Texto: Compañeros
de Máximo Gorki


Cuento


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Compañeros

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Fragmento de Compañeros

Yefímushka, después de expectorar, empezó a tararear en falsete.

—Nada, que no llego, ¡hay que jorobarse! Pues sí… Con lo bien que yo cantaba… En la escuela de Víshenki ya me decía el maestro: «¡Vamos, Yefímushka, empieza tú!». ¡Y cómo cantábamos todos! Qué hombre más cabal…

—¿Quién? —preguntó el de la sotana con voz grave y apagada.

—El maestro de Víshenki…

—¿Cómo? ¿Víshenski? ¿Así se llamaba?

—No, Víshenki; es una aldea, hermano. El maestro se llamaba Iván Mijálich. Un tipo de primera. Murió cuando yo estaba en tercero…

—¿Joven?

—No había cumplido los treinta.

—Y ¿de qué murió?

—De amargura, imagino.

El interlocutor de Yefímushka le miró de reojo y sonrió…

—Mira, buen hombre, así fue la cosa. Llevaba siete años dando clase, y un día empezó a toser. Tosía y tosía, y le dio por ponerse melancólico… Y la melancolía, ya se sabe, lleva al vodka. El padre Alekséi no le tenía demasiado aprecio y, en cuanto vio que se daba a la bebida, envió un escrito a la ciudad, diciendo que si el maestro bebía, que si era un mal ejemplo… Total, que en respuesta mandaron otro papel de la ciudad, y mandaron también a una maestra. Una larguirucha, huesuda, con una nariz descomunal. Bueno, Iván Mijálich se dio cuenta en seguida de que la cosa estaba muy fea. Se sintió deprimido, decía: «Toda la vida dando clases, para esto… ¡Ah, desgraciados!». De la escuela fue derecho al hospital, y a los cinco días su alma regresó al Creador… Eso fue lo que pasó…


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17 págs. / 31 minutos.
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Publicado el 10 de abril de 2018 por Edu Robsy.


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