Texto: El Pedazo de Oro, Cuento de antaño
de Rosario de Acuña


Cuento


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El Pedazo de Oro

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Fragmento de El Pedazo de Oro

Hubo profunda deliberación sobre los medios, y al fin se convino en hacerse con buenos robledales y campos de manzanos que en la localidad se vendían, conformes todos en que, sin salir de aquellos queridos lugares, podían llegar a un completo bienestar.

Pero aquí fue Troya. El pedazo de oro era ciertamente un caudal de inestimable valor, y podría haberse comprado con él todo el término del pueblo, pero ninguno de los que fueron llamados para tratar de venta de sus tierras, o de sus reses, se avino a tomar en cambio de los poderosos robles y manzanos, o de las bien mantenidas vacas, aquellos terrones de oro.

La natural desconfianza del montañés, lo nuevo del caso, y un temor justificable en su maliciosa ignorancia, les hacia dudar de lo cierto de la ley de aquel oro, de lo exacto de su peso, y ateniéndose a lo conocido, ningún vendedor quiso asentar trato, y por más que juraba y perjuraba el pobre soldado, todos pedían por sus bienes, buenas monedas de oro o de plata, y aunque fueran de cobre, y no “cascos dorados”, como poéticamente designaban a la colosal pepita de oro.


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Publicado el 28 de agosto de 2019 por Edu Robsy.


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