Texto: El Fuego de Asurbanipal
de Robert E. Howard


Cuento


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El Fuego de Asurbanipal

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Fragmento de El Fuego de Asurbanipal

—Sigamos adelante; aquí somos alimento para los buitres.

El sol se puso y salió la luna, inundando el desierto con su extraña luz plateada. Esta caía dispersa y brillaba en largas ondulaciones, como si un mar hubiera quedado repentinamente inmóvil. Steve, asediado ferozmente por una sed que no se atrevía a saciar por completo, maldijo para sus adentros. El desierto era hermoso bajo la luna, con la belleza de una sirena de frío mármol que atrajera a los hombres a su destrucción. ¡Qué búsqueda de locos!, repetía su fatigado cerebro; el Fuego de Asurbanipal se retiraba hacia los laberintos de la irrealidad con cada cansino paso que daba. El desierto se había convertido no sólo en un erial físico, sino en la tiniebla grisácea de los eones perdidos, en cuyas profundidades dormían cosas ocultas.

Clarney tropezó y lanzó un juramento; ¿empezaba ya a flaquear? Yar Ali caminaba con el paso ágil e incansable del hombre de la montaña, y Steve apretó los dientes, obligándose a un esfuerzo mayor. Por fin entraron en el terreno irregular, y el camino se hizo más difícil. Barrancos suaves y estrechas quebradas acuchillaban la tierra con dibujos ondulantes. La mayoría estaban llenos de arena, y no había rastro alguno de agua.


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30 págs. / 53 minutos.
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Publicado el 13 de julio de 2018 por Edu Robsy.


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