Texto: Janet la Contrahecha
de Robert Louis Stevenson


Cuento


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Janet la Contrahecha

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Fragmento de Janet la Contrahecha

Poseía gran cantidad de libros: más de los que nunca se habían visto en aquella rectoría; y arduo trabajo tuvo el recadero que se ocupó de traerlos, porque el mismo demonio se hubiera quedado sin fuerzas acarreándolos desde Kilmackerlie. Se trataba de libros de teología, desde luego, o por lo menos así se los llamaba; pero las personas serias opinaban que no podía ser de mucha utilidad tener tantos cuando toda la palabra de Dios cabía en el extremo de una capa escocesa. Luego el reverendo se pasaba nada menos que la mitad del día y de la noche escribiendo, cosa muy poco decorosa; al principio se temía que fuese a leer sus sermones, pero más tarde se supo que estaba escribiendo un libro, lo que a todas luces no era apropiado para alguien de tan pocos años y escasa experiencia.

En cualquier caso, le convenía buscar una mujer casada, honesta y entrada en años, que cuidara la rectoría y le preparase sus frugales comidas, pero le sugirieron una que había llevado en otro tiempo una vida poco recomendable —Janet M’Clour la llamaban— y el párroco estaba tan abandonado a sí mismo que se dejó convencer. Hubo muchos que le aconsejaron en contra, porque las mejores personas de Balweary tenían más que sospechas acerca de Janet, que había tenido un hijo de un soldado de caballería mucho antes de todo esto, que llevaba quizá treinta años sin acercarse a comulgar y a quien los niños habían visto mascullando consigo misma en Key’s Loan después de anochecer, un momento y un lugar muy extraños para una mujer poco temerosa de Dios. De cualquier modo, fue el mismo hacendado quien habló de Janet por primera vez al párroco, y en aquellos días el reverendo Soulis habría hecho cualquier esfuerzo por complacer al hacendado. Cuando la gente le decía que Janet tenía parentesco con el demonio, su punto de vista era que se trataba de supersticiones; y cuando le sacaban a relucir la Biblia y la bruja de Endor, él les cerraba la boca diciendo que los días del maligno ya habían pasado y que afortunadamente se hallaba muy limitado en sus actuaciones.


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15 págs. / 26 minutos.
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Publicado el 27 de febrero de 2017 por Edu Robsy.


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