Texto: En Defensa de los Ociosos

Robert Louis Stevenson


Ensayo


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En Defensa de los Ociosos

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Fragmento de En Defensa de los Ociosos

Pero lo peor que puede ocurrir en estas ocupaciones destinadas a deleitar es no conseguirlo. En los oficios corrientes un hombre ofrece hacer una cosa determinada o producir cierto artículo con un talento que no pasa de ser convencional: un designio en el que (casi podemos decir) es difícil fracasar. Sin embargo, el artista se aparta de la muchedumbre y se propone deleitar: un designio impúdico en el que el fracaso siempre va acompañado de circunstancias desagradables en grado sumo. La pobre Hija de la Alegría, cuyas sonrisas y galas pasan inadvertidas para la muchedumbre, compone una estampa que es imposible recordar sin una compasión ofensiva. Es el prototipo del artista fracasado. El actor, el bailarín y el cantante deben aparecer como ella en persona y apurar públicamente la copa del fracaso. Pero aunque los demás escapemos a esta suprema vergüenza de la picota pública, sufrimos en esencia la misma humillación. Todos afirmamos que somos capaces de deleitar. ¡Pero qué pocos lo conseguimos! Todos nos proponemos ser capaces de seguir haciéndolo. Sin embargo, a cada uno, incluso al más admirado, le llega el día en que, con el entusiasmo apagado y la astucia perdida, se sienta avergonzado junto a su barraca desierta. Entonces se verá condenado a hacer trabajos y avergonzarse por cobrarlos. Entonces (por si su destino no fuera ya cruel) padecerá las mofas de los saqueadores de naufragios que hay en la prensa, que se ganan su magro pan amargo condenando la basura que no han leído y elogiando la excelencia que son incapaces de entender.


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99 págs. / 2 horas, 54 minutos / 25 visitas.
Publicado el 27 de febrero de 2017 por Edu Robsy.