Texto: Los Bandidos de Río Frío

Manuel Payno


Novela


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Los Bandidos de Río Frío

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Fragmento de Los Bandidos de Río Frío

Los grifos y los horrendos mascarones que se asomaban al pie de las almenas en la ancha cornisa de la azotea, continuaron arrojando cada año con desesperante monotonía por sus bocas abiertas torrentes de agua, que en la estación de las lluvias inundaban el patio; continuaron mirando con una especie de enojo, con sus redondas pupilas de piedra, a las pocas personas que se aventuraban a penetrar en el zaguán y subir las altísimas escaleras; el viento rudo y frío invadía cada diciembre los corredores y pasadizos solitarios y hacía crujir y se llevaba astillas de los ya viejos bastidores; el polvo amarillento y sofocante que en la estación del calor venía de los suburbios sucios y abandonados de la ciudad, reposaba y formaba capas en los ricos jarrones de porcelana y en los dorados tibores del Japón, sin que una mano cuidadosa se atreviese a limpiar ni a reparar las averías y daños ocasionados por el tiempo; parecía que siglos enteros habían transcurrido, que los habitantes se habían quedado dormidos durante muchos años en sus recámaras, y el sol mismo, tan espléndido y radiante en México la mayor parte del año, no era bastante para calentar y desterrar el frío de esa señorial mansión. ¿Por qué pasaban así las cosas? Vamos a explicarlo. El conde, entre sus excentricidades que cambiaban de giro a cada momento, había ordenado que cuando él estuviese ausente, nada de la casa se cambiase de lugar, ni se tocase, ni se hiciera aseo ninguno en los corredores y habitaciones reservadas para la familia; y como en el tiempo corrido había venido tres o cuatro veces y regresado a las haciendas, pasando en México corto tiempo, nadie se había atrevido a desobedecerlo. Por otra parte, faltaba Tules, que había sido una especie de maga cuidadosa y solícita, pues todo lo que estaba a su cargo relucía por la limpieza, orden y propiedad, y hacía resaltar las curiosidades y objetos de arte que formaban como el complemento de la grandeza de la antigua casa solariega, que recibió durante años los más exquisitos objetos de China, de España y de Flandes.


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1.616 págs. / 2 días, -1 horas, 8 minutos / 13 visitas.
Publicado el 3 de noviembre de 2018 por Edu Robsy.