Textos por orden alfabético | pág. 128

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Diálogos del Orador

Marco Tulio Cicerón


Tratado, Oratoria


Libro primero

Trayendo yo muchas veces a la memoria los tiempos antiguos, siempre me han parecido muy felices, oh hermano Quinto, aquellos hombres que habiendo florecido en la mejor edad de la república, insignes por sus honores y por la gloria de sus hechos, lograron pasar la vida sin peligro en los negocios o con dignidad en el retiro. Ha llegado el tiempo en que a todos parecería justo (y sin dificultad me lo concederían) que yo comenzase a descansar y aplicar el ánimo a nuestros estudios predilectos, cesando ya en mi vejez el inmenso trabajo de los negocios forenses y la asidua pretensión de los honores. Pero esta esperanza y propósito mío se han visto fallidos por las calamidades públi cas y por mi varia fortuna. Donde pensé hallar tranquilidad y sosiego, me asaltó un torbellino de cuidados y molestias. Ni por más que vivamente lo deseaba, pude dedicar el fruto de mis ocios a cultivar y refrescar entre nosotros aquellas artes a que desde la infancia me he dedicado. Ya en mi primera edad asistí a aquella revolución y trastorno del antiguo régimen; llegué al Consulado en medio de confusiones y peligros, y desde el consulado hasta ahora he tenido que luchar con las mismas olas que yo aparté de la república y que luego se alborotaron contra mí. Pero ni la aspereza de mi fortuna ni lo difícil de los tiempos serán parte a que yo abandone los estudios y no dedique a escribir todo el tiempo que me dejen libre el odio de mis enemigos, las causas de mis amigos o el interés de la república.

A tí, hermano mío, nunca dejaré de complacerte ni de atender a tus ruegos y exhortaciones, porque nadie tiene tanta autoridad conmigo, ni a nadie profeso tan buena voluntad.


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234 págs. / 6 horas, 49 minutos / 1.379 visitas.

Publicado el 18 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

Diálogos y Palabras

Ricardo Güiraldes


Cuento


Una cocina de peones: fogón de campana, paredes negreadas de humo, piso de ladrillos, unos cuantos bancos, leña en un rincón.

Dando la espalda al fogón matea un viejo con la pava entre los pies chuecos que se desconfían como jugando a las escondidas.

Entra un muchacho lampiño, con paso seguro y el hilo de un estilo silbándole en los labios.

Pablo Sosa.— Güen día, Don Nemesio.

Don Nemesio.— Hm.

Pablo.— ¿Stá caliente el agua?

Don Nemesio.— M… hm…

Pablo.— ¡Stá güeno!

El muchacho llena un mate en la yerbera, le echa agua cuidadosamente a lo largo de la bombilla, y va hacia la puerta, por donde escupe para afuera los buches de su primer cebadura.

Pablo (Desde la puerta.).— ¿Sabe que está lindo el día pa ensillar y juirse al pueblo? Ganitas me están dando de pedirle la baja al patrón. Mirá qué día de fiesta p'al pobre, arrancar biznaga' e' el monte en día Domingo ¿No será pecar contra de Dios?

Don Nemesio.— ¿M… hm?

Pablo.— ¿No ve la zanja, don? ¡Cuidao no se comprometa con tanta charla!

«Quejarse no es güen cristiano y pa nada sirve. A la suerte amarga yo le juego risa, y en teniendo un güen compañero pa repartir soledades, soy capaz de creerme de baile. ¿Ne así? ¡Vea! Cuando era boyero e muchacho, solía pasarme de vicio entre los maizales, sin necesidá de dir pa las casas. ¡Tenía un cuzquito de zalamero! Con él me floreaba a gusto, porque no sabiendo más que mover la cola, no había caso de que me dijera como mamá: —«Andá buscate un pedazo e galleta, ansina te enllenas bien la boca y asujetas el bolaceo»; ni tampoco de que me sacara como tata, zapateando de apurao, pa cuerpiarle al lonjazo.

«El hombre, amigo, cuando eh' alegre y bien pensao, no tiene por qué hacerse cimarrón y andarle juyendo ala gente. ¿No le parece, don?»

Don Nemesio.— M… hm…


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1 pág. / 2 minutos / 280 visitas.

Publicado el 20 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Diario de la Desaparición

Gerardo P. Nieves


diario de la desaparición, gerardo p. nieves, ludivan


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diario

 

 

 

de la

 

 

 

Desaparición

 

 

 

 

 

Gerardo Pastorino Nieves

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Deriva post-coito

 

 

 

 


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Dominio público
27 págs. / 48 minutos / 136 visitas.

Publicado el 25 de octubre de 2018 por Ludivan.

Diario de Sir John Armitage

Stendhal


Cuento


Calais, 21 de septiembre de 1822

La ortografía de mi apellido, que es francesa, me hizo sentir siempre un vehemente deseo de ver Francia y, muy en especial, Normandía, comarca en la que dijimos continuamente en la familia que nuestros antepasados eran grandes terratenientes antes de salir de ella para seguir a Guillermo el Conquistador cuando este cayó sobre Inglaterra.

Nací bastante pobre y, por consiguiente, sin posibilidad de viajar por Francia. Pasé la primera juventud cazando. Di con la forma de pasar seis meses en Estados Unidos sin perjuicio para mi modesto presupuesto. Un rico comerciante de Liverpool, sabedor de que era yo hombre muy honrado, me dio unos poderes; me fui a organizarle unos negocios que tenía en Filadelfia.

Tres años después de regresar de Norteamérica, y hace dos meses justos, el 26 de julio, me estaba paseando por un jardincillo que constituye todo mi haber y se halla en las inmediaciones de York; estaba estudiando; acababa de cerrar un tomo del Viaje a Egipto de Volney y me lamentaba de mi suerte, que me impide viajar, a mí que tengo la pasión de los viajes, cuando mi único sirviente, que constituye todo mi tren de vida doméstico, llegó corriendo a entregarme una carta de Liverpool. La abro, leo cuatro líneas, caigo de rodillas y miro el reloj; eran exactamente las once y veintidós minutos. ¡A las once y veintidós minutos del 21 de julio de 1822 cambió mi suerte! A un primo lejano, bastante altanero y bastante necio, a quien no había visto ni dos veces desde hacía diez años, se le había ocurrido morirse. La muerte de ese primo me lega el título de baronet y una fortuna de mil libras esterlinas redondas.


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5 págs. / 9 minutos / 93 visitas.

Publicado el 16 de abril de 2018 por Edu Robsy.

Diario de un Hombre Superfluo

Iván Turguéniev


Novela corta


Aldea de Ovéchaia Vodá, 20 de marzo de 18...

El médico acaba de marcharse. ¡Por fin he conseguido sacar algo en limpio! Por más que ha intentado echar mano de sus triquiñuelas, a lo último ha tenido que confesarme la verdad. Sí, moriré pronto, muy pronto. Los ríos se deshelarán, y yo me iré probablemente con las últimas nieves... ¿Adónde? ¡Dios sabrá! También al mar. ¡Qué le vamos a hacer! Si hay que morir, mejor que sea en primavera. Pero ¿no resulta ridículo iniciar un diario acaso dos semanas antes de morir? ¿Y qué hay de malo en ello? ¿Es que catorce días representan menos que catorce años, que catorce siglos? Frente a la eternidad, todo es vanidad, como suele decirse. Sin duda, pero en ese caos la misma eternidad es vanidad. Podría pensarse que me entrego al pensamiento abstracto: una mala señal. ¿No será que me acobardo? Será mejor que cuente algo. Fuera el ambiente es húmedo, sopla el viento. Me han prohibido salir. ¿Y qué voy a contar? Un hombre bien educado no debe hablar de sus propios achaques. Y escribir una novela no es algo que esté a mi alcance. Discurrir sobre temas elevados está por encima de mis fuerzas; en cuanto a la descripción de las cosas que me rodean, ni siquiera a mí mismo llega a interesarme. Pero no hacer nada me aburre, y me da pereza leer. ¡Ah! Voy a contarme a mí mismo mi propia vida. ¡Excelente idea! Cuando uno está con un pie en la tumba, no cabe mejor ocupación, tanto más cuanto que no ofende a nadie. Empecemos.


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66 págs. / 1 hora, 55 minutos / 486 visitas.

Publicado el 28 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Diario de un Loco

Nikolái Gógol


Cuento


3 de octubre

Hoy ha tenido lugar un acontecimiento extraordinario. Me levanté bastante tarde, y cuando Marva me trajo las botas relucientes, le pregunté la hora. Al enterarme de que eran las diez pasadas, me apresuré a vestirme. Reconozco que de buena gana no hubiera ido a la oficina, al pensar en la cara tan larga que me iba a poner el jefe de la sección. Ya desde hace tiempo me viene diciendo: “Pero, amigo, ¿qué barullo tienes en la cabeza? Ya no es la primera vez que te precipitas como un loco y enredas el asunto de tal forma que ni el mismo demonio sería capaz de ponerlo en orden. Ni siquiera pones mayúsculas al encabezar los documentos, te olvidas de la fecha y del número. ¡Habrase visto!…”

¡Ah! ¡Condenado jefe! Con toda seguridad que me tiene envidia por estar yo en el despacho del director, sacando punta a las plumas de su excelencia. En una palabra, no hubiera ido a la oficina a no ser porque esperaba sacarle a ese judío de cajero un anticipo sobre mi sueldo. ¡También ése es un caso! ¡Antes de adelantarme algún dinero sobrevendrá el Juicio Final! ¡Jesús, qué hombre! Ya puede uno asegurarle que se encuentra en la miseria y rogarle y amenazarle; es lo mismo: no dará ni un solo centavo. Y, sin embargo, en su casa, hasta la cocinera le da bofetadas. Eso todo el mundo lo sabe.


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26 págs. / 46 minutos / 313 visitas.

Publicado el 20 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Diario de un Seductor

Søren Kierkegaard


Diario


Prologo

Sua passion predominante é la giovin principiante.

DON GIOVANNI, aria
 

Me cuesta dominar la ansiedad que me acomete en este instante en que me resuelvo a transcribir, con el mayor cuidado, la copia que entonces hice con precipitación y con el corazón alterado. Pero incluso hoy, no obstante, siento idéntica inquietud y me hago idénticos reproches. No habían cerrado la mesa escritorio y todo se encontraba a mi disposición. Habla un cajón abierto. En él, sobre algunos papeles sueltos, se hallaba un volumen en cuarto, encuadernado con óptimo gusto. Estaba abierto en la primera página, en la que, en un pequeño recuadro de papel blanco, dejó escrito de su puño y letra: Comentarius perpetuus n° 4. Estoy tratando de serenarme, diciéndome que de no haber estado abierto el libro y de no haber sido tan sugestivo el título, no me hubiese vencido la tentación con tanta facilidad. El título resultaba bastante extraño, más que por sí mismo, por el lugar en el que se hallaba. Al examinar brevemente los papeles sueltos, comprendí que se trataba, de episodios amorosos, alguna alusión a aventuras personales y también borradores de cartas.


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136 págs. / 3 horas, 59 minutos / 1.334 visitas.

Publicado el 28 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Diario de un Viajero

Guy de Maupassant


Cuento


Las siete. Un pitido y partimos. El tren pasa sobre las plataformas giratorias, con el ruido que hacen las tormentas en el teatro; después se adentra en la noche jadeando, soplando su vapor, iluminando con sus reflejos rojos los muros, setos, bosques y campos.

Somos seis, tres en cada asiento, bajo la luz del quinqué. Frente a mí una rolliza señora con un rechoncho señor, un viejo matrimonio. Un jorobado está en la esquina izquierda. A mi lado, un joven matrimonio, o al menos una joven pareja. ¿Casados? La joven es hermosa, parece modesta, pero está demasiado perfumada. ¿Qué perfume es éste? Lo conozco pero no lo determino. ¡Ah! Ya caigo. Piel de España. Esto no dice nada. Esperamos.

La gruesa señora mira fijamente a la joven con un aire de hostilidad que me da que pensar. El grueso señor cierra los ojos. ¡Ya! El jorobado se enrolla como un ovillo. Ya no veo dónde están sus piernas. No percibimos nada más que su mirada brillante bajo un gorro griego con borla roja. Después se sumerge en su manta de viaje. Se diría que es un paquetito arrojado sobre el asiento.

Únicamente la vieja señora permanece despierta, suspicaz, recelosa, como un guardián encargado de vigilar el orden y la moralidad del vagón.

Los jóvenes permanecen inmóviles, las rodillas envueltas en el mismo chal, los ojos abiertos, sin hablar. ¿Están casados?

Yo finjo dormir pero estoy al acecho.

Las nueve. La señora gruesa va a sucumbir; cierra los ojos una vez tras otra, inclina la cabeza hacia el pecho y vuelve a levantarla bruscamente. Ya está. Duerme.

¡Oh sueño, misterio ridículo que confiere al rostro los aspectos más grotescos, tú eres la revelación de la fealdad humana. Tú haces aparecer todos los defectos, las deformidades y las taras! Tú haces que cada rostro tocado por ti se transforme rápidamente en una caricatura.


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5 págs. / 8 minutos / 145 visitas.

Publicado el 5 de junio de 2016 por Edu Robsy.

Diario De Viaje A París

Horacio Quiroga


Crónica, Viajes, Diario


Primera Libreta


Salto, Marzo 20 — 1900.

A bordo del "Montevideo" — Marzo 21 de 1900. 7 a.m.

Cuesta mucho hacer un viaje, aunque la distancia a que nos alejemos sea corta. El principio de inercia parece retratarse en el cerebro, y se sufre con la traslación de los puntos de mira afectivos. Y cuando nos alejamos por mucho tiempo, lejos, muy lejos, el espíritu siente la sacudida de un presentimiento que nos ahoga. Es pena abandonar la ciudad en que se ha vivido, los amigos, las costumbres, los horizontes, la familia, los cielos; quebrar con todo lo que ha apoyado el índice en nuestros sentimientos buenos, y ha respondido (con un canto) buenamente a nuestros deseos de agradar; acariciar tristemente en nuestra retina la suprema visión de nuestros buenos padres y amigos que nos despiden con pañuelos... pero nada es todo esto; cuando hay una niña que queda llorando por nosotros en su cuarto, solita y temerosa de que la oigan.

¡Cuánto te quiero, mi alma! Todo es para ti, mi vida y mi desolación. De nada me he acordado cuando partía. Todos mis amigos estaban a bordo y me rodeaban y me despedían calurosamente. Solo tú faltabas. Pero estoy seguro de que en ese angustioso momento no dudabas de mí y hallabas las más olvidadas oraciones de niña para angelicar tus lágrimas. Hoy vas a la iglesia. No sé lo que rezarás. Creo, sí, que en este momento, 8 a.m., en que estás en misa, a pesar de todo, de todo, pensarás en mí.


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Dominio público
67 págs. / 1 hora, 57 minutos / 22 visitas.

Publicado el 3 de agosto de 2026 por Brian.

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