No contaremos cómo lo cazaron, pues las facilidades abundan en el bosque. Diremos solamente que una noche el hombre se encontró desnudo atado a un árbol, entre los animales que alzaban sus duras nucas a él. Y nada diremos tampoco de quién le desnudó ni de qué lazos eran aquellos que lo ataban al árbol.
Los animales miraban de hito en hito al hombre con sus ojos verdes, y el hombre sudaba en la oscuridad.
─¡No me maten! ─decía jadeando como si acabara de correr─. ¡No tienen derecho a matarme!
─Y usted, ¿qué hacía? ─rechinó entre sus dientes cruzados el jabalí.
─¡Yo cazaba en libertad! ¡Éramos todos libres! ¡Pero no pueden matar a un hombre indefenso!
─¿Y nosotros? ¿Nos defendíamos? ─sollozó un venado.
─No, pero estábamos en guerra. Así procedemos lealmente los hombres. Ustedes no pueden matarme porque ya me han vencido. Los hombres conocemos la justicia y hacemos la paz. Cuando hemos vencido a un enemigo, lo perdonamos. ¡Hermanos míos! Consideren que estoy solo y desnudo entre ustedes. Ustedes me vencieron, me apresaron y estoy atado. ¿Por qué van ahora a matarme?
Este texto no ha recibido aún ninguna valoración.
204 libros publicados.