Pieza brevísima con la que el autor ironiza sobre los absurdos, alambicados y predecibles argumentos de las obras teatrales de enredo y los dramas familiares.
El dramaturgo se convierte también en personaje, rompiendo la cuarta pared para hablar con el lector e incluso con los críticos.
ENRIQUE (deteniéndose en el centro): —¡Que amarga mi vida, que desilusión! Me encuentro solo. Sin un amigo a mi lado. Todo me cansa. He vivido veinte años y sólo he recibido desengaños y desventuras. Lo que quisiera es poner fin a mis días para no apurar más la copa del dolor que me atosiga. Ya no anhelo nada: los placeres me cansan y sólo dejan en el corazón el arrepentimiento, las heces del goce que son demasiado acibaradas; las mujeres me han engañado; el dinero no me seduce… ¡Ah, muerte, muerte, ven a mis brazos y líbrame para siempre; llévame muy lejos, al país de lo desconocido…!
LUNA: —Pero ¿quién será ese hermoso mancebo y qué querrá decir con esas palabras que yo no comprendo?
ENRIQUE: —¡Muerte, muerte, ven a mis brazos!
(Ella lanza un suspiro; él regresa a ver y se queda mirándola; ambos se estremecen. Son parecidos como dos gotas de agua).
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Publicado el 13 de mayo de 2026 por Edu Robsy.
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