Reflexiones y principios éticos expresados por el emperador griego Marco Aurelio a manera de soliloquios.
Traducción realizada por Jacinto Díaz Miranda en 1785 bajo el título “Los doce libros el emperador Marco Aurelio, y revisada posteriormente en el año 1888. Actualmente esta edición se encuentra en dominio público.
El espíritu que en
el hombre domina, cuando va bien concertado con la naturaleza, se
halla en tal estado respecto a los acontecimientos, que siempre puede
aplicarse con facilidad a lo que en el lance se le permite y propone
como practicable; porque no se ata ni prefiere a materia alguna en
particular, sino que de suyo se propone lo mejor, aunque siempre con
la debida excepción, si se pudiere; y así cualquier estorbo que le
sobreviniere hace de él y lo mira como materia y ejercicio de
virtud. No de otra manera que cuando un vehemente fuego se apodera de
la materia que encuentra o le arrojan, capaz de apagar otra pequeña
luz, al instante se la convierte en sí mismo, y resuelve, y con esto
mismo se propaga y crece.
Ninguna obra se ha de ejecutar
en vano, ni de otro modo que con una exacta atención y conformidad
con las reglas del arte.
Muchos para su retiro buscan las
casas de campo las orillas del mar, los montes; cosas que tú mismo
solías desear con anhelo; pero todo esto es una vulgaridad, teniendo
uno en su mano el recogerse en su interior y retirarse dentro de sí
en la hora que le diere la gana; porque en ninguna parte tiene el
hombre un retiro más quieto ni más desocupado que dentro de su
mismo espíritu, especialmente aquel que dentro de sí tiene tal
provisión de documentos que al punto, dándoles una ojeada, se halla
en suma tranquilidad. La que yo ahora llamo tranquilidad no es otra
cosa que un ánimo bien dispuesto y ordenado. Date, pues, de continuo
a este retiro, y rehazte de nuevo en él. Tendrás para esto ciertos
recuerdos breves, como primeros principios o elementos, los cuales,
prontamente reducidos a la memoria, serán eficaces para borrar y
quitarte toda pesadumbre, y para restituirte libre de enfado a
aquellas. funciones a las cuales hubieres de volver. Porque ¿qué
cosa es la que no puedes sufrir con paciencia? ¿es la ruindad de los
hombres? Sin embargo, haciendo tú sobre estas máximas la reflexión
que los hombres nacieron para ayudarse unos a otros, y que de
justicia deben sufrirse mutuamente, y que pecan forzados y contra su
intento, haciendo también memoria de cuántos son los que hasta aquí
dados a la enemistad, al odio, a las sospechas, a las pendencias y
contiendas, al cabo murieron y fueron reducidos a cenizas; créeme,
podrás ya con estas reflexiones dejar de enojarte contra
nadie.
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Publicado el 8 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.
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