Texto: El Primer Día de Libertad, Memorias de un canario
de Rosario de Acuña


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El Primer Día de Libertad

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Fragmento de El Primer Día de Libertad

Era feliz; cuidadosamente atendido, jamás me faltaba el agua cristalina en mi taza de cristal de roca, ni la fresca yerbecilla enganchada en los primorosos alambres; como de noche cambié de jaula, no conocía más cielo que un jirón azul o ceniciento, según las nubes que lo surcaban, que por entre las corridas cortinas aparecía como punto brillante de un más allá ignorado y desconocido; mi ambición era mi canto; separado muy joven de mis entendidos maestros, apenas si recordaba alguna que otra escala, y como en aquel recinto no vibraba otra armonía que la de mi garganta, yo luchaba con valentía por recordar el canto de mi infancia, creando en mis largas horas de soledad variaciones para mí desconocidas, y que brotaban entre mis trinos, bajo el soplo divino de una inspiración ardiente y avasalladora. La gloria de mis triunfos era escucharme; tenía la conciencia de mi mérito; sabía que valía mucho, y la satisfacción de conocer mi valor, creaba en torno mío un mundo de felicidades; además, sabía que me atendían; veía a mi dueña medio recostada en suntuosa otomana, suspender el caprichos trabajo que entre sus dedos tejía, fijando en mi entreabierto pico, la mirada de sus ojos grandes y melancólicos, y le oía decir con encantadora sonrisa: «¡Qué pájaro!, ¡parece mentira cómo canta! ¡Con él mi cuarto es un paraíso!» ¡Oh! ¡por qué ambicioné hacer de aquel rincón de la tierra un facsimil del alcázar del cielo…!


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8 págs. / 14 minutos.
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Publicado el 28 de agosto de 2019 por Edu Robsy.


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