Texto: La Casa Cerrada

Marcel Schwob


Cuento


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La Casa Cerrada

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Fragmento de La Casa Cerrada

Durante el día, la casa permanecía terriblemente silenciosa. Ni la lechera ni el cartero llamaban por las mañanas a su puerta. Estaba situada de tal manera que en todo momento parecía aquella ciudad del Alto Egipto, Syena, donde al mediodía del solsticio de verano los cuerpos no dan sombra. Pues sus muros jamás manchaban la luz del sol, y por la noche se envolvía completamente en las tinieblas.

Se cuenta que un día unos niños, tras golpear la puerta descolorida durante largo tiempo, se sentaron delante de ella. De repente, escucharon un horrible juramento procedente del interior, seguido de un nuevo silencio. Y a pesar de golpear de nuevo la puerta con puños y pies y de lanzar arena y barro a las contraventanas, no volvieron a oír nada.

Unas luces se encendían en la casa con regularidad. Hacia las nueve de la noche una luz rojiza se filtraba a través de uno de los postigos. A medianoche se apagaba y una hora después se podían ver unas luces confusas de lámparas amarillas. Y justo cuando despuntaba el nuevo día, desaparecían todas las luces.


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3 págs. / 5 minutos / 18 visitas.
Publicado el 28 de marzo de 2017 por Edu Robsy.