Texto: El Alba Malograda
de Rudyard Kipling


Cuento


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El Alba Malograda

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Fragmento de El Alba Malograda

Otras veces, cada pocas semanas, me llevaba a sentarme a los pies de Castorley para escucharlo disertar sobre Chaucer. La voz de Castorley, que ya en su juventud, cuando era posible hacerlo callar, resultaba desagradable, se había tornado casi insufrible, con aquella pátina de erudición y tacto. También su afectación se había multiplicado y afianzado. Hablaba y se movía con amaneramiento, adoptando poses y tragándose las palabras durante aquellas terribles veladas, y destrozaba no sólo a Chaucer, sino cualquier fragmento de literatura inglesa con el que decidiera embellecerse. Carecía del más mínimo pudor, en cuanto a autobombo y «reconocimiento»; elaboraba siniestras intrigas; establecía mezquinas amistades y alianzas que disolvía a la semana siguiente en favor de relaciones más prometedoras; adulaba, desairaba, sermoneaba, manipulaba y mentía con el desenfreno de un político en su afán por conseguir el título de caballero, no para él (no dejaba de invocar a su Hacedor para que lo librara de semejante pensamiento), sino como tributo a Chaucer. Sin embargo, a veces era capaz de apartar sus obsesiones para demostrar cómo la obra de un hombre puede ayudarlo a salvar su alma. Nos contaba deliciosas historias de los amanuenses del siglo XV que, en Inglaterra y los Países Bajos, habían multiplicado los manuscritos de Chaucer, nos daba el número exacto de ejemplares que habían sobrevivido y refería cómo él (y en ello iba implícito que solamente él) podía distinguir a cada uno de estos copistas por cierta peculiaridad del trazo, el espaciado o cualquier otro ardid caligráfico; o cómo podía determinar la datación de su trabajo con un margen de error de cinco años. A veces disertaba por espacio de una hora sobre asuntos en verdad interesantes para regresar invariablemente a su más que merecido «reconocimiento». A mí me ponían enfermo estos contrastes, mientras que Manallace lo defendía como un maestro en su campo, que había descubierto a Chaucer al menos a un espíritu agradecido.


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26 págs. / 46 minutos.
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Publicado el 5 de marzo de 2017 por Edu Robsy.


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