Texto: Los Diarios de Adán y Eva

Mark Twain


Diario


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Los Diarios de Adán y Eva

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Fragmento de Los Diarios de Adán y Eva

Diez días después

¡Ella me acusa a mí de ser la causa de nuestro desastre! Dice, con evidente sinceridad, que la serpiente le aseguró que el fruto prohibido no era la manzana, sino la castaña. Dije que entonces yo era inocente, pues no había comido castañas. Dijo que la serpiente le había enseñado que «castaña» era un término figurado que significaba ’chiste viejo y malo’. Empalidecí, pues he hecho muchos chistes para matar el tedio, y algunos habían sido de ese tipo, aunque siempre supuse que eran nuevos cuando los hacía. Me preguntó si había hecho alguno en el momento de la catástrofe. Me vi obligado a admitir que me había hecho uno a mí mismo, aunque no en voz alta. Era el siguiente. Estaba pensando en las cataratas, y me dije: «¡Qué maravilloso resulta ver esta vasta masa de agua cayendo hacia abajo!». Luego, en un instante, un brillante pensamiento relumbró en mi cabeza y lo dejé escapar, diciéndome: «¡Cuánto más maravilloso sería verla cayendo hacia arriba!», y estaba a punto de morirme de risa, cuando la naturaleza en pleno se declaró en guerra mortal y tuve que huir para salvar mi vida. «Eso es», dijo ella triunfante, «la serpiente mencionó ese mismo chiste y lo llamó la “primera castaña”, dijo que era contemporáneo de la creación». Caramba, entonces soy el culpable. ¡Ojalá no fuera tan ingenioso; ah, ojalá nunca hubiera tenido aquel radiante pensamiento!


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31 págs. / 55 minutos / 42 visitas.
Publicado el 11 de marzo de 2018 por Edu Robsy.