Texto: La Isla de Oro
de Rubén Darío


Artículo, viajes


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La Isla de Oro

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Fragmento de La Isla de Oro

Mas las palabras de los poetas escritas con plantas son las flores. Y oíd lo que Alomar canta de ellas. Él dice que: «Las dalias son ardientes escarapelas y las hortensias virginales insignias. Los girasoles murmuran las ufanas décimas de los galanes a las hermosas sobre los teatros de las cortes caídas, y hacia la luz se tornan, como hipnóticos, y expresan, cavilando, torturadoras ansias de verdad y de belleza. Las magnolias se abren en floraciones de blanco luminoso, y los geranios cuajan iris de paz sobre las nubes de los tupidos follajes amorosos. Las rosas esplendentes guardan intacto el estro de Anacreonte». La enumeración sigue victoriosa. Esa bella «Floràlia» expuesta en el «pórtico» del suntuoso volumen es de las más apasionadas y magníficas loas que se hayan hecho en honor de las flores. Y cuenta que desde Lucrecio, Ovidio, Horacio, hasta Hugo y Mallarmé, han tenido comentadores de su gracia y ensalzadores de su misterio.

Yo amo los jardines de España que han hecho peregrinar al artista, satisfaciéndole en cambio con el don de sus almas melancólicas, sílvicas o aristocráticas. Amo este «Darrer jardí» mallorquín en el cual entre flores y árboles espesos y oscuros no hay más que una soledad en espera de inminente presencia que vaya con paso de meditación hacia la solitaria puerta que se abre en la claridad del fondo.


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36 págs. / 1 hora, 3 minutos.
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Publicado el 1 de marzo de 2018 por Edu Robsy.


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