Libro gratis: La Pródiga, Novela
de Pedro Antonio de Alarcón


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La Pródiga

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Fragmento de «La Pródiga»

—¡De ese idilio hablaré yo!—exclamó Guillermo con soberana arrogancia.

Y su bello y varonil semblante ostentó la aureola de una verdadera pasión, demasiado tiempo reprimida...

Julia retiró su mano del hombro del joven, y le contempló con admiración y orgullo, como á un adversario digno de ella, fuese cualquiera el resultado de aquel combate...

—Todo lo que ha dicho usted será verdad.....—continuó el vehemente ingeniero;—pero hay otra verdad superior á cuanto pudiéramos aducir para separarnos como dos seres extra os el uno al otro... ¡Y esa verdad es eterna es la realidad misma que estamos tocando; es usted, soy yo; es la peregrina hermosura que debe usted al cielo; es esta ansia que me devora de darle mi sér y mi vida, de llevarme sus hechizos dentro del alma, de tener la gloria de decir que Galatea se ha dignado ser criatura mortal en premio á mi adoración de artista!... Yo no soy responsable de las desventuras de usted... ¡Yo no la hubiese hecho tan desgraciada! ¡Yo no tengo la culpa de esas dificultades que se oponen á que nuestras existencias se unan para siempre aquí ó en otro paraje del mundo!... Yo no sé más sino que un día de mi atediada juventud, cuando desconfiaba de encontrar aquí abajo la belleza suprema, la gracia inmortal, la alma Venus de los antiguos, me he encontrado á usted, arrumbada y desconocida ya por el amor, en la soledad de un cortijo, al modo de las estatuas que yacieron ocultas siglos y siglos bajo las cenizas del volcán, hasta que un viñador descubrió á Pompeya... ¡Yo no sé más sino que, al verla á usted en este desierto, tan hermosa, tan distinguida, tan infortunada, he sentido una honda conmiseración que casi me ha hecho llorar de dolor y espanto, únicamente de pensar en que iba á dejarla á usted aquí, sola, triste, pobre, sin esperanza ni consuelo, como náufraga arrojada por el mar á una isla desierta, como el trágico soldado de nuestro siglo en el solitario peñón donde murió sin amor ni gloria!... Yo no sé más sino que la adoro; que nadie nos mira; que todo es amor en nuestros ojos y en nuestra sangre, y en este jardín, engalanado con las últimas flores del año, y en esta noche deleitable y tranquila, y en esa luna complaciente y discreta, que nada contará al envidioso mundo, pero que nos recordará siempre á nosotros una hora de inefables delicias... ¡Julia! ¡Julia! ¡No piense usted! ¡No se oiga!... ¡Sienta y olvide como yo!... ¡Julia! ¡No rechace usted tanta pasión como rebosa de este alma que se desvive por la suya!


203 págs. / 5 horas, 55 minutos.
79 visitas.
Publicado el 6 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.


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