Descargar ePub 'Consolación a Marcia', de Lucio Anneo Séneca

Filosofía, Tratado


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  Filosofía, Tratado.
37 págs. / 1 hora, 5 minutos / 179 KB.
14 de diciembre de 2016.


Fragmento de Consolación a Marcia

Generalmente nadie obtiene a la vez bienes grandes y duraderos; la felicidad que permanece hasta el fin, es la que llega lentamente. Los dioses inmortales que te daban tu hijo para poco tiempo, te lo dieron desde luego tal como pudieran haberlo formado muchos años. Tampoco puedes decir que los dioses te hayan elegido para privarte de los goces maternales. Recorre con la vista la multitud de los conocidos y desconocidos: en todas partes encontrarás aflicciones más terribles. Han caído sobre los grandes capitanes, sobre los príncipes; ni la fábula dejó inmunes a sus dioses, y creo fue para consolarnos en nuestros quebrantos al ver que sucumbían también los hijos de las divinidades. Mira bien, repito, a todos lados: no citarás ni una casa tan desgraciada, que no encuentre consuelo en otra casa más desgraciada todavía. Y a fe mía que no pienso mal de tus sentimientos, al creer que debes soportar con más paciencia tu infortunio si te presento considerable número de afligidos: mal consuelo es el que se busca en la multitud de desgraciados. Citaré, sin embargo, no para demostrarte que los quebrantos son habituales en los hombres, porque sería ridículo buscar pruebas de la mortalidad; sino para convencerte de que hubo muchos que suavizaron sus penas soportándolas con calma. Comenzaré por el más feliz. L. Sila perdió a su hijo, y esta pérdida no abatió ni su ardor bélico ni la cruel energía que demostró contra los enemigos y los ciudadanos, ni hizo suponer que había adoptado el dictado de feliz en vida de su hijo y no después de su muerte. No temía ni el odio de los hombres, cuyos males procedían de su excesiva fortuna, ni la ira de los dioses, para los que era crimen haber hecho dichoso a Sila. Pero dejemos entre las cosas no juzgadas aún qué hombre fue Sila: sus mismos enemigos confesaron que empuñó oportunamente las armas y las dejó con oportunidad; queda por lo menos demostrado lo que queríamos probar, esto es, que no es considerable el mal que cae hasta sobre los más afortunados.


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