uno, con una expresión de pajarito hambriento. Me sonreí al pensar en la burla que le había hecho Jim a Jo, hablándole siempre sobre aquella hermosa mujer del almacén. Cierto era que ella tenía los ojos azules y el poco pelo que le quedaba era rubio como el oro viejo, pero no era bonita. Su figura tenía un aspecto ridículo que daba lástima. Al observarla, se tenía la impresión de que bajo su blanco delantal, sólo había palos y alambres retorcidos. Los dientes de delante le faltaban, sus manos largas, agrietadas y enrojecidas, le colgaban inútiles de los brazos y llevaba un par de botas de hombre arrugadas, cubiertas de polvo.


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16 págs. / 28 minutos.
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Publicado el 22 de octubre de 2016 por Edu Robsy.


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