Texto: Los Muertos no Olvidan
de Robert E. Howard


Cuento


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Los Muertos no Olvidan

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Edición física


Fragmento de Los Muertos no Olvidan

Y él me respondió: «No puedes comerte mi ternera y beberte mi licor y luego acusarme de usar dados trucados. Ningún hombre blanco puede hacer eso. Soy tan fuerte como tú».

Le respondí: «Maldita sea tu alma negra, voy a patearte por todo el bosque».

Y él dijo: «Blanco, no vas a patear a nadie». Luego agarró el cuchillo con el que había cortado la ternera y se lanzó hacia mí. Saqué la pistola y le descerrajé dos tiros en el estómago. Cayó al suelo y volví a dispararle otra vez, en la cabeza.

Entonces Jezebel se acercó corriendo, gritando y maldiciendo y empuñando un viejo mosquetón de los que se cargan por el cañón. Me apuntó con él y apretó el gatillo, pero la pólvora explotó sin disparar el proyectil, y le grité que se fuera o que la mataría también a ella. Pero ella siguió corriendo hacia mí blandiendo el mosquetón como si fuera una maza. Lo esquivé, pero me golpeó en diagonal arañándome la piel de un lado de la cabeza; entonces cogí con ambas manos la pistola apuntándole al pecho y apreté el gatillo. El disparo la lanzó hacia atrás varios metros, se tambaleó y cayó al suelo con una mano sobre el pecho y la sangre manando por entre sus dedos.


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10 págs. / 18 minutos.
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Publicado el 12 de julio de 2018 por Edu Robsy.


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