Libro gratis: La Última Calaverada
de Pedro Antonio de Alarcón


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Cuento


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La Última Calaverada

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Fragmento de «La Última Calaverada»

—Pero… ¡Había V. sido calavera!…

—¡Justamente! ¡Había yo sido calavera!… ¡Lo había sido, y aún me quedaba en el corazón algo de aquella satánica codicia del bien ajeno, que constituye el carácter de todos los conquistadores de pueblos y de mujeres!

—¡Soberbio! ¡Edificante! —Está V. hablando como un libro, señor Marqués…

—¡Y era… (prosiguió éste, contemplando de un modo melancólico la ceniza de su cigarro); era que yo no había entrado en la virtud por las puertas del desencanto, de la humildad y de la penitencia! ¡Era que mi casamiento había sido un triunfo, una fortuna, una conquista más! ¡Era que Dios no me había hecho caer del caballo como a San Pablo!

—¡Sublime, Marqués, sublime!

—¡Parece que me explico! (exclamó el relatante, riéndose, y derribando con el meñique la mencionada ceniza). —¡No me llamará usted hoy epicúreo, señor Duque.

—No decimos nada. —Continúe V.

—Pues señor: a los tres años de matrimonio (¡recuerdo que un día de canícula!) principié a sentir que retoñaba en mi corazón el calaverismo. El fantasma de la otra, de la mujer ajena, de la mujer nueva, del fruto vedado, comenzó a hacerme guiños en el sereno horizonte de mi paz doméstica. «¡Yo quisiera desamortizarme! (empecé a decir para mi capote). ¡Yo quisiera reivindicarme, recuperarme, resucitar; probarme a mí mismo que soy todavía un hombre peligroso, capaz de inspirar una pasión en activo servicio, y demostrar al diablo que, si hasta aquí he resultado un modelo de maridos fieles, ha sido por mi gusto, no por necesidad ni decadencia; que no me morí al casarme; que soy libre de hecho; que aún vive Pelayo; que puedo escalar las murallas de mi cárcel cuando me acomede, y que si habito en ella no es como forzado de la virtud, sino como voluntario de mi mujer!».


12 págs. / 22 minutos.
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Publicado el 31 de octubre de 2020 por Edu Robsy.


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