Libro gratis: La Confesión del Tullido
de Rufino Blanco Fombona


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Cuento


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La Confesión del Tullido

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Este texto forma parte del libro 'Cuentos de Poeta'.

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Fragmento de La Confesión del Tullido

Una mujer había, la más bella de todas, que encastillada en su hermosura espléndida, no quiso rendir á nadie la fortaleza de su corazón.

Admirarla era casi un deber. Un poeta hizo un tomo de madrigales para ella: madrigales á sus ojos, madrigales á sus manos, madrigales á su boca.

Sin número de amadores hacía la ronda á su puerta; ó pasaban de tarde por frente á su ventana á rendirle, sumisos, tributo de admiración.

Pero uno se distinguía entre los fieles de la diosa.

Este no corría en carretela, ni pasaba gentilmente, sino que se plantaba, en una silla rodante, en toda la esquina. Era un joven, paralítico. Se decía de él, sin razón, que era fatuo; y ninguno ignoraba el amor del infeliz.

Yo ardí en deseos de saber qué pasaba en el corazón de aquel mísero, á quien el infortunio baldó el cuerpo y no el alma.

El tullido, el pobre, tenía el pudor de su afecto; mas, á la postre, un día me abrió su corazón.

—«Es cierto, me dijo, estuve y creo que aun estoy enamorado. No es mía la culpa. Ella es hermosa; y yo tengo alma, porque no soy, según han dado en la flor de creer y aun decir, un idiota. Mi crimen es mi debilidad. Yo sé que esto es algo ridículo; pero no puedo pasarme sin verla. Aquí me mirará usted todas las tardes. Antes, ella no se mostraba cruel; sino más bien benévola conmigo. Yo le daba ramos de rosas y jazmines; las mejores violetas que yo pudiera haber se las traía; los lirios más cándidos eran para ella. Ella aceptaba con una sonrisa mis presentes; y yo empecé á sentirme, en medio de mi infortunio, algo feliz. Luégo supe que su bondad generosa fue mofada; se hizo burla de su piedad y de mi amor. Yo no tengo la culpa. Yo no dije que la amaba. Pero el amor es así, caballero: se sale por los ojos. Al fin le prohibieron en su casa que aceptase mis flores. Cuando me rechazó mi regalo, un macito de violetas, rompí á llorar. Toda la noche lloré, y me comprometí conmigo mismo á no verla nunca más.


2 págs. / 4 minutos.
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Publicado el 30 de octubre de 2020 por Edu Robsy.


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