Texto: En la Casa de Suddhoo
de Rudyard Kipling


Cuento


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En la Casa de Suddhoo

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Fragmento de En la Casa de Suddhoo

Suddhoo entró en materia finalmente. Yanoo le había contado que el Sirkar había dictado una ley contra la magia, pues se temía que la práctica de estas artes pudiera acabar con la vida de la emperatriz de la India. Yo no tenía noticia del asunto, pero supuse que algo interesante estaba a punto de ocurrir. Señalé que, por más que el gobierno lo desaprobase, la magia era cosa muy recomendable. Hasta los funcionarios del Estado la practicaban. (No sé de qué otro modo puede entenderse el Balance de las Cuentas del País). Y con intención de animar a Suddhoo, añadí que si en verdad había una campaña de magia en curso, no tenía yo ningún reparo en darle mi aprobación, siempre y cuando se tratara de yadu blanca, muy distinta de la yadu negra, que mata a la gente. Pasó un buen rato antes de que Suddhoo admitiese que ésa era precisamente la razón por la que me había hecho llamar. Entre temblores y estremecimientos, me confió entonces que el grabador de sellos era un hechicero de la peor especie; a diario daba a Suddhoo noticias de su hijo enfermo en Peshawar, a una velocidad mayor de la que podía alcanzar el relámpago, y sus noticias se veían posteriormente corroboradas en las cartas del hijo. El grabador de sellos le había anunciado que un gran peligro amenazaba a su hijo, si bien él podía evitarlo haciendo uso de su yadu blanca, a cambio de una elevada suma, como es natural. Empecé a comprender qué terreno pisaba y le dije a Suddhoo que también yo había aprendido un poco de yadu occidental y que con mucho gusto acudiría a su casa para comprobar que todo se realizaba debidamente. Nos pusimos en marcha y, de camino, Suddhoo me contó que ya le había pagado al grabador de sellos primero cien y luego doscientas rupias, y que la intervención de esa noche le costaría otras doscientas. Era poco dinero, dijo, habida cuenta del gran peligro en que su hijo se hallaba, aunque no parecía decirlo convencido.


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9 págs. / 16 minutos.
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Publicado el 5 de marzo de 2017 por Edu Robsy.


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