Enviar a Pocketbook «El árbol de la ciencia», de Pío Borja

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  Novela.
225 págs. / 6 horas, 34 minutos / 227 KB.
21 de enero de 2026.


Fragmento de El árbol de la ciencia

III ANDRÉS HURTADO Y SU FAMILIA
En casi todos los momentos de su vida Andrés experimentaba la sensación de sentirse solo  y abandonado.La muerte de su madre le había dejado un gran vacío en el alma y una inclinación por la    tristeza.La familia de Andrés, muy numerosa, se hallaba    formada por el padre y cinco hermanos. El    padre, don Pedro Hurtado, era un señor alto, flaco, elegante, hombre guapo y calavera en su juventud.De un egoísmo frenético, se considera el metacentro    del mundo. Tenía una desigualdad de carácter perturbadora, una mezcla de sentimientos aristocráticos y plebeyos insoportable. Su    manera de ser se revelaba de una manera insólita e inesperada. Dirigía la casa despóticamente, con una mezcla de chinchorrería y de abandono, de  despotismo y de arbitrariedad, que a Andrés le sacaba de quicio.Varias veces, al oir a don Pedro quejarse del cuidado que le proporcionaba el manejo de la casa, sus hijos le dijeron que lo dejara en manos de Margarita. Margarita contaba ya veinte años, y sabía atender a las necesidades familiares mejor que el padre; pero don Pedro no quería.A éste le gustaba disponer del dinero, tenía como norma gastar de cuando en cuando veinte  o treinta duros en caprichos suyos, aunque supiera que en su casa se necesitaran para algo imprescindible.Don Pedro ocupaba el cuarto mejor, usaba ropa interior fina, no podía utilizar pañuelos de algodón, como todos los demás de la familia, sino de hilo y de seda. Era socio de dos casinos, cultivaba amistades con gente de posición y con algunos aristócratas, y administraba la casa de la calle de Atocha, donde vivían. Su mujer, Fermina Iturrioz, fué una víctima; pasó la existencia creyendo que sufrir era el destino natural de la mujer. Después de muerta, don Pedro Hurtado hacía el honor a la difunta de reconocer sus grandes virtudes.—No os parecéis a vuestra madre—decía a sus hijos—; aquélla fué una santa.A Andrés le molestaba que don Pedro hablara tanto de su madre, y a veces le contestó violentamente, diciéndole que dejara en paz a los muertos. De los hijos, el mayor y el pequeño, Alejandro  y Luis, eran los favoritos del padre.


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