Texto: El País del Sol
de Rosario de Acuña


Cuento


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El País del Sol

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Fragmento de El País del Sol

El monstruo que le seguía en poderío destructor era ambicioso y ensoberbecido tanto como el primero, pero mucho más bruto; sin otra habilidad de estrujamiento que la rudeza sanguinaria, cruel, y casi siempre inconsciente, como recibió a través de los siglos muchas palizas de los pueblos insubordinados, al agarrarse al del Sol, se apoya fieramente en la violencia.

«¡Quien manda, manda y chitón!», era su divisa, y lo mismo mataba a los hombres para inflarse de gloria, que a los pollos para guisar un arroz.

Se ostentaba siempre en triunfo, y su mente, completamente vacía de conocimientos verdaderos, se llenaba de estridencias, de clarines, zambombazos de metralla y vahos vinosos de prostíbulos de ambos sexos, sin que le cruce nunca por la imaginación que todo aquello no era gloria y supremacía, sino detritus de animalidad.

La tercera alimaña del País del Sol, era canijo y enmadrado, por madre fanática, que es el avechucho más dañino a la especie. Vástago podrido de una familia gotosa, sifilítica y vesánica, en que se dieron todos los casos típicos de degeneración humana, si acaso tenía algunas gotas de sangre sana, que le hacía vivir con apariencia normal, era la heredada (por entre el debilitamiento de su padre), de su abuelo, no real, sino natural, un caballerete burgués, metido a padre suyo por satiriasis de su abuela.


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Publicado el 28 de agosto de 2019 por Edu Robsy.


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