Texto: Blancas Manos
de Marcel Schwob


Cuento


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Blancas Manos

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Fragmento de Blancas Manos

—¿Vas a seguir silbando toda la noche? —preguntó el Pestes.

—Si vuestra merced me concede permiso… —respondió Blancas-Manos.

—¡Tanto silbidito…! Se diría que te va lo de vagabundear.

—Pues a lo mejor.

El Pestes se sentó sobre un talud.

—Ya está bien —dijo—, no doy un paso más, ni p’alante ni p’atrás. Tengo los pies machacados y no lo veo claro. Ya no doy ni un paso, ¿te enteras?

—A mí me pesan ya los pies —asintió Blancas-Manos.

Así que se apoyó en un murete de tierra, sacó de su chaqueta un trozo de salchichón y se puso a roerlo con deleite, pelándolo ceremoniosamente.

El Pestes se quedó mirándolo durante unos minutos.

—¿Y de dónde diablos has sacado esa pieza, si se puede saber?

—Eso, querida —replicó Blancas-Manos—, no es negocio tuyo.

—¿Dónde la has afanado?

—¿Afanado? ¿Bromeas? No acostumbro a robar, yo.


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3 págs. / 6 minutos.
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Publicado el 28 de marzo de 2017 por Edu Robsy.


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