Texto: La Media Noche
de Ramón María del Valle-Inclán


Novela


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La Media Noche

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Fragmento de La Media Noche

Por caminos que cavaron los zapadores, y alcanzan hasta la línea de fuego, los camilleros conducen a los heridos. El primer socorro se les prestó en la trinchera al amparo de profundas casamatas que tienen charcos de sangre en el piso terreno, y el aire impregnado de olor a cloroformo. Sobre la cuneta de las carreteras, procurando el socaire de bosques y colinas, esperan inmóviles, en largas hileras, los carros de la Cruz Roja. Las ambulancias están en la retaguardia, repartidas por los graneros y establos de las quintas, en las salas de los castillos, en los cafés con espejos rayados y tules para las moscas, en las cuevas de los pueblos aún ardiendo. ¡El dolor de la guerra estremece y conforta el alma de Francia!

X

Nieblas espesas en la costa del mar.—Ya cantó dos veces el gallo—. Las estrellas tiemblan sobre la gran plana inundada de las Flandes. Cerca de Furnes, en un estero, la marinería desembarcada de la escuadra forma la vanguardia. Sopla el viento del mar, y la resaca arrastra hacia la orilla los cadáveres amoratados e hidrópicos de algunos soldados alemanes: Flotan entre aguas: Una ola los levanta en la espumosa cresta, otra ola los anega. Sus botas negras y encharcadas se entierran en la arena, sus grandes cuerpos hinchados tumban sordamente. La escuadra de marineros que acordona la playa permanece silenciosa, mirando al horizonte rizado y sin fondo. Son pescadores de Normandía y de Bretaña, mozos crédulos, de claros ojos, almas infantiles valientes para el mar, abiertas al milagro, y temerosas de los muertos. Muchos rezan en voz baja, acordándose de las apariciones en los cementerios y en los pinares de sus aldeas; otros trincan aguardiente y humean la pipa; tal vez alguno prueba a cantar. La luna navega en cerco de nieblas, y los cuerpos hidrópicos de los soldados alemanes vienen y van con la resaca.


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54 págs. / 1 hora, 35 minutos.
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Publicado el 30 de abril de 2017 por Edu Robsy.


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