Texto: La Condesa de Cagliostro
de Maurice Leblanc


Novela


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La Condesa de Cagliostro

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Edición física


Fragmento de La Condesa de Cagliostro

—¿Rogar a Dios? ¿Por qué ese consejo?

Él respondió en voz muy baja:

—Haga como quiera… no vaya a decir que no la he avisado…

—¿Avisarme de qué? —preguntó ella, más y más ansiosa.

—Hay momentos —murmuró él— en los que hace falta rogar a Dios como si se estuviera a punto de morir esa misma noche…

Ella se estremeció por un terror repentino. De pronto comprendió toda la situación. Sus brazos se agitaron en una especie de convulsión febril.

—¿Morir? ¿Morir?… Pero no se trata de eso, ¿verdad? Beaumagnan no ha dicho eso… habló de un manicomio…

Él no respondió. Y se oyó a la desgraciada balbucear:

—¡Ah, Dios mío, me ha engañado! El manicomio, no es cierto… Es otra cosa…, van a echarme al agua… en plena noche… ¡Oh, qué horror! Pero ¡no es posible!… ¿Yo, morir?… ¡Socorro!

Godefroy había traído, doblada bajo el brazo, una manta. Con una brutalidad rabiosa, cubrió la cabeza de la joven y le puso una mano sobre la boca para acallar sus gritos.


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231 págs. / 6 horas, 45 minutos.
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Publicado el 21 de marzo de 2017 por Edu Robsy.


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