Libro gratis: La Enamorada Indiscreta
de Pedro de Répide


    Sin votos


Cuento


0


La Enamorada Indiscreta

No hay más información sobre el texto 'La Enamorada Indiscreta'.


Leer en línea

Descargar PDF

Descargar ePub

Descargar Kindle

Regalar ebook

Edición física

Denunciar libro


Fragmento de La Enamorada Indiscreta

—Yo soy—dijo el caballero de la encomienda—don Miguel de Guzmán. Vengo desde Indias, y llegando a Ferrara, he tocado al término de mi peregrinación. Hame traído aquí un cuidado muy grave que ya os descubriré si os detenéis aquí, y si, como pienso, hemos de ser amigos.

—Reposarme he unos días y muy de mi grado, señor don Miguel, que me obliga la merced que me hacéis de llamarme vuestro amigo—contestóle don Diego.

Y departiendo sobre su viaje y otras indiferentes materias, luego que hicieron colación, retiráronse a descansar con promesa de salir juntos al siguiente día para visitar la ciudad.

No tardó en amanecer el sol más que en saltar de sus lechos y vestirse los caballeros. Don Diego, con su traje de veludillo gris y capa aleonada, y don Miguel, que había hecho subir sus cofres, adornóse con unas cachondas de raso y un jubón de vellorí y colgó de su cuello una finísima cadena de oro con un grueso diamante que alumbraba su pecho. Salieron, y su primer visita fué para el Santísimo Sacramento, como devotos caballeros que eran, y acudían a agradecerle que les hubiera dejado llegar con bien a la ciudad. Cumplido el pío deber y oída la misa, diéronse a discurrir por las calles y plazas, y admirar iglesias y palacios, maravillas todas que tenían suspenso su ánimo, a pesar de venir de la opulenta España. Y aconteció que, como se hallasen a media mañana en el atrio de la catedral, vieron detenerse la gente, y pasar ante ellos y perderse a la revuelta de una esquina, una corta pero admirable comitiva. Componíanla dos graves caballeros ataviados con sumo lujo, y entre los dos una doncella, portento casi más por su talle y por su rostro que por sus galas suntuosas, cabalgando todos en soberbios corceles precedidos de palafreneros y seguidos de lacayos. Riquísimas y blasonadas gualdrapas llevaban los bridones, y los guanteletes y el azor en la mano de la joven y el arreo de todos mostraban a las claras el aparato de cetrería. Como las gentes se descubriesen al paso de aquellos señores, don Miguel y don Diego se informaron de quiénes eran.—Son—les contestaron—el señor senescal Hércules Aldobrandino, su hermano Leonardo y su sobrina Renata. ¡Qué bien se echa de ver que sois forasteros al no conocer a tan visibles personas!


27 págs. / 47 minutos.
17 visitas.
Publicado el 12 de diciembre de 2020 por Edu Robsy.


Valoraciones


Este texto no ha recibido aún ninguna valoración.


Para valorar 'La Enamorada Indiscreta' es necesario identificarse en textos.info.