Texto: Bee, Bee, Ovejita Negra
de Rudyard Kipling


Cuento


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Bee, Bee, Ovejita Negra

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Fragmento de Bee, Bee, Ovejita Negra

—No os olvidéis de nosotros —les suplicó mamá—. No lo olvides de nosotros, hijito mío, y no dejes que Judy se olvide.

—Ya le he dicho a Judy que se «decuerde» —dijo Punch retorciéndose, porque la barba de su padre le hacía cosquillas en el cuello—. Se lo he dicho… diez… cuarenta… once mil veces. Pero Judy es muy pequeña… es casi un bebé, ¿verdad?

—Sí —dijo papá—, casi un bebé. Tú tienes que ser bueno con Judy y aprender a escribir muy pronto… y… y… y…

Punch volvió a su cama. Judy estaba medio dormida, y se oyó el traqueteo de un coche en la carretera. Papá y mamá se habían marchado. No a Nassick, que estaba al otro lado del mar. A algún lugar mucho más cerca, y no tardarían en volver. Volverían después de una fiesta, y papá volvería después de ir a un lugar llamado «Las Nieves», y mamá con él; volverían con Punch y con Judy a casa de la señora Inverarity, en Marine Lines. Seguro que volvían. Por eso Punch durmió hasta bien entrada la mañana, cuando el chico del pelo negro le saludó con la noticia de que papá y mamá se habían marchado a Bombay, y Judy y Punch se quedarían en Downe Lodge «para siempre». Llorando acudió Punch a Titarrosa para que contradijera la información, pero ella se limitó a decir que Harry había dicho la verdad, y que Punch debía dejar su ropa bien doblada encima de la cama. Punch se marchó y lloró mucho con Judy, en cuya cabecita había logrado inculcar cierta idea de lo que significaba la separación.


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34 págs. / 1 hora.
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Publicado el 5 de marzo de 2017 por Edu Robsy.


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