Operación Protur 2

Un mundo nuevo

Manel Martin's


Novela



Dedicado a quienes creen en que todo el mundo es bueno.

Comentario del autor

En Operación Protur, quise mostrar el peligro que corre el planeta, con la gran proliferación de armas nucleares, a lo ancho y largo de nuestro mundo.

Me pregunto ¿qué porvenir dejamos a nuestros hijos y nietos? ¿No pensamos solo y únicamente en vivir nuestra vida con comodidad, sin pensar en su futuro? ¿Y no creen que nuestro bienestar tiene un nombre y se llama “EGOÍSMO”?

Ya hemos invadido los mares con basura y plásticos. Las reglas que imponen los gobiernos o ministros de sanidad por higiene, prohibiendo, vender productos no embasados, ¿no provoca más contaminación por platicos? y por lo tanto consigue el efecto contrario a lo que pretenden. Tal vez predicando con la sanidad y la protección a los menores ¿No perderemos vacunas naturales?

Yo pienso que deberíamos regresar al pasado con la venta al detalle y los embases de papel, cartón o vidrio. De lo contrario el futuro lo tendremos lleno de plásticos y basura. “El presente ya lo está”. En este caso, los países más pobres son los que más sufren las consecuencias, recogiendo los desechos de los más poderosos. No hace falta buscar muy lejos, podemos verlo en televisión o simplemente dando una vuelta alrededor de las ciudades. ¿Alguien se pregunta, cuando tira la bolsa de basura donde terminará esta? ¿Ho cuánto tiempo tardará el planeta en convertirse en un gran estercolero? La respuesta es que el proceso ya ha comenzado y camina a pasos agigantados doblándose cada tres años la cantidad de desechos. La micro basura, el egoísmo y la comodidad, podría ser la causante de la próxima extinción de personas y animales.

Los hijos o nietos que en el año dos mil veinte tengan diez años, si llegan al dos mil cincuenta con cuarenta años ¿qué opinión tendrán de sus progenitores, que solo se ocuparon de vivir lo mejor posible, sin pensar el futuro que dejaban “egoístamente” y perjudicando ostensiblemente a esas personas que en teoría más querían o protegían. Claro siempre podrán decir “que era la ley impuesta por los políticos”. Los mismos que promueven la ecología como charlatanes de feria en busca del voto. No solo contaminamos la tierra, el universo ya dispone de basura terrestre en cantidad más que suficiente. Basura que de una u otra forma nos afectará en el futuro.

Pero nos da igual mientras ganemos dinero y nuestro país se encuentre en el club de los poderosos. Nuestros descendientes pagarán el precio de dedicar su niñez y juventud a los teléfonos móviles, los videojuegos o las redes sociales, todo ello solo crea un mundo ficticio y despierta la imaginación a una vida irreal, empezando por imaginar cómo verdadero, el país de la fantasía de YouTuve, donde un ejército de falsos profetas, les hace vivir en el paraíso de los mundos de Jupi.

Me decía, mi amigo Juan Ramón: No sé porque los políticos se empeñan en insultarse mutuamente y no en divulgar, las medidas que desean tomar de cara al futuro. En realidad no se “que votar, ni a quien” pues tampoco sé que pretenden; solo tengo claro que no votaré a los charlatanes de feria, que prometen leyes imposibles y difaman a otros partidos sin ofrecer nada a cambio y sin mirar su espalda.

Entendí el mar de dudas de mi amigo, al que hubiera podido añadir un sin fin de razones a sus palabras, pero en ese caso posiblemente no hubiera votado a nadie. Es fácilmente entendible, que las necesidades del pueblo, no son las mismas que las de los políticos ávidos de poder, “aunque no sepan gobernar“ y necesiten un ejército de consejeros tan inútiles como ellos .

En fin ya que no puedo cambiar el mundo real, dejaré volar mi imaginación hacia un mundo nuevo. Quienes hayan leído Operación Protur, encontraran en un mundo nuevo tal vez respuestas a sus preguntas, que entenderán inmediatamente; pues lo lógico es que los supervivientes intenten recuperar su vida anterior; a quienes no hayan leído Protur les aconsejo que lo lean antes de seguir a Carles y así entenderle mejor a él y al relato. Posiblemente en algún momento no entiendan al autor, pero piensen ustedes como se encontrarían el mundo tras una extinción. ¿Acaso no intentarían aprovechar todo lo posible los restos de la civilización anterior? ¿y utilizar sus restos o conocimientos en su propio beneficio?

En ese momento ustedes se convertirían en “chatarreros” con la única intención de aprovechar todo lo que hubiera quedado, al tiempo que desterrarían ideas o convicciones antiguas, las mismas que habían provocado una séptima extinción. En fin, piensen lo que harían ustedes en cada situación y que ocurriría con los grupos divididos por la península con más o menos suerte y más o menos habitantes o vecinos. También piensen en los medios de que dispondrían y sobre todo en la supervivencia. En fin que ustedes lo lean bien y les dé que pensar.


El autor.

Introducción

La tierra año quince de la nueva humanidad.

Me llamo Carles y soy el cronista de la nueva era. Hoy hace quince años que despertamos dentro de unas urnas que nos mantuvieron en... no sé cómo, ni en qué estado (solo soy periodista) tal vez aletargados, en el centro ubicado bajo la Peña de Francia, provincia de Salamanca y cerca del destruido pueblo de La Alberca.

Nuestros cuerpos tras pasar casi un milenio en el interior de unas urnas despertaron. He recordado que tomamos una píldora antes de tumbarnos en las urnas, estas se cerraron y quedamos dormidos, al despertar supe que durante veinte días los robots habían iniciado el proceso de recuperación de nuestros cuerpos, cambiando nuestros fluidos vitales, hasta que llegó el día D. O el día que debíamos despertar, nos costó una semana recuperarnos por completo tras despertar y entre tres o cuatro días, recuperar nuestros cerebros, tomar conciencia y saber realmente quiénes éramos.

Para nosotros una vez recuperados era como si solo hubieran pasado unos minutos durmiendo, recordamos toda nuestra vida anterior como si fuera actual, una vez recuperados, sin embargo el mundo que descubrimos, era un mundo distinto donde todo estaba destruido y oxidado, no reconocíamos nada de lo que encontramos al abrir las puertas de nuestro centro; después de lo cual decidimos explorar el exterior de nuestro refugio, enviamos exploradores en varias direcciones y a la conclusión de las mismas, no habiendo encontrado población humana decidimos separamos, en seis grupos, quedando el mayor en el centro donde terminábamos de volver a nacer, o recuperar nuestros cuerpos e identidades, a su vez convertido en centro de operaciones o refugio. A los grupos los bautizamos con los nombres de los puntos cardinales, Norte, Sur, Este y Oeste. A cuatro o cinco horas de marcha del centro, se instaló un nuevo grupo al que llamamos Sub norte y que a lo largo del tiempo hemos llamado grupo del pantano. Ellos mantienen un fluido intercambio de comestibles y visitas con el grupo centro por su proximidad.

Yo pertenezco al grupo del Este. Nosotros encontramos supervivientes en la población de La Vall de Uxó, no sabemos de donde procede el nombre ni los nativos lo recuerdan (se ha olvidado) solo David conoce la zona por ser nativo de Sagunto, (un pueblo vecino) al que él en ocasiones llama Sagunt o Morvedre.

Hoy disponemos de unas granjas con los animales que habían sobrevivido encerrados en la cueva con los nativos, gracias a los cuales lograron sobrevivir ambos. Hemos multiplicado los animales, tras ser aceptados por ellos como “enviados” de no sabemos quién.

Hace cinco años hicimos un viaje al centro, donde nos reunimos con supervivientes de los otros grupos, repartimos animales que habíamos criado en granjas, como, Gallinas, corderos y caballerías, también entregamos carros de nuestra propia fabricación. Sobre los otros grupos, diré que no todos han tenido nuestra suerte.

Las noticias que tenemos, es que nuestra ayuda fue de gran valor para todos los grupos y en la actualidad todos progresan en los sitios elegidos por ellos para instalarse. Debo añadir que el grupo sur también encontró en Nerja, una comunidad de seres humanos, aunque menos civilizados y numeroso que el nuestro y también con menos medios; habían vuelto a la violencia y el canibalismo, en realidad un milenio da para mucho, pero en la actualidad se van adaptando a las costumbres de nuestros compañeros y según los últimos informes ya forman una comuna sin problemas, con población creciente y con una nueva y buena educación. Nada habían dejado escrito, por lo tanto solo sabemos lo que nos han contado o visto.

Hemos sabido que el centro encontró por radio emisiones de la Patagonia y Groenlandia, pero hace tres años que no tenemos noticias de ellas ni se escuchan, dudamos incluso de haberlas encontrado, el tiempo pasa sin que tengamos noticias de más supervivientes, posiblemente de los extremos norte y sur de la tierra procedan las pocas aves que hemos visto. Nada conocemos de otros continentes, aunque confiamos que existan mas núcleos con seres vivos.

Lo que sucedió no lo sabemos con certeza, pero tenemos claro, por la imágenes captadas con nuestras cámaras y que pudimos observar en parte (hasta que la lluvia acida las dejó inservibles). Sabemos que estalló la primera bomba en la atmósfera apagando todos los satélites y dejando inútiles las comunicaciones vía satélite, así empezó una guerra mundial; tal vez por miedo los unos con los otros y ante la duda de ser atacados, se debieron apretar los botones nucleares de varios países y como una deflagración en cadena, las bombas cayeron a lo largo y ancho del planeta. Los satélites no funcionaban y con ellos nos quedamos sin comunicación en los móviles y ordenadores, pero los circuitos internos y las órdenes programadas con elementos privados o con circuitos cerrados ¡sí! Los países sabían lo que podía ocurrir y estaban preparados con tecnología de mediados del siglo XX. Las bombas debían tener programado su destino, tanto vía satélite como manual terrestre.

Los países con menos potencial nuclear o nulo como España recibieron menos cantidad de impactos, (o eso creemos) pero las explosiones debieron despertar volcanes que ayudaron a lanzar gases a la atmósfera, ningún punto del globo pudo librarse de la radiación nuclear, los fuertes vientos, los innumerables tornados, pero sobre todo la lluvia acida.

Con la lluvia acida la vegetación se quema y los animales herbívoros moren por falta de comida, los carnívoros a su vez se quedaron sin comida y también se extinguieron. Era el volver a empezar o el principio del fin.

Hoy comprendemos mejor lo que ocurrió en anteriores extinciones.


En nuestro nuevo mundo, no quedan grandes buques, estos almacenaron gran cantidad de acido sulfúrico en sus bodegas, oxidando y perforando el casco metálico y hundiéndose, los hemos visto en los puertos más cercanos que hemos visitado, algunos buques muestran su parte superior fuera del agua, sin embargo se han salvado algunas pequeñas barcas de resina, parte de ellas por estar a cubierto bajo varias plantas de edificio. Lo mismo ha ocurrido con automóviles y otras maquinarias. Hemos encontrado automóviles en sótanos, pero en tan mal estado que no podemos repararlos con nuestros medios actuales. Los caballos y los cada vez mejores carros que construimos, son nuestro mejor transporte, gracias a los animales que los nativos salvaron introduciéndolos en la cueva con ellos, hoy podemos progresar.

No todo se extinguió en la península, pero poco debió quedar, mi señora dice que al quedar sin protección y control humano las centrales y depósitos de material radiactivo estallaron y lo mismo ocurrió a los depósitos de gas u otros productos almacenados y activos.

En fin la naturaleza es sabia y ha sobrevivido, nuevamente las plantas han proliferado, aunque hoy comemos frutos que no conocíamos; junto a las simientes que trajimos con nosotros, guardadas en las cámaras del centro, donde sigue habiendo un gran almacén de semillas, en fin hemos encontrado otras nuevas.

Como he dicho no todos los animales se extinguieron, algunos aumentaron su tamaño mientras otros desaparecían, los roedores posiblemente consiguieron perpetuarse a base de grandes camadas y la ingesta de raíces, hemos encontrado ratas de todos los tamaños las mayores son como un conejo. Lo que llamamos cucas (antiguas cucarachas), son de diez centímetros, con un sabor parecido al marisco, hemos visto alacranes y arañas de hasta veinte centímetros. Langostas o saltamontes de casi medio metro y muy sabrosas. Escarabajos cornudos de veinte, liebres del tamaño de un cordero y hormigas del tamaño de una almendra, a las que tenemos que controlar, son un autentico peligro y capaces de devorar un cordero en poco más de una hora. Tuvimos suerte de encontrar abejas, durante muchos años creíamos que habían desaparecido, pero hoy disfrutamos de su miel.

Tenemos depredadores, una especie de Marta del tamaño de un perro mediano, no sabemos cómo sobrevivió (tal vez comiendo ratas y conejos en el interior de las madrigueras) los lagartos, no hacen nada pero si te muerden no sueltan bocado y te arrancan la carne, no suelen ser peligrosos, suelen huir y solo muerden cuando se ven acosados o tienen miedo, los cazamos tienen una rica carne, parecida al pollo.

El peor enemigo es la mantis, han crecido enormemente, sobrepasando el metro de cabeza a cola, vemos pocas y de diferentes formas y colores, pero son insaciables, siempre están cazando o comiendo, afortunadamente no deben haber muchas. En fin debe haber más animales, pero son los que más conocemos.

En cuanto a los humanos: el pueblo está organizado y todos trabajan para la comunidad, cada cual en su oficio.

Sigue figurando como el jefe de la comuna “el Amo”, aunque si alguien manda en realidad es David (todos le consultamos y obedecemos, incluido Amo).

Aprovechamos todo lo que podemos de la civilización anterior y progresamos, no hemos recogido ni fabricado armas de fuego, aunque podríamos hacer pólvora con facilidad. Nuestras armas son la lanza el cuchillo y las ballestas. En realidad solo las usamos en ocasiones para cazar, no tenemos enemigos.

Nuestros hijos se hacen mayores y van a cumplir catorce años, David se plantó con dos y yo con tres, Vicente y Daniela van a por el quinto. Ayer le pregunté si quería repoblar el solo el planeta. La mayoría tenemos dos o tres hijos. También los nativos van creciendo y estamos llegando a las cuatrocientas personas, entre niños y mayores.

Mantenemos un contacto fluido con el asentamiento de Navajas donde están cercanos a los doscientos habitantes, los niños y adolescentes que encontramos al llegar se han convertido en hombres y mujeres que a su vez se casan y tienen hijos.

Hemos creado un consejo del pueblo, con Amo como presidente o alcalde y allí se toman decisiones que todos aceptan, como no poder casarse antes de los dieciocho veranos y que no sean primos, por la consanguinidad (aunque no siempre se cumple).

Los sábados nos comunicamos por radio todos los centros con todos. Es un rato de esparcimiento.

Durante la semana yo soy quien más se comunica y así consigo saber de los otros grupos.

He sabido que mi antigua colaboradora Rufina espera su segundo hijo, tardo en quedarse pero ahora... Y que Cortese (su pareja) se ha recuperado anímicamente y hoy es el pastor de los corderos o rebaño, con su leche hace quesos y mantequilla. Ella como yo lleva la crónica de su grupo solo eran ocho, hoy son dieciséis y el que viene en camino. Dice que las rías gallegas se van regenerado y tienen suficiente comida, también los peces han cambiado, algunos que deberían vivir en el abismo del océano, hoy se encuentran en la superficie.

También ellos han tenido problemas con las hormigas, muerden sin miedo y su mordedura es muy dolorosa, pues inyectan acido fornico. Para combatirlas fabrican un alcohol que introducen en los hormigueros, cuyo tamaño puede tener dos o tres metros de altura y después prenden fuego. Deben ir bien tapados pues las hormigas los rocían con el acido que expulsan.

Prácticamente todos los asentamientos han doblado su población y con la estabilidad alimenticia crecen sin temor. En fin seguiré la historia.


Carles.

Primer capítulo

Patri la esposa de Amo, mientras teníamos una asamblea abierta dijo que quería hablar, todos teníamos derecho a la palabra y todo el pueblo podía acudir, aunque no iban más de treinta o en ocasiones cuarenta personas; pero ella solía hablar poco. Todos callamos mirándola, Ella dijo.

—Hace cinco años servimos animales a todos vuestros amigos, como decís vosotros comunas o asentamientos. Por mi parte sentí una gran satisfacción al conocer a otras personas y comprobar que no estábamos solos. Hoy vamos sobrados de comida, pero no sé si habrá más personas padeciendo hambre o...

Se calló y bajó la cabeza, Alba tomó la palabra.

—Patri tiene razón, nuestra satisfacción por encontrar un mundo nuevo y crearnos un futuro nos hace olvidar que tal vez otros puedan padecer...

José Antonio interrumpió la indecisión de Alba.

—La realidad es que no sabemos si hay más supervivientes, aunque tampoco los hemos buscado. Sin embargo sabemos que por donde han pasado nuestros compañeros no han encontrado a nadie, excepto en Nerja y aquí. ¿Qué opináis, debemos mandar expediciones?

Todos miramos a David y este entendió.

—¡Si tenemos que hacerlo! este es el momento tenemos lo necesario para pasar varios días de viaje, debo decir que la idea me gusta. Solo habría que crear o diseñar una ruta y saber quiénes van, desde luego los que vayan deben ser voluntarios. ¿No sé qué opináis?

Nico el hijo de Nicolás, no se perdía una reunión, había cumplido veintiocho, se casó al volver del centro y tenía dos hijos. Tomó titubeando la palabra.

—Yo... Yo si hay viaje quiero ir, creo que los jóvenes deberíamos... bueno yo.

—Si tienes razón dije yo, algunos de nosotros rondamos los cincuenta.

Amo dijo – hay que viajar y aunque no encontremos nada, los jóvenes podrán contar su aventura, yo volvería al Centro inmediatamente, me gustó salir. ¡David traza la ruta!

—Debemos pensar bien las cosas antes de salir a la aventura y yo creo que de aquí a los pirineos o Aragón no hemos explorado nada. Sin embargo otras zonas de la península si han sido exploradas al desplazarse los otros grupos y el propio nuestro. Es una zona cercana y deberíamos ir.

La primera inspección al norte

A principio del mes cinco (mayo), se organizó una expedición con voluntarios hacia el norte, con el único objetivo de explorar y saber que podían encontrar, sobre todo tenían preferencia las personas jóvenes. Como jefe de la expedición iría Vicente y yo (Carles), Remedios y Helena como médico, nos acompañarían. El resto eran mujeres y hombres nativos, tres galeras con dos caballos cada una y otros dos de refresco por galera, eran el trasporte.

Ximo había conseguido casarse con Carmen y esta ya tenía tres hijos, tras Roberta, había nacido Ximo y Carmen de solo un año, Roberta acababa de cumplir catorce años y estaba emocionada con sus hermanos. Pero Ximo sería el carpintero de la caravana, en sustitución de Aníbal como la vez anterior. Félix viajaría como herrero con Clara (recién casados) aprendiza de Reme. Paquito de veinticuatro iría como carretero. Cuando se enteraron sus primos de Navajas, no tardaron en presentarse. Así con Pepe y Boro se cubrió el cupo de carreteros.

Dos chicas horneras de diecinueve y veintiún años, Lara y María se ofrecieron voluntarias; dos carniceros Juan y Romo completaron la expedición. En total catorce y con Nico se cerró la partida. Era mucha comida para muchos días.

Una galera iba llena de animales, gallinas, conejos y patos, en otra iban los quesos embutidos o cecina de cordero. Llevaban leche en polvo gracias a alba. En esta ocasión no les retrasarían las ovejas. En la última galera repartiendo el peso iba la harina, recipientes con agua, herramientas, armas (de las nuestras)y las mochilas.

Yo disponía de una hermosa lanza con punta metálica en la que me apoyaba al andar.

Por la noche antes de partir nos reunimos ante la gran mesa. Amo dijo.

—Patri no quiere que vaya. Nico ocupará mi puesto.

—Algunos sonreímos disimuladamente (ya lo sabíamos) David extendió el mapa de España y dijo.

—Las centrales nucleares en el Ródano deben estar masacradas y por lo tanto, no creo que podáis acercaros a Francia ni tan solo a Barcelona, si no fallan mis cálculos no debéis pasar de Tarragona y desde allí cruzar buscando la carretera de Zaragoza, para volver por Teruel, es una buena vuelta. Cuando os acerquéis a Ametlla de Mar, mirad la contaminación, aunque la central de Vandellós se cerró nunca se sabe...fijaros bien en la noche, podría verse el resplandor de alguna hoguera. Creo que es una buena expedición, siempre podéis inspeccionar aquello que queráis, pero recordad tenéis comida para treinta días. Remedios y Helena han preparado las mochilas y los monos antes de iros coged cada uno la mochila y los dos monos. Llevan el nombre de su ocupante. Solo puedo desearos suerte. Carles la radio y los prismáticos ya está sobre el carro, Vicente y Helena llevan los contadores.

Robert (el jefe de cocina) dijo a sus pupilos.

—No me defraudéis confío en vosotros.

Los carniceros y las horneras sonrieron y recogieron su equipaje.

—Todos desaparecieron de la sala; por la mañana sonó la campana que hacía solo un mes habían instalado en lo alto de una espadaña de reciente construcción, era la forma de llamar a reuniones o como señal de peligro (del que carecían) y la gente empezó a salir de sus casas dirigiéndose a los corrales de donde saldría la caravana.

Aparejaron los caballos y terminaron de cargar las galeras. La expectación hacia una nueva aventura era total. Vicente y Reme controlaban que todo estuviera cargado. Poco a poco tras los preceptivos abrazos y besos, la caravana se puso en marcha, sin Amo entre Patri y su madre le habían convencido para que se quedara con David, mientras todo el pueblo agitaba las manos despidiéndoles.

La primera noche la pasarían en Castellón, nunca habían ido tan lejos y la incertidumbre se mostraba en sus rostros.

Por el camino encontraron pueblos completamente destruidos, En las inmediaciones de Villareal, Vicente subió sobre una pila enorme de azulejos y con los prismáticos pudo ver un campo de placas solares, pero no era momento de pararse. Carles tomó nota del lugar. Encontraron enormes cantidades de maquinaria oxidada o rota, algunas bajo los techos caídos o escombros. Carles dijo que de momento no les hacían falta y siguieron.

Hicieron un alto para comer y a las cinco entraban en la carretera de circunvalación de Castellón, camino del puerto, una gran torre eléctrica cruzaba la carretera impidiendo el paso, tras ella se podía observar la gran cantidad de escombros procedentes de las naves y viviendas colindantes.

Vicente paró la caravana y todos acudieron a su lado.

—Por aquí no podemos seguir, volvamos atrás y busquemos un nuevo camino.

Vicente tenía razón y la caravana dio la vuelta buscando la antigua carretera a Barcelona. Nuevamente se encontraron con el camino lleno de escombros, pararon y Reme dijo.

Son cascotes y no parecen muchos, podríamos mandar un par de chicos y que mirasen si el camino está cortado o solo son cascotes en cuyo caso podríamos apartar los que molesten y seguir; por peores sitios hemos pasado.

Estuvieron de acuerdo y los dos cocineros se ofrecieron para investigar. Quince minutos más tarde volvían.

—Solo es un tramo de no más de medio kilómetro después la carretera se ensancha y los cascotes no molestan, excepto algunos.

Las chicas tomaron el mando de los animales y los hombres iban delante apartando cascotes entre todos, los bloques más grandes, con palancas o a fuerza bruta, todos unían sus fuerzas. Los exploradores tenían razón y no tardaron en encontrar buen camino, pero Castellón estaba completamente destruido, solo era un amasijo de escombros por donde no se podía pasar. Lo intentaron por la parte norte pero la empresa fue imposible, no había forma de llegar al puerto. Helena dijo.

—¿Tan importante es llegar al puerto? No creo que en esta ciudad pueda vivir nadie. Creo que debemos descansar y seguir el camino.

—Tienes razón – contestó Vicente – no podemos perder tiempo en lugares donde no hay señales de vida, hoy ha sido el primer día sigamos y busquemos un sitio donde acampar y que puedan comer los animales.

Tuvieron que andar casi una hora, el sol empezaba a ocultarse, cuando encontraron hierba fresca; tras desenganchar a los animales, montaron el campamento y charlaron junto a la hoguera. Lara y María sacaron tortas mientras, Juan y Romo echaron carne sobre unas parrillas. Los chicos nunca habían andado tanto y estaban cansados, mientras los más viejos recordaban sus largas caminatas con pocas fuerzas, al abandonar el centro. Poco a poco entraron en las tiendas y se durmieron.

La luz del sol avisó del nuevo día. Carles llevaba un silbato de caña y lo hizo sonar. Pronto empezaron a salir de las tiendas, mientras él calentaba agua. Los carniceros bajaron la mesa plegable y sobre ella servían la leche con unas pastas, no comerían más hasta la una o las dos del mediodía.

Cuando estuvo todo recogido la caravana se puso en marcha, ya no pararían hasta llegar por las inmediaciones de Oropesa donde comieron sin acercarse al pueblo tras hora y media siguieron hasta Torreblanca nuevamente sin ir al pueblo y montando el campamento junto a la carretera, donde de vez en cuando, debían apartar algún trozo de chatarra procedente de coches o camiones, los caballos que iban de repuesto enganchados a unas cadenas, eran suficiente para dejarlos fuera del camino. Por la noche oteaban el horizonte en todas direcciones, en busca de algún resplandor, seguramente producto de alguna hoguera, pero nada encontraban.

Segundo día sin ver muestras de personas. Reme dudaba de la necesidad de encontrar más seres vivos y lo dijo tras la cena.

—Creo que es inútil buscar personas, solo podemos ver cómo están los pueblos y ciudades, dos veces hemos ido al centro sin encontrar nada en nuestro camino y algunos pueblos estaban mejor que estos. Tampoco el grupo Norte y el Oeste han encontrado nada.

—Nos encontrasteis a nosotros – dijo Ximo.

—Si pero en vuestro caso por lo que sabemos, estabais preparados y disponíais de la cueva, un caso similar al nuestro con El Centro. Los del Sur sobre resguardarse en las cuevas tuvieron que improvisar y quedaron pocos. También pudo influir que tanto Nerja como la Vall estaban apartados de las grandes capitales.

—Puede que Reme tenga razón — dije yo — solo en lugares muy apartados han dado muestra de vida, sin embargo en los países civilizados, sobre disponer de zulos o refugios antinucleares, nadie ha utilizado la radio.

—Creo que ellos no habrían contado con la cantidad de escombros que pueden tapar su salida y la intensidad del fuego recibido. Contestó Vicente. También la posibilidad de quedar sin respiraderos.

—Puede ser, yo no sé mucho de lo que habláis dijo Nico – pero el grupo sur encontró personas y...

—Tienes razón – volvió a decir Reme – pero como ha dicho Carles, en su caso las circunstancias fueron parecidas a las vuestras. Quiero decir que si no hay un buen refugio, no es fácil que sobrevivan.

Ximo contestó – “cuevas”

—Si más o menos y por la costa no conozco muchas.

Helena habló – si creo que hemos cogido el camino equivocado.

—No es totalmente eso, pero los otros grupos tampoco han encontrado nada, creo que debemos tomar el viaje como una excursión. Un por si acaso que no sea por nosotros.

Reme sin querer nos había quitado la ilusión. No tardamos en acostarnos.

Yo procuraba salir temprano a vaciar la vejiga, unas ramas tras de mi crujieron y escuche un chorro – era Paco.

—Carles usted cree que encontraremos algo.

—Paco nuestra expedición no es solo para buscar personas, debemos ver que ocurre en nuestro entorno y las posibilidades.

—¿Posibilidades?

—Si animales, aves, cosas... Vicente descubrió un campo de placas solares, ellas pueden fabricar corriente, aunque en su estado habría que repararlas.

—¿Luz?

—Si luz o corriente, con ella hacemos carros nuevos y progresamos.

—Si lo entiendo, aún tengo mucho que aprender.

Como decirle que nunca llegaría a ser más que un buen trasportista o carretero y que me alegraba de que no hubiera conocido nuestra cultura.

Seguimos camino a Santa Madalena de Pulpis, donde comimos para inmediatamente seguir camino a Vinaroz. En este caso si entramos en la población y llegamos al puerto.

Apenas llegamos buscamos un lugar donde pudieran pastar los caballos y aunque no había peligro de que nos robaran, dije a Vicente.

—Puedes llevártelos a todos a echar una vista o hacer una visita, yo me quedaré con los carros, por esa calle llegaras a la playa y desde allí verás el puerto, había un hermoso paseo marítimo, yo pasé un verano aquí.

—¿No quieres venir?

—Mas bien no quiero recordar.

Todos aunque cansados, pero con la fuerza que da la juventud siguieron a Vicente, Remedios y Helena se quedaron conmigo.

—¿No queréis ver la playa?

—Yo tengo los pies ardiendo; hay agua en esa especie de acequia y voy a poner los pies. — dijo Helena.

—¿Y tu Remedios?

—Yo he comido mucho marisco aquí; cada vez que me desplazaba a mi pueblo era la parada obligatoria. Me encantaban los langostinos. Oye ¿qué le decías a Vicente sobre recordar?

Perdona pero te he escuchado, no obstante si te duele, no hace falta que hables. Hablemos de otra cosa.

Por un momento me callé, pero había pasado un milenio.

—Si, te lo voy a contar, ya no importa y además nadie existe ya, veras...

—Mis padres contrataron un apartamento para pasar las vacaciones, “que seguramente estará destruido”. En fin huelga decir que toda la familia nos trasladamos a Vinaroz. Mi hermana Helena pronto hizo amigas; yo era más introvertido o no tan divertido para buscar compañía. Me pasaba horas estudiando, pero todas las mañanas me bañaba y tomaba el sol. Alguien pasó corriendo sobre mí y me llenó de arena, me levanté sobresaltado limpiándome, una chica aguantaba una pelota de playa mientras me miraba. No la veía bien por el sol y me puse las gafas, en ese momento llegó mi hermana.

—Mira Carles es ni amiga Josefa, de la que te hablé.

Yo pensé (tu amiga podría ir con más cuidado) pero no llegué a hablar, Josefa dijo.

—Perdona el viento se llevaba la pelota de mi hermano menor.

Me volví y vi un niño de unos seis años esperando la pelota; solo sonreí y seguí limpiándome, nunca he sido bueno con las chicas. Ella me miró y dijo.

—Ya que yo te he molestado y llenado de arena, el sábado te invito a la piscina de mi casa, seremos más personas vendrán mis amigos y amigas, Helena está invitada, podrías venir con ella.

—Venga di que si – pidió mi hermana.

Sonreí y dije – está bien creo que no tengo nada en la agenda – aquello se convirtió en una buena amistad y empezamos a salir a diario, aunque tanto ella como yo sabíamos que nuestros caminos no seguirían juntos, pero nos divertíamos con los amigos.

Un día anocheciendo mientras todos estábamos sentados en la playa formando corro, su hermano mayor vino cargado de alcohol.

—Tu levántate – obedecí y me levanté — No quiero que salgas con mi hermana – mi contestación fue natural.

—Tu hermana es mayor de edad, ella decide con quien sale. Solo somos amigos.

—Siempre está contigo y con esa – dijo señalando a mi hermana.

—Contesté — sigo diciendo que ella decide.

—Intentó agredirme, pero tropezó con el pie de un amigo y cayó de bruces. Intentamos no reírnos pero fue casi imposible.

Josefa pidió perdón por su hermano y se lo llevó. Desde ese día yo procuraba no ir tanto con ellos, sabía que solo quedaban dos semanas para volver y no quería problemas, pero todos se presentaron en mi casa a por mi hermana “en teoría” no pude negarme y les acompañé a una discoteca. Bailábamos Josefa y yo, una mano me cogió del hombro con fuerza. Era su hermano cargado nuevamente de alcohol, me miró con odio, lo noté en sus ojos.

—Te dije que no quería verte con mi hermana.

Al momento sin decir más palabras y sin que me diera cuenta, sacó una navaja del bolsillo y se abalanzó sobre mí, yo me aparté instintivamente y clavó la navaja a su hermana.

—¡Dios mío! ¡Qué desastre! Sigue ¿Qué ocurrió?

—La ambulancia tardó en llegar y falleció camino del hospital.

—Perdona Carles no debí preguntar.

—Durante muchos años me estuve culpando, pero al fin llegué a la conclusión de que si no hubiera sido yo habría sido otro. Su hermano solo tenía celos, según diagnosticó el médico en el juicio; era un problema crónico de amor hacia su hermana. En fin voy a ver los caballos y que beban.

Reme se quedó triste, diciendo – amor que mata — y repitiéndose a sí misma que no debía haber preguntado. Días más tarde mientras caminábamos Reme me dijo, que todos tenemos un pasado.

Los expedicionarios volvieron y los cocineros prepararon la cena, los viejos teníamos claro que este viaje no era como los anteriores. Podíamos subir a las galeras si nos cansábamos y no debíamos preocuparnos por la comida. Después de cenar Vicente nos habló.

Mañana tenemos seis horas a San Carlos de la Rápita entre allí y el delta del Ebro pasaremos dos días, hay unas salinas y cargaremos sal, también llevamos una red y un trasmallo que emplearemos para pescar. Creo que lo pasaremos bien. Los jóvenes aplaudieron y los viejos sonreímos.

Los plazos se iban cumpliendo y a las cinco tras comer por el camino, llegábamos a San Carlos, la avenida que llevaba al puerto era ancha y pudimos acceder a él, los caballos podían pastar en los abandonados jardines, la mayoría nos bañamos y Reme me enseñó a lanzar el trasmallo, consiguiendo diez peces, en la orilla del puerto, que no tardaron en servir como cena para los más jóvenes. Respecto a los habitantes seguíamos sin ver muestras.

Al despertar del nuevo día nos dirigimos a San Joume D’enveja, por donde pasábamos no encontrábamos nada, había mucho pasto para los caballos descargamos las jaulas y las pusimos bajo una arboleda, los campos de arroz seguían creciendo todos los años sobre los restos del año anterior, tras recoger dos sacos, cortando la espiga seca, nos fuimos hacia la punta de Buda cargados con las redes.

El agua del mar se mezclaba con la del Ebro y la profundidad no llegaba al metro. Con mi lanza y unas cañas sujetamos la red, después nos metimos todos en el agua dando golpes con las cañas. Las redes se llenaron de peces, anguilas y cangrejos. Solo quedaba un saco de pita y los cocineros volvieron corriendo donde habíamos montado el campamento a por más recipientes. Reme dijo.

—Si hicierais unas cajas de madera, podríamos salar el pescado y conservarlo por meses.

Ximo no se hizo esperar salió corriendo en busca de la motosierra. Habíamos pasado un restaurante con árboles en el jardín y fuertes vigas de madera en el suelo, Boro fue tras él para ayudarle. Las vigas eran buenas y por la noche aunque toscas disponíamos de dos cajas.

Los cocineros ayudados por Lara y María limpiaron todo el pescado y las anguilas, aunque a ellas les daban miedo y se escurrían de las manos. Helena les dijo que tenían que clavar la uña del dedo pulgar tras la cabeza y así pudieron con ellas. Las salinas seguían con su trabajo y pudieron cargar la sal que había pedido Robert. Remedios dijo, que alternaran las capas de sal en los cajones con el pescado, para al fin dejarlos cubiertos, lo mismo hicieron con las anguilas y después cenaron peces, cangrejos y anguilas a la brasa. Por fin el sueño nos venció.

Por la mañana María vino corriendo y Gritando ¡un lagarto! ¡Un lagarto!

—¿Tienes miedo a los lagartos? No hacen nada.

—A este si le temo, ven.

Nos acercamos donde ella indicaba y vimos un cocodrilo de unos dos metros tumbado sobre la hierba.

Helena dijo que en nuestro país no había cocodrilos y yo respondí, que podían vivir tanto en agua dulce como en agua salada y que esos animales habían sobrevivido a varias extinciones. No podía explicar cómo, pero así era. Tal vez la búsqueda de comida le habría llevado allí; aunque por su tamaño no debía ser el único ni estar solo. No nos hizo caso y siguió tumbado. ¡Era un saurio superviviente!

Enganchamos los caballos; cargando agua dulce al salir de Amposta y seguimos la carretera hacia Ametlla de Mar, durante el camino medimos la radiactividad cada pocos kilómetros, en Ametlla paramos a comer con solo 0´01 de radiactividad, prueba fehaciente de que Vandellós no emitía nada. Seguimos hasta Cambrils. Donde hicimos noche. Mientras cenábamos Remedios dijo.

—No sé cómo se encontrará Port Aventura. Para quienes no lo sepan era un hermoso parque de atracciones ¿Qué digo? No debe quedar nada.

—¿Qué es un parque de atracciones? – preguntó María.

Solo los viejos lo sabíamos, comprendimos con tristeza que... “Bendita ignorancia” sin los problemas de una civilización como la que nos había tocado vivir. Contesté a María que era un lugar de esparcimiento y esta se calló. Mientras yo me puse a pensar que...

En nuestro actual estado o civilización, las familias se ocupan de los viejos, no se necesitan residencias y pueden disfrutar del calor humano de los suyos. No hay partidos políticos ni religiones. Cuando alguien pregunta, se le contesta con la verdad o se le enseña, nunca se engaña. Nuestros acompañantes ya no son unos ignorantes, llevan quince años aprendiendo, como si hubieran terminado el bachiller y entienden perfectamente las cosas. Solo cuando hablamos del pasado se encuentran con algo desconocido. María tenía seis años cuando llegamos y Lara cuatro; pronto cumplirá veinte. Los miro y los conozco como a mis propios hijos, las dos han dejado novios en el pueblo, María se casará al volver y quiere recoger cosas para su casa. Ya nadie los ve como extraños o de otra tribu. Recuerdo unas palabras de Alba.

—Los chicos se mezclarán y seremos solo un pueblo. De momento la mezcla ha venido de la mano de Ximo; él ha sido el primero al casarse con Carmen. Otros le seguirán. En realidad somos la misma raza y el mismo pueblo.


—¿En qué piensas? — Era la voz de Helena, ella y Vicente se me han acercado.

Les sonrió y contesto –pienso que ellos no conocen nada del mundo anterior y es mejor así.

—Comparto tu pensamiento.

—Carles – dijo Vicente – ¿conoces la zona?

—Si soy de ascendencia catalana, también yo sé hablar valenciano o catalán, solo hay unas variaciones entre uno y otro. Entiendo perfectamente a los nativos cuando hablan entre ellos.

—Hoy creo que los entendemos todos, También Reme sabe hablar como ellos. Dejemos el tema ¿dónde nos interesa acampar?

—Creo que frente a Port Aventura, había un gran aparcamiento rodeado de árboles y campos. También que habrá hierva para los caballos.

—— En ese caso llévanos allí.


Seis treinta de la tarde, la caravana dirigida por Carles llega a una zona, donde grandes placas de cemento son levantadas por las raíces de árboles, que han crecido entre sus grietas; alrededor hay una zona pantanosa, retroceden unos doscientos metros y cortan la hierba alta con los machetes media hora más tarde instalan el campamento y cada uno se dedica lo suyo. Saben que frente a ellos tienen un parque de atracciones pero desconocen lo que encontrarán. Mientras cenan deciden que por la mañana visitarán los restos del parque.

Helena saca el medidor y comprueba que se encuentran en 0’3 milisieverts de radiactividad, lo cual comunica a Carles y Vicente.

Hacen asamblea y dan explicaciones a los jóvenes deciden quedarse bajo la protección de las tiendas.

Por la mañana, vuelven a comprobar la radiactividad y se encuentra en 0´2 se reúnen y deciden que es peligroso, seguir hacia el Norte, la carretera que debían tomar para coger la de Zaragoza esta en Tarragona. Helena dice.

—Yo soy de Alcañiz, podemos volver y desviarnos por Ametlla pasando por Vandellós. Desde allí en unos cuatro días llegaríamos a mi pueblo y posiblemente en otros cuatro a Zaragoza, sin correr.

Boro preguntó — ¿Por qué ir a Zaragoza? ¿Qué es?

—Es una capital como Castellón, como un pueblo grande, allí vivían cien veces más gente, que en nuestro pueblo.

—Entiendo, cien veces es mucho, vamos, pero antes quiero entrar en el parque.

Armados de machetes nos encaminamos al parque, mientras atravesábamos lo que fue el aparcamiento, vimos anfibios similares a tritones o salamandras, no medirían más de veinte centímetros. María y Lara (nuestras panaderas) llevaban el encargo de Rosa y Creta; debían fotografiar todos los animales que encontraran, con un antiguo teléfono móvil, (el cual podían cargar con el acumulador de la radio). Así mientras María fotografiaba, Lara anotaba su tamaño aproximado y nos preguntaba el nombre. El cual en ocasiones desconocíamos.

La puerta no existía, en su lugar había un montón de oxido y trozos de hierro, las raíces nos impedían avanzar con ligereza, poco o nada quedaba de la montaña rusa, tal vez protegidos por los árboles algunos edificios no se habían perdido por completo. Así entramos en el salón del oeste, donde encontramos un par de pistolas de plástico bajo lo que fue la barra del saloon, Nicolás las cogió. En otro sitio donde entramos encontramos cinco muñecas con los vestidos comidos por los bichos habían perdido el color o pintura y solo quedaba el plástico. También las cogieron, nosotros dábamos explicaciones de las atracciones, informando que tras sentarse en unas barcas o troncos se lanzaban por la catarata.

Así pasamos dos horas antes de regresar al campamento recoger y volver sobre nuestros pasos, era peligroso seguir.

No teníamos ningún punto marcado para quedarse y decidimos acampar donde hubieran pastos, los animales eran siempre la preferencia. Caminábamos unas cuatro horas por la mañana y tres por la tarde, así pasamos ante la destruida y casi inexistente, central de Vandellós, lo supimos por un cartel de carretera troquelado que apenas se sostenía, dejamos a la derecha Mora del Ebre al segundo día y seguimos, Helena dijo, conozco esta zona como la palma de mi mano vamos camino de Calaceite, en la zona todos los pueblos eran bonitos Valderrobles era la capital de la comarca de Matarraña, recuerdo el castillo y el casco antiguo. También en Calaceite, “según vamos” al entrar a la derecha estaba el casco viejo era precioso, sobre todo el rincón de la plazuela engalanada con sus flores y enredadera. Toda la comarca nos transportaba a la época medieval.

Helena parecía soñar o ver en su cabeza lo que contaba, pero cuando llegamos Calaceite solo encontramos ruinas y montones de escombros, parecían dunas, no existía ni el campanario.

El quinto día tras andar algo más de dos horas, vimos las ruinas del castillo de Alcañiz, quedaban algunas murallas en pié. No paramos hasta llegar. Era el día doce desde que partimos. Había un hermoso prado entre árboles; donde anteriormente debía estar el circuito, un lugar ideal para acampar y que pastaran los caballos; segamos hierva para los conejos y las gallinas. En realidad, ya habíamos terminado con la mitad de los conejos, pero las gallinas nos provenían de huevos y por lo tanto no habíamos sacrificado ninguna, su caja era amplia y alta con palos cruzados y en la base, el piso perforado a medio metro de altura, todo era de madera incluido el cajón que recogía las heces. Limpiábamos todos los días las jaulas, como primera tarea.

No había prisa, tras comer los expedicionarios dieron una vuelta por el pueblo, tal vez al estar más alejado de la costa y protegidos por el monte del castillo, los núcleos principales no habían sufrido en demasía, muchas viviendas aunque sin tejado o parte de él, habían conservado los bajos. Encontraron cajas de platos y vasos que cargaron, cucharas, tenedores etc.

Carles pregunto por el sitio y le acompañaron; María y Romo habían sido los descubridores, Félix, Ximo, Nico y Boro se unieron a ellos.

Si un establecimiento de objetos del hogar, mantenía llenos de polvo sus tesoros, algunas cajas sin abrir, pero ya se habían surtido en Sagunto y no era el momento, de cargar demasiado los carros y sacrificar más a los animales, por lo que Reme les llamó la atención. Sin embargo encontramos una vitrina con navajas y las cargaron todas. En la misma acera encontraron una armería, o casa de deportes, derribaron la puerta y entraron. Carles echó un vistazo y se dirigió a la trastienda o almacén, una gran vitrina contenía armas de caza, buscó una palanca y tras romper el cristal, volvió en busca de un mayo o mazo y una tras otra las fue partiendo, al ruido acudieron los chicos.

—¿Qué hace? – preguntó Félix.

—Rompo el motivo por el que la tierra casi se ha extinguido, no las necesitamos y tu Nico tiraras lo que cogiste esta mañana, no quiero que lleguen al pueblo. Ellos nunca habían visto un arma de fuego y lo miraban con extrañeza. Esta noche me explicaré ahora ayudadme.

Tras eliminar las armas, buscaron la munición que colocaron sobre unas maderas, abrieron algunos cartuchos de caza e hicieron una mecha con restos de tela del local.

Vámonos, Ximo toma mi mechero y cuando lleguemos a la esquina enciendes y corres, no te entretengas mirando.

En realidad Carles no sabía que ocurriría pero quería destruirlo todo. Ximo cumplió encendiendo la mecha y corriendo a protegerse, se escucharon algunos disparos, como una traca, después sonaban a intervalos, el local ardía y Carles dijo.

¡Misión cumplida! Visitaron otros locales de donde cogieron pequeñas cosas como regalos, incluidos relojes sin pilas, regresando al campamento, las chicas habían subido al castillo y al llegar dijeron que habían escuchado fuertes ruidos y el pueblo ardía, les explicaron lo sucedido y después de cenar, sentados junto a la hoguera, Nico pidió explicaciones.

¿Porqué lo que rompiste tenía la culpa de que muriera la gente?

Si creo que os debo una explicación – todos pararon atención y Carles prosiguió – habéis visto las ballestas y sabéis que matan a distancia, también los arcos como el de Vicente lanzan flechas a distancia. Pero no hacemos ballestas para todo el pueblo, digamos que hay las justas, como defensa contra animales o para cazarlos.

Durante miles de años la humanidad no tuvo armas como las que hemos destruido, solo las que ahora tenemos nosotros, pero se descubrió un polvo que lanzaba objetos a gran distancia, un arma similar a esa, era capaz de matar a una persona a la salida del pueblo utilizándola desde lo alto del castillo.

Pero no solo eso, podía disparar muchos proyectiles y matar mucha gente, solo una persona podría matarnos a todos nosotros. Pero no se conformaron solo con ellas y crearon otras más poderosas como las que destruyeron la Vall, los pueblos se mataban unos a otros; como si vosotros mataríais a los de Navajas.

—¿Y porque lo íbamos a hacer? – preguntó Paco.

—Para quedarse con sus animales o sus mujeres.

—No lo entiendo hay muchas mujeres y animales.

—Yo tampoco lo entiendo, pero habían hombres así.

—Sigue contando –pidió Ximo.

—Los hombres construyeron grandes bolas de hierro, que lanzadas con tubos de hierro con el polvo negro, eran capaces de destruir las murallas de un castillo, como ese. No se conformaron y crearon nuevas energías más fuertes que el polvo negro, capaces de llevar hombres en carros de hierro que volaban, los fueron perfeccionando y llegaron hasta la luna. Si podían llegar a ella, podían llevar la muerte por todo el planeta y eso hicieron. Mirad como están los pueblos por donde pasamos y todo empezó con un arma como las que hemos destruido.

Se habían quedado callados, Vicente tomó la palabra.

—Contestaremos a todas vuestras preguntas durante el viaje, os hemos enseñado cuanto hemos podido, pero hay cosas que no todos sabemos, también nosotros tenemos trabajosasignados como vosotros, pero yo no sé lo que sabe David o José Antonio, tampoco sé hacer medicinas como Alba o sanar como Helena. No se cortar la carne, solo entiendo de construir casas. Quiero decir que nadie lo sabe todo y por lo tanto, no sabemos ni queremos, hacer carros que vayan a la luna.

Félix contestó – lo hemos entendido.

Siguieron hablando durante un buen rato y se retiraron.


Dos días les costó llegar a Burgo del Ebro, sin encontrar, personas y solo molestados por una bandada de saltamontes, de los cuales cogieron alrededor de una docena, ninguno de ellos los había comido y solo visto alguno en contadas ocasiones, Remedios y Helena fueron quienes repartieron instrucciones y todos los probaron sin hacerles ascos.

Al día siguiente al medio día sobre las doce treinta, llegarían a Zaragoza, por la antigua nacional 232. Lo que fue una hermosa capital era un montón de escombros como la mayoría de las capitales, solo podían circular por anchas venidas sorteando o subiendo sobre los cascotes, la tristeza se adueñó de ellos, llegando a la Ronda de la Hispanidad y siguiendo por ella a la derecha, llegaron a un lugar con hierba fresca y árboles, era el antiguo parque, Torre Ramona. Vicente dijo.

—Aquí acampamos montad el campamento y esta tarde visitaremos lo que quede del Pilar, Helena nos guiará.

—¿Qué es el Pilar? Preguntó Lara junto a María, de la que no se separaba.

—Es un monumento emblemático de Zaragoza era un lugar de culto – contestó Remedios.

—¿Qué es el culto? – preguntó María.

Todos nos quedamos mudos, entendíamos que nada habíamos enseñado a los nativos sobre las religiones y ellos solo entendían que vendría un enviado a ayudarles.

Carles contestó – son antiguas creencias, en cuanto tengamos tiempo tras la cena, hablaremos sobre el tema.

—Los hombres montad el campamento — Gritó Reme las mujeres vamos al rio.

Vicente dijo que se llevasen machetes, y ballestas, yo les di una lanza.

—Aquí no hay nada – contestó Reme.

—No recuerdas a la mantis – contestó él.

No hizo falta hablar más, cargaron con las armas, la ropa sucia, jabón, las toallas y se fueron al rio. Cuando regresaron a las dos la comida estaba para servir. Solo llevaban una mesa plegable y la dejaban sobre ella. Cada uno se servía en su plato o el fondo de la cantimplora.

Vicente preguntó – ¿Los hombres queréis bajar al rio al terminar de comer o más tarde después de un paseo?

—Yo prefiero después del paseo, tengo claro que me ensuciaré – contestó Ximo.

—En ese caso reposemos un poco y cuando Helena crea conveniente daremos una vuelta por la plaza de la Seo.


Tres treinta, Helena se levantó y dijo — quien quiera que me siga – todos la siguieron y pronto pararon ante unos animales de unos ochenta centímetros de longitud con muchas patas y una serie de corazas sobre ellos.

María dio la voz de alarma – ¿qué es eso?

Parece un cien pies yo tengo entendido que son voraces y venenosos – exclamó Vicente y preparó el arco.

—Espera – gritó Reme – creo que es un mil pies, han crecido mucho, son inofensivos comen hojas en descomposición y bacterias; suelen encontrarse en lugares húmedos.

—¿Cómo podemos estar seguros? –preguntó Vicente.

—Si se enroscan al tocarlos, son milpiés. Déjame la lanza Carles.

—Ten cuidado.

Remedios se acercó al animal y lo toco con la lanza e inmediatamente se enroscó, como una ensaimada.

—Lo veis son inofensivos.

Seguimos caminando y vimos mas en las zonas húmedas y sombrías. María los fotografiaba, de momento paró y señaló un rincón. Reme miró diciendo.

—No pasa nada son cochinillas, los compañeros de los Milpiés – aclaró Helena – creo que son Artrópodos; era difícil que no hubieran también cochinillas, si unos han sobrevivido los otros también, son similares y comen lo mismo, estos parecen un armadillo sin rabo.

—¿Qué es un armadillo? – preguntó Lara.

—Un animal desaparecido como este, pero con cola y más grande.

Reme tocó uno con la lanza, e inmediatamente se convirtió en una perfecta pelota. María los fotografiaba de todas partes.

—Deben medir entre veinte y veinticinco centímetros – aclaró Vicente.

—Aquí ha debido haber mucha radiactividad o algún agente externo que les ha hecho crecer. Posiblemente no les afectara demasiado... Carles dejó de hablar.

—¿Qué ocurre? – preguntó Helena.

—He medido la radiactividad al llegar y era nula, cerca de aquí había una base de la ONU. No sabemos quien lanzó la bomba ni como era, es algo que desconocemos. Tal vez bombas de absorción...

—Nunca sabremos de qué armas disponían, ni quien destrozó nuestro país; en una deflagración general cualquiera hubiera podido ser — contestó Reme – dejémoslo estar.

Los nativos, en ocasiones no entendían nuestras conversaciones y no sabían de qué hablábamos. En la escuela, habíamos dado en geografía, los mares y continentes, pero habíamos pasado por encima las naciones o las banderas. Las banderas eran signos que podían convertirse en retos o desafíos y nosotros no queríamos nada que pudiera confrontar a las personas.

Con estas reflexiones llegamos a la Plaza del Pilar o la SEO, Helena se dirigió a la basílica la cual se mantenía parcialmente en pié, las torres habían caído hundiendo techos y cúpulas solo una permanecía medio en pié. La puerta fue imposible abrirla, tras ella debía estar lleno de cascotes. Ximo ascendió a un montón de escombros y trepó a la ventana de una media pared de enfrente.

Gritó — solo se ve un amasijo de piedras y maderas, en medio quedan unas columnas en pié.

Nada podíamos hacer, Helena miró a su derecha.

Mirad la Seo parece que no ha sufrido daños. Tal vez el ser más bajita se ha salvado. En su interior se encuentra el museo de tapices tal vez podamos, salvar alguno para la posteridad a Helios le gustaría.

Mientras nos acercábamos Reme dijo – vamos a tener suerte, tiene la llave en la puerta.

Giramos con esfuerzo la gran llave y empujamos la puerta entre tres, está lanzó un enorme quejido. Apenas entramos encontramos restos de esqueletos, por su tamaño debían de pertenecer a niños, tal vez por eso estaba la llave en la puerta, seguimos y vimos dos tapices de dos metros y muchas telarañas. Carles dijo –hay telarañas que arden probemos — hizo una antorcha y aplicó el fuego a las telarañas que iban desapareciendo, mientras los tapices protegidos por urnas de cristal, eran los ideales para llevarnos, rompimos el cristal y sacamos los dos tapices a la calle. Seguimos entrando todos juntos alumbrándonos con linternas y antorchas rudimentarias, por las telarañas.

Los tapices que colgaban de las paredes eran preciosos y enormes, nos quedamos maravillados, no nos explicábamos cómo habían aguantado tanto tiempo en buen estado y más teniendo en cuenta que habíamos visto Lepismas de unos diez centímetros entre los cascotes y bajo las piedras del exterior (animales que comen papel y tela y que tenemos en nuestras casas comúnmente, comiendose nuestros libros).

Todos mirábamos exhortos los tapices cuando María gritó y seguía gritando. Un hilo tiraba de ella todos la cogimos con fuerza, Nico cortó el hilo de un machetazo, pero otro hilo lo cogió a él, Carles aplicó el fuego al hilo, como un reguero de pólvora el hilo condujo a una araña con el abdomen a rayas amarillas y negras, era enorme y todos corrimos hacia la salida. Cerramos la puerta nos mirábamos por si faltaba alguien, mientras María y Nico se quitaban la seda. Romo vio como una rata se introducía por debajo de la puerta y llamó nuestra atención. Comprendimos que la enorme araña, posiblemente no pudiera salir por su tamaño, pero le entraba comida del exterior, Habían muchos Lepismas y ratones de tamaño natural.

Estábamos en medio de la plaza, y Vicente nos habló.

—Por lo visto la araña no puede salir, por su tamaño pero las arañas suelen tener mucha descendencia, “según leí” parece ser que la comida le entra, pero ¿qué puede ocurrir si sale su descendencia y adquiere ese tamaño?

—No hemos visto ninguna en el exterior – contestó Helena.

—No pero ¿qué ocurre si salen? Tampoco sabemos cuántas hay, pero no será solo una, deben haberse reproducido durante siglos, e incluso comerse unas a otras.

—María temblaba mientras decía – su cabeza era como la de un caballo y su cuerpo más grande que un cordero.

—Si sus patas medirían dos metros— añadió Félix

—Por favor callad – dijo Reme – Vicente que propones.

—Pienso que si este animal o su prole sale y nos invade, tendrán mucha comida no tardarían en poblar la península, hay posibilidades de que sea nuestro fin o el de nuestros hijos, proliferan mucho más que una mantis, nos cazarán poco a poco, multiplicándose y podrían terminar con todos o convertirse en un gran problema.

—¿Crees que podemos eliminarla?

—Si creo que debemos aprovechar que están encerradas y exterminarlas, con fuego.

—¡No! quemaríamos los tapices, ella los guarda – gritó Helena.

Carles intervino – Helena hemos perdido mucha cultura y especies de animales, podemos perder alguna mas, tampoco interesa el contenido de los tapices, pertenecen a un mundo desaparecido, al fin y al cabo de poco nos sirve.

—Pero es matar un ser vivo y posiblemente único deberíamos votar.

—Acepto – contestó Carles.

La votación se llevó a cabo y todos coincidieron en que era mejor eliminarla. Buscaron retos de madera o material inflamable como plantas secas que colocaban junto la puerta, en la plaza hicieron una hoguera con las ramas más largas y dos antorchas con restos y trozos de tela. Vicente explicó el plan; entrarían y colocarían las maderas ardiendo bajo los tapices, a continuación el resto de las maderas o ramas sobre ellas así prenderían los tapices y ellos propagarían el fuego, las antorchas no las abandonarían hasta salir, con ellas prenderían la seda de la araña si eran atacados. Carles y Vicente llevarían las antorchas, cubriendo al resto.

Así lo hicieron los hombres llevaron los montones de leña y las mujeres, los palos encendidos, varias arañas de diferentes tamaños salían de la sala interior y todos echaron a correr a Félix le alcanzaron tres telas y Vicente las quemó, a Carles le alcanzaron dos telas y una a Ximo, pero inmediatamente las quemaron y siguieron corriendo hacia la puerta, las arañas les seguían con rapidez, lanzando algunos hilos, pero consiguieron llegar a la puerta. Carles fue el último en salir, lanzando dentro la antorcha, inmediatamente Vicente cerró con llave.

Poco a poco empezó a salir humo por todos los resquicios de ventanas o puertas, todos mirábamos apartados a cierta distancia en la plaza, Reme comentó.

Aquí ya no tenemos nada que hacer, los hombres ¿No queríais ir al rio? Pues no perdamos tiempo, lo que tenga que ser será.

Dos horas después las llamas salían por el techo de la SEO. Los hombres volvieron del rio dejando la ropa tendida junto a la de las mujeres. Mientras tanto las chicas horneras habían hecho tortas de pan y seguían cociendo para varios días en el horno metálico que trasportaban, para el cual solo necesitaban un poco de leña, después debían dejar el horno enfriar durante la noche. El pan seguía horneando, mientras cenaban.

Lara se dirigió a Carles y al ruedo.

—Sigo sin comprender cosas cuando hablan entre ustedes. ¿Acaso no debemos saberlas?

—¿Quien le contesta? – preguntó Reme.

—Yo lo hare — contestó Carles – por favor escuchad todos. Nosotros vivimos una vida anterior y conocimos otros animales y personas. Habéis visto ciudades como esta, también los pueblos que hemos pasado, el mundo estaba lleno de ellas y ellas llenas de habitantes, por cada uno de vosotros habían millones de personas. Vosotros habéis visto coches destrozados e inservibles, algunos convertidos en oxido. Nosotros conducíamos esos coches y en un solo día, podíamos dar toda la vuelta que nosotros haremos en treinta días aproximadamente. Teníamos vehículos. Quiero aclarar que un vehículo es como un carro o algo que nos transporta. Algo que te sirve para desplazarte sin tener que andar. Pues bien teníamos vehículos que iban por el agua y eran enormes, podíamos ir en uno solo de ellos todas las personas que conocemos, incluidos los de Navajas; también los teníamos que iban por el aire, volando como un pájaro, les llamábamos aviones. Al volver entraremos en un campo de aviación cerca de Teruel, aunque no sé si encontraremos algún avión y mucho menos si estará en condiciones.

—¿Qué es un avión? – preguntó Romo.

—El aparato o vehículo que vuela. Es difícil para nosotros enseñaros todo cuanto sabemos, también es difícil para vosotros, comprender lo que no habéis visto. Las explicaciones pueden ser muy largas y en algunos casos difíciles de comprender.

—Déjame a mi — dijo Helena, desde pequeños os hemos enseñado cuando podíais comprender, hoy podemos mantener una conversación, pero no con vuestros padres. Ellos no cultivaban la tierra ni tenían tanto ganado, no tenían carros o galeras, nosotros les enseñamos, creamos las escuelas y hoy todos sabéis contar y escribir, vuestros padres apenas sabían contar los dedos.

Como veréis la mayoría de los que formamos la expedición sois vosotros, los nacidos en La Vall. Es la mejor forma de que aprendáis: nosotros moriremos y nuestros hijos se quedaran con vosotros, con ellos formareis un nuevo mundo; queremos lo mejor para ellos, pero no conocerán el mismo mundo que nosotros “sus padres” conocimos.

Quiero decir que no tenemos secretos para los jóvenes pero es natural que de vez en cuando, hablemos entre nosotros del mundo que conocimos, como vosotros podréis hablar sobre este viaje sin que vuestros padres o amigos puedan saber de él; solo sabrán lo que vosotros les contéis.

Todos movían la cabeza afirmativamente. Y Lara contestó.

—Lo he entendido, Mis padres nunca han visto una araña grande.

—Y yo quiero que lo entiendas y preguntes. Solo preguntando se aprende lo que no se sabe.

Terminaron de cocer el pan, guardaron la comida y tras una breve charla se acostaron, cuando Carles salió por la mañana seguía saliendo humo en gran cantidad de la SEO.

Desayunaron, recogieron la ropa tendida y el campamento. La caravana se puso en marcha dejando con tristeza y algunos con miedo Zaragoza, en dirección a Cariñena. Más de una hora les costó llegar a la carretera que debían tomar. Caminaron sobre desechos parando a comer y como siempre sobre las seis de la tarde buscaban un sitio donde acampar. Unas ruinas junto a la carretera les sirvieron para montar las tiendas junto a unas paredes.

Al día siguiente sobre las doce llegaron a Cariñena, apenas visitaron el pueblo que no presentaba excesivos daños, si exceptuamos que no quedaba un solo tejado y siguieron andando.

Tres días, más tarde tras visitar de pasada algunos pueblos, llegaban a Calamocha.

Los expedicionarios ya no mostraban alegría, la expedición se había vuelto aburrida y monótona, Romo se acercó a Vicente.

—Vicente ¿Cuánto nos queda para volver?

—Para llegar a Teruel unos tres días; si caminamos una hora más, podemos visitar el campo de aviación y al día siguiente Dinépolis, donde podremos ver animales extintos antes de nuestra era, “si no está destruido”.

Romo habló con el resto y decidieron caminar una hora más. En tres días llegaron al cruce de Albarracín y siguieron acercándose a las inmediaciones de Teruel. Carles dijo que el campo de aviación no debía estar lejos pero los árboles lo tapaban. Era hora de acampar no debían seguir si no querían pasarse la entrada que llevaba al campo.

Mientras buscaban un lugar para acampar, encontraron una carretera a la derecha y pararon. Romo se subió a un Árbol.

—Hay un camino un poco más adelante y se ven cosas o casas raras.

Hera la entrada al campo de aviación, con los machetes tuvieron que cortar algunas ramas y plantas, pero en solo quince minutos estaban sobre la desecha pista. No daba tiempo para más la noche se echaba encima, simplemente utilizaron media nave que quedaba en pié sin trozos de techo y acamparon.

Tras cenar y antes de entrar en las tiendas les visitaron las cucas, pero no cogieron ni una, estaban rendidos y tenían comida.


El día amaneció con un sol de justicia que los despertó, no tenían prisa y desayunaron tranquilamente. Antes de dar un rodeo Vicente dijo.

—¡Escuchadme todos! por favor escuchad. Debemos permanecer unidos, que nadie se aleje del grupo. Recordad las arañas, he visto lagartos grandes, pero no vamos a cazar de momento, creo que llevamos suficiente comida para volver y no debemos cazar sin necesidad.

—Vicente se han terminado los conejos y la cecina, queda poco queso – dijo Juan.

—He visto que hay poca comida para las gallinas, si las vamos matando habrá más para las que queden, también pieza y media de queso y medio saco de harina. Tenemos suficiente. Tampoco tenemos prisa solo estamos a cuatro o cinco jornadas. Esta tarde habrá que amasar. Pero ahora vamos a ver los aviones o lo que quede de ellos.

Había muchos aviones aparcados pero en estado lamentable, algunos habrían sido levantados por el viento y chocado con otros, todos presentaban agujeros en el fuselaje, a ninguno le quedaba pintura, la lluvia acida había hecho su trabajo, aunque a decir verdad, no parecía que hubiera caído en demasía. Reme comentó.

—Parece que esta zona no ha sufrido mucho daño. El mismo viento que ha arrancado los techos a lanzado los aparatos unos contra otros pero no ha caído exceso de lluvia acida. Creo que el sol y el agua han hecho más daño, no obstante no sirven para nada.

—Si sirven — contestó Carles – como muestra; señores atiendan, en estos aparatos se podía volar y aún se puede ver en el interior lo que en un tiempo fueron asientos, podéis contar cuanta gente volaba como los pájaros.

Ximo y Paquito eran los únicos que habían hecho el viaje al centro. Ximo pregunto.

—En cuanto tiempo hubiéramos ido al centro.

—En media hora – contestó Carles.

Ximo se quedó mudo, sin saber que decir.

Entraron nuevamente en los hangares y buscaron, por si había alguna cosa interesante, Romo y Paquito iban delante y de pronto se volvieron gritando, venid, venid.

Todos se apresuraron a ir.

—Mirad — en un rincón tapado por un altillo sobre el que había planchas del techo, sobresalía la punta de un ala. Con precaución fueron descubriendo el objeto y apareció un aerotaxi en aparente buen estado, si bien la lona que lo cubría se pegaba a las manos o caía al suelo apenas tocarla, observaron el aparato y estaba entero, aunque no quedaban asientos, completamente comidos o descompuestos y las ruedas de goma estaban en el suelo.

Rosario dijo — pensáis lo mismo que yo.

—Si contestó Vicente – id a por dos caballos vamos a sacarlo — Mientras daba órdenes tocó una de las ventanillas y esta cayó dentro, la goma que la sujetaba no aguantaba más, intentó abrir la puerta y tuvieron que ayudarle. A continuación, quitó todos los cristales para evitar que se rompieran, dejándolos en el interior.

Félix dijo — No creo que sepamos arreglar esto.

—Félix, José Antonio es ingeniero de barcos y aviones, él sabe construirlos.

—José Antonio... Hacía esto.

—Si contestó Helena. Pero no sé como... no tenemos combustible y el motor estará oxidado.

—Si lo arreglan, yo haría los asientos – dijo Reme sonriendo – “Es lo mío”.

Los caballos llegaron y con ayuda de todos lo sacaron. Las ruedas se quedaron inmediatamente en las llantas. Todos miraban y remiraban el aparato, Carles pasó al interior de un gran almacén. Tocó palmas y gritó. Quiero una galera vacía inmediatamente. Había encontrado chapas de aluminio de dos metros por uno, soldadores Mig y Tig, latas de aceite, Ruedas, llantas de repuesto etc.

Quitaron las chapas superiores más dañadas y cargaron las de debajo en la plataforma. A continuación fueron cargando todo lo que decía Carles sobre ellas.

Helena al ver lo que cargaban dijo – el aceite no valdrá, las ruedas están pasadas y no sirven para el...

—Espera Helena, si no vale como aceite tal vez valga como grasa, la goma se puede hervir y crear otras ruedas con un molde.

—Tienes razón, pero ahora hay un carro menos y el avión.

—Tenemos caballos de refresco, los utilizaremos todos, descansando más a menudo y ten en cuenta que vamos de bajada. La jaula de conejos ya no la necesitamos.

—Vale, vale entiendo, sigue.

Siguieron cargando todo lo que pudieron también en el espacio libre de otro carro. Los chicos estaban alucinando y se reflejaba en sus caras, habían conocido los aviones y se llevaban uno pequeño. Las ruedas chirriaban y el fuselaje también lanzaba algunos quejidos. Cortaron un tronco y lo ataron al eje de las ruedas, utilizándolo como lanza para tirar los caballos y para que en las bajadas no los alcanzase. Las cuerdas fabricadas por el equipo de Reme eran de gran utilidad, con ellas podían sujetar el aparato con caballos en la parte trasera, cuando llegaran a las grandes pendientes.


Para salir del campo, tuvieron que sacar la motosierra; habían crecido los árboles y las alas no pasaban. Gracias a la gran anchura de la carretera Mudéjar, no tuvieron más problemas que los baches y las raíces. Llegaron a Teruel y pararon en las afueras, los animales tenían que comer y descansar.

Las horneras debían hacer pan para varios días, los cocineros tras sacar lo justo para comer, debían preparar la cena; Vicente dijo.

—Tras la comida haremos dos grupos para visitar Teruel, yo iré con el primero y Carles con el segundo, cuando terminéis el trabajo y hallamos comido.

Después de dos horas el primer grupo volvía y se cruzaba con el segundo.

—¿Cómo está Teruel? – Preguntó Carles a Vicente – desde aquí no se ve muy destruido.

—Y no lo está, da la sensación de no haber caído ninguna bomba y el daño se debe al viento y los elementos. Si hubiera que resucitar alguna ciudad esa sería Teruel.

Algunas casas apenas han sufrido daño.

—¡No se ven las torres!

—No las torres han caído.

—Y rastros humanos,

—Nada solo algún hueso suelto.

Vicente y su grupo se fueron al campamento, mientras el grupo de Carles seguía. Carles sabía que había un gran aparcadero en la otra parte de la ciudad, y se dirigió directamente hacia él, posiblemente impulsado por el descubrimiento del aero-taxi

La puerta estaba abierta y en el sótano o planta más baja había agua color marrón, no se veían coches, seguramente estaban deshechos, pero en las otras plantas superiores había gran cantidad de coches oxidados y muy dañados, en su gran mayoría eléctricos la mayoría seguían enchufados a la red. En voz baja exclamó.

—Litio, sal o hidrogeno.

Pensó — los carros están cargados y no cabe más. No estamos tan lejos, podemos volver si fuera necesario, hablaré antes con José Antonio y David. Comprobó el buen estado de la mayoría de la ciudad las casas más céntricas al estar más resguardadas se encontraban en mejor estado si bien las plantas y la naturaleza lo invadían todo y algunas casas habían caído por viejas, el viento o por las raíces. Dio algunas explicaciones a los jóvenes, sobre el modo de vida antes de la extinción y no encontrando señales de vida, volvieron al campamento.

El resto de la tarde lo pasaron dialogando sobre la aventura que estaban viviendo. Las arañas y el aerotaxi copaban la conversación.

Romo preguntó a Vicente – No has querido cazar lagartos ¿nunca los vamos a cazar?

Hay cosas que se deben pensar o razonar, piensa que en poco tiempo hemos multiplicado las gallinas, también las ovejas, en fin todos los animales, también nosotros tenemos hijos. Nuestros hijos poblaran otras ciudades y dentro de muchos años todo el país, también los animales tienen derecho a vivir, unos se multiplican más rápido que otros y debemos dejar que todos aumenten su número. Los lagartos como nosotros nos multiplicamos más lentos que las gallinas o los conejos, por ese motivo debemos cazar los imprescindibles y solo si es necesario.

—Lo he entendido.

Félix miraba el avión ¿Creen que iremos a la luna con eso?

—No, es imposible – contestó Carles.

—¿Pero si lo reparamos y vuela?

—Para volar necesita combustible, como las motosierras, con el depósito lleno solo podría dar una vuelta como nosotros, para ir a la luna necesitaría, mil veces más combustible y no podría cargarlo.

—Ni los caballos podrían arrastrar un deposito tan grande.

Veo que entiendes, pero hay otro problema más grande.

—¿Mas grande?

—Si cuando llegaramos, a la distancia que caminamos en un día, en dirección a la luna nos quedaríamos sin aire y no podríamos respirar, nos moriríamos. Intenta estar sin respirar y lo comprenderás.

—¡Pero dijeron que habían ido!

—Si fuimos a la luna y mucho más lejos, pero esos hombres sabios que construyeron naves, y trajes especiales para respirar en el espacio, tal vez fueron los causantes de la muerte de miles de millones de seres humanos; dicho de otro modo de la sexta o séptima extinción. Mejor que no salgamos de la tierra y la respetemos como nuestra casa.

—Carles, dices muchas cosas que no sé y...

—Mejor que sepas lo que te enseñamos, es lo que necesitas saber, tampoco David, José Antonio, ni ninguno de nosotros lo sabemos todo, cada cual tiene su especialidad.

—¿Como yo mecánico?

—Si procura aprender y ser un buen mecánico, no quieras saberlo todo; tampoco podrías, pero puedes preguntar y contestaremos lo que sepamos.

—Todos habían escuchado la lección. Era hora de cenar y al día siguiente verían animales que nunca habían visto. María puso a cargar el teléfono móvil que usaba de cámara y tras la cena Carles se comunicó con la base.

—Base este, base este ¿me escuchas?

Durante unos minutos nadie contestaba, por fin se escuchó.

—¿Carles eres tú?

—Si, por un momento creí que no llegaba la honda.

—Tu emisora está ampliada a doscientos cincuenta Kilómetros en vez de cincuenta.

—Vaya no me dijiste nada, por eso no había llamado antes.

—¿Dejaste la antena en Tarragona o Zaragoza?

—No la dejé en Alcañiz sobre una torre del antiguo circuito. No llegamos a Tarragona por poco, se puso peligroso el camino y volvimos atrás hasta tomar la carretera que conducía a Alcañiz.

—¿Algún percance?

Nada que no podamos lidiar. Escucha con atención y avisa a José Antonio. Transportamos un “Aerotaxi”.

—¿Pero cómo?

—Está estropeado pero entero.

—¿Dónde estáis?

—En Teruel, mañana visitaremos Dinépolis o lo que quede de él y seguiremos camino.

—¿Que necesitas?

—Nos vendrían bien, caballos de refresco y algo de comida.

—En ese caso mañana salimos a vuestro encuentro.

—De acuerdo ¿cómo está Alba y mis hijos?

Al momento se escuchó una algarabía.

—Papa, papa. Soy yo Jaime... déjame yo quiero. Las chicas primero, calla me toca a mi... ¡A ninguno! Gritó Alba cogiendo el micro. ¿Los has escuchado?

—Si como siempre discutiendo, pero lo echaba en falta, diles que pronto podré abrazarlos. En unos cinco o seis días llegaremos, no podemos correr y ves inventando combustible para un avión. También necesitaremos ruedas, llevamos ruedas o goma pegajosa, pasadas e inservibles.

—Pero ¿qué me dices?

—Si llevamos un aerotaxi, aunque no sé si el motor servirá. En fin habrá mucho que hablar cuando lleguemos.

—De acuerdo ya hablaremos.

Durante media hora, todos querían hablar con todos.

Por fin colgaron y se pudieron acostar.


A las ocho en punto salían en dirección a Dinépolis, en solo una hora llegaban al recinto. Dejaron pastar a los caballos; se dirigieron al interior cubierto de plantas y árboles que cubrían los edificios. Las raíces habían tirado paredes y levantado el suelo, Félix iba delante con Ximo cortando con los machetes de momento Felix se giró asustado sujetando el brazo de Ximo, mientras hacía indicaciones para que se agacharan, diciendo en voz baja, — ¡un lagarto enorme!

Carles entendió y siguió adelantándolos.

—Venid es lo que buscábamos, mirad no os aran daño son de piedra, estos animales quedaron extintos, pero existieron en la tierra.

Pasaron dos horas, mirando y rebuscando para encontrarlos, algunos habían caído y aún así María cumplía su encargo fotografiándolo todo, con la inestimable ayuda de Lara que apartaba las ramas. Había que volver.

Se reunieron nadie debía perderse. Al llegar al claro, faltaba María, pero inmediatamente la vieron aparecer cámara o teléfono en ristre.

Vicente dijo – enganchad los caballos caminaremos durante dos horas y descansaremos a comer. Pasaba de las doce, pero debían controlar el cansancio de los animales.

Tras parar durante hora y media reanudaron el camino, dos horas después encontraron un sitio ideal y acamparon, los carros quedaban en medio de la vacía autopista Mudéjar; si se le podía llamar así, por los baches y socavones, algunos producidos por las raíces de los árboles que crecían por doquier, afortunadamente la autopista era ancha y no perdían mucho tiempo. En dos días llegaron cerca de Barracas. La radio de corto alcance sonó. Carles se apresuró a contestar.

—Aquí grupo de expedicionarios ¿con quién hablo?

—Somos del grupo de Navajas, estamos en Barracas ¿dónde estáis?

—Solo a siete u ocho kilómetros, pero queríamos parar por los caballos.

Nosotros hemos montado el campamento aquí y tenemos comida fresca, vamos en vuestra busca cambiaremos los caballos, así podremos reunirnos.

—De acuerdo seguiremos un poco más.

En menos de media hora se encontraban y en tres cuartos de hora se reunían. Todos se alegraban de ver caras nuevas, sobre todo los de navajas, que se encontraban de nuevo con la familia.

Esa misma noche mientras descansaban, David les comunicó que estaba en Navajas y saldrían a recibirles a la carretera.

El camino de Barracas a Navajas era una gran pendiente llamada “El Ragudo” unos veinte kilómetros en que tuvieron que atar caballos detrás como freno y ayudarles con cuerdas, casi siete horas con precaución, con tres cambios de animales y solo un pequeño descanso. Todos estaban agotados.

Al momento se escucharon gritos y una nube de chicos que corría hacia ellos.

—Carles vio a su hijo correr hacía él y a poca distancia las dos gemelas, a Reme se le caían las lagrimas y parecía que en ese momento el mundo se paraba. Los caballos así lo hicieron. Hasta que Vicente con sus dos hijos mayores junto a él, ¡Gritó!

—¡Señores lleguemos a Navajas!

La comitiva se puso nuevamente en marcha y esa noche hubo fiesta en el pueblo. El avión y las galeras habían quedado en la carretera (como siempre).

Sentados en la plaza, José y Paco (de Navajas) dijeron a David, Carles, Vicente y Helena que estaban sentados con ellos.

—Si queréis llegar mañana al pueblo, podéis levantaros temprano e iros, como sabéis hay ocho horas sin descansar; nosotros podríamos llevar los animales, quedando una noche para descansar pasando Alfara, al día siguiente llegaríamos con el sol en lo alto.

David comentó – no es mala idea así podréis abrazar a...

—No – contestó Reme que los había escuchado interrumpiendo – ¿les habéis preguntado a ellos? Tal vez quieran llegar tirando de los carros como han hecho hasta ahora.

Se realizó la consulta y se decidió, que todos llegarían juntos. David hablo por radio con Leire y Amo explicando lo que transportaban, para dejarlo en el cobertizo junto a las naves de Torres y Fonseca; para lo cual deberían comprobar que se pudiera llegar sin obstáculos, eliminándolos si los hubiere.

La caravana inició sin prisas la última etapa del viaje, pararían a unos quince kilómetros de la Vall en un lugar conocido. Las personas que la formaban, habían aumentado considerablemente y todos querían ayudar hasta los más jóvenes, los carreteros ya no conducían a los animales, solo vigilaban a los jóvenes que se habían adueñado de todo. Cuando pararon para pasar la última noche de viaje, tras cinco horas de marcha, con dos paradas para cambiar animales. Los cocineros mataron las cuatro gallinas que quedaban, mientras los jóvenes hacían una hoguera, para asarlas atravesadas por una varilla metálica. Sobre la mesa colocaron embutido y queso fresco, con los menudillos y cebolla cocieron una caldereta. Para la juventud y los niños, fue una nueva fiesta y no había sueño, solo juegos... poco a poco venció la noche y el cansancio.


El día amaneció nublado, pero poco importaba, en unas tres horas de marcha realizando solo una parada para cambiar animales, llegarían a La Vall.

Apenas eran las doce cuando nos vieron llegar a lo lejos, sonó la campana y todo el pueblo salió a recibirnos con gran algarabía. Nadie había visto ni conocido lo que era un avión y todos lo miraban como algo extraño y curioso.

Una vez ubicado el aparato, desengancharon los animales y los llevaron a las cuadras, cada cual se reunió con su familia, quedando en reunirnos al anochecer, pero la reunión fue un desastre, todo el mundo quería hablar y preguntar, Amo se enfadó y se fue, Patri gritó diciendo que así no se podía seguir, pues no había modo de poder preguntar ni contestar. Se hizo el silencio y desalojamos la nave donde hacíamos las asambleas, sin apenas contestar preguntas.

Al día siguiente tras descargar los carros y hacer el inventario. Era el momento de Carolina, ella seguía siendo la economista y encargada de controlarlo todo. José Antonio parecía un niño con un juguete nuevo. Fonseca y Torres no se separaban de él, entre ellos mantenían sendas conversaciones sobre lo que harían con el aparato, aportando ideas, pero lo más inmediato era desmontar por partes.

Vi a Helios hablando con David y Amo, me acerqué, estaba diciendo que en la antigua Grecia inventaron la democracia con todo el pueblo; igual a la que nosotros empleábamos anteriormente. Pero ante los problemas que suscitaba el pueblo, terminaron por elegir parlamentarios, como más tarde hicieron, los romanos con el Senado.

Aceptamos que Helios tenía razón, si seguía yendo todo el pueblo a las reuniones, estas se harían interminables. Había que tomar medidas pero como tomarlas sin menospreciar al pueblo. Dimos el encargo de desarrollar lo que sería la primera ley a Carla, Rosa, Leire, Amo y Patri.

Entre todas tomaron las decisiones, las discutieron y anotaron. Amo sería el nuevo “Alcalde” y la palabra Amo terminaría con su madre. También debería tener un nombre.

—¿Amo no es nombre? Preguntó Patri.

—No Amo quiere decir dueño de todo, yo le llamaría Blas — ¿Contestó Carla? – se parece a mi primo Blas.

La idea gustó a Amo. El no se sentía dueño de nada solo mandaba y repitió varias veces la palabra Blas, parecía que le gustaba, miró a Patri y ella sonrió. Por fin Amo tenía nombre.

Habría elecciones y todos los mayores de dieciocho años votarían libremente; a quien querían en la ejecutiva. Solo dos del grupo de los “enviados” podrían pertenecer al consejo y este se reuniría una vez al mes con público, como observadores a las reuniones, solo podría acudir uno de cada familia y hacer las preguntas al terminar las reuniones. Todos los pormenores se escribieron en papel. Mandando unos chicos a repartir folios con las explicaciones y con los pormenores de la votación a cada familia. La tarde anterior habría una gran asamblea en la nave más grande. Sobre un altillo se colocaron las personas que habían elaborado las reglas. A las seis la sala estaba llena. Como habían acordado Amo (ahora Blas) abría la sesión. En cuanto se levantó todos callaron y empezó a hablar, con las palabras que tenía escritas.

Somos un pueblo, un pueblo que crece y se hace grande. Lo que ocurrió el otro día no puede volver a suceder, si hablamos todos nadie escucha nada, es imposible, escuchar o contestar a todos a la vez, por ese motivo y porque crecemos en número de habitantes, como pueblo, debemos tener unas reglas, para que no vuelva a suceder. Con el motivo de tener unas reglas fijas nombraremos un parlamento o grupo de personas. Ellos serán quienes mandarán en el pueblo y pondrán las reglas de convivencia; con ello mi madre y yo dejaremos de mandar.

Mañana escribiremos tantos nombres como dedos tenemos en una mano, en un papel y lo introduciremos en una caja, las ocho personas que saquen más veces su nombre, formaran el consejo y podrán cambiar lo que no les guste; en otra caja elegiremos a dos enviados. Solo dos de ellos estarán en el consejo.

Una mano se levantó y Amo dijo.

—Habla Cristobal.

—Ellos son los más listos y nos enseñan, ¿por qué no forman el consejo?

Amo, no sabía que contestar y miró a sus acompañantes. Leire se levantó.

—Si os dais cuenta, con la ayuda de Amo y la vuestra, es como lo hemos hecho todo hasta ahora. Han pasado quince años y hemos enseñado a padres e hijos, aquellos niños con pocos veranos hoy tienen veinte o más y han aprendido. Nuestros hijos y los vuestros son amigos y no existen diferencias entre unos y otros; es hora de que toméis el mando y seáis vuestros propios “amos” quiero aclarar que debéis decidir por vosotros mismos, sin nuestra influencia, el pueblo es uno y todos formamos parte de él, tenemos que evolucionar, nosotros no viviremos eternamente y nadie es imprescindible. Vuestros hijos han salido de reconocimiento y han ampliado su conocimiento del mundo que nos rodea. Con el tiempo nosotros desapareceremos, los jóvenes maduraran y serán quienes formarán el consejo y más tarde nuestros nietos.

Mariano levantó la mano (siguiendo las instrucciones de los comunicados)

—Dime Mariano.

—Como sabremos a quién votar.

—Tu eres la persona más aventajada en agricultura, sabes tanto como Carles y muy capaz de dirigir a tus compañeros ¡eres un buen candidato para ser votado! Pero como tu hay más personas capacitadas, vosotros debéis elegir a quien queréis que dirija, hay más personas capacitadas como tú, por ejemplo Ximo. Pensadlo bien esta noche.

Un murmullo se extendió por la nave, Leire tras unos segundos dio con la mano en la mesa y pidió silencio.

Mañana son las votaciones, como he dicho, tenéis la noche para pensar. Ahora las personas que formaron la caravana, que se pongan separadas o esparcidas por el prado y la nave, así que contesten las preguntas que les hagan a cada uno o expliquen el viaje. No os pongáis todos juntos hay sitio de sobra para no molestarnos los unos a los otros.

La idea fue un éxito y las personas se repartieron, algunas iban de corro en corro.

Paco se acercó a Amo.

—Amo según el papel, eres el Alcalde y te llamas Blas.

¿Cómo debo llamarte?

—Blas o Alcalde, como quieras.

—¿Ya no eres Amo?

—No cuando se forme el consejo, el amo será el consejo, el será quien mande, yo solo Alcalde o Blas. Tu nombre es Paco, el mío Blas. Solo mi madre seguirá siendo Ama hasta que terminen sus días.

Más de veinte personas se habían reunido alrededor y un murmullo se extendió entre ellos, a continuación muchos siguieron a Paco para que les hablara del viaje.


Día de elecciones: parecía un día de fiesta, las dos cajas estaban en la sala de reuniones. Todos los mayores de dieciocho años votaban y se quedaban por los alrededores esperando el resultado. Nosotros los enviados habíamos corrido la voz del interés en que salieran elegidos Helios y Leire.

Sobre la una, no quedaba nadie por votar, se abrieron las cajas y empezó el recuento. De los enviados como solo se podían elegir dos, Helios y Leire fueron los más votados “afortunadamente”. De los nativos: Andrea, Paco, Mariano, Carmela, Rosaura, Ginebra, Amadeo y Nicolás.

Se acababa de constituir en el pueblo el primer consejo democrático, a partir de ese momento habría que informarlos de todo.

Por contra, nosotros seguíamos reuniéndonos e intercambiándonos ideas, que comunicábamos al consejo. (En realidad teníamos vía libre y sin darse cuenta, el consejo nos lo consultaba todo o casi todo a nosotros).

El equipo de José Antonio se amplió habían chicos queriendo aprender a construir aviones. Los primeros o más antiguos ayudantes recibían ordenes directas de José Antonio y ordenaban a los nuevos. Fonseca y Torres dirigían a sus equipos con más ayuda y en pocos días el aparato estaba totalmente desmontado. Fonseca se encargó del motor, mientras Torres siguiendo las instrucciones de J. Antonio desmontaba asientos y los entregaba a Reme.

Helios dijo que se podía hacer un molde con las llantas y derretir la goma en un gran recipiente, la idea se llevó a cabo pero la goma no quedó dura. Alba era bióloga pero no química, habían limites y problemas para conseguir productos. Por muchos estudios que tenga una persona, siempre hay límites naturales.

Nos dimos cuenta que necesitábamos ayuda y no disponíamos de todos los libros técnicos necesarios, ni de los materiales adecuados. Pusimos el problema sobre la mesa.

José Antonio, era quien más libros había recogido del centro, en su nuevo despacho, las ideas acudían a su mente y eran plasmadas en papel. La gran cantidad de folios que trajimos del centro se habían reducido a una cuarta parte y en la escuela, solo se gastaba el papel fabricado por Helios y un grupo de señoras. Los folios casi se habían convertido en moneda de cambio o ejemplo de cantidad.

Helios además de pintar como el profesional que era, se fabricaba sus propias pinturas, había montado un taller de alfarería y cuatro jóvenes (dos chicos y dos chicas) trabajaban en él. Su siguiente paso en el que estaba inmerso, era un horno para fundir vidrio; tenía una casa llena de restos de cristal y en la alfarería se fabricaban moldes, para cuando Torres le entregara el Horno.


Yo (Carles) entré en el amplio despacho de J. Antonio y vi folios sobre la mesa, en ellos varios modelos de vehículos fáciles de construir. ¡Pero con ruedas metálicas o de carro! Inmediatamente me di cuenta de donde teníamos los problemas.

Solo podíamos recoger restos de chatarra o desperdicios de nuestra antigua civilización y como decía David “no podíamos ni fabricar un pequeño bolígrafo” sin máquinas. En realidad habíamos vuelto a la pluma de caña y la tinta de Helios, reservando los lápices.

Sí, habíamos recuperado, la electricidad y con ella los ordenadores, habíamos conseguido impresoras del centro, pero la tinta después de cinco años empezaba a escasear o secarse, alguna ya se había secado o quedado inservible, aunque Alba y Helios la reutilizaban. Pero ¿cómo podríamos conseguir materiales para fabricar más tinta? La pintura de Helios no servía para las impresoras era demasiado grumosa.

Cada vez me daba más cuenta que nuestros problemas eran producidos por la falta de productos básicos. Como los que necesitábamos para endurecer la goma. O la falta de un autentico químico; Alba era bióloga y tenía sus limitaciones aunque hacía lo que podía, tampoco podía ir en busca de materiales o crear una mina.

Pedí una reunión urgente a las seis de la tarde. David estaba inmerso en sus proyectos, trabajos y enseñanzas a una decena de nativos, el trabajo le absorbía; había pasado a un segundo plano. Todos teníamos nuestro trabajo del que nos ocupábamos. Tal vez yo era el único con tiempo suficiente ya que mi trabajo como capataz agricultor, cada día era más dirigido por Mariano. Eso me daba tiempo libre para volver a ser periodista y ocuparme un poco de todo.

La sala de reuniones se había modificado, con una gran mesa sobre elevada en forma de U y bancos al frente.

Allí estaba instalada la emisora en una esquina, para comunicarnos con el resto de los grupos; aunque con el que más hablábamos era con el Centro.

Todos aquellos que quisieran utilizar la sala, podían servirse de ella a partir de las seis, solo tenían que avisar con una nota en la puerta, a excepción del nuevo parlamento, que tenía fijos los días de luna llena o alguna urgencia, poco probable.

A las seis, estábamos todos sentados, cerca de cuarenta personas la mayoría jóvenes discípulos, acudieron como interesados por lo que pudiéramos hablar. Miré a mi alrededor y abrí el micro; por primera vez no sabía cómo empezar.

—Bien... Parece que estamos todos (miré a mi alrededor algunas madres tenían a sus hijos en brazos, los más mayores cuidaban de los más pequeños en el prado) me había quedado mirando y Leire dijo.

—Vamos Carles ¿para qué es la reunión?

—Si amigos, perdonadme, hacía tiempo que no estábamos todos. Intentaré ser breve, esta mañana he entrado en el despacho de J. Antonio, he visto los dibujos o bocetos que tenía sobre la mesa, todos sus bocetos llevaban ruedas de madera con llanta metálica y me he dado cuenta del gran fracaso que hemos tenido con la goma. Eso me hizo pensar que aquí tenemos cubiertas nuestras mayores necesidades y podemos progresar, pero el progreso puede cortarse... por diferentes barreras...

—Explícate – contestó J. Antonio.

—Uno de tus proyectos se basaba en recuperar la máquina de vapor.

—Si, hay mucho Material en Sagunto y podría funcionar con leña, no sería difícil construir una. Pero en caso de hacerlo no sabemos hasta donde nos llevarían las vías. Por contra no quisiera hacer nada que pudiera contaminar la atmósfera.

David intervino – La vías de Sagunto llegan hasta Zaragoza eran de nueva ejecución y según dijeron los expedicionarios en Castellón estaban cortadas. Es todo lo que sabemos sobre vías.

Yo seguí hablando— también vi un proyecto de plataformas con ventiladores y ruedas de madera.

—Si se trata de un tren terrestre o una sucesión de galeras o plataformas – Contestó José Antonio — pero para llevarlo a cabo necesito energía solar y acumuladores.

—Creo que tengo ambas cosas; en el gran aparcadero de Teruel hay gran cantidad de coches eléctricos, no sé si podríamos recuperar la mayoría de acumuladores, los hay de diferentes materiales, dominando las de Litio pero...

—Reme intervino – en Villareal vimos una central de placas solares.

—Escuchad — interrumpió David – en el polígono hay una fábrica de baterías, pero emana radiactividad, “aunque sería asumible” la vi a lo lejos y comprobé que estaba completamente destruida solo si es muy necesario deberíamos arriesgarnos, no sabemos lo que podemos encontrar. Aconsejaría ir a Teruel.

Los presentes quedaron mudos como si todos y cada uno de ellos tuviera sus propios pensamientos. Hasta que Robert preguntó.

—¿Necesitamos todo eso?

—Sí y no – contesté – No si queremos quedarnos como estamos y en menos de tres años ir a cargar al centro con los carros.

—¿En qué te basas?— volvió a preguntar.

—Se terminaran los lápices, los folios queda menos de la cuarta parte, la tinta para imprimir se está terminando, nos faltan libros técnicos de química o un químico. El fracaso con la goma me abrió la mente. ¿Qué ocurrirá cuando se terminen las agujas hipodérmicas? ¿De dónde sacará Alba los productos para confeccionar medicinas?

Hay un montón de preguntas por responder, cómo ¿Donde podemos encontrar las minas de productos básicos como azufre, carbonato o peróxido? Yo tampoco quiero contaminar, pero si poder acortar el tiempo para visitar a los otros grupos. Pienso que el avión, ¿si podemos utilizarlo? necesitará mucho combustible. El centro es autosuficiente, pero es el único sitio que entre todos preparamos para casi todo, ellos fabrican combustible para la excavadora. ¿Qué ocurrirá cuando se le terminen los productos básicos? Le ocurrirá como a nosotros.

—Carles tiene razón – contestó Carmen Conde – yo tuve la suerte de poder unirme a vosotros, pero en el Sur no avanzan al mismo ritmo y hay más necesidad. Por favor Carles que has pensado.

—Debemos comunicarnos con el Centro y que ellos respondan a nuestras preguntas, allí disponen de cuatro o cinco químicos, casi todos se quedaron. Deberá haber algún mapa de minas o lugares donde encontrar los minerales que necesitemos. Como hicimos con el yeso.

—Un momento. – Interrumpió Helios – Yo puedo fabricar tinta o tinte de productos vegetales, aunque mis disolventes no sean muy duraderos y necesitaría una maquina que triturara mejor los pigmentos, a mano es muy lento y queda... con grumos. En cuanto a los disolventes no sé que se utiliza con la tinta de impresora. Pero tal vez en el centro nos podrían informar. En cuanto a las minas de Grafito las hay entre Málaga y Granada. El papel sin una máquina... la producción es basta y solo útil para la escuela. Pero en el centro si hay una máquina.

—Veo que al reunirnos se solucionan nuestros problemas – contestó Leire – tal vez deberíamos reunirnos más a menudo y saber cada uno de nosotros hasta donde alcanza.

—Espera un momento Leire – interrumpió David – En nuestro mundo, no todo se fabricaba en nuestro país y sin embargo teníamos de todo.

—Donde quieres llegar, ya no podemos importar – contestó Creta.

—Exacto Creta, pero tenemos grupos repartidos por toda la península que pueden apoyarnos y nosotros a ellos.

Podemos pedir ayuda, como hicimos con los de navajas al buscar piedra calcárea, Carles tiene razón

—¿Cómo pedimos ayuda, hablando por Radio?

—No y si, Torres. Me explico, alguien puede aplicar el micro del ordenador al altavoz de la radio, el programa de “Cortana” lo asimila y escribe, mas tarde basta con leerlo en el ordenador o imprimirlo. Está claro que alguien debe estar hablando y ese... puede ser Carles.

Sin darme cuenta tenía un nuevo trabajo, no lo pensé y dije.

—Señores mañana quiero por escrito todas las dudas que tengáis, puede que tenga trabajo para varios días.

Del público se levantó una mano. Yo era el responsable de la asamblea y le di la voz.

—Si Félix, puedes hablar.

—Yo creo que somos un buen grupo entre Herreros o como dicen ustedes “metalúrgicos” también entre los mecánicos y el grupo de electricidad...

—Si sigue ¿donde quieres ir a parar?

—Podríamos formar mas grupos, hay chicos que no quieren seguir estudiando y otros que apenas trabajan limpiando el pueblo o recogiendo chatarra. Si construyéramos las máquinas de que hablaba usted, habría trabajo para todos y muchos aprenderían de nosotros. Yo llevo ocho años de Herrero y puedo enseñar.

Yo sonreí – si así es, el futuro es vuestro tenéis derecho a elegir.

—Tengo claro – prosiguió Félix – que ustedes saben más y siempre sería bajo la dirección de ustedes.

—¿Hay más que piensen como Félix?

Poco a poco y lentamente empezaron a subir manos.

—Está bien, José Antonio tiene la palabra.

Respiró profundamente y tomó el micro empezando a hablar como si se respondiera a sí mismo – está bien; el avión ya está en marcha, tendré que revisar y convertir los bocetos en planos, podéis ir haciendo los grupos, y mezclar los mecánicos con metalúrgicos.

—Un momento J. Antonio – dijo Carolina — tengo tres jóvenes dos chicas y un chico avanzados en dibujo lineal, creo que te serían de utilidad o al menos ellos aprenderían de ti.

—En ese caso mañana mismo los espero en mi despacho.

El despacho de José Antonio eran los bajos de una gran casa, a la que se habían quitado los tabiques de la planta baja y construido habitaciones sobre ella, donde vivía con su familia, la puerta como en la mayoría de las casas solía estar abierta. Una gran mesa, para planos presidía el centro y otra más pequeña era usada para escribir.

La reunión terminó con algunas preguntas más de los nativos. Cuatro días después se reunían los parlamentarios y eran informados por completo del Proyecto. Decidieron que si tenían que formar grupos para salir. Ellos los formarían, mirando las necesidades del pueblo, así mismo nombraron un grupo con Blas a la cabeza para ayudar, repartir los grupos y procurar que todo se resolviera correctamente. En realidad con estas pequeñas cosas se sentían importantes y esa era nuestra meta.


Informados por David, fuimos en busca de una vieja máquina de vapor, que perteneció a la empresa Sierra Menera y que transportó en su tiempo, mineral de hierro o carbón a Altos Hornos del Mediterráneo, procedente de las minas de Ojos negros. No disponíamos de suficiente electricidad para maquinas eléctricas, pero una de leña o carbón podría facilitarnos el trasporte a Villareal o Teruel. Era más fácil de reparar y poner en marcha. La máquina según decía David debía estar alojada como monumento, sobre una rotonda, el hierro era antiguo y fuerte, nos indicó el sitio y fuimos en su busca. En realidad se encontraba a más de veinte metros tirada en el suelo, y con gran cantidad de escombros y oxido sobre ella. Cuando por fin la descubrimos y quitamos los cascotes, José Antonio la miró minuciosamente y dijo.

—Parece que puede servir. La caldera se ve fuerte como dijo David tiene buen material.

Llevábamos siete caballos y un carro con cuerdas y cadenas. La atamos y la arrastramos, nos costó horrores ponerla en pié sobre las ruedas incluso con los siete caballos, nuestro esfuerzo y largas palancas.

Una vez en pié; en botellas de cristal llevábamos dos componentes que al mezclarlos se convertían en acido. Con dos palancanas de barro y dos bombas de succión caseras. Pulverizamos el liquido sobre ella. Con precaución de no inhalar ni tocar el liquido. Llevábamos recipientes con agua, nos lavamos inmediatamente y nos separamos a comer. Veíamos salir neblina de la máquina producida por la acción del acido, pero una hora más tarde volvíamos a rociarla, poniendo más interés en las juntas de las ruedas y bielas. Nuevamente nos apartamos.

No muy lejos de allí habíamos ido a cargar una sierra de cinta, así que aprovechamos para buscar por las ruinas.

Habían pasado dos horas y J. Antonio dio orden de pulverizarla con agua. Un caldo marrón oscuro corría, por la parte contraria en que nos encontrábamos calle abajo. Nos quedamos sin agua y seguía cayendo oscura. Nos quedaban unos diez litros de acido y lo volvimos a pulverizar. Nos retiramos hasta un lugar donde pudieran pastar los caballos y mandamos a Ramón de regreso con un caballo. Debería traer comida y agua para varios días en otro carro. No iba a ser fácil mover la máquina, mientras tanto nosotros pasamos la tarde en el polígono donde habíamos cargado con anterioridad herramientas; llenamos el carro con lo que creímos conveniente, todas harían falta. Lo dejamos en la calle y volvimos con los caballos.

Afortunadamente habíamos cogido comida para todo el día.

Eran más de las nueve del día siguiente, cuando vimos aparecer a Ramón con más gente y cuatro caballos.

J. Antonio dio orden de no acercarse a la máquina y rociarla nuevamente con el acido que acababan de traer. A continuación desayunamos. Una hora después volvimos a pulverizarla con gran cantidad de agua, en algunos sitios apareció hierro brillante, lo cual alegró a José A.

La dejamos escurrir y volvimos a lavarla el agua salía casi clara. Aún estaba húmeda cuando dijo — ahora es el momento — enganchamos los caballos y todos tiramos de ella un gran chirrido se escuchó y las ruedas rodaron.

—Echad agua a los ejes de las ruedas – obedecimos y conseguimos andar unos diez metros, hasta que chocamos con el bordillo, ¡no podíamos conducirla!

La pusimos nuevamente recta con los caballos tirando en ángulo y a José A. se le ocurrió atar la mitad de los caballos a cada lado, así tirando solo de un lado la podíamos dirigir. El agua y el movimiento iban soltando el oxido, todo el día para cubrir dos kilómetros y llegar a las vías ¿pero ahora quien colocaba la máquina sobre ellas?

José Antonio se quedó con seis jóvenes y me dijo.

—Diles a Torres y Fonseca que estoy a punto.

Cogimos un carro cargado y dejamos el otro. Con cuerdas y cadenas. Regresando al pueblo. Fui a dar el encargo y vi una galera con largos troncos, en otras se encontraba el quinal del puente y unas carruchas o polipastos.

Apenas les informé, Fonseca mandó un chico en busca de Paco y Nicolás.

—Diles que cuando amanezca vengan con dos caballos cada uno. Entendí que harían un puente aprovechando una torre que había junto a la máquina. Torres cargaba una aceitera y una lata de cinco litros. En fin ya no era mi trabajo. Me fui con mi familia.

Más tarde Torres me contó como la colocaron sobre las vías y como la pusieron en funcionamiento de forma rustica, la caldera del horno por su grosor seguía en buen estado, pero el depósito del agua perdía por varios sitios, con recortes de chapas, tiras de cuero y tornillos, la habían remendado y no perdía mucho, pero los mandos y tuberías apenas quedaban o funcionaban. Al fin tras una semana de trabajo rustico pudieron probarla. La calidad y grosor de los materiales antiguos ayudó a su funcionamiento, estaba colocada sobre las vías que llevaban a Teruel. Le engancharon un vagón que cortaron a ras del piso, convirtiéndolo en una plataforma y al que desbloquearon las ruedas, con el mismo sistema utilizado en la máquina.

Varias pruebas yendo adelante y atrás, servían para que el aceite y la grasa hicieran su función. Habían pasado tres semanas de intenso trabajo, reparando y construyendo nuevas piezas para ella; había llegado el momento de comprobar el trabajo realizado, echaron leña y la encendieron, no tenían contadores de presión (que fabricaron más tarde rudimentariamente), pero poco a poco empezó a moverse la máquina y marcha atrás llegó a Moncófar. Esa sería su estación. El punto de ferrocarril más cercano al pueblo

Los carros llevaron, leña y agua en cantidad. Hicieron una rampa y por ella subieron una galera y cuatro caballos, cargaron comida y agua para seis jóvenes. Las motosierras y herramientas. En esta ocasión José A. conducía la máquina, Fonseca David y yo les acompañábamos. Cerca de dos horas nos costó llegar a Villareal marcha atrás. En ocasiones teníamos que apartar cosas de las vías.

Descargamos el carro y los animales, enganchando dos al carro mientras los otros descansaban y nos dirigimos al campo de placas solares. Pronto empezaron a desmontar donde menos dañadas estaban. Ninguna nave había conservado el tejado, pero la maquinaria de confeccionar azulejos nos daba ideas y desmontamos algunas.

Decidimos que el tren partiría con lo que tuviera a las cinco una galera le esperaba en Moncofa y aunque ya alargaba el día no queríamos llegar de noche a La Vall.

Yo volví con el tren y José A. En una hora hicimos el trayecto que casi nos había costado dos yendo hacia atrás. La madera desaparecía y el agua no dejaba de gotear, pero era un triunfo. Cuando llegamos a la estación, nos esperaban y pronto descargaron llenamos la galera que nos esperaba y quedó otra carga para el día siguiente. Durante nuestra ausencia habían acumulado leña y agua en cantidad, aprendí a manejar la máquina junto a Amador y en el último viaje Jordi (ellos serían quienes se encargarían de la máquina.

Al cabo de cuatro días volvimos todos, la recolección de las placas había concluido de momento, ahora tocaba repararlas.

Torres dijo que si llevábamos la máquina a Navajas, podríamos repararla en condiciones, pues la estación estaba cerca y ellos disponían de electricidad, como nosotros, por lo tanto podríamos cortar y soldar. Las cargas de piedra calcárea ya tenían su trasporte.

La llegada del tren a Navajas fue una fiesta para ellos. Durante quince días bajo la dirección de José A. se reparó y modificó, se quitaron engrasadores y se limpiaron. Helios fabricó pintura negra (más bien gris oscuro) al aceite y se pintó. Cuando la volvimos a ver parecía nueva. El calderín del agua caliente se había reducido y aumentado la potencia, al calentar con más rapidez el agua y aprovechar mejor el vapor.

La máquina volvió a Sagunto donde se le añadió un segundo vagón y nos preparamos para viajar a Teruel. Subimos animales y dos galeras salimos seis de La Vall, al tener que dar la vuelta por Sagunto nos costó hora y media llegar a Navajas donde repostamos y se unieron otras cuatro personas José y Romo no querían perderse el viaje.

Con los chicos el trayecto se hizo corto, pese a las subidas, desde que salimos hasta que llegamos a Teruel pasaron tres horas, que al volver se acortarían en menos de dos al ir de bajada.

Teníamos claro que haríamos noche en Teruel, La estación nos ofrecía un buen cobijo. Habíamos cargado, alfalfa y algarrobas para los animales. Comimos y nos fuimos en busca de las baterías de litio e hidrógeno. Desmontamos alternadores. Sabíamos que no todo sería bueno, pero podríamos intercambiar piezas para completar algunos. Cargando todas las que pudimos, al día siguiente apenas amaneció el tren hizo su primer viaje volviendo casi anocheciendo. José A. venía con él, mientras David y Fonseca desmontaban partes eléctricas, como reguladores, los alternadores, cajas de fusibles o chips de los vehículos mejor conservados.

José A. se dedicó a mirar los trenes delanteros e hizo cortar con sierras o cortafríos varios medios coches. Con sus respectivos motores, no era un experto en automóviles pero para él solo eran vehículos, que a poco que los estudiara los conocería, Fonseca si los conocía. Tres días fueron suficientes para llenar tres veces los dos vagones. El cuarto viaje fue para cargar los animales, yo me quedé con Ramón y Félix. Teníamos toda la tarde para buscar por Teruel. Al día siguiente vendría el tren y tras subir la galera y los animales nos iríamos.

Tras comer decidimos dar una vuelta sin separarnos, en una droguería encontré paquetes de pintura en polvo, comprobé que no habían perdido el color, también tarros grandes de cristal tal vez de aceitunas o... encontré azufre y un polvo blanco que no sabía que era, pero llené dos tarros, garrafas de vidrio que habían perdido la protección, bombonas de gas posiblemente sin él. Para nosotros todo eran recipientes fáciles de emplear o aprovechar. Todo iba al carro Teruel era una mina debido a que no habían habido explosiones y todo el daño había sido producido por el viento y la poca lluvia acida. Algunos negocios seguían con la puerta cerrada, que nosotros abríamos sin compasión como ladrones sin miedo.

El carretero hizo dos viajes llenos. Visitamos charcuterías, bares, todo tipo de comercios y cargamos dos máquinas de coser que parecían en buen estado, agujas; no así el hilo que había sido comido por los bichos quedando poco.

Ya no sabíamos que más buscar y yo al menos ya quería descansar. Volvimos y dejamos el carro cargado dejando libres los caballos, tras darles de beber y unas suculentas algarrobas.

El tren salió temprano y a las once llegaba, cargamos y bajamos a Navajas, allí nos esperaban para comer y se quedaron con algunas garrafas, tarros, unos cuchillos y artículos de cocina. José me dijo que ellos también querían visitar Teruel y buscar, les prometí que volvería en unos quince días, pero antes les avisaría por radio.

Por entonces David estaba investigando la línea telefónica, por si podía tender una línea de fibra óptica con ellos, dos chicos de su equipo salían cada día a caballo siguiendo la línea que pasaba irremediablemente por Sagunto, la cortaron y por el atajo de Algímia siguieron. El final estaba cerca y la radio ya no sería imprescindible.

Hacía un mes que debía haber llamado al centro, ellos nos habían llamado pero yo estaba ocupado y otros contestaron. Miré en mi buzón recién instalado para recibir sugerencias, empecé a abrir notas. Mi sorpresa fue mayor cuando leí las notas. Había infinidad de peticiones, tuve que seleccionar las más urgentes. Pero no sabía si pedirlas. Salí a tomar el aire y vi a Vicente y David hablando.

Me acerque a ellos y les expliqué mi problema. David sonrió.

—Dichoso problema, recuerdas lo que hablamos, llama y que nos informen de todo lo que necesitamos, como te dije, con la información imprimes y ya tenemos un libro. De las cosas vánales no hagas mucho caso.

—Así lo aré, ¿de qué hablabais? – preguntó Aníbal.

—Un chico de los nuevos, se ha cortado el dedo gordo de la mano izquierda en la carpintería con la sierra de cinta. Se llama Carles como tú.

Lo están operando en este momento.

—¡Dios mío! – Contesté – lo conozco, es la primera víctima de la civilización. Bueno golpes si ha habido pero esto es más grave.

—Habrán más – contestó Vicente – los jóvenes no tienen cuidado; solo son jóvenes e impetuosos. Como lo fuimos nosotros.

Me despedí y me fui pensando, donde había escuchado con anterioridad esas mismas palabras.

Llamé al Centro y expuse nuestras necesidades y dudas. También como podrían solucionar nuestros problemas químicos o la necesidad de un electricista industrial, para ayudar a David o un químico. Tras más de quince minutos hablando con Ainoa y Jefferson, me dijeron que me callase.

—Escucha Carles, podemos hacer lo que tu pides, pondremos una persona que lea los libros, para que tú los imprimas, pero debes pensar y es mi obligación decirte que debemos velar por todos los grupos. Vosotros sois el más numeroso y autosuficiente, pero no sois el centro del Universo. ¡Sí! os ayudaremos pero pensad en que solo el grupo Sub Norte, vosotros y nosotros tenemos electricidad. No en todos los grupos había tantos especialistas, ni medios. Aunque gracias a vosotros, “lo cual es de agradecer” hoy todos son autosuficientes y tienen resuelto el problema de la comida; no todos avanzan a vuestro ritmo. El grupo Norte lo pasa mal o más bien no avanza. Tienen el problema de los hijos. Piensan en que a la larga se producirá la consanguinidad en el grupo, en estos momentos son dieciocho personas y los chicos crecen...

Carmen entraba y se sentó a mi lado en silencio yo seguí preguntando.

—¿Qué ocurre con los otros grupos? – pregunté.

Como te he dicho el Sub Norte y nosotros nos comunicamos y no tenemos problemas, entre los dos grupos hemos superado las ciento diez personas.

Sabemos que el grupo del oeste o Portugués ha construido barcas, a vela y a aprendido a manejarlas. En este momento lo componen treinta y seis personas.

El grupo Sur avanza regularmente todos se han incrustado en un solo pueblo, los mayores de catorce dejan la escuela y eligen trabajo. Todo el grupo obedece a Tania “hasta el antiguo jefe” Viven en paz y son educados.

Tania me informó de la necesidad de intercambiar su sangre con otros grupos, cree que sería beneficioso para ellos. También me dijo que apenas nacían niños con verrugas o manchas cancerígenas, posiblemente el cambio en la alimentación haya influido. Las manchas en la piel siguen, es un problema de pigmentación y son hereditarias, pero no todos nacen con ellas. No es un problema de salud.

Están cercanos a las cien personas.

Un momento Ainoa, soy Carmen no te retires, corto un momento.

¿Carles se lo has dicho? – dijo Carmen.

¿El qué?

—Lo del avión.

—No solo le he pedido lo que necesitamos.

—No debemos tener secretos con ellos.

—Pero tampoco sabemos si funcionará. En cuanto al tren solo podemos utilizarlo en trayectos cortos y para nuestro servicio.

—Creo que si queremos que nos ayuden debemos confiar en ellos.

—David y Blas entraban y escucharon la conversación.

—Tiene razón Carmen – contestó David – debemos informarlos, como si no, pueden preparar combustible o un lugar donde aterrizar.

David tenía razón y le cedí el micro – dale al botón Ainoa está esperando.

—Escucha Ainoa.

—Hola David buenos días, hacía tiempo que no te escuchaba.

—Ainoa escucha, necesitamos combustible para un aerotaxi y un campo donde aterrizar.

—¿Qué me dices David? – Ainoa estaba asombrada.

—Si Carles encontró un aerotaxi oculto y en supuesto buen estado, dentro de lo que cabe, en este momento está desguazado y en reparación. Calculamos que en dos meses puede estar operativo, todos los grupos que deseen ser visitados deberán colaborar y preparar un sitio donde aterrizar, puede ser una autopista “por ejemplo”.

Hemos reparado una antigua máquina de tren pero no podemos salir con ella, solo sirve para nuestro servicio y visitar a nuestros vecinos más cercanos.

También hemos encontrado placas solares y coches en garajes subterráneos con baterías o acumuladores y...

—Ahora comprendo las peticiones de Carles. Pondré a Nico al frente de la información por turnos.

—Ainoa ¿lo tienes todo anotado?

—Suelo grabar las comunicaciones, procura conectarte todos los días a las cuatro creo que estaremos dispuestos, para empezar.

Pero dime ¿las baterías de coche y las placas solares...?

—José Antonio ha diseñado un vehículo con varios remolques, necesita activarlas.

—¿Puedes explicarte mejor?

—Espera yo conozco el proyecto.

—Te paso a Carles él te explicará.

—Ainoa imagínate dos o tres plataformas de tren, como tres galeras. Un motor delante tiraría de ellas, bajo la plataforma, entre las ruedas irían instaladas las baterías, sobre la plataforma, un pilar en cada esquina, sujetaría las placas a dos metros de altura, ¿entiendes? un techo de placas solares y en cada vagón dos aspas delanteras y otras en la trasera, aprovecharían el viento y moverían alternadores, para ir cargando baterías que con un multiplicador aumentarían la potencia y moverían el motor. Según leí en el proyecto, una reductora ralentizaría el vehículo, dándole más fuerza cuando estuviera cargado o la necesitase para subir algún tramo de cuesta.

—Me gusta puede dar resultado. Confesión por confesión. La próxima semana probamos un dirigible, lleva parte de Metano en el depósito superior y aire caliente en el inferior para elevarse o bajar. O sea, una parte fija y otra a voluntad. Se impulsa con una hélice que mueven cuatro personas; las bicicletas estáticas del gimnasio son utilizadas a tal efecto, solo conduce un timonel. Precisamente la idea salió de la necesidad de visitar a nuestros amigos. Sabemos que es algo rustico y desconocemos el resultado, pero por algo se empieza.

En fin ayudaremos en lo que podamos, suerte no nos vendría mal el avión para ayudar a otros grupos ¿cuántos sois?

Si contamos el grupo de Navajas estamos llegando a setecientos veinte.

—Veintiuno – contestó Carmen – Adriana a parido esta noche.

—Pues ya has escuchado Ainoa.

—Entiendo, tenéis ideas y mano de obra. Recuerda conéctate a las cuatro. Un saludo a todos, corto.


La comunicación se cortó pero los cuatro nos quedamos mirándonos, nadie había pensado en un dirigible. David recapacitó.

—No podemos impermeabilizar la lona ni la tenemos, “ellos sí”.

Durante toda la semana estuve pendiente de la radio y de imprimir. Muchas de las dudas se disiparon y si el dirigible o el avión se ponían en marcha. No tendríamos necesidad de fabricar folios los traeríamos del centro (siempre los poníamos como ejemplo de necesidades) entre otras cosas, algunas de nuestras necesidades quedaban cubiertas con el centro y su industria.


Nuevamente se produjo un suceso a consecuencia de los nuevos trabajos. Un joven de dieciséis años corrió jugando con otro, sobre unas vigas de hierro una de ellas resbaló cayendo sobre su tobillo derecho, entre cuatro le quitaron la viga pero su tobillo estaba destrozado; llevado con urgencia al puesto de socorro, Creta y Helena solo pudieron amputar.

Era el segundo accidente grave, lo cual llevó a una reunión de los parlamentarios y más tarde a una reunión con todos los jóvenes. Los parlamentarios empezaron a funcionar; acudieron a la escuela para mentalizar a los alumnos, de los peligros que corrían al trabajar con máquinas y comportarse incorrectamente. Los ejemplos estaban a la vista.

Los accidentes sirvieron como ejemplo y el trabajo se tomó con más seriedad y precaución por parte de los jóvenes, tanto de los que trabajaban como de los que accedían a ellos por primera vez.

La industria funcionaba perfectamente y yo informé al consejo, de mi promesa a los de navajas, debía llevarlos a Teruel en pago a su ayuda.

El consejo no puso impedimentos y esa misma noche llamé informándoles que llegaría a las diez, el día alargaba y yo me levantaba temprano. Amador y Jordi me esperaban, montamos a caballo y nos fuimos a la estación, cargamos leña y agua suficiente y partimos.

Antes de llegar vimos el gentío que nos esperaba, yo pregunté a José.

—¿Todos quieren venir, no cabrán?

—No, solo uno de cada familia, algo más de cuarenta.

La mayoría se sentó en el borde de las plataformas, con los pies colgando, yo les dije que se sujetaran unos a otros, pues la salida solía ser brusca.

Llegamos a Teruel en algo más de una hora y antes de que se esparcieran les dije que al sonar el silbato deberían acudir o partiríamos sin ellos. Cada cual llevaba su agua y comida, con José habíamos quedado en partir a las cinco.

Jordi se fue con unos familiares y Amador me preguntó dónde iba.

—Al hospital tengo un encargo de mi señora.

Cogí una gran espuerta que me eché a la espalda sujeta en los hombros a modo de Mochila y una bolsa de bandolera. Amador dijo que me acompañaba y ambos tomamos el mismo camino.

Ya en el hospital, busqué donde estaban los microscopios, unas cajas cuadradas parecidas a impresoras, no sabía para que servían, pero creí que era lo que Alba me pedía. También vi cajas llenas de probetas y cargué. En realidad cargué con todo lo que pude. Amador me ayudaba hicimos un viaje al tren y comiendo mientras caminábamos volvimos al Hospital. Intentamos cargar todo aquello que no era muy grande y se podía enchufar a la corriente, sin saber para qué serbia. Un nativo (Lucas tartamudeaba un poco) vino y preguntó por una linterna y una maza. Había encontrado algo que no sabía...

Le di una linterna y Amador cogió la lámpara de aceite del tren.

Nos llevó a una casa vieja completamente destrozada. Solo una puerta blindada quedaba en pié parecía la entrada a un túnel. El joven Lucas había cargado con el mazo y tiró las paredes alrededor de la puerta hasta que esta cayó. Inmediatamente salió un fuerte olor a humedad, yo me cubrí la boca con un pañuelo, mientras el entraba apartando cascotes y bajando por unas escaleras, mientras utilizaba la linterna, yo encendí la lámpara de aceite, que llevábamos en el tren y lo seguí, Amador iba tras de mí. Observé que la escalera estaba labrada en la roca. A un lado y poco más de cuarenta escalones, había una estrecha cueva natural y una especie de rellano con reborde, conducía el agua que pudiera filtrar por la puerta a ella. Seguimos bajando, hasta llegar a una sala con columnas labradas de la misma roca. Habíamos llegado. Advertí que no tocaran nada de momento y fui dando la vuelta a la estancia. Un esqueleto con pelo, seguía en la cama tapado con una carcomida manta. Unas estanterías contenían botes de conserva, y en un rincón se almacenaban lo que debieron ser restos o basura. Seguimos buscando sin encontrar nada de interés.

Un viejo ordenador lleno de polvo, una emisora inservible sin electricidad y una libreta abierta con un bolígrafo sobre ella. Quité el polvo de ella y leí el principio.


No sé si alguien me encontrará o el mundo entero ha desaparecido...

No quise seguir leyendo tomé la libreta y salí nada más me interesaba. Ellos me siguieron entramos en una tienda ya asaltada y cogimos algunos objetos sin importancia.

De vuelta al tren hicimos sitio entre la leña y lo dejamos todo en la máquina. Los nativos empezaban a llegar, de entre los arboles salió un joven corriendo, nos quedamos mirando y al momento apareció una mantis del tamaño de un perro mediano. No habíamos cogido armas; solo se me ocurrió buscar un buen palo entre la leña; lo mismo hizo Amador y nos interpusimos entre el tren y ella.

El animal no se lo pensó, abrió sus alas y se lanzó sobre nosotros. Amador la recibió con un tremendo golpe, que me recordó el beisbol. Yo me lancé sobre ella con rapidez machacándole la cabeza.

Los curiosos se acercaron a verla. Yo tenía la certeza de que era el enemigo a batir. Esta, aun no siendo adulta había atacado sin miedo. Aunque también habíamos tenido problemas con una especie de escarabajo, que mordía, medían alrededor de veinte centímetros y creo que unos pocos de ellos podrían devorar a una persona, pero solían ir solos y no eran muy veloces; disponían de una fuerte coraza o caparazón (como una tortuga). Creo que eran necrófagos y nuestra mejor defensa era voltearlos, pegándoles en un lado o costado. Patas arriba no podían revolverse y morían o les podías clavar algo en su abdomen.

Jordi y Amador se quedaron vigilando los árboles mientras yo hacía sonar el silbato y miraba lo que traían; en realidad había sido un saqueo en toda regla, traían de todo. Pensé que nosotros hacíamos lo mismo y no perjudicábamos a nadie.

Una señora me hizo gracia, llevaba dos candelabros en las manos y una bolsa colgada del cuello, dejó un candelabro en el suelo y metió la mano en la bolsa, mostrándome un copón y diciéndome.

—Mire que vaso más bonito he encontrado.

Di por sentado que no sabía de qué hablaba, ni conocía la religión. La felicité y contesté.

—Si es muy bonito, guárdelo y no lo estropee.

Volví a hacer sonar el silbato y vi a José, que apoyado en un palo parecía contar a la gente. La mayoría iban cargados con sacos, que dejaban en medio de las plataformas. Las caras estaban alegres y pese al ruido de la máquina se escuchaba el murmullo de sus voces.

Nos pusimos en marcha; hacia abajo la velocidad se incrementaba y antes de una hora vimos la población. La estación estaba llena de gente esperando y apenas paró el tren, en un momento no quedó nadie, la mayoría iba mostrando a los parientes sus cosas, producto del asalto camino de sus casas. Me dio la sensación, que volvían de la feria.

Sin más problemas, partimos despidiéndonos de José, el cual cada vez cojeaba más; llegamos a Moncofa (convertida en base del tren), cargamos los caballos “con extremo cuidado” para no romper nada y nos dirigimos al pueblo. Sonreí mientras entraba en él, me imaginé ser un rey mago llevando regalos a Alba. Entre amador y yo descargamos los aparatos en el laboratorio, en realidad no sabía si funcionarían. Alba entró seguida de mis gemelas y al ver lo que habíamos conseguido, me dio un abrazo y un hermoso beso. Entendí que había acertado.

Seguramente algunos aparatos no funcionarían pero para eso teníamos a David y su grupo cada vez más numeroso.

Habría pasado una semana cuando me percaté de la libreta medio roída, que había envuelto en un trozo de saco de pita. La saqué y la limpié. Alba se iba al laboratorio y preguntó.

—¿Qué es eso?

Solo un cuaderno que encontré en Teruel, tengo curiosidad por saber lo que hay escrito.

No dijo nada más y yo me puse a leer.


No sé si alguien me encontrará o el mundo ha desaparecido. Tampoco sé si soy el último hombre sobre la tierra.

Me queda poco tiempo y debo aprovecharlo, el ordenador no funciona y quedan pocas pilas. Me estoy acostumbrando a la oscuridad. ¡En fin!

Nací en el dos mil veintiséis el dos de Enero. Mi nombre es Marcelino Moltó Ruiz.

Mis padres eran profesores de primaria, un nefasto día sufrieron un accidente en el coche, en el que falleció mi madre y mi padre pasó un mes en el hospital, mes que estuve con mi abuela. Según supe más tarde le dieron la baja laboral por no coordinar, su mente había cambiado.

Pero su baja... ¡mejor sigo por otro camino!

Un día se sentó frente a mí y me dijo.

—Marcelino yo pertenezco a “Los hijos de dios del último día” y dios me ha abierto los ojos, los hombres van a soltar bombas de tal fuerza, que ni dios puede con tanta energía; igual que Noé se previno del Diluvio nosotros debemos prevenirnos y esperar a que él nos llame a su lado, no se lo diremos a nadie pues no quedan justos sobre la tierra, nuestro viaje será solo nuestro.

A partir de ese día y durante años, mi padre y yo ampliamos y profundizamos el antiguo sótano, con la intención de pasar una larga temporada en él sin salir, para cuando llegase el apocalipsis que él predecía.

Sin prisas fuimos almacenando todo aquello que nos podría hacer falta, hasta que un día dejó de funcionar el ordenador y el televisor. Mi padre dijo que había llegado el momento, cogimos la harina y las cajas almacenadas en casa y las bajamos al fondo, durante catorce días tuvimos electricidad pero dejó de funcionar, teníamos muchas pilas y velas, a mi padre nada le parecía suficiente. Salíamos de casa a comprar más comida, pero vimos grandes luces en el cielo y las personas huían de la ciudad saqueando los comercios de alimentación los dueños cerraban con candados y tapaban los escaparates. Durante unas semanas no salimos, pero mi padre se atrevió a salir, en busca de más alimentos, vino sin nada y diciendo que dios había castigado a la humanidad. Durante unos doscientos días no salimos. Escuchamos estruendos y ante el silencio que lo inundó todo decidimos abrir la puerta.

Nos costó fuerza y paciencia, poder abrir, parte de la casa había caído sobre ella. Intentamos protegerla y tras dar un diminuto paseo, volvimos dentro, el viento arreciaba. No sé el tiempo que pasó nuevamente encerrado pero no teníamos harina. Mi padre subió las escaleras y salió prohibiéndome que lo siguiera, parecía de noche. Volvió sin nada y al poco tiempo enfermó. Yo intenté comunicar por radio utilizando gran cantidad de baterías sin conseguir comunicar con nadie. El me dijo que no las gastase pues era inútil.

Pocos días después me dijo que no lo siguiera y permaneciera en el interior hasta que vinieran a buscarme. El subió las escaleras y nunca volvió.

Pasaron muchos días, meses o años. No puedo saberlo. Mis piernas casi no me respondían y decidí hacer ejercicio subiendo y bajando las escaleras. La tentación pudo más que yo y abrí la puerta, el cielo era ocre y las gotas de agua quemaban. Comprendí que dios seguía castigando a los hombres, con lluvia de fuego.

Como había dicho mi padre debía esperar a que vinieran a por mí. ESPERARÉ.

No sé hasta cuando debo esperar me siento débil, seré paciente.


Aquí terminaba la escritura; entendí perfectamente el mensaje de Marcelino y pensé que otras personas podían haber creado zulos o refugios antinucleares. También pensé en el cálculo del tiempo que debían pasar en su interior. Muchos no llegarían a salir nunca del refugio, pues la cantidad de radiactividad acumulada debió ser muy alta y extendida por todo el globo. Hoy mil años después la seguíamos padeciendo en algunos lugares concretos.


El verano avanzaba y las cosechas eran recogidas una tras otra. La puesta a punto del avión tenía más trabajo del que pensamos en un principio y los resultados se dilataban, algunas piezas se tenían que hacer de nuevo. Mientras tanto la producción de combustible seguía lentamente destilando. El grupo de Remedios forraba las garrafas de cristal con cuerda de esparto. Cada uno de los grupos seguía trabajando en lo suyo, pero los trabajos se ralentizaban. Las baterías no funcionaban y no tomaban carga. José Ramón (un nativo) pidió a Fonseca encargarse de las baterías con Jacinto. Fonseca accedió y dio todo tipo de información sobre las mismas, incluido el libro que yo había impreso dictado por la Base.

No conforme con eso preguntaron a David y José A. Con precaución desmontaron dos, he hicieron pruebas con sal y un acido que les proporcionó Alba.

Después de una semana empezaron a cargar con éxito las primeras baterías. El caso se tomó como un gran triunfo de la juventud. Nosotros comprendimos que ya no estábamos solos, también ellos eran capaces de pensar por sí mismos.

Carolina necesitaba más recipientes para almacenar líquidos y los de vidrio apenas empezaban a fabricarse con moldes, las garrafas de cristal estaban llenas. Las jarras de barro confeccionadas por el equipo de Helios, contenían aceite y habíamos construido una nueva prensa para las aceitunas. Al mismo tiempo, Helios con su equipo estaba absorto en fabricar ruedas, solo disponía de un tosco carbonato de calcio, facilitado por Vicente, necesitaba oxido de cinc.

La industria química, había llegado completamente coja.

Esa noche asamos patatas y carne en una hoguera, yo estaba pensativo, mientras todos hablaban alegremente.

Vicente se sentó a mi lado.

—¿Qué te ocurre?

—Necesitamos Oxido de cinc y no sabemos cómo conseguirlo.

—Ya nos apañaremos con ruedas de hierro, al menos hierro tenemos de sobra.

Intenté sonreír y seguir con la cena pero una idea vino a mi mente, ¡Villareal! Exclamé.

Todos me miraron y me quedé callado. David me dijo que hablara.

—Cuando fuimos a Villareal nos centramos en las placas solares. Pero bajo los escombros deben haber productos químicos, recipientes, hornos, podemos buscar ideas en las oficinas, buenas arcillas, tal vez utilicen cinc para colorear. Las posibilidades son enormes y solo tenemos que buscar y cargar.

—Hemos reconstruido una nueva nave en el polígono – comentó Vicente — en una semana estará terminada, en principio era para el ganado, pero creo que nos dará tiempo a terminar la segunda antes del invierno. Podríais utilizarla como almacén y al mismo tiempo trasladar la escuela de cerámica y de cristal a ella. Hay sitio de sobra.

Blas (Amo) dijo – esta vez iré contigo.


En dos días organicé mi grupo con ocho personas incluidos los conductores del tren, mi hijo y el mayor de David nos acompañaban. Con Blas y yo éramos diez, cargamos comida y dos galeras. Para los jóvenes era una aventura o una feria, por el camino paramos en algunas fabricas cercanas a las vías y marcamos algunas cosas que nos podían servir pero al llegar al mayor núcleo, nos dividimos en dos grupos uno con cada carro. El punto de reunión era el tren, uno lo formaban Blas con los más mayores y veteranos; el otro yo con los más jóvenes e inexpertos, en este caso habíamos cargado una lanza y una ballesta en cada carro. Tomamos caminos diferentes y nos veríamos cuando empezara a anochecer.

Nosotros no paramos hasta llegar una gran fábrica, no nos interesaban los almacenes de carga. Tuvimos que quitar gran cantidad de escombros de diferentes sitios, pero al final conseguimos restos de pigmentos secos, no quedaba nada de los botes o contenedores de los mismos. Empezaba a caer el sol y tras recoger lo que pudimos volvimos al tren, el grupo de Blas nos esperaba. Mientras cenábamos los jóvenes contaban la aventura. La mitad de ellos no habían salido del pueblo.

No había luna y entre las piedras de las vías se veían lucecitas; les dije que eran luciérnagas y empezaron a buscarlas y ponerlas en un tarro, al día siguiente las vieron a la luz del sol (simples bichos o zapateros).

Blas me habló de unos grandes depósitos y nos fuimos todos juntos. Tenía razón unos depósitos de aluminio de unos tres metros permanecían en pié tal vez debido a la protección de una gruesa pared y el techo que había caído sobre ellos. Eché en falta las dos carretillas cargadoras encontradas en el polígono de la Vall y de las que no podíamos disponer por el agotamiento de las baterías. Pensé que tal vez ahora que los jóvenes habían aprendido a revitalizarlas las podríamos usar. Pero de momento solo disponíamos de fuerza bruta.

Desmontamos y cargamos los depósitos a medio día el tren cargado con los dos depósitos hizo un viaje, mientras el resto seguíamos buscando sin encontrar nada de cinc. Volvimos a la estación cruzando el pueblo y vi una ferretería sin hacer mucho caso seguí buscando, pero al día siguiente me dirigí a ella, algo me decía que allí encontraría lo que buscaba, tras más de una hora quitando cascotes; en lo que debió ser la trastienda encontré cántaros, cubos, vinajeras, etc. cantidad de artículos antiguos de cinc, hojalata y cobre. Posiblemente artículos en desuso o decorativos, típicos de hojalatero o calderero.

Los recogimos todos y los llevamos al tren la aventura había terminado; ¡teníamos Cinc!

Quince días después disponíamos de ruedas y las carretillas funcionaban.

Un equipo se encargaba de la antigua gasolinera; entre los cuatro surtidores consiguieron montar uno y los depósitos de la antigua estación de servicio con restos de combustible evaporado, dejaban un producto similar al barro, fue disuelto y convertido en combustible. Para el avión.


Había pasado más de un mes y no habíamos vuelto a saber nada sobre el dirigible. Esa noche nos comunicamos y pregunté por él. Ainoa me informó del fracaso a medias, diciendo.

—No calculamos bien el peso, no contamos con dos equipos de personas para relevarnos en las bicis, ni tampoco en que deberíamos llevar lastre, medico y...

Para terminar pronto, funcionaba pero casi a ras de suelo con solo cinco personas. ¿Cuánto aguanta un ciclista pedaleando sin parar? Cuando subieron doce personas, mas con el lastre no se elevó.

Hemos reprogramado el proyecto manualmente y hemos decidido construir otro exactamente igual y unirlos uno al lado del otro como quien une dos cilindros, doblando así la fuerza de elevación y dejando la barquilla en medio.

De golpe eliminamos mas de mil kilos con la barquilla y los ocupantes, así conseguimos doblar el poder de elevación con una sola barquilla. Espero que salga bien, no podremos construir más por falta de materiales. ¿Y vosotros como... vais?

—El avión se retrasa, hemos tenido que sustituir piezas dañadas del motor y todos los mandos. Lo esperamos a principio o mediados de Octubre en dos meses y medio. Los libros han ayudado y ya disponemos de ruedas macizas. Tenemos combustible y solo falta que lo terminen. En cuanto al vehículo que llamamos “tren terrestre” en una semana podremos probarlo. Las baterías de silicio, por fin han admitido carga y seguimos trabajando con las de litio, solo queda la duda de saber la fuerza de arrastre del motor y la intensidad de recarga

En el polígono había camiones eléctricos y mixtos, oxidados, deshechos y prácticamente inservibles, debajo de los cascotes a los que hemos quitado los motores y estamos trabajando en reconstruir uno de ellos, de momento sirven para que cojan experiencia los jóvenes. Y tal vez se repare. Pero...

—Si dime Carles.

—Tuvimos una reunión, en la que llegamos a la conclusión de no utilizar motores con combustible y dejar el avión solo para emergencias. Nuestra meta son las renovables. Buscamos un motor de hidrógeno en algún vehículo pero de momento no lo hemos encontrado en buenas condiciones.

—Me alegro y lo comparto, También aquí opinamos lo mismo. De momento sigamos con nuestras investigaciones.

El tren terrestre

Día quince de agosto del año dieciséis, el tren terrestre sale del almacén, ante el jolgorio de los niños que han salido de la escuela para verlo partir, sus ruedas son como de carro macizas de madera con llanta de hierro y lo han pintado de amarillo, con la pintura proporcionada por Helios. En realidad es un poco raro. El motor apenas se escucha y lleva otro opcional, por si hay averías. Lo conduce José V. con Roberto a su lado, (Roberto quiere ser el conductor oficial del tren terrestre, como Amador y Jordi lo son del ferrocarril).

El vehículo se mueve por sí mismo y acelera calle abajo, lo perdemos de vista; media hora más tarde lo vemos aparecer a nuestra espalda ha ido a Moncofa y a vuelto por la otra parte del pueblo, inmediatamente, entra nuevamente en la nave, es el momento de revisarlo todo, en especial la carga de las baterías.


Unos días más tarde, las pruebas y revisiones han resultado ser un éxito y falta la prueba definitiva; llegar con carga a Teruel superando sus largas subidas, algo más de cien kilómetros nos separan.

Hablamos con Navajas y nos proponen llevar unas treinta personas, de las que no fueron la vez anterior. Aceptamos parar, durante tres horas en Teruel y así comprobar la recuperación de las baterías. Les decimos que salgan a la carretera a las diez, nosotros salimos a las nueve y en poco más de media hora llegamos. Nos queda la mayor prueba, las grandes subidas con carga. José A. se ve en la necesidad de poner la reductora, subimos los tramos con más pendiente a Cuarenta kilómetros por hora. El motor se acelera en cuanto coge el llano. Hemos llegado a los noventa kilómetros por hora, en algunos tramos más llanos, donde la carretera nos lo ha permitido.

Realizamos las comprobaciones, mientras los vecinos visitan Teruel, Hemos llegado en menos de dos horas desde La Vall. Todo un éxito contando con el estado de la carretera.

Yo vuelvo al hospital con mi hijo y las gemelas a requisar lo que podamos. Alba nunca tiene suficiente material y Tanto Creta como Helena lo agradecen. No podemos perder tiempo hemos quedado para comer en Navajas.

Emprendemos el regreso a las trece horas y se nos ha antojado corto, en tramos donde la carretera estaba bien hemos superado los ciento diez kilómetros por hora. Lastima de suspensión de la que no disponemos.

Pocos días después Torres montaba unas ballestas recién fabricadas. Ojala den resultado, hacen falta.

El aumento de señal radiofónica hace que hablemos perfectamente con todos los asentamientos. Las reformas de David a la radio han dado resultado, pero más que informarles de nuestros avances nos preocupamos por sus problemas.

Nuestras conversaciones con Ainoa del Centro, hace que nos planteemos nuevas metas y así decidimos intercambiar, grupos de trabajo o personas con otros asentamientos. El grupo Sur es nuestro primer demandante.

Acordamos una reunión con el consejo del pueblo. En ella exponemos las ideas a las que hemos llegado, después de dieciséis años aquellos niños que encontramos con quince hoy tienen treinta y uno, la mayoría están casados y con hijos, pero cada uno indiscriminadamente sea mujer o varón, dispone de un oficio que puede enseñar a otros. Otros más mayores como Ximo, que aprendieron antes, se convirtieron a su vez en maestros. Rosa, Carmela, Antonia, Félix, Amador y otros siguen solteros a sus diecinueve, veinte o más años. Todos son candidatos para un intercambio.

Acordamos que de momento solo se realizará un intercambio con el grupo del Sur y serán el mismo número y en las mismas condiciones, de un lado al otro. También podrán ir o venir un grupo de jóvenes de entre catorce y dieciocho años pero solo durante dos meses y en el próximo verano, si los trenes terrestres y las carreteras lo permiten. Lo mismo ocurrirá con los demás grupos, con hijos de esas edades.

Los acuerdos alcanzados por el consejo del pueblo, tras parlamentar en privado sobre nuestras propuestas. Nos son comunicados. Desde que se creó el consejo, ellos tienen la última palabra y deciden. De momento ponen unas reglas.

1º los matrimonios o personas que vayan a enseñar, podrán volver cuando lo deseen. (Y se pueda organizar un viaje).

2º los que vengan se tendrán que adaptar a las reglas del pueblo.

3º El intercambio se realizará, persona por persona no incrementando la población actual del pueblo. Contando con la salvedad de que algunos núcleos puedan pedir más ayuda y por lo tanto debamos acudir más personas a ayudarles (habrá que dialogarlo).

4º se creará una oficina de inmigración que llevará el control.

Las reglas del consejo son fácilmente asumibles e incluso necesarias. Al frente de la oficina se coloca a Carolina con dos ayudantes Renata y Carlota.

De momento solo contamos con el tren terrestre o los carros, pero es hora de utilizar los carros y galeras en trayectos más cortos.

Mientras nos preparamos y pulimos los detalles, Torres trabaja febrilmente para terminar de colocar ballestas en los vagones, al tiempo que se ha colocado una coraza de aluminio sobre la parte delantera del vehículo, como protección de las personas que van delante, mejorar la aerodinámica y dirigir el viento a las aspas.

Mientras tanto Carolina cumple con su trabajo, ella y sus ayudantes tras repartir folios por el pueblo y utilizar una casa como oficina, dan explicaciones a quienes las piden. Algunas personas (tal vez por curiosidad o por el deseo de viajar) se han apuntado. Ellas les informan que la selección se hará por orden y por reunir ciertas condiciones. A Paco (El padre) se le niega viajar por la edad de él y su esposa, sin embargo si se admite a su hijo, nuera (Cristina) e hija con tres años. Carmen y su hija Roberta piden ir con la condición de regresar, quieren saludar a viejos amigos. Le piden a Carmen que se comprometa a conducir y así liberar una plaza. Lo cual acepta, en esta ocasión Ximo con David y ella, serán los conductores elegidos por el consejo. Los tres miembros de la familia harán el viaje ocupando las cuatro plazas delanteras, destinadas a los conductores y mientras Leire se ocupará de sus dos hijos pequeños. Todos los que han decidido quedarse, saben que deben permanecer al menos un año en el destino (si no enferman o es imprescindible volver a por ellos, cosa poco probable).

Los vagones son de cuatro metros de largo por dos de ancho, Torres y su equipo tras instalar las ballestas. Con la ayuda del equipo de Aníbal coloca bancos a lo largo de cada vagón, haciendo las veces de laterales, así las pertenencias o la comida puede ir en medio. En los laterales calculan medio metro por ocupante, o sea ocho personas por banco (nueve si hay niños). Lo cual significa dieciséis por galera.

Lo tienen claro, descontando los cuatro ya fijos deben elegir entre treinta o treinta y dos personas, los oficios y la cantidad de hijos dificultan a algunos candidatos. No más de dos hijos, ni nadie con más de cincuenta años (David los cumplirá en un año y cuatro meses, pero no se quedará) Los sitios se completan con solteras y solteros.


Por su parte el grupo sur ha aceptado las mismas directrices o condiciones. Pero desea incluir ocho jóvenes, con la intención de que aprendan. Al fin y a la postre serán persona por persona. El consejo lo aprueba si las familias que vengan se hacen cargo de ellos.

El cuatro de septiembre, se colocan largas palancas de hierro y palas en los laterales, con la intención de quitar escombros del camino cuando lo necesiten, no saben nada del estado de la carretera, completan con dos motosierras y otras herramientas junto a dos lanzas y dos ballestas, por lo que pueda pasar. Cada uno debe llevar su comida y agua al menos para tres o cuatro días. Nadie sabe cuánto tardarán ni como encontrarán el camino.

Por la noche hay reunión en la sala de asambleas, donde tienen la obligación de acudir todos los expedicionarios. Nuevamente se les informa de los pormenores y de los posibles peligros, también de la ayuda que deben prestar para quitar obstáculos de la carretera; todos deben cooperar.

Ocho de la mañana las personas o familias empiezan a llegar y tomar asiento. Romo procedente de Navajas ha dormido en casa de Paco su primo. Recién unido a Maite viaja con su esposa.

Carolina pasa lista y una vez todos en su sitio, el vehículo se pone en marcha. David lleva el mapa de carreteras y decide coger la A—7 para desviarse hacia Alicante, hay un buen atajo por Calasparra pero decide ir por autovías o vías anchas. Cruzan por el oeste de Valencia sin problemas si exceptuamos algunos socavones o restos de camiones, que de momento sortean, en algunas zonas la vegetación ha tomado parte de la calzada. Tres horas y llegan cerca de Benidorm sin muchos tropiezos, hay una zona con subidas y bajadas, las piedras y tierras caídas del monte han cortado la carretera y les detiene.

David manda a Ximo que camine sobre las piedras y mire si hay más camino. Ximo informa que solo son unos cien metros, pero más adelante hay otro derrumbe más pequeño.

David recuerda que solo había un tramo de unos cinco kilómetros en los que podía haber derrumbes. Da orden de quitar piedras y hacer un camino sobre la tierra.

Todos se ponen a trabajar y en media hora el vehículo pasa sobre la tierra. Empleando la misma técnica una vez tras otra. Salen de la zona, y paran a comer nadie había dicho nada pero eran las tres de la tarde, allí mismo sobre la carretera comieron dejando el vehículo al sol.

Nuevamente en marcha, conforme se acercan a las inmediaciones de Alicante, los restos de vehículos y camiones interrumpen el paso, los hombres con las palancas van sacando la charra de la calzada y las mujeres ayudan con los restos más pequeños. Cuando consiguen cruzar y dejar Alicante la noche se viene encima, una sucesión de palmeras datileras los recibe y cosechan dátiles antes de cenar. La cosecha la entregarán al grupo Sur.

La noche es calurosa y nadie se acerca a las dos hogueras que han encendido, más bien pensando en animales o asar que en otra cosa. Muchos duermen bajo los vagones o plataformas, algunos niños encima de ellos, pero nadie se aleja del grupo.

El sol hace acto de presencia anunciando el nuevo día. Sin prisas todos se preparan.

Se comprueba la carga de las baterías y se inspeccionan las ruedas. Antes de desayunar.

Ximo da unos golpes sobre un caldero y pregunta si todos están dispuestos. La respuesta no se hace esperar, cada cual sube a su asiento. Durante la noche la suave brisa ha movido las aspas y por lo tanto los alternadores, las baterías están al ochenta por cien y a partir de ahora el sol irá recargando el consumo, con las placas. Parece ser que el vehículo es un éxito y de momento no han utilizado las de repuesto.

A la izquierda ven una infinidad de Palmeras y David comprende que los dátiles de Elche, esparcidos por el viento han hecho su labor de repoblación. Las palmeras les acompañan hasta Murcia, pero conforme llegaban tenían que echar pie a tierra para sacar restos de vehículos de la autovía de circunvalación. Otra vez de limpieza.

Una vez cruzada Murcia nada les molesta hasta el cruce de Puerto Lumbreras, es la una treinta y deciden descansar bajo unos árboles. Pierden mucho tiempo con la limpieza. David calcula que el trayecto sin obstáculos se podría hacer en un solo día. Tras comer toman dirección a Granada, pasan por Baza y Guadix la llegada a Granada les interrumpe la marcha, pero a las siete de la tarde llegan al cruce que les dirige a Algeciras y por lo tanto a Málaga, puede que no estén a mas de una hora. Deciden seguir y parar cerca de la capital. En realidad no saben dónde encontrar la base del grupo Sur deben parar al llegar a las inmediaciones. Deciden hacerlo inmediatamente y sacar la emisora.

—Grupo Sur, Grupo Sur ¿me escuchas?

David repite la llamada tres veces, al fin se escucha una voz.

—David ¿Eres tú? un viva se escucha como un estruendo.

—Callaros por favor, si soy David y estamos muy cerca, no sabemos si acampar y esperaros o seguir.

—¿Donde os encontráis?

—Creo que en Málaga, en la carretera que va a

Algeciras.

—Seguid adelante dirección al mar o puerto, estamos cerca del puerto, nos encontraremos, hay un puesto avanzado con banderas de trapo señalizando y esperando.

Seguid los trapos.

—De acuerdo cuelgo. Vamos subid todos nos esperan.

El murmullo y las miradas en todas direcciones no se podían evitar; la expectación y la alegría por llegar se desbordaba, pocos minutos después, Carmen indicó.

—Creo que esto lo conozco estamos llegando – en solo dos minutos vieron los trapos o banderas atadas a unas cañas. Alguien gritó.

—¡Mirad allí!

—Cinco personas a caballo salieron al encuentro, David bajó la velocidad, ellos hacían gestos para que los siguieran. Dos rodearon el vehículo saludando y colocándose con los otros en la parte delantera. En diez minutos paraba la comitiva. Nadie podía evitar los besos y abrazos entre los antiguos compañeros. Los nativos se saludaban y los sureños miraban intrigados el vehículo, algunos se atrevían a tocarlo.

Tania dijo que recogiéramos las pertenencias y la siguiéramos, habían habilitado una nave para todos. Allí pasaron dos días mientras se iban conociendo, visitando los alrededores y dialogando con los sureños. No había prisa para el regreso poco a poco unos se acostumbraron a los otros y a los tres días se conocían o identificaban. Las reuniones alrededor de grandes mesas hacían milagros.

David y Tania reunieron a todo el poblado e informaron por enésima vez de los acuerdos (Aunque ya todo el mundo estaba informado, no estaba de menos recalcarlo) a continuación se adjudicaron casas, y se enseñaron los talleres. David explicó cómo sería el regreso y la distribución en el vehículo. También dio una pequeña explicación de lo que encontrarían al llegar. Dieron unos días más por si alguien se arrepentía. Pero en realidad no hacía falta, las decisiones estaban tomadas.

Con la falta de herramientas decidieron dejar una motosierra y combustible, aunque muchos de los que se quedaban llevaban sus herramientas.

Al día siguiente Tombas se acercó a David con mucha educación.

—Señor David, por favor.

—Si, dime Tombas. ¿Qué ocurre?

—Verá mis dos hijos van con usted, no sé qué le habrán contado de lo ocurrido aquí, pero ellos no saben nada y se quieren como hermanos. He visto que entre ustedes y nosotros no hay diferencias físicas más que algunas manchas que se acrecientan con los años, los jóvenes apenas tienen y...

—Tombas, las manchas no creo que sean un problema es falta de pigmentación, nuestro pueblo lo sabe y no les ha importado venir. Serán bien recibidos y unos más entre nosotros. El próximo año deberías venir con tu mujer en el viaje que haremos para los más jóvenes, piénsatelo y decídete, solo serán dos meses.

—Tal vez lo haga, yo estoy muy agradecido a Tania y a todos los que vinieron, nos han enseñado a trabajar y vivir sin problemas, todos somos amigos no hay rencillas ni... Nuestro mundo ha cambiado a bien. Tenemos hijos y no se mueren, crecen y...

—Entiendo tus sentimientos. Hay más pueblos y más personas, tal vez dentro de poco algunos jóvenes se unan con los de otros poblados y poco a poco desaparecerán las manchas, en pocos años podemos ser todos un gran pueblo.

La historia antigua habrá que olvidarla pues nada hicieron bien nuestros antepasados. Ahora solo debemos pensar en el futuro, sobre todo en el de nuestros hijos y nietos.

—Si, en el futuro... Tania dijo que eras bueno y yo lo creo.

—Sé que Tombas también es bueno y ayuda a Tania, ella sabe dirigir.

—Durante una hora pasearon cerca del puerto intercambiando opiniones, David comprendió que no eran tan diferentes.


Tania y Roberta fueron al encuentro de los padres de la joven.

—Carmen, Roberta quiere hablar con los dos – Ximo sonrió, aunque no era su hija natural la quería como si lo fuera.

—¿Qué ocurre? –preguntó Carmen.

—Mama, he tenido tiempo de reunirme con los amigos de mi niñez y quisiera ayudar; también este es mi pueblo.

Soy una alumna aventajada y podría ser profesora, también llevo dos años ayudando a Carolina en la administración – miró la cara seria de sus padres — ¡Quisiera quedarme! Tania me apoya.

—Pero estaremos separadas, tus hermanos han quedado con Leire y ...

—Mama mis hermanos Ximo y Carmen necesitan tus cuidados, yo tengo quince años y más o menos tarde me casaré, no sé qué será de mi vida, aquí soy necesaria y puedo ayudar, eso es lo que quiero, ayudar a mis amigos. El próximo verano iré a visitaros.

Carmen miró a Tania con ojos pesarosos.

—No temas Carmen, no corre peligro, la encuentro madura y decidida, precisamente lo que aquí necesitamos. David me ha entregado un dosier de como os habéis organizado. Queremos seguir vuestro ejemplo, también los planos con los puntos donde podemos encontrar, materiales de los que carecemos, como Yeso o placas solares, queremos progresar y toda ayuda será poca.

Ximo se dirigió a Carmen – Debemos respetar su opinión aunque nos duela, ya es una mujer y si desea volver yo volveré a por ella aunque sea a pie. Fabricaremos más trenes y en unos años podremos viajar a diario o al menos más a menudo.

—No puedo contra todos, está bien pero...

Roberta abrazó a su madre – gracias mama, te quiero y estarás orgullosa de mi. Gracias papa por ayudarme.

Ximo abrazó a las dos mientras le caían dos lagrimones sin poder evitarlo.

Seis días después todo estaba decidido y los equipos trabajando. Romo y Paco eran los encargados de los carros y animales, Romo también era carnicero o cocinero. Ambos se encargarían también de buscar por doquier todo lo que pudieran necesitar, se formaron equipos para ir a las minas de yeso, o buscar energías renovables. Dos electricistas del equipo de David (uno de ellos casado y con un hijo) se quedaban, encargados de conseguir electricidad para el pueblo. La premisa era colaborar entre todos para industrializar el sur.

El séptimo día, se anunció el regreso para el día siguiente. Todos los viajeros estaban preparados y apenas amaneció se empezaron a llenar los vagones de espuertas y sacos (tipo petate) hasta que todos estuvieron preparados y se dio la orden de subir. Las despedidas y las lágrimas dominaban el ambiente. Ximo abrazó y besó a Roberta, a continuación hizo sonar el caldero. Todos subieron y el vehículo se puso en marcha. Carmen miraba al frente mientras sus ojos eran una catarata de lagrimas a las que no daba abasto a limpiar.

El día estaba nublado cada tres horas debían parar para recargar baterías o cambiar a las de repuesto, las personas bajaban y no tenían prisa en subir; todo era nuevo para ellos. Al pasar Murcia recolectaron gran cantidad de dátiles; tanto para el consumo como para usar como simiente. Apenas sobrepasaron Alicante y llegaron al Campello pararon al amparo de una frondosa pinada y pasaron la noche.

Al día siguiente sin prisas, llegaban sobre las doce treinta a La Vall, ante la expectación de sus habitantes. Pronto se dieron cuenta los nativos, que unos y otros no eran tan diferentes.

El vehículo los descargó en la sala de congresos y posteriormente, era llevado al taller para su revisión.

Los visitantes fueron obsequiados con una buena comida y tras terminar la misma las familias recién llegadas fueron nombradas y dirigidas con un acompañante o familia a su nueva casa; así mismo el acompañante o acompañantes, les informaba de las reglas que regían en el pueblo. Donde y como podían comer o proveerse de alimentos en el economato. También como y donde desarrollar el trabajo que habían elegido con anterioridad, al día siguiente les mostrarían todos los alrededores de la población.

Los jóvenes tenían asignada una familia como si fuera un intercambio. Pero sobraban dos jóvenes (los hijos de Tombas) David y Helios les dejaron elegir. Tombas Medina eligió a Helios, a él le gustaban los trabajos manuales y sobre todo pintar con un trozo de palo quemado o carbón.

Al hijo de Adunde le habían cambiado el nombre al desaparecer sus padres con cuatro años y hacerse cargo de él Tombas y Medina. Su nombre era Marino Medina.

Marino fue acogido por David y sus hijos se encargaron de enseñarles el pueblo a los dos.

Todo se desarrolló con tanta normalidad que en dos días, cada cual acudió a su puesto de trabajo o escuela sin necesidad de ayuda.

El día de la llegada hablamos con el grupo sur, para que estuvieran al corriente, el viaje había concluido sin problemas. Dos días después informamos al centro de que el intercambio había sido un éxito.

Preguntados por el dirigible nos informaron de la lentitud en su construcción. No disponían de fecha aproximada para su puesta en circulación.

Marino se había unido al proyecto de José A. con sus cortas nociones de mecánica y electricidad. Pero todos estaban avisados de la ayuda que debían prestar a los sureños. Andrea de catorce años (Sureña) y Paco el hijo de Francisco de quince recién cumplidos, se unieron al equipo de David.

Avión

Dieciséis de octubre del año dieciséis. El motor del aerotaxi es sacado sobre una mesa con ruedas y colocado bajo un techado. Un depósito le subministra combustible y es puesto en marcha tras dos horas lo paran y comprueban su estado desmontando y volviendo a montar algunas piezas. Al día siguiente a las ocho en punto es encendido de nuevo, pero esta vez no lo paran hasta las doce horas. El jubilo entre los mecánicos es total.

A la mañana siguiente se comprueba el aceite y el consumo de combustible. Nuevamente es introducido en la nave.

Día veinte de octubre. El avión sale de la nave, José A. y Ambrosio son sus únicos pasajeros. Baja la amplia calle rodando con precaución hasta llegar al tramo de autopista preparado para el despegue. Creo que todo el pueblo está presente; el motor empieza a acelerar y vemos como aumenta la velocidad, mucho antes de llegar al final se eleva. El griterío es ensordecedor y veo a Carolina llorando, me acerco e intento preguntar, ella lo intuye.

—Carles no sabes las noches que ha estado J. Antonio sin dormir esperando este momento. En los pensamientos de José Antonio no estaba incluido el fracaso.

David, Leire Patri y Fonseca se unen a nosotros; David pregunta a Fonseca.

—¿Sabes cual era el itinerario?

—Si quería sobrevolar Valencia llegar a Cofrentes y volver.

—¿Cofrentes?

—Si según decía, no encuentra explicación para la radiactividad, pues la central estaba fuera de servicio y quería medirla.

Media hora más tarde; nadie se ha movido y vemos aparecer un punto por el horizonte, que se aproxima velozmente. En cinco minutos se prepara para tomar tierra. Queda la incógnita de si las ruedas macizas aguantarán el fuerte aterrizaje. Los mecánicos y herreros han dispersado a lo largo de la pista depósitos con agua y mantas.

El avión entra en la pista y toma tierra sin problemas. Todo el mundo aplaude y grita. Amador sube al aparato junto a Ambrosio, dan un par de vueltas por tierra y se dirige a la nave conducido por Ambrosio.

Una vez parado bajan y Ambrosio es recibido por su familia y amigos como un héroe. Pese a conducirlo solo en tierra y bajo la supervisión de José A.

Dos días más de intensas inspecciones al aparato y esa noche, tras comunicarnos con el Centro e informar del éxito del vuelo y la necesidad de combustible “si los visitamos”. Contestan que todo está preparado y podemos ir cuando queramos. Leire tiene el micro, nos comunicamos con el grupo Norte y el Oeste. A todos les preguntamos si tienen dispuesto un lugar donde aterrizar. El grupo Norte nos comunica que sí tienen dispuesta una zona para aterrizar. A continuación nos comunican que no disponen de combustible y nos hacen saber la lista de sus necesidades; en su mayoría medicamentos, ropa o aceite de oliva...

Yo pido el micro.

—Rufina me escuchas soy Carles.

—¡Carles! me alegro de escuchar tu voz.

—Yo también ¿cómo os encontráis?

—Nosotros bien pero somos pocos y eso tiene sus ventajas a la hora de comer y sus desventajas a la hora de trabajar, tampoco somos los más listos de la clase, nuestros estudios no sirven en este momento y nuestros hijos empiezan ahora a ayudar, solo estoy satisfecha de la educación que han recibido por nuestra parte...

—Te entiendo, creo que tu grupo debería repoblarse con más personas... Quiero decir que aquí llevamos muchos años enseñando y por lo tanto disponemos de especialistas en muchos sectores.

—Si ahora creo que deberíamos haber pensado de forma diferente y no es por el pasado, más bien es por el futuro.

—Contéstame sinceramente, ¿Hay suficiente comida para más gente y la aceptaríais?

—Si, comida no nos falta y yo particularmente, me aburro de ver siempre los mismos rostros.

—En ese caso veré que puedo hacer. Volveremos a llamar.

Leire tomó nuevamente el micro y habló con el grupo oeste. El grupo pese a tener dos bajas sumaban catorce mayores y diecisiete hijos de todas las edades. De momento no debíamos preocuparnos por ellos.

Cuando Leire colgó todos nos miramos pero fue Aníbal quien rompió el silencio.

—Mirad yo soy gallego, vine con vosotros por que la mujer a la que quiero es murciana, si Remedios quiere podríamos ir en su ayuda.

—Yo iré donde tú quieras, pero con nuestros hijos (dos hembras y un varón) creo que aquí ya he enseñado cuanto sabía y Daniela puede hacerse cargo de todo.

—Yo también tengo quien me sustituya empezando por Ximo. No soy necesario y mucho menos imprescindible.

Blas se quedó mirando a Remedios con la que Patri mantenía una gran amistad. Para terminar preguntando con seriedad.

—¿Cuántas personas? Hablaré con el consejo y lo aprobaremos.

José A. contestó – No caben más de diez o doce según el equipaje.

—Yo tendré que llevarme herramientas – contestó Aníbal.

—En ese caso no más de diez, debemos calcular el peso, a tus hijos los contaremos como dos. Todos querrán llevarse algo y aunque al avión le hemos quitado peso, el combustible no es el mejor.

David tenía otras preocupaciones y preguntó – Dime que has visto o medido en Cofrentes.

Creo que la radiación proviene de algunos barriles que han reventado, lo más que he llegado a medir casi a ras de suelo es 2,03 Milisievers no creo que se corra peligro por pasar por allí en cuanto a Navalmoral de la Mata lo comprobaré durante el viaje. Algún día pasaré sobre Barcelona y tal vez a la vuelta de este viaje, lo haga por Madrid.


Blas encontró un matrimonio de Navajas con dos niños pequeños y dos parejas recién casadas en total eran nueve personas mayores, la hija de Aníbal contaba como mayor y cuatro niños. José A. aceptó revisando lo que se llevaban.

Los recién casados apenas llevaban algunas mantas y poco más. Uno de ellos Pepín, era alumno de David, llevaba con él siete años y a sus veintitrés años se había casado, había estado revisando el tendido eléctrico e instalando la línea telefónica entre la Vall y Navajas, su mujer Constanza, trabajaba con Helena de enfermera y había estado presente en la amputación del pie. El otro matrimonio, Sergio y Lara habían trabajado, el cómo mecánico y ella trenzando cestas, cosiendo ropa y otros menesteres. El matrimonio mayor venido de Navajas había trabajado en la búsqueda de piedras calcáreas y en el cuidado de los animales o transporte.

Carles pensó que tal vez lo que menos necesitaban era gente con carrera. Sintió tristeza al no poder acompañarles en el viaje, pero la seguridad imponía limitaciones.

Día veinticinco a las nueve en punto de la mañana. Yo llamaba al Centro informando de la salida del avión, era su primer viaje y gran prueba, mientras la gente se colocaba a lo largo de la pista, para ver despegar el aparato. Saludaban agitando las manos, mientras tomaba velocidad, como si le ayudaran.

—Centro me escuchas.

—Si estábamos esperando tu llamada.

—El avión sale en estos momentos de la pista, según José A. Llegará en menos de una hora.

—No temas estamos preparados. Los carros les esperan en la pista.

El grupo Centro por lo escarpado de la zona tenia la pista a casi media hora en carro, de la base. Carles insistió.

—Su radio no tiene más de doscientos kilómetros de alcance. No disponíamos de otra emisora.

Lo sabemos, tenemos el sustituto preparado y mientras ellos descansan se lo instalaremos. También el combustible y todo lo necesario. Queda tranquilo.

—Confío en vosotros, un saludo, corto.

Antes de las diez como había supuesto José A. se ponía en contacto con el Centro y tras dar una vuelta por la puerta de la base, ante el jolgorio de todos, se dirigía a la pista. Allí le esperaban con un gran recibimiento. El avión paró y bajaron, inmediatamente tras saludarse tres personas repostaban el combustible.

Hubieron besos, fuertes abrazos, presentaciones, conversaciones; cargaron medicamentos y otros paquetes para el grupo Norte. Ainoa le dijo.

—Sería interesante hacerle una revisión al hombro de Cortese no sabemos si tiene cura.

—Se lo diré y tal vez vuelva con él.

—Me pedisteis un químico, cuando vuelvas te llevarás a Guillermo, Amparo y sus dos hijas. Ambos son químicos aunque con campos diferentes. Ella se dedica más a la alimentación. Le gustará regresar a su tierra, es valenciana.

—Si lo sabía ella estudió conmigo, hasta que cogimos carreras diferentes. Nos vendrá muy bien aunque no sé si le gustará lo que queda nada tiene que ver con la comunidad que conoció.

Ainoa se quedó mirando el aparato. — Nunca creí que volvería a ver un avión.

Ni yo tampoco, pero no quisiera que se convirtiera en un juguete. ¿Lo entiendes?

Si te entiendo y te doy la razón solo debemos utilizarlo para las necesidades urgentes. Mira parece que ya te han instalado la radio.

Ambrosio venía corriendo y diciendo que ya sabía cómo funcionaba. Se despidieron y llamaron antes de salir al grupo Norte.

—Si aquí grupo Norte.

—La voz era conocida, ¿Eres Cortese?

—Si te escucho claro y alto.

—Yo soy José A.

—Perdona pero no te recuerdo.

—No importa, estamos saliendo del Centro, llegaremos en media hora o algo más, comeremos con vosotros y dejaremos a las personas que llevamos, prepárate para venir conmigo al centro apenas comamos.

—¿Al centro para qué?

—Para verte el hombro solo aquí podemos hacer una resonancia.

—No vale la pena ya estoy acostumbrado y no creo que tenga remedio.

—¿No tendrás miedo de subir en el avión?

—Yo no tengo miedo de nada.

—En ese caso prepárate para venir. Corto.

Al acercarse, a Villa García de Arousa José A. dio una vuelta sobrevolando las ruinas, hasta que dio con una zona despejada y con cañas que marcaban el campo de aterrizaje como había sucedido en el Sur. En una esquina había un techado confeccionado con cañas y a su alrededor personas. Ya sabía por dónde debía tomar tierra, fue al principio de la autopista y tomó tierra parando junto a las personas que le observaban.

Apenas pararon los motores, le pusieron unos calzos al aparato. Samuel lo había preparado todo y era el que más conocía a José A. Ambos se abrazaron, Rosario hizo lo propio con Sagrario y todos se saludaron, presentando a continuación a los nativos de la Vall que iban a quedarse con ellos.

—¿Dónde está Cortese? — preguntó José A.

—Está con Rufina y sus hijos, preparando una bolsa para el viaje.

—Me dio la sensación de que no quería ir al centro – comentó José A.

—José, Cortese ha cambiado mucho ya no es el hombre decidido, que no tenía miedo a nada. Todos te escuchamos por radio y le convencimos de la oportunidad que se le presentaba para mejorar su brazo.

—Entre Eduardo (el médico) y Rufina le han convencido, con la condición de que le acompañen.

Pero ahora subid el equipaje y los niños a los carros, estamos a un kilómetro más o menos. Comeremos y esta tarde vuelas con ellos.

—De acuerdo así sabré como vives.

En realidad su forma de vida no distaba mucho de los demás grupos. También ellos se habían aprovechado de todo lo que podían encontrar, seguían pescando y marisqueando, con las gallinas y las ovejas estaban cubiertas sus necesidades primarias, apenas cultivaban la tierra, tal vez por estar un poco alejada de su lugar de asentamiento y la poca que utilizaban era la de un jardín próximo. Dos pozos les subministraban toda el agua potable necesaria. Tal vez su peor problema era el aburrimiento, la falta de ilusión o de proyectos. Eran pocos y su única distracción eran sus hijos.

Tras comer José A. hizo un guiño a Reme y esta salió tras él. Lo siguió y pasearon junto al mar en solitario. José A. informó de sus percepciones a Reme.

—El aburrimiento y la falta de proyectos es su peor mal.

—Si puede ser como tú dices, pero no podemos obligar a que venga más gente.

—No pero, si el Centro consigue que funcione el dirigible podría utilizarlo para traer y llevar más personas aunque fueran los meses de verano. El trasiego serviría para los dos.

—O los tres José, piensa que el grupo Oeste o portugués, puede encontrarse con el mismo problema – Reme suspiró profundamente – espero que podamos cambiar algunas cosas.

—De momento buscad como conseguir energía eléctrica, hay un chico alumno de David que puede conseguirla; creo que su nombre es Pepín, tu marido la necesita y sería un aliciente para ellos.

Un chico de unos doce o trece años venía corriendo.

—Señora y señor les están esperando.

—Gracias chico ya vamos – era el hijo mayor de Rufina y Cortese. Su energía nos hizo sonreír, se parecía a su padre.

Lo esperaban con los cuatro, el joven Cortese y el médico les acompañaban, su hijo pequeño quedaba al cuidado de Sagrario. Pere (recién llegado) se ofreció para llevarlos en el carro, mientras su señora e hijas, ocuparían la vivienda que les habían asignado.

Mientras se acercaban al avión el doctor dijo que necesitaba reciclarse, eran muchos años apenas sin trabajo y sin materiales, le habían traído lo imprescindible, pero hacía cinco años, cuando fueron a por los animales. También tenía curiosidad por ver el hombro de Cortese.

Cortese callaba y solo abrió la boca cuando vio el aparato.

—No es el más bonito que he visto, espero que vuele.

—No es el más bonito –contestó José A. — pero sí el más viejo y el único que funciona – todos sonrieron menos Ambrosio y el hijo de Cortese ellos no entendieron la broma.

José daba explicaciones a Ambrosio cada vez que subían y despegaban, pero no le dejaba los mandos para volar solo en tierra le dejaba conducir sobre ruedas, este preguntó.

—¿Cuando me dejaras llevar los mandos?

La respuesta fue concisa y contundente. — ¿Cuándo sepas de memoria cada paso? Por ese motivo te lo repito cada vez que subimos. Puede que cuando volvamos a casa te deje despegar.

A partir de ese momento, mientras se acercaban a la pista del Centro, Ambrosio iba indicando las maniobras, mientras José A. sonreía.


Dos días pasaron en el centro realizando pruebas a Cortese. La doctora Coronado se reunió con él, la familia, Eduardo, Ainoa, José A. y su equipo.

Señores El señor Cortese sufrió una rotura de tendones y dislocación del hombro izquierdo que se puso nuevamente en sitio, operado sin medios, “debo reconocer que yo no lo hubiera hecho mejor”. Eduardo hizo un buen trabajo, pero a ciegas por falta de medios.

El resultado fue que parte de la Articulación genohumeral había sido dañada y se interpuso entre esta y la Escapula, al unir el tendón del manguito rotador, la parte rota de cartílago, quedó aprisionada, produciendo dolor y limitación de movimientos.

Podemos operar, quitando la parte dañada e introduciendo una almohadilla cultivada de su propio cartílago. Quitaremos el suave dolor, atenuado con el tiempo y posiblemente recuperará el ochenta o noventa por cien de movilidad. Ha pasado mucho tiempo y el cien por cien será difícil. No puedo garantizarlo por completo.

Abreviando, a Cortese le quitaremos el dolor; necesitamos diez o doce días para el cultivo del cartílago, antes de intervenir y su convalecencia no será inferior a dos meses.

Ainoa miró a Rufina – podéis quedaros aquí el tiempo necesario.

Eduardo contestó – Yo debo regresar no sé quién puede enfermar y ahora somos más gente.

—Te hemos llevado una enfermera o aprendiza — informó José A. — ella ha trabajado con Creta y la doctora Helena.

—¿Helena, no era enfermera? – preguntó Eduardo.

—Si ahora es nuestra doctora, junto con Creta que era veterinaria. Han sido ascendidas.

—Bien chicos todo lo que habéis pedido se encuentra en el avión, podéis partir cuando queráis.

Ainoa en el Norte no puedo repostar y me gustaría volar directamente a casa.

—Lo suponía y han cargado cuatro garrafas de veinticinco litros, creo que será suficiente, el depósito lo tienes lleno.

—Estás en todo, por eso eres la mejor. Por favor Eduardo puedes avisar a Guillermo y Amparo que partimos apenas comamos.

—Si ahora mismo.

Eduardo se fue y José A. pudo hablar en privado con Ainoa.

—Ainoa creo que tenemos un problema que podemos llamar de soledad o falta de ilusión. Lo he detectado en el grupo Norte, pese a recibir nuevos compañeros, sus caras no cambian. Son poca gente y han estado aburridos durante mucho tiempo, siempre viendo las mismas caras y tienen las mismas necesidades, aunque estás están cubiertas.

—Si tienes razón, yo también he detectado lo mismo en el Centro, pero nosotros tenemos la cercanía del grupo Sub Norte, con el que nos comunicamos o visitamos regularmente. Aún así lo detecto y pienso en el grupo Oeste, ellos no están tan lejos, pero son quienes menos se comunican con nosotros. No puedes entender, como esperamos vuestras noticias o aventuras, cuando os comunicáis, el sonido lo pasamos a la sala de congresos y todos os escuchan. Si somos supervivientes pero solo nuestros hijos nos animan.

—Tal vez con vuestro dirigible y el nuevo motor que estamos reconstruyendo podamos viajar más y así mezclarnos con la escusa de un plan de vacaciones.

—José nuestro dirigible no podrá cargar mucho más que el avión. ¿Qué ocurre con vuestro motor?

—Verás el tren terrestre que construimos, lleva un motor de coche y una reductora, no puede arrastrar más de dos plataformas cargadas. Si ponemos en marcha el de camión podremos llevar cuatro o cinco plataformas, aunque sería peligroso en carreteras con curvas. Eso nos llevaría a tener que reparar algunas carreteras y buscar puestos intermedios de cobijo.

Es trabajo y el trabajo distrae la mente, al mismo tiempo es una aventura – contestó Ainoa – ¿Que ruta soléis utilizar para venir aquí?

—Por Plasencia a Toledo y a partir de ahora la autopista Madrid Valencia. He comprobado las radiaciones y son asimilables. Yendo en un vehículo, el tiempo de exposición es mínimo.

En ese caso, formaré equipos e intentaré reparar lo que pueda; iremos dando ilusiones y trabajo. El tema de las vacaciones puede ser un aliciente. Hablaré con el grupo Oeste e intentaré que comprendan. Hasta ahora han sido un poco remisos.

Vieron entrar en el comedor a los viajeros y los siguieron. Tras la comida vinieron las despedidas y se dirigieron al aparato.

Antes de arrancar Ambrosio recitó la letanía, repitiendo a José A. todos los prolegómenos, para despegar y así siguió hasta llegar al Norte y parar el avión. Dejaron a Eduardo y José A. bajó una garrafa de combustible, Ambrosio le dijo que no hacía falta y este se quedó intrigado.

Mire José, llevamos el depósito casi lleno he estado midiendo el tubo antes y después de llenar. He calculado que con el depósito lleno tenemos para unas nueve horas de vuelo, y solo hemos volado dos con cuarenta y seis minutos, desde que salimos. Si nos han llenado dos veces pero poco en realidad no hemos utilizado un cuarto de depósito. Recuerde yo medí lo que gastamos en las pruebas.

José A. se quedó perplejo, Ambrosio era más listo de lo que creía. Comprobó el nivel y tenía razón; al subir le dijo que tomara los mandos.

—¿Lo recuerdas todo?

—Si.

—Pues empieza a recitar.

Amparo preguntó, si era de fiar y José A. respondió que él se fiaba.

Durante todo el vuelo (que realizaron sobre Madrid dando una amplia vuelta de reconocimiento) José A. no dejó de dar instrucciones obligando a Ambrosio a fijarse regularmente en los relojes de altitud o estabilidad del aparato. Llegó el momento de tomar tierra y tras pedir que le repitiera la letanía, le dio permiso para aterrizar.

No hubo problemas en el aterrizaje y ya en el suelo, siguió por tierra calle arriba hasta llegar a la nave, una vez parado, Ambrosio bajó del aparato dando saltos de alegría. Amparo preguntó si era la primera vez que aterrizaba — José A. le confesó que sí.

—Pues no lo ha hecho mal, para ser primerizo, pero reconozco que tenía el corazón en un puño.

—Venid conmigo y os mostraré vuestra casa, está cerca de la mía.

Salieron de la nave cargando con lo justo, tiempo habría de volver.

Carles y Alba les esperaban en la esquina sonriendo, un grupo venía de frente con Blas a la cabeza. José Antonio hizo las presentaciones pertinentes, ensalzando el cargo de Alcalde que ostentaba Blas. Este quedó complacido, en pocos minutos Carles y Alba, se hacían cargo de ellos y podían ocupar su casa con tranquilidad. Más tarde cenaron todos juntos un asado en el prado rodeado de carrascas plantadas hacía cinco años.

Charlaron de una infinidad de temas, y recibieron explicaciones de lo que esperaban de ellos. Sobre todo Alba que había tenido que realizar trabajos propios de un químico y no de una bióloga. Con su llegada esperaban cubrir huecos en diferentes campos.

José A. pidió a Blas hablar con el consejo y este aceptó inmediatamente. Dos días después tenían la reunión rodeados de oyentes. En ella expuso la idea de cada verano, pasar uno o dos mese en cada lugar habitado, así todos los habitantes de la península podrían conocer a sus vecinos y ver cómo vivían. Eso nos llevaría a estar ocupados durante todo el año, con la ilusión de viajar.

La idea parecía ser aceptada por la mayoría y las preguntas no se hicieron esperar. Durante dos horas contestó lo que pudo y capeó el temporal en ocasiones diciendo que el consejo decidiría.

Al día siguiente Blas, Patri, Mariano y Amadeo fueron a su casa y con tranquilidad pudo explicar los pormenores y el porqué de la idea, con la que estaba de acuerdo Ainoa.

Amadeo preguntó quién era Ainoa y Blas respondió con seriedad, que él conocía personalmente a Ainoa y era el alcalde de todos los alcaldes. Lo cual dejo tranquilo a Amadeo considerándola, el Ama de todas las personas, o la más poderosa.


Los intereses de David eran diferentes y al día siguiente habló con José A. antes de ir al trabajo. Este le dijo que las radiaciones en Navalmoral de la Mata eran similares a las de Cofrentes y también debidas a los productos almacenados, no era un problema si no se exponían durante mucho tiempo a ellas. Por el contrario “no” habían detectado radiación en Madrid ni en sus alrededores, pero era casi imposible pasar con un vehículo terrestre, toda la capital era un montón de escombros y la vegetación se había adueñado de la zona. Donde no había vegetación solo había cascotes.

—José ¿durante cuánto tiempo podemos volar con tu aparato?

—Yo no lo he medido, pero si lo ha hecho Ambrosio y según él con el depósito lleno unas nueve horas, yo no me arriesgaría a más de siete, pero que estás pensando.

—Digamos que no me resigno a que seamos las únicas personas sobre la tierra y más teniendo en cuenta, que encontramos dos núcleos de supervivientes; por otro lado las emisoras o señales de radio que se escuchaban en el centro, de la Patagonia y el norte han dejado de emitir sin que hayamos podido hablar con ellos; hace tres años que no sabemos si queda alguien ni quien emitía. No es que piense ir tan lejos con el avión, pero si acercarme a Mallorca allí hay cuevas y la zona del Ródano estaba llena de centrales nucleares. Podríamos hacer un mapa.

—Deberíamos estudiarlo con tranquilidad. Mañana te digo algo, ahora tengo trabajo, vamos a poner en marcha y comprobar el motor eléctrico del camión.

—En ese caso vamos te acompaño.


Mientras tanto yo (Carles) había preparado una clase donde Guillermo hablaría de cómo recuperar las baterías y las placas solares. No era exactamente su campo pero lo conocía por haber trabajado con Litio, Helio, Metano entre otros gases y componentes de vidrio para la fabricación de placas. (Todo el mundo se reciclaba)

Al día siguiente la reunión sería con los encargados de fabricar combustible, sin menospreciar la labor de Alba, el combustible podía ser mejorado.

Pronto nos dimos cuenta que era el eslabón que necesitábamos.

Amparo por su parte había reunido a los pastores y sus mujeres (los que hacían el queso) y les estaba informando de cómo hacer otros tipos y los peligros de una mala elaboración, después tenía una reunión con los del aceite. Las cosas estaban cambiando y yo pense que se eliminarían muchos dolores de barriga.

Daniela había heredado el trabajo de Reme y fue informada de los moldes de esparto que quería Amparo para el queso.

El pueblo parecía una gran cooperativa de la que todos éramos dueños y trabajábamos en ella. Nuestro gran éxito se basaba en gran parte en las ganas de trabajar y aprender de los jóvenes. En nuestro grupo la ilusión nos movía y entendí a José A. cuando nos hablaba de aburrimiento en otros grupos, pero ese no era nuestro problema, siempre estábamos ocupados.


Una delegación de Navajas vino al pueblo y se reunió con el consejo, yo como cronista tenía permiso para todo.

José sin ser elegido por nadie había sido quien mandaba durante años. Ahora estaba con artrosis y sus piernas no eran las más fuertes. Por ese motivo, pese a que el cargo siempre había sido hereditario, desde que se separaron de la Vall, algunas personas no confiaban en su hijo para dirigirles, él no era como su padre y pasaba el día entre los animales. Un grupo capitaneado por su hija mayor Rocco con unas doce personas de todas las edades quería cambiar el sistema. Tras las diferentes explicaciones de cómo funcionaba el consejo. Decidieron que ellos nombrarían un alcalde y ocho consejeros. Pidieron que se construyera un tren de carretera para ellos y que los vagones se fabricaran en su asentamiento, así estarían más ocupados; el sistema del pueblo mayor les gustaba. El tren terrestre acercaría los pueblos y colaborarían más. También ellos querían progresar y viajar. Mientras tanto el tren de las vías, podría hacer un viaje diario, para llevar o traer trabajadores o piedras blancas.

El consejo de la Vall se reunió en privado durante una hora. Había cosas que no les venían bien, como darles el tren de las vías.

Leire dijo — El tren es de todos y no es de nadie, solo debemos utilizarlo para las necesidades. Creo que debemos ayudar a nuestros hermanos como ellos nos ayudaron a encontrar piedras blancas a nosotros, “Yeso” podemos subir a Teruel a buscar más piezas de coches o hablar con David y ver su opinión. Pero si un día queremos ayuda, también nosotros debemos ayudar. Si no ayudamos a nuestros hermanos de Navajas como ayudaremos al resto de grupos que hay en la península.

—¿Por qué hay que dar lo nuestro? Siempre lo hacemos – preguntó Rosaura.

Leire pensó sus palabras no quería mezclar a dios de por medio, ni los mandamientos, como anteriormente solía hacerse. Así que contestó con otra pregunta.

—¿Rosaura que tenias antes de que nosotros llegáramos? ¿Cómo vivíais era mejor que ahora?

—Yo no sé, pero, ya dimos animales y...

—¿Te han hecho falta para vivir o has tenido suficiente? ¿Quién te escuchaba con anterioridad acaso podías dar tu opinión? ahora tu das tu opinión y puedes hablar, si no recuerdo mal, tendrías dieciocho o veinte lunas cuando llegamos, hoy tienes cuatro hijos y cuando enferman son atendidos en la clínica. Tu también recibes de otros, nosotros los que vinimos hemos ayudado sin ningún interés. ¿Crees que debemos irnos y no ayudar? Del Centro donde vinimos, hemos traído aparatos que curan ¿nos los llevamos?

—Pero quieren el tren...

—Nada es de nadie y todo es de todos, de cada uno solo es lo que hay dentro de su casa. Tu no trabajaste en el tren. ¿Qué te parece si te prohibimos subir?

Rosaura bajo la cabeza y Mariano sentenció.

—Todo es de todos Rosaura; Leire tiene ley...

—Si todo es de todos –contestó el resto — La letanía repetida por más personas tenía más efecto.

Las votaciones dieron por sentado la ayuda, pero ellos vigilarían que las elecciones fueran justas. Subieron a los de navajas en el Tren terrestre antes de que cayera la noche. Cuatro días más tarde se celebraban las elecciones siendo Rocco la elegida como alcaldesa.

Navajas empezaba a trabajar y su primer trabajo fue aprovechar naves hundidas. Las mejores se encontraban en la próxima Segorbe y optaron por ellas, discípulas de Carolina, ayudaban a recoger y almacenar todo cuanto era útil y un grupo de albañiles dirigían la limpieza y las obras.

A navajas había llegado la era industrial. Los jóvenes que querían aprender ya no tenían que bajar a La Vall y quedarse en casas de familiares, acudían con el tren, al trabajo al menos hasta que fabricaran el terrestre.

Ximo vio a José que casi no podía andar y su enfermedad no tenía cura. Habló con José A. y este le dibujó una silla con ruedas de madera.

Se la fabricó y no fue la primera. David no había caído en la necesidad de utilizar bastones o muletas y reaccionó.

Recordó a Ximo las varas que trajeron como lanzas y le explicó como se podían doblar. Buscaron plantas de Almez y nació otra fabricación, la de cayados y orcas.

La industria trae consigo más industria, David recordó una fábrica de oxigeno y gases en el pueblo vecino de Puzol y decidió hacer una excursión con Guillermo, Amparo y algunos alumnos.

Estaba claro que algunas botellas de las que estaban al fondo a la intemperie habían estallado por el tapón, pero otra gran cantidad del interior seguía enchufadas a las tuberías sin gas. El lugar estaba resguardado y solo habían caído los tejados de placas.

Dialogaron sobre la necesidad de conseguir electricidad para ponerla en funcionamiento. Pero al final decidieron desmontarla poco a poco y trasladar lo justo.

Casi enfrente encontraron un polígono y decidieron investigar, encontrando una fábrica de cajas de camión de aluminio y mucho material, solo había que quitar cascotes y sacar planchas y perfiles también arreglarían las máquinas de soldar aluminio. Muy cerca una refinería de aceite industrial.

Amparo dijo que habían encontrado un tesoro.

A partir de ese día y durante más de un mes, una veintena de hombres, incluidos los albañiles, trabajaron en el desmontaje y traslado de las máquinas a Navajas, donde eran montadas.

Éramos un pueblo industrializado.


Amanecía cuando Ambrosio sacaba el avión del garaje, David, Patri, Blas y José A. subieron a él. Con la intención de dar un amplio rodeo. Recorrieron el litoral hasta Denia, comprobando los destrozos en las poblaciones. Desde Denia se dirigieron a Ibiza, no encontrando más que desolación y siguiendo a Mallorca.

Al principio no la reconocieron, solo era un semicírculo como el cráter de un Volcán. Mallorca Había desaparecido en parte tal vez hundida en el mar, también Menorca se había reducido y dividido en dos.

A continuación se dirigieron a los pirineos, pasando por Córcega y Cerdeña. De la llamada isla plana apenas quedaban unos islotes. El mar se la había tragado.

Conforme se acercaban a la Camarga y bajaban la altitud, el contador marcaba más radiactividad.

David dijo que era peligroso y que volvieran, intentaron bajar sobre Barcelona pero aunque con más suavidad el contador subía peligrosamente. El edificio emblemático de la Sagrada Familia había desaparecido, cuando hacía pocos años que se había dado por concluida su construcción.

No hizo falta hablar más y regresaron, tenían claro que tanto Barcelona como la zona del Ródano llena de centrales nucleares habían sido bombardeadas con bombas de neutrones. Tal vez no habían pasado suficientes años para limpiar la zona y posiblemente la radiactividad que en un tiempo llegaba a La Vall procediese de allí. Buscar personas en la zona era empresa estéril.


El invierno se echaba encima, en todos los centros y se dedicaban a sus labores cotidianas. En el Grupo Centro animados por nuestro éxito con los motores de coches eléctricos, decidieron montar uno en la hélice del dirigible con baterías. Ahora las bicicletas estáticas servían para cargarlas. Pidieron al grupo Norte que les proporcionaran un anclaje o lugar donde echar el ancla y poder bajar. El grupo Norte construyó una pirámide triangular con una plataforma a su lado, para bajar. La misma petición hicieron al grupo Oeste. Tras dos salidas exitosas con el dirigible decidieron trasladar a Cortese y la familia a su asentamiento.

Al llegar descendieron dejando caer el ancla a ras de suelo, esta se enganchó en las barras de hierro y utilizando el cabrestante, siguieron bajando hasta que se colocaron a ras de la plataforma.

La maniobra había sido un éxito y la operación del brazo de Cortese también.

Cortese había tenido tiempo de fortalecer su brazo y ya no necesitaba llevarlo en cabestrillo. Aunque cogió a su hijo menor de solo un año con el brazo derecho.

—Nico sin trabajo como policía se había reciclado y era el conductor del dirigible. Bajaron las cajas, el equipaje y se trasladaron a la base. Nico se interesó por los trabajos que realizaban, y aunque eran pocos los que se habían unido al grupo se notaba una nueva ilusión. Nico entendió que esperaban nuevas personas en verano y trabajaban pensando en esa meta. Pepín había prometido electricidad en primavera o tal vez antes. El y Sergio, acompañados por el hijo de Eduardo se pasaban días enteros y noches sin volver, siguiendo o reparando el tendido eléctrico.

Nico advertido por Ainoa observaba y preguntaba como buen policía. Otras seis personas le acompañaban y la orden era distraer a los norteños sin prisas de volver.

Tres días después el grupo Oeste informaba que estaban dispuestos a recibir el dirigible, pero las tormentas no dejaban que despegase. Es peligroso y se ven en la necesidad de sujetarlo con más cuerdas al suelo.

Tras una semana de tormentas y viento amaneció con pocas nubes. Puestos en contacto con el Centro, este informó de buen tiempo.

Nico y su equipo comprobaron las baterías y soltaron las amarras dirigiéndose al grupo Oeste.

Allí los amarres están junto al puerto y bajan sobre una terraza preparada a tal efecto. Son recibidos con inmensa alegría parece y es día de fiesta. Nico solo lleva unos presentes del grupo Norte, cangrejos, vieiras y mejillones. Mejillones precisamente es de lo que más disponen en el grupo Oeste, pero son bien recibidos.

El vehículo es observado minuciosamente por el grupo y esa misma noche, reunidos ante una buena mariscada hablan de los pormenores de unos intercambios con otros grupos, Yolanda viaja con Nico y es la encargada de informar y en todo caso recoger ideas. Al mismo tiempo informa de los intercambios que ya ha habido y las reglas impuestas por los grupos mayoritarios, Sur y Este. Tanto el grupo del Pantano como el de Navajas son considerados grupos anexos, al Centro o al Este, aunque son mucho mayores que los grupos del Oeste o el Norte.

También se habla de los vehículos que se han fabricado. Sobre todo del tren terrestre o el dirigible. Se informa que el avión recuperado, solo se utilizará en contadas ocasiones o en casos de urgencia, pues contamina y consume mucho combustible. Bien muy escaso y lento de fabricar; por lo tanto queda aparcado.

Manuel no abría la boca, en parte había sido el más respetado del Grupo.

Nerea preguntó – ¿En qué piensas?

Levantó la vista – amigos durante muchos años he procurado unir el grupo y comportarme como si todos fuéramos una familia a la que se protege, creo que me equivoqué.

—¡Calla! somos una familia – contestó Pilar.

—No Pilar, aunque nos consideremos como tal, no podemos cerrar los ojos a la realidad, creo que todos estábamos resignados a pasar la vida solos y unidos, nuestros hijos se casarían entre ellos y así la humanidad no se extinguiría. En realidad no pensábamos en los otros grupos y solo queríamos tener cubiertas nuestras necesidades, como único fin y meta.

Hoy me doy cuenta que nuestros hijos tienen un futuro mejor, que pueden visitar otros grupos e incluso quedarse con ellos. No tienen la obligación de quedarse aquí y vivir aislados.

La excesiva protección se puede convertir en una cárcel ¿Me entendéis?

—Si Manuel – contestó Carmen Ibáñez – creo y entiendo que es una nueva ilusión para ellos y nosotros. El tema del intercambio por vacaciones, puede ser de gran valor, no solo para nuestros hijos, a mi me gustaría reunirme con Susana en el centro, siempre fuimos muy amigas desde pequeñas y... (Carmen se había emocionado)

—Vale Carmen, respira hondo – propuso Francisco a su pareja – Nico ¿Sería posible acompañaros al centro?

—No hay problema, venimos de dejar a Cortese con su grupo. Lo han operado del hombro y ha pasado tres meses con nosotros, vino con su hijo mayor y Rufina.

—Carmen prepara a los niños y vamos de visita al Centro. Manuel cuando volvamos decidiremos que vehículo construimos para desplazarnos. Como tú has dicho no estamos solos y con un coche eléctrico iríamos al centro en un solo día o a visitar el grupo del pantano, tampoco estaría mal una barca con motor eléctrico para visitar el grupo Norte, en realidad no está tan lejos por mar. Debemos informarnos y aprender como lo ha conseguido el grupo Este. Creo que hemos estado demasiado inactivos y eso va contra nuestros hijos o su futuro.

—Tienes razón Francisco, pero necesitaremos ayuda.

—Escuchad el grupo Este lleva años formando personas, desde el verano pasado ocurre lo mismo en el grupo Sur y en el Centro disponemos de algunos maestros que pueden enseñar a vuestros hijos.

Solo hay un problema y es el acuerdo entre el grupo Este y el Sur de intercambiar persona por persona. El grupo Este recientemente a liberado a ocho personas mayores cuatro niños y una adolescente, para incrementar el grupo Norte, para ello hicieron una asamblea, los parlamentarios aceptaron la propuesta solo con la condición de que fueran voluntarios. En estos momentos nueve chicos del sur aprenden con ellos y los intercambios son reales.

Sus escuelas llevan quince años funcionando y hoy los jóvenes nativos son maestros u oficiales en sus oficios. Sinceramente creo que este verano debe haber trasiego de personas y no será la última vez.

—¿Qué piensas Manuel? – preguntó Nerea.

—Pienso que podríamos mandar a nuestros hijos mayores al centro, aquí no podemos enseñarles más y a su vez que manden dos o tres parejas de ayuda. Dime Nico ¿qué proyecto lleváis a cargo en estos momentos?

Estamos reparando la carretera hacia el este, los vehículos terrestres serán los más usados. No disponemos de materiales para construir otro dirigible y no todos los días, podrá ser operativo; depende mucho del tiempo.

—Amigos debemos decidir nuestro futuro y el de nuestros hijos. Pensadlo esta noche y mañana temprano, decidimos – concluyó Manuel y terminó la reunión.

Nico les informó que quería salir a las diez.

A la mañana siguiente no hizo falta reunirse ni votar, cuatro chicas y tres chicos, tenían preparado el equipaje.

Chelo y Fidias con sus tres hijos se unieron al grupo.

Nico sonrió y mandó quitar lastre. Los jóvenes se turnaron pedaleando sobre la única bicicleta que quedaba abordo, moviendo el alternador para cargar baterías entre risas mientras Josafat (el lugarteniente de Nico) comunicaba por radio con el Centro e informaba de los acuerdos alcanzados con Nico y de los viajeros que trasportaban. Tras dos horas divisaron el pico de Francia y empezaron a bajar, no tardaron en enganchar el ancla y utilizar el cabrestante, para bajar y sujetar el dirigible. Una delegación con Ainoa al frente les esperaba. Los recién llegados estrenaron el nuevo coche de pasajeros, tirado por cuatro caballos y recién construido para cubrir el trayecto al aeropuerto.

Quince días más tarde, cuatro matrimonios con sus hijos se trasladaban al grupo Oeste.


En el grupo Este en pleno mes de abril, se abría un debate, sobre el trasiego de personas. El consejo estaba dividido entre los que veían con buenos ojos la ida y venida y los que no querían que el poblado perdiera habitantes, con la dispersión de los suyos.

Por otro lado en el grupo de David habían cuatro discípulos, que necesitaban un nuevo empuje, y que solo podían darles en el centro, por los medios de que disponían, lo mismo ocurría con el grupo de José A. con cinco y en el de Alba con tres. Total doce jóvenes de diferentes edades, en su totalidad hijos de nativos.

Del asentamiento del centro seis jóvenes, querían estudiar los métodos del Este, todos ellos con catorce o quince años, hijos de supervivientes.

Reme llamó pidiendo ayuda de gente y agricultores. Leire captó el mensaje y habló con David, tenía la necesidad de convencer a Mariano y Rosaura de crear una agencia de trasporte independiente del consejo. Ellos siempre querían imponer su criterio y cambiar persona por persona, sin contar los recién nacidos.

Y entre los dos elaboraron un plan.

David y Carles fueron a hablar con Mariano mientras este se encontraba en el campo. David a una adecuada distancia, hizo como si aprobase con la cabeza todo cuanto de decía Carles con semblante serio, mientras Mariano les observaba. Se acercaron a él.

—Mariano necesito hablar contigo – dijo David con aparente seriedad.

—Diga David que ocurre.

—Tu eres la persona que más sabe de agricultura, nadie sabe más que tu. Todos estamos agradecidos de como controlas los riegos y las siembras. Pero nos ha surgido un pequeño problema y solo tú eres capaz de solucionarlo, me explicaré.

Remedios nos ha pedido ayuda, en el grupo Norte, no hay una agricultura como la nuestra y hemos pensado que tú te podrías hacer cargo, creo que en dos años podrías dejarlo todo en funcionamiento y volver, mientras conocerías mundo, otras personas, compañeros nuestros ya están allí y comerías marisco; aquí todo está en marcha y controlado, Amadeo podría seguir tus pasos sin olvidarnos de Carles, haciéndose cargo hasta que tu vuelvas.

—¿Y por qué no va él?

—Allí hay que empezar de cero, solo tú puedes hacerlo y te llevarías a más matrimonios contigo, los que quieras.

—Romperíamos el nivel.

—No, romperíamos nada, del Centro hay una docena de jóvenes dispuestos a venir para aprender y una familia del Norte con dos niños vendría de viaje, es un amigo que se está reponiendo de un accidente. Por otro lado, Reme ha pedido que te acompañe Rosaura con su familia y tu mujer las necesita para hacer redes. Solo tú podrías convencer a Rosaura

—Pero yo no tengo claro si quiero ir.

—Has pensado en, si tu hijo mayor quiere ser pescador o mariscador. Allí también hay escuelas para tus dos hijas menores y Doro puede ayudar a Reme, ellas se aprecian mucho y Reme... en fin no quisiera fallarle, es muy buena y a echo mucho por todos.

—Mariano empezaba a dudar.

—Pero el control de personas...

—El consejo tiene demasiado trabajo para estar pendiente de todo, creo que Carolina y su grupo lo han llevado bien hasta hoy, deberíais delegar en ellas y libraros del trabajo o la obligación de decidir cada vez. Así os quitáis una responsabilidad de encima.

—¿Y quién me sustituiría en el consejo?

—El siguiente de la lista, no es un problema sustituirte; recuerda que antes no había consejo y todo funcionaba. Pero no quiero presionarte, solo quiero que comprendas que te necesitan, tienes la ocasión de ser útil a otros grupos, ya eres una persona importante aquí y los que sabemos como tú y nosotros, tenemos la obligación de ayudar. El saber crea obligaciones.

—Tengo que pensarlo y hablar con mi mujer.

—Lo entendemos y respetaremos tu respuesta. Recuerda que es una petición personal de Reme y también lo que yo te aprecio, pero en ocasiones hay que tomar decisiones no muy agradables –concluyó Carles.

Se alejaron mientras David preguntaba.

—¿Crees que lo habremos convencido?

—Tengo mis dudas, pero ellos no saben nada de trapicheos, ni diplomacia.


Dos días más tarde Mariano comunicaba, que aceptaba con condiciones el viaje al Grupo Norte.

En primer lugar irían con el avión (posiblemente uno de sus deseos ocultos era volar). Tres matrimonios irían con él entre ellos Rosaura y Cosme, con un total de siete niños. El hijo mayor de Mariano tenía diecisiete y mucha ilusión.

La cantidad no fue del gusto de José A. pero puesto en antecedentes por Carles accedió con la condición de no subir mucho equipaje y herramientas.

Por su parte Carles habló por radio con Reme y Rufina ofreciendo a esta unas vacaciones en su casa. Rufina y Cortese aceptaron y la expedición se puso en marcha. Dos días después embarcaban a las once, para comer en Galicia.

Ambrosio conducía y José A. les mostraba a los viajantes, las ruinas de las ciudades por donde pasaban, dando alguna charla y advirtiendo que no abandonasen el asiento y siguieran nivelando el avión. Tanto al despegar como al aterrizar tomó los mandos, alegando a Ambrosio que había mucha gente y que al volver él lo llevaría.

En el aeropuerto les esperaban y apenas tomaron tierra, Reme, Aníbal y el resto de los anteriores vecinos, los recibieron entre abrazos. Vieron sonreír a Mariano al ver a Aníbal y Reme abrazándose a ellos inmediatamente, Doro le seguía con sus hijos. Las caras sonreían y eso era buena señal. Rosaura se abrazó a Reme diciendo: me alegro que me quieras a tu lado.

Reme no sabía nada del plan de Carles y David para librarse de ella pero sonrió y contestó – te gustará esto Rosaura.

Mientras José A. pensaba que gracias a la astucia de Carles y David el grupo Norte crecía. En realidad con este viaje eran treinta personas entre mayores y niños los que habían viajado y solo se llevarían a Rufina Cortese y sus dos hijos cuatro en total y en teoría para unos meses o Vacaciones.

Subieron al avión y despegaron, esta vez conducía Ambrosio ilusionado y poniendo todo el interés, tanto en el despegue como en el aterrizaje.

Rufina se abrazó a Carles apenas bajaron del avión, siguieron los abrazos con Leire y Alba.

Patri y Blas esperaban su turno y fueron presentados con todos los honores. Las mujeres tenían mucho de qué hablar y los hombres querían saber...

Los condujeron a una casa cercana a la de David y al día siguiente Leire y Patri les mostraron todo el asentamiento, incluidas las tierras de cultivo.


A su vez de buena mañana el dirigible había partido hacia el grupo Este, llegando en cinco horas y habiendo comido los pasajeros, abordo sobre la marcha.

El tiempo del dirigible era incontrolable debían buscar la dirección del viento o las corrientes, subiendo o bajando. Le era muy difícil o lento avanzar contra el viento (en ocasiones casi imposible con la pequeña hélice). Necesitaba buen tiempo para viajar, por ese motivo esperó dos días para regresar con viento de levante.

El grupo Este no perdía personas pues las suplía con los nacimientos y las inquietudes de Mariano eran infundadas, pero si estaba aportando personas a otros grupos menores.

De nuevo al sur

Quince de mayo, el vehículo con motor de camión sale de la nave e inicia su paseo de prueba, media hora más tarde le son enganchados dos vagones cargados con mucho peso la prueba resulta satisfactoria y al día siguiente, Vicente realiza una incursión a por piedra calcárea, cargando tres vagones, el motor responde tanto en subidas como llevando la carga.

El tren hace otro viaje a Teruel con tres plataformas y diez personas, carga todas las baterías que encuentra en el sótano o aparcamiento; así como enchufes y cables que arrancan de la pared.

El químico Guillermo, va con ellos y recogen una plataforma llena de llantas, gomas o ruedas en mal estado que sujetan con una red.

Hay varias furgonetas completamente oxidadas, pero comprueban que los ejes traseros se encuentren en buen estado y al bajar a navajas, hablan con un parlamentario sobre la necesidad de desmontar los ejes.

Ellos se encargaran de desmontarlos con su equipo, para colocarlos bajo los vagones que están fabricando para el tren terrestre.


Rocco pidió hablar con el consejo de La Vall y se reunieron los dos consejos.

Leire una vez todos sentados, le hizo una seña a Blas y este empezó la reunión.

—Consejo de Navajas decid a que se debe vuestra visita.

Rocco tomó la palabra – Nosotros no tenemos información de vuestros viajes, solo pedís voluntarios cuando os interesa.

No Rocco no es así y no hay tantos viajes contestó Leire — Personas de tu pueblo han ido al grupo Norte y al grupo Sur. También tu puedes organizar intercambios, nadie te lo prohíbe, dispones de una emisora, aunque no la utilizas, desde que tenéis el teléfono para hablar con nosotros. Pero vuestros parlamentarios son de reciente creación y antes solo podíamos hablar con tu padre. Con vosotros también trabajan dos chicos del Sur.

Gómez habló – Queremos estar informados de todo con los mismos derechos que vosotros.

—Los tenéis –contestó Blas – solo tenéis que hablar con Carolina ella lleva los viajes y decide quienes van y vienen.

Las palabras de quien había sido Amo, los dejos descolocados, comprendieron que ya no mandaba y otra persona decidía por él. Leire comprendió y les habló.

—Creo que no entendéis que otra persona mande más que Amo, como no entendíais que José mandase de todos vosotros. Habéis creado un parlamento sin saber lo que eso significa. Por ese motivo en este parlamento estamos Helios y yo.

Debéis tomar las decisiones entre todos, dialogar y votar con que idea os quedáis, no siempre hay que obedecer al Alcalde, si su idea no es buena. También hay que delegar funciones en otras personas, como nosotros delegamos. En el momento toméis una decisión podéis elegir a una persona para llevarla a cabo.

—Me llamo Pascual y yo soy quien se encarga de la piedra blanca, como antes lo hacía mi padre. ¿Quieres decir que han delegado en mi?

—En este caso has heredado el cargo de tu padre, pero los parlamentarios podrían delegar en otra persona y tendrías que dejar tu cargo. No creo que lo hagan pues eres el mejor y de eso se trata de buscar a la mejor persona para ocupar según que cargo.

—Rocco miraba a Leire – No se pero veníamos con una idea y...

—Rocco, debéis aprender a dialogar y si hay dudas, estamos dispuestos a ayudar. Contestó Leire.

—Mi madre sigue siendo el Ama y todos la respetabais – comentó Blas — ella decía lo que había que hacer y todos obedecían. Hoy yo tengo un nombre soy Blas y a su vez el alcalde, pero solo mando de los parlamentarios en las asambleas, para llevar un orden, muchas voces saben más que una sola. He aprendido a confiar en los demás.

—Rocco hemos aprendido de los enviados y seguimos aprendiendo— contestó Amadeo.

—Nosotros hablaremos con Carolina, nuestro pueblo quiere salir y ver otras personas y como viven – sentenció Rocco.

—En ese caso, si no ocurre nada en quince lunas habrá un viaje, aunque no sé cómo. Patri y yo queremos ir y se lo hemos comunicado a Carolina, hablad con ella y si queréis un intercambio podéis proponerlo. Pero Carolina tiene la última palabra por el bien de todos, ella elige lo más conveniente.

—La reunión termino con el acuerdo de ambos parlamentos


Dos días más tarde una delegación de Navajas se ponía en contacto con Carolina, cuatro familias deseaban visitar el grupo del Sur y tres al grupo centro. Los chicos venidos el año anterior seguían trabajando y solo dos deseaban volver. Parecía que las familias se animaban y de la Vall cinco pidieron ir al grupo Centro y seis al Sur.

Carolina tuvo trabajo con los grupos para intentar compensar sin resultado. Por fin se acordó que el tren terrestre mayor con dos vagones saldría el uno de junio hacia el grupo Sur, para regresar en cinco días, volvería el quince de agosto para recoger pasajeros, solo haría esos dos viajes.

El tren terrestre menor, saldría el quince de junio hacia el grupo centro, en la fecha que se intuía que la carretera desde el grupo Centro hasta Plasencia estaría en condiciones (era el peor tramo). Volvería el treinta de agosto a recogerlos o devolver los que deseasen regresar.

Había nacido el turismo. Todos sabían que tenían que colaborar con los residentes de cada grupo y a cambio tendrían cubiertas las necesidades.


Estaban a punto para salir hacia el Sur, los conductores eran Ximo y Carmen, sus hijos menores en esta ocasión viajaban con ellos con la ilusión de ver a Roberta. Solo dos chicos regresaban con sus padres. Blas y Patri llevaban a su hijo con ellos.

En esta ocasión Ximo hizo sonar un silbato y todos ocuparon sus asientos recién numerados; con los dos remolques más grandes de seis metros, que habían fabricado en Navajas era suficiente.

Ahora el tren pequeño pasaría a ser propiedad del grupo de navajas como habían acordado y la máquina de vapor volvería a ser propiedad de La Vall y tener su estación en Moncofa.

Así las cosas Vicente llevaría el tren pequeño al Centro, mientras enseñaba su manejo y las carreteras a Cosme y Josefa. (Matrimonio joven de Navajas).


El tren terrestre del sur, volvió con padres de chicos entre ellos Tombas y su mujer Medina. El reencuentro fue... inexplicable los chicos mostraban a sus padres donde vivian y donde trabajaban tenían ansias por mostrarlo todo, sin darse cuenta que solo disponían de dos meses.

El viaje del terrestre mayor se había hecho en cuatro días y diez días después salía el pequeño hacia el centro. Había plazas libres y Leire había decidido ir con sus hijos para que conocieran el Centro y visitar a viejos amigos. Invitaron a Tombas y sus hijos, todos juntos realizaron el viaje.

Así le presentaron a Ainoa y pudo alucinar con la cueva que les había salvado a ellos.

Las distancias estaban a un solo día con sol. El tema del trasporte parecía estar resuelto. Algunas familias del pantano habían ido al asentamiento Oeste con el plan o proyecto de vacaciones.

El treinta de agosto con todos ubicados en sus destinos terminó el plan vacacional y cada cual se quedó en su casa. Pero se había dado un gran paso, los grupos no estaban solos y sabían que podían ayudarse unos a otros.

Año veinte de la nueva era

Hola, nuevamente soy yo Carles. Durante estos años he estado escribiendo, pero de forma informativa del día a día y me ha parecido un tostón, nuestros días se reducen al trabajo, estudio y cuidado de los hijos. Algunos de los que venimos ya pasamos de los cincuenta, concretamente David cumplió cincuenta y tres; Leire y yo cincuenta y uno con solo dos días de diferencia. Hay pocas cosas extraordinarias que comentar; así que hace unos años que no escribo. Para hacer un resumen más atractivo.

Empezaré por decir que con los planes de estudio o vacacionales nos hemos ido mezclando los grupos.

Roberta se ha quedado definitivamente en el grupo Sur, tiene pareja y espera un hijo. Por el mismo motivo Mariano se ha quedado en el grupo Norte, su hijo Mayor lo hizo abuelo con la hija de Roberto, que contaba solo diecisiete años. “Pero el amor...”


Estos hechos están ocurriendo a menudo y las razas o grupos se mezclan. Ya no hay distinciones entre razas y a las manchas, nadie da importancia. Entre nosotros había mayoría de blancos, solo habían doce personas negras como Aníbal y algunos mulatos como Leire, Fidel, Roberto... Nico era asiático y con él otras cinco personas como Yolanda. Ainoa es pelirroja y... para que seguir todo es una raza, la raza humana. No hay distinciones, lo cual es un triunfo; nadie ve raro a nadie, incluso las manchas van desapareciendo con el cruce de sangre. Seguimos creciendo y hemos llegado al millar en nuestro grupo.


Hay equipos limpiando carreteras o vías por donde comunicarnos. Todos han buscado y encontrado motores o cosas aprovechables (yo les llamo “los nuevos chatarreros”) nuestra industria ha crecido y todos los grupos están motorizados, en mayor o menor medida, nosotros ya contamos con dos trenes grandes y dos pequeños que compartimos con Navajas, ellos heredaron nuestro primer tren terrestre pequeño. La agencia de vacaciones sigue en nuestro grupo y Carolina sigue llevando el control.

La ayuda es mutua entre todos los grupos y se han eliminado todos los impedimentos o leyes restrictivas, todos los cambios o intercambios se realizan por voluntarios.

Quienes vienen o van saben que deben adaptarse a un grupo de trabajo. Quien no trabaja no puede ir al economato.

Se puede decir que somos una democracia común sin moneda, partidos políticos o religión. Todos están obligados a seguir la educación común. Quien no cumple las normas el castigo es la expulsión y la soledad. Pero nadie las ha incumplido hasta hoy. Creo que la educación desde la escuela y los valores personales que se imparten son nuestra mejor defensa. De acuerdo con Ainoa hemos destruido todo tipo de películas o reportajes violentos o con armas, no queremos que conozcan nada del pasado violento ¡No hay cine! Pero empezamos a enseñar música. Y las historias de viajes, son como nuestras novelas. Quien me iba a decir que se podría ser feliz sin televisión ni móvil. Y sin embargo somos felices; juegos como las damas, o ajedrez han resurgido (cambiando las palabras “matar” por “ganar”) también hemos promovido “a nuestro modo” entre los grupos, unas olimpiadas para niños, donde el trofeo es un pollo o un queso.

Respecto a los animales, también en la playa de Moncofa donde solemos bañarnos, hemos encontrado huellas de cocodrilo y una puesta de huevos. Pueden ser un problema para nosotros, pero no destruimos su nido, lo consideramos un superviviente, como nosotros; posiblemente si hablase nos contaría como ha podido sobrevivir a varias extinciones. Su tamaño a descendido y no los hemos visto con más de dos metros.

Seguimos sin pasar por Madrid y estamos limpiando la carretera de la Rivera del Duero para conectar el Este con el grupo Norte directamente. Ellos hacen lo mismo en dirección contraria y el grupo del pantano ha limpiado hasta Zamora, pronto estará todo libre y se habla de crear un poblado cerca de la antigua Toro.

Alba se empeña en que cuente las cosas como una casamentera y... no puedo negarme. De mis gemelas con dieciocho años, Alba se ha prometido con Marino Medina, desde que vino ha demostrado ser un chico excelente y estamos satisfechos con la elección. Carola (Mi otra gemela) y el hijo de helios, creo que... en fin, pronto espero saber el desenlace. Mi hijo se encuentra en el grupo Centro perfeccionando quimica y creo que está muy ocupado aunque no sé con quién, o más bien no la conozco. Oficialmente no tiene novia.

Lo mismo les ocurre a todos los que un día salimos de una cueva y tenemos hijos, algunos ya son abuelos y la raza humana sigue expandiéndose.

Seguimos sin saber nada de otros continentes, países o pueblos y no nos seduce la idea de aventurarnos por la tierra, aunque todos saben que es redonda y en qué lugar estamos, tal vez con el tiempo nazca algún aventurero. De momento nuestras aventuras empiezan y terminan en un país llamado IBERIA.

Como siempre la juventud es inquieta y están trabajando en un vehículo para dar la vuelta al mundo.

Solo sé que es un avión de despegue vertical, pues en caso de explorar no saben donde podrán aterrizar. Han convencido a José A. y según él, el proyecto durará cinco años o más. Espero que llegue a buen término y sepamos si estamos solos.

David tiene sus dudas y dice que “más vale solos que mal acompañados”. En fin no podemos parar el progreso, ni el ímpetu de la juventud.

Carles desde la tierra.


Publicado el 4 de agosto de 2022 por Edu Robsy.
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