Texto: El Tesoro de Blanchard
de Robert Louis Stevenson


Cuento


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El Tesoro de Blanchard

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Edición física


Fragmento de El Tesoro de Blanchard

—Que no tengamos hijos, mi adorada —replicó el médico—. Cuanto más pasan los años, más pienso en ello y más agradecido le estoy al Poder que otorga tales aflicciones. Tu salud, querida, mi estudioso sosiego, nuestras exquisiteces culinarias, ¡cuánto habrían sufrido!, ¡cómo se habrían visto sacrificadas! ¿Y para qué? Los niños son el último grito en imperfección humana. La salud sale huyendo nada más verlos. Lloran, querida mía, hacen preguntas incómodas, exigen que se les alimente, se les lave, se les eduque, se les limpien las narices; y luego, llegado el momento, te parten el corazón, igual que yo parto este terrón de azúcar. Un par de egoístas profesos como tú y como yo debería evitar la progenie como una infidelidad.

—¡Desde luego! —dijo ella echándose a reír—. Eso sí que es típico de ti: apuntarte el mérito de algo que no has podido evitar.

—Querida —replicó el médico en tono solemne—, podríamos haber adoptado.

—¡Nunca! —exclamó madame—. Nunca consentiría tal cosa, doctor. Si el niño fuese de mi propia sangre, no diría que no. Pero tengo demasiado sentido común para echar sobre mis hombros el desliz de otro.


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67 págs. / 1 hora, 58 minutos.
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Publicado el 28 de febrero de 2017 por Edu Robsy.


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