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Después del Baile

León Tolstói


Cuento


—Usted sostiene que un hombre no puede comprender por sí mismo lo que está bien y lo que está mal, que todo es resultado del ambiente y que éste absorbe al ser humano. Yo creo, en cambio, que todo depende de las circunstancias. Me refiero a mí mismo.

Así habló el respetable Iván Vasilevich, después de una conversación en que habíamos sostenido que, para perfeccionarse, es necesario, ante todo, cambiar las condiciones del ambiente en que se vive. En realidad, nadie había dicho que uno mismo no puede comprender lo que está bien y lo que está mal; pero Iván Vasilevich tenía costumbre de contestar a las ideas que se le ocurrían y, con ese motivo, relatar episodios de su propia vida. A menudo, se apasionaba tanto, que llegaba a olvidar por qué había empezado el relato. Solía hablar con gran velocidad. Así lo hizo también estaba vez.

—Hablaré de mí mismo. Si mi vida ha tomado este rumbo no es por el ambiente, sino por algo muy distinto.

—¿Por qué? —preguntamos.

—Es una historia muy larga. Para comprenderla habría que contar muchas cosas.

—Pues, cuéntelas.

Iván Vasilevich movió la cabeza, sumiéndose en reflexiones.

—Mi vida entera ha cambiado por una noche, o mejor dicho, por un amanecer.

—¿Qué le ocurrió?


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10 págs. / 19 minutos / 129 visitas.

Publicado el 24 de junio de 2016 por Edu Robsy.

Desquite

Emilia Pardo Bazán


Cuento


Trifón Liliosa nació raquítico y contrahecho, y tuvo la mala ventura de no morirse en la niñez. Con los años creció más que su cuerpo su fealdad, y se desarrolló su imaginación combustible, su exaltado amor propio y su nervioso temperamento de artista y de ambicioso. A los quince, Trifón, huérfano de madre desde la cuna, no había escuchado una palabra cariñosa; en cambio, había aguantado innumerables torniscones, sufrido continuas burlas y desprecios y recibido el apodo de Fenómeno; a los diecisiete se escapaba de su casa y, aprovechando lo poco que sabía de música, se contrataba en una murga, en una orquesta después. Sus rápidos adelantos le entreabrieron el paraíso: esperó llegar a ser un compositor genial, un Weber, un Listz. Adivinaba en toda su plenitud la magnificencia de la gloria, y ya se veía festejado, aplaudido, olvidaba su deformidad, disimulada y cubierta por un haz de balsámicos laureles. La edad viril —¿pueden llamarse así a los treinta años de un escuerzo?— disipó estas quimeras de la juventud. Trifón Liliosa hubo de convencerse de que era uno de los muchos llamados y no escogidos; de los que ven tan cercana la tierra de promisión, pero no llegan nunca a pisar sus floridos valles. La pérdida de ilusiones tales deja el alma muy negra, muy ulcerada, muy venenosa. Cuando Trifón se resignó a no pasar nunca de maestro de música a domicilio, tuvo un ataque de ictericia tan cruel, que la bilis le rebosaba hasta por los amarillentos ojos.


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 119 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Destino

Juan José Morosoli


Cuento


Cuando vio el monte que marginaba el arroyo, pasaba frente al boliche. En la enramada había ya tres o cuatro hombres observando los toros. Eran cinco rústicos cuadrados de gordos.

—Seguí vos hasta el pastoreo... Yo no demoro —le dijo al negro que lo acompañaba.

Era un hombre joven, de perfil recio, bien vestido y bien montado.

Se acercó al mostrador, pidió una caña, convidó a unos de esos "aposentados" de boliche —que de haragán ni se había movido a mirar los toros— y preguntó:

—¿Qué distancia habrá hasta la estancia de "El Francés"?

—A lo de don el Francés habrá cuatro leguas cortas o tres largas...

Siguieron algunas preguntas más con sus respuestas, cuando Olmedo dejó caer ésta:

—¿No hay unos Almadas por aquí?

—Hubieron pero se fueron yendo...

—¿Todos?

—Yo conocí dos: don Pedro y María... Ya ni los huesos les quedarán... Se ahorcaron los dos: padre e hijo.

—¿Buenos vecinos?

—Buenos. Malos para ellos... Mucha pulpería.. Mucho juego... Gente que no veía venir las tormentas...

—Destinos.

—Pues...

Alzó galletas y dulce de membrillo. Pagó y partió rumbo al pastoreo. Ya de cabeza caída porque María era su padre.

* * *

Cuando llegó al pastoreo ya había recorrido toda su vida. Recordaba que había visto algo raro en la casa aquel día que lo llevaron para lo de un vecino. Cuando salió vio ocho o diez hombres... Después —dos o tres días habían pasado— vino la madre y se lo llevó lejos. Lejísimo. Estaban en un rancherío con un hermano de ella. Después fue de peoncito a una estancia. Después nada. La madre se fue con el hermano...

—Me he hecho hombre sin saber cómo... ¡Fíjese cómo es la cosa!...

Desensillaba. El negro ya había acercado la carne al fogón y le alcanzó un mate.

—¿Taba bien?

—Sí. Tres o cuatro leguas...


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 38 visitas.

Publicado el 1 de marzo de 2025 por Edu Robsy.

Destino Trazado

Manel Martin's


Novela


Prologo

Las personas no sabemos de lo que somos capaces, hasta que llega el momento de la verdad, tal vez el odio y el rencor nos revuelve las entrañas y nos encontramos en la obligación o necesidad de conocernos a nosotros mismos.

La vida de nuestra protagonista era apacible y prometedora, hasta que inesperadamente se truncó y dio paso al infierno. Lo que sintió solo ella lo sabe, pero espero plasmarlo en este relato, como también espero hacer saber a las personas que lo lean, lo crueles, astutas y calculadoras que podemos llegar a ser; sobre todo cuando las entrañas hierven de rabia y dolor, se retuercen de odio y la sinrazón solo encuentra un camino desesperado.

Espero que esta novela no sirva de escusa para cometer desmanes o atrocidades, aunque la ley terrenal y el perdón no siempre pueden curar las heridas, producidas por la pérdida de los seres queridos, como ocurre con nuestra protagonista.

En muchas ocasiones la hipocresía y la envidia, dejan huellas y cicatrices, imposibles de superar con cirugía o buenas palabras.

Sigan a nuestra protagonista y espero que disfruten de la lectura. Pero sobre todo desearía que se pusieran en su piel y se juzgaran a sí mismos.

El autor

1. Empieza una nueva vida

Una fuerte tormenta descargaba sobre Madrid, mientras Daniela comía en casa de tía Agueda, como había hecho en otras ocasiones, en compañía de Marco su hijo; cuando terminaron, recogió los platos y los dejó en la cocina, al cuidado y limpieza de Marco.


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Licencia limitada
118 págs. / 3 horas, 26 minutos / 121 visitas.

Publicado el 11 de julio de 2022 por Manuel Martinez Sanchis.

Detrás de la Máscara

Louisa May Alcott


Novela


I. Jean Muir

—¿Ha venido?

—No, mamá, aún no ha venido.

—Desearía que todo hubiera acabado. Pensar en ello me inquieta y al mismo tiempo me provoca cierta emoción. Bella, acércame un cojín para la espalda.

La malhumorada señora Coventry se acomodó en un sillón con un suspiro que denotaba nerviosismo y cierto aire de mártir, mientras su hermosa hija revoloteaba a su lado con afectuosa solicitud.

—¿De quién están hablando, Lucía? —preguntó el joven lánguido que permanecía cerca de su prima repantigado en otro sillón. Ésta se inclinó sobre su obra de tapicería con una amable sonrisa esbozada en su rostro, que, por lo general, se mostraba altivo.

—De la nueva institutriz, la señorita Muir. ¿Qué quieres que te cuente sobre ella?

—Nada, gracias. Siento una gran aversión por todas esas mujeres. A veces doy gracias a Dios por tener sólo una hermana, de que ella sea la madre de un niño mimado y de haberme librado durante tanto tiempo de la tortura de tener una institutriz.

—¿Y ahora cómo lo soportarás? —quiso saber Lucía.

—Ausentándome mientras ella esté en casa.

—No, no lo harás. Eres demasiado indolente para eso, Gerald —interrumpió un hombre más joven y energético que jugueteaba con sus perros desde el descansillo.

—Le daré tres días de gracia, y si ella aguanta, no me molestaré en salir; pero si es una pesada, y estoy seguro de que lo será, me marcharé lejos para no verla.

—Jovencitos, os ruego que no habléis en términos tan deprimentes. Me angustia la llegada de una desconocida tanto o más que a vosotros, pero no debemos descuidar la educación de Bella. Así que me he armado de valor para soportar a esta mujer, y Lucía, muy amablemente, se ha ofrecido para ocuparse de ella a partir de mañana.


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Protegido por copyright
142 págs. / 4 horas, 8 minutos / 190 visitas.

Publicado el 23 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

Detrás las luces

uus uuendel


prólogo



Involuntariamente con aire avasallador entras a mí vida. Sin pedir permiso te tumbas a mi lado duermes en mis brazos y hasta me haces soñar.En una noche solitaria con el sonido de la lluvia afuera, me analizo y eureka, si que tengo mis pensamientos perdidos en una intersección... De que hacer? - para donde ir? - Que debo soñar? -O donde ya! debo refugiarme?... A quien debo Gritar? lo llevo acá dentro? me cuestiono. - Sí no a mi mismo y a un pedazo de papel en blanco. Que a los pocos se va rellenando entre tu presencia ºSoledad , la misma que siente cualquier mortal y siempre lo sentirá. Al Final cuando dormimos y adentramos en nuestros sueños, me pregunto en pausa, sobra algo mas que la soledad? -Pues si mi querida y maléfica soledad esa que llevo yo días, meses quizá lleve toda la vida en busca de descifrar. 
Aquí empieza quizá el puzle que te iré montar. Espero que sea una buena jugadora y me des de tus mejores cartas para jugar.Tirame dos cartas a la cara y sin más me obligas a tu mundo entrar....Abro entonces mis cartas, son mas bajas o altas quien lo sabrás? Me llevas a deriva del abismo y disfruto de tus olas como un niño tonto y contigo me pongo a jugar... Risas, llantos, victorias y derrotas cuanto ya hemos pasado?-Ah y cuanto todavía tenemos que pasar Eddie... Tengo mi rostro convertido en soledad. Historias que quizás hubiera me olvidado a esta altura de mi tan insignificante vida.Para ser sincero ya hubiera muerto hace muchos años atrás si fuera por mi voluntad.Talvez sea alguien que ya no estaría en ese mundo si me pongo a pensar.Quizas tenga perdido la batalla allá en 2012 en las puertas de mi baja inmunidad. Voy como en los cuentos infantiles recolectando pedazos de mi en un camino solitario que resolví llamar ....humanidad...Querido Maslow.. - Ah si! - ya que es mia la soledad tambien la dejo hablar y como si fuera uno de mis amigos imaginarios, por que no dialogar ?...- Ojala un día todos adquiran el Dom de como niños volver eso a practicar.


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Dominio público
15 págs. / 26 minutos / 179 visitas.

Publicado el 20 de diciembre de 2020 por UUs UUendel.

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