Texto: Sonata de Invierno

Ramón María del Valle-Inclán


Novela


0


Twitter Facebook Google+


Sonata de Invierno

El fin de las aventuras del marqués de Bradomín

El marqués es herido en una guerra carlista y se recupera en un convento de Navarra. Valle-Inclán nos presenta a un aristócrata católico, elitista, orgulloso y engreído, al que le gusta escandalizar. Se le identifica con el diablo en su forma de actuar y en sus expresiones vemos algo de satanismo aún siendo católico. Como todo Don Juan no se atiene a las normas, sino al deseo, y le gusta que sea difícil. En el convento le cuida una jovencita a la que él intenta seducir. La madre abadesa se da cuenta y habla con él. Finalmente se dice que es la hija del marqués y aun así continúa seduciéndola.

Cuarta y última novela de los sonetos modernistas de Valle-Inclán, que pone fin a las andanzas del marqués de Bradomín, un personaje tan tortuoso como carismático, un Don Juan carlista y anciano, que incluso en sus horas más bajas mantiene íntegro todo su carácter.


Leer en línea

ebook PDF

ebook ePUB

ebook Mobi

Edición física


Fragmento de Sonata de Invierno

—Dejemos los negocios mundanos, Fray Ambrosio. Esa onza para una misa por haber salido con bien...

El fraile la guardó en silencio, y fuése después de ofrecerme su cama para que descabezase un sueño, y me repusiese del camino. Era una cama con siete colchones, y un Cristo a la cabecera. Enfrente una gran cómoda panzuda, un tintero de cuerno encima de la cómoda, y en la punta del tintero un solideo.

* * *

Todo el día estuvo lloviendo. En las breves escampadas, una luz triste y cenicienta amanecía sobre los montes que rodean la ciudad santa del carlismo, donde el rumor de la lluvia en los cristales, es un rumor familiar. De tiempo en tiempo, en medio de la tarde llena de tedio invernal, se alzaba el ardiente son de las cornetas, o el campaneo de unas monjas llamando a la novena. Tenía que presentarme al Rey, y salí cuando aún no había vuelto Fray Ambrosio. Un velo de niebla ondulaba en las ráfagas del aire: Dos soldados cruzaban por el centro de la plaza, con el andar abatido y los ponchos chorreando agua: Se oía la canturia monótona de los niños de una escuela. La tarde lívida daba mayor tristeza al vano de la plaza encharcada, desierta, sepulcral. Me perdí varias veces en las calles, donde sólo hallé una beata a quien preguntar el camino: Anochecido ya, llegué a la Casa del Rey.


Reseñas

Este texto no ha recibido aún ninguna valoración.


77 págs. / 2 horas, 16 minutos / 32 visitas.
Publicado el 29 de abril de 2017 por Edu Robsy.