Texto: La Piel de Naranja

Oscar Wilde


Cuento


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La Piel de Naranja

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Fragmento de La Piel de Naranja

Le repliqué que yo no acertaba a comprender por qué la amiga en el campo no podía serlo en casa, y que su sicología me parecía muy sutil.

—No he dicho «amiga» —me respondió—, he dicho «camarada», lo cual es muy distinto. No hay amistad posible entre la mujer de mi tío y yo; la camaradería a nada compromete.

Cuando me dedico a escudriñar mi «yo» de entonces, pienso que quizá en el fondo estaba yo lo bastante enamorado de lady Marcela para encontrar admirable que Meredith la considerase tan fríamente:

Este sentimiento, del que yo no me daba cuenta, era quizá lo que me detenía en mis anteriores pensamientos sobre Ángela.

Un domingo —hacía un poco más de tres meses que frecuentaba la morada hospitalaria de lord William, y era el 14 de junio de 1880— almorzábamos los cuatro en el comedorcito Renacimiento. Estábamos en los postres, y lady Marcela hizo servir los vinos, según la moda inglesa.

De ordinario seguía en la mesa, procurando impedir que lord William, que era algo aficionado, bebiera demasiado jerez o demasiado Corton.


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7 págs. / 13 minutos / 61 visitas.
Publicado el 22 de octubre de 2016 por Edu Robsy.