Texto: Satiricón

Petronio


Novela


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Satiricón

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Fragmento de Satiricón

Reconocido por tan gran beneficio, cuando de nuevo entramos en el comedor, acudió a nosotros el mismo esclavo por quien acabábamos de rogar, y agradeció nuestra humanidad cubriéndonos de besos con gran estupefacción nuestra. —Ahora conoceréis, dijo, que no habéis obligado a un ingrato. Mi obligación es la de escanciar el vino del señor—. Cuando después de todos esos retrasos nos colocamos por fin en la mesa, esclavos egipcios nos vertieron en las manos agua de nieve; luego otros nos lavaron los pies y nos limpiaron con admirable destreza las uñas, cantando mientras lo hacían. Curioso por saber si todos los demás esclavos imitaban a éstos, pedí de beber, y el esclavo, que me sirvió acaloradamente, acompañó ese acto con un canto agrio y discordante; así hacían todas las gentes de la casa cuando se les pedía algo. Creeríais hallaros entre un coro de histriones, no en el comedor de un padre de familia. Habían servido ya el primer plato, verdaderamente suculento, y todo el mundo hallábase en la mesa, menos Trimalcio, cuyo lugar, según costumbre, era el sitio de honor. En una fuente, destinada a los entremeses, había un pollino esculpido en bronce de Corinto, con una albarda que contenía de un lado olivas verdes y de otro negras. En el lomo del animal dos pequeños platos de plata tenían grabados; en el uno, el nombre de Trimalcio, y en el otro, el peso del metal. Arcos en forma de puente sostenían miel y frutas; más lejos, salsas humeantes en tarteras de plata, ciruelas de Siria y granos de granada.


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161 págs. / 4 horas, 43 minutos / 30 visitas.
Publicado el 20 de agosto de 2016 por Edu Robsy.