Texto: Abel Sánchez, Una historia de pasión

Miguel de Unamuno


Novela


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Abel Sánchez

Una novela sobre la envidia y sus efectos

Unamuno, con un estilo más próximo al realismo que en el resto de su obra, presenta una historia con evidentes paralelismos con el mito bíblico de Caín y Abel. En un tiempo y lugar sin determinar, nos cuenta la relación entre Abel, objeto de admiración inmerecida, y Joaquín, despreciado por la sociedad, para ilustrar la envidia como mal universal y, más concretamente, como vicio capital de la sociedad española.

La relación entre los personajes principales se recoge a través de las explicaciones de un narrador, de los propios diálogos entre los personajes y de los fragmentos de una supuesta confesión en primera persona hecha por el protagonista. Se plantean distintas soluciones al conflicto, que se van desarrollando a lo largo de la obra hasta su conclusión.


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Fragmento de Abel Sánchez

—¿Y qué verdad quiere usted que se le diga?

—¿Me la dirá usted, ahora, aquí, sobre el cuerpo aún tibio de su madre? ¿Jura usted decírmela?

—Sí, se la diré.

—Bien, yo soy un antipático, ¿no es así?

—¡No, no es así!

—La verdad, Antonia…

—¡No, no es así!

—Pues ¿qué soy… ?

—¿Usted? Usted es un desgraciado, un hombre que sufre…

Derritiósele a Joaquín el hielo y asomáronsele unas lágrimas a los ojos. Y volvió a temblar hasta las raíces del alma.

Poco después Joaquín y la huérfana formalizaban sus relaciones, dispuestos a casarse luego que pasase el año de luto de ella.

«Pobre mi mujercita —escribía, años después, Joaquín en su Confesión— empeñada en quererme y en curarme, en vencer la repugnancia que sin duda yo debía de inspirarle. Nunca me lo dijo, nunca me lo dio a entender, pero ¿podía no inspirarle yo repugnancia, sobre todo cuando descubrí la lepra de mi alma, la gangrena de mis odio? Se casó conmigo como se habría casado con un leproso, no me cabe duda de ello, por divina piedad, por espíritu de abnegación y de sacrificio cristianos, para salvar mi alma y así salvar la suya, por heroísmo de santidad. ¡fue una santa! ¡Pero no me curó de Helena; no me curó de Abel! Su santidad fue para mí un remordimiento más.


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99 págs. / 2 horas, 53 minutos / 64 visitas.
Publicado el 6 de octubre de 2016 por Edu Robsy.