Texto: La Colmena Madre
de Rudyard Kipling


Cuento


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La Colmena Madre

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Edición física


Fragmento de La Colmena Madre

Al instante Melissa se puso cabeza abajo, se sujetó firmemente con las patas delanteras y batió las alas con obediencia al ritmo normativo de trescientos golpes por segundo. Ventilar es un trabajo que pone a prueba los nervios de una abeja, pues no puede moverse del sitio y tiene la sensación de no estar haciendo nada útil, y entretanto se destroza sus únicas alas. Una abeja que no puede volar no debe vivir; y eso la abeja lo sabe. La polilla de la cera se acercó y acarició de nuevo a Melissa.

—Veo que en tu corazón eres una de las nuestras —le susurró.

—Trabajo con el enjambre —se limitó a responder Melissa.

—Es lo mismo. Nosotras y el enjambre somos uno.

—¿Por qué entonces tus antenas son distintas de las nuestras? No me hagas tantos mimos.

—No seas provinciana, carissima. No pienses que todo el mundo es igual.

—Pero ¿por qué pones huevos? —insistió Melissa—. Pones como una reina, sólo que los dejas caer en montoncitos por todas partes. Te he estado observando.


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19 págs. / 34 minutos.
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Publicado el 5 de marzo de 2017 por Edu Robsy.


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