Textos por orden alfabético | pág. 83

Mostrando 821 a 830 de 8.911 textos.


Buscador de títulos

8182838485

Con la Cruz en la Punta

Javier de Viana


Cuento


Era alto, fuerte, flaco, y feo. La cabeza chica, la cara grande. La frente tan estrecha que no había sitio para correr una carrera de tres ideas juntas. Los ojos de un aterciopelado color de piel de lodo de río, expresaban bondad, mansedumbre; lo mismo que la nariz sólida, gruesa, aguileña, con dos aberturas amplias que aseguraban una perfecta ventilación pulmonar.

Pero, por debajo, de la nariz se abría, en tajo sombrío, una boca que era una verdadera boca de abismo, unos labios graníticos, fríos, rígidos, que se alivianaban cansados de suspirar e incapaces de vibrar en otras articulaciones sonoras que las expresivas de sátira o injuria.

A las mujeres malas se les secan los senos; a los hombres infelices se les acecinan los labios; razonable correlación psicofisiológica.

Esto daría motivo para una larga disertación filosófica; pero volvamos a Hermann, el hombre grande, fuerte y feo de que íbamos ocupándonos.

Hermann, cuya verdadera nacionalidad—y cuyo verdadero nombre—nadie conocía, podría tener treinta años. Fué peón de chacra, peón de estancia, puestero más tarde, dedicándose a la cría de cerdos y de aves y a las pequeñas industrias derivadas.

Le fué mal.

Creyendo que la adversa suerte provenía de la falta de una mujer,—aparato regulador—se casó con una criolla que le dijo: «Quiero» cuando él decía «Envido».

Y le fué mucho peor, todavía.

En poco tiempo desaparecieron los animalitos, los útiles de labranza. Después desapareció la chacra y casi en seguida la mujer, cuyo cariño,—si alguna vez lo tuvo—se había ido mucho antes.

Desde entonces Hermann se despreocupó del mañana y no pensó más en hacer casa ni en plantar árboles, esas cosas destinadas a sobrevivirnos; sobrevenirnos con y para el hijo que tenemos o esperamos tener.

—Yo no estuvo buenos a piliar felicidad—decía.


Leer / Descargar texto

Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 63 visitas.

Publicado el 5 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.

Con la Horma del Zapato

Roberto Payró


Cuento


«Tengo el honor y la satisfacción de comunicar a usted, por orden del señor Intendente, que desde la fecha queda suspendido y exonerado de su cargo de subdirector y segundo médico del Hospital municipal, por razones de mejor servicio, y agradeciéndole en nombre del municipio los servicios prestados. Tengo el gusto de saludarlo con toda consideración, etc., etc.»

Llegó esta nota a manos del doctor Fillipini al día siguiente de la elección que consagró, por su consejo, municipal a Bermúdez.

—¡Mascalzone! —exclamó, pensando en su protegido de un minuto.

Pero sin que el despecho le ofuscara el raciocinio, salió de casa en busca del firmante de la nota en primer lugar. Era éste el secretario de la Intendencia, Remigio Bustos, y podía aclararle muchos puntos, útiles para sus manejos ulteriores. Le encontró tomando café y copa en la confitería de Cármine. Haciendo un grande esfuerzo, un acto heroico, pagó la «consumación» y pidió «otra vuelta».

—Dígame, Bustos —preguntó por fin—; ¿por qué me destituye don Domingo?

—¡Hombre, no sé! —contestó el otro, paladeando su anis, y no por sutileza ni reserva política, sino por nebulosidad cerebral.

Viera, caracterizándolo, había publicado efectivamente, hacía poco, una parodia de la fabulilla de Samaniego:


Dijo Ferreiro a Bustos
después de olerlo:
—Tu cabeza es hermosa
pero sin seso.
¡Cómo éste hay muchos
que, aunque parecen hombres,
sólo son... Bustos!
 

—No sabe ¡bueno! Pero dígame cómo fue —insistió Fillipini, en su jerga ítalo-argentina, seguro de que por el hilo sacaría el ovillo—. ¿No le habló nadie?

—Nadie.

—¿Le hizo escribir la nota así, sin más ni más?

—Sí, mientras estaban votando.

—¿Y nadie había ido a verlo?

—Nadie más que Gino, el pión de Cármine.

—¿Y a qué iba Gino?


Leer / Descargar texto

Dominio público
7 págs. / 13 minutos / 59 visitas.

Publicado el 1 de enero de 2021 por Edu Robsy.

Con la Soga al Cuello

Joseph Conrad


Novela


A mi esposa

1

Mucho después que el rumbo del Sofala cambiara en dirección a tierra, la baja costa pantanosa aún retenía la apariencia de un mero tizne de oscuridad más allá de una franja de resplandor. Los rayos del sol caían violentamente sobre el mar en calma, se estrellaban contra esa lisura de diamante para convertirse en polvo de chispas: un vapor luminoso que cegaba los ojos y fatigaba el cerebro con su inconstante brillo.

El capitán Whalley no miraba. Cuando el serang, aproximándose al amplio sillón de bambú que él ocupaba con toda su capacidad, le dijo que debían modificar el rumbo, se levantó en seguida y permaneció de pie, cara al frente, mientras la proa del barco giraba un cuarto de círculo. No dijo una sola palabra, ni siquiera la palabra necesaria para que mantuvieran el rumbo. Fue el serang, un viejo malayo, menudo y alerta, quien murmuró la orden al timonel. Y entonces, lentamente, el capitán Whalley volvió a sentarse en el sillón del puente y clavó los ojos en el pedazo de cubierta que había entre sus pies.


Información texto

Protegido por copyright
154 págs. / 4 horas, 30 minutos / 371 visitas.

Publicado el 31 de enero de 2018 por Edu Robsy.

Con Perdón de Dios

Manel Martin's


Novela


Prologo

El siglo XVI fue un siglo convulso para la nación española, el gran imperio que debían defender nuestras tropas, menguaba la efectividad de los limitados soldados, afortunadamente el oro recibido de las Indias ayudaba a mantener la mayor flota del mundo y con ella infundir respeto a las demás naciones.

España contaba con el apoyo de la Santa sede, lo cual era una gran ventaja para la nación, aunque la ayuda debía de ser mutua y no salía gratuita. Tras el rey mandaba el clero y la Inquisición campaba por sus respetos. Prácticamente en tiempos de Felipe III el consejero, legislador y quien verdaderamente mandaba en la Nación era el Duque de Lerma. Digamos que su majestad tenía la necesidad de nombrar consejeros y delegar sus funciones; también en Virreyes hallen de los mares, estos en lugar de representar al rey y velar por los intereses de la corona, velaban por los suyos propios en primer lugar.

En este estado se desarrolla mi relato o la aventura de tres amigos.

Utilizo nombres o apellidos históricos de la zona donde nace el relato, sin que por ello sean reales los hechos. Si lo son algunos personajes que dejaron huella en la zona, también existen en la actualidad algunos edificios de las familias mencionadas. Como el hotel en Morella.

En fin lean el relato como una novela más, sin intención de molestar ni agraviar a nadie y disfruten tanto al leerlo como yo al escribirlo.


Manel Martin’s

Preámbulo

Es verano: el sol aprieta de lo lindo durante gran parte de la mañana. Me baño con mis nietos y lo que debía ser un relajante y placentero baño, con sus juegos y vitalidad me agotan (yo ya no estoy para esos trotes) por fin salimos del agua. Mientras nos duchamos para quitarnos la sal, escuchamos el primer aviso de la abuela — ¡A Comer! – obedecemos con urgencia.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
151 págs. / 4 horas, 25 minutos / 145 visitas.

Publicado el 20 de julio de 2022 por Edu Robsy.

Condecorado

Guy de Maupassant


Cuento


Hay personas que nacen con un instinto, una vocación o, sencillamente, un deseo especial que despierta en cuanto principian a balbucir y a pensar. El señor Sacrement, desde su infancia, tuvo una idea fija: ser condecorado. Muy niño aún, prefería siempre a los quepis, a los fusiles y espadas, las cruces de la Legión de Honor, hechas de plomo, y saludando a su mamá como un caballero, arqueaba mucho el pecho para lucir el colgajo.

No bastándole su aplicación —o su inteligencia— para conseguir el título de bachiller y queriendo emplear en algo su vida, siendo rico pudo casarse con una hermosa muchacha.

Vivían en París como burgueses distinguidos, pero sin trato social, orgullosos de conocer a un diputado, a su entender futuro ministro, y a dos o tres jefes de sección.

Pero la idea fija que Sacrement concibió en su infancia no lo abandonaba, y sentíase humillado no pudiendo lucir en el ojal de su levita el menudo lazo rojo.

Los caballeros condecorados que se cruzaban con Sacrement en el bulevar lo angustiaban. Al mirar sus ojales adornados, lo roía un desasosiego celoso. Algunas tardes, mientras paseaba sus constantes ocios, se decía:

"A ver cuántos encuentro desde la Magdalena hasta la calle Drouot".

Despacio, inspeccionaba todos los pechos con ojos perspicaces, muy acostumbrados a descubrir la cinta roja desde lejos. Llegando al fin de su camino, se asombraba siempre de las cifras.

"¡Nueve oficiales y dieciséis caballeros! ¡Me resultan muchos! ¡Prodigan estúpidamente las condecoraciones! A ver cuántos encuentro ahora".

Y volvía lentamente, desesperándose cuando una muchedumbre apresurada interrumpía su minuciosa investigación, haciéndole tal vez pasar alguno por alto.


Información texto

Protegido por copyright
5 págs. / 9 minutos / 45 visitas.

Publicado el 18 de mayo de 2016 por Edu Robsy.

Condorcet

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


El escritor de este nombre, filósofo, matemático y químico de alto vuelo, nació marqués, de una de las más viejas familias de Francia, y fue criado hasta los doce años por una madre fanática que, habiéndolo consagrado a la Virgen, lo vistió de niña hasta aquella edad. Tradición, educación, ambiente, todo conspiraba para hacer del afeminado aristócrata un reaccionario. Su destino debía ser muy otro. 

Miembro de la Academia Francesa a los 39 años, mimado por la Corte, por los grandes sabios de todo el mundo, la ex niña solo esperaba un rayo de luz para encontrar su camino de Damasco.


Leer / Descargar texto

Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 9 visitas.

Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

Confesiones

San Agustín


Religión


Libro I

Capítulo I

1. Grande eres, Señor, e inmensamente digno de alabanza; grande es tu poder y tu inteligencia no tiene límites. Y ahora hay aquí un hombre que te quiere alabar. Un hombre que es parte de tu creación y que, como todos, lleva siempre consigo por todas partes su mortalidad y el testimonio de su pecado, el testimonio de que tú siempre te resistes a la sobrebia humana. así pues, no obstante su miseria, ese hombre te quiere alabar. Y tú lo estimulas para que encuentre deleite en tu alabanza; nps creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti.

Y ahora, Señor, concédeme saber qué es primero: si invocarte o alabarte; o si antes de invocarte es todavía preciso conocerte.

2. Pues, ¿quién te podría invocar cuando no te conoce? Si no te conoce bien podría invocar a alguien que no eres tú.

¿O será, acaso, que nadie te puede conocer si no te invoca primero? Mas por otra parte: ¿Cómo te podría invocar quien todavía no cree en ti; y cómo podría creer en ti si nadie te predica?

Alabarán al Señor quienes lo buscan; pues si lo buscan lo habrán de encontrar; y si lo encuentran lo habrán de alabar.

Haz pues, Señor, que yo te busque y te invoque; y que te invoque creyendo en ti, pues ya he escuchado tu predicación. Te invoca mi fe. Esa fe que tú me has dado, que infundiste en mi alma por la humanidad de tu Hijo, por el ministerio de aquel que tú nos enviaste para que nos hablara de ti.

Capítulo II

1. ¿Y cómo habré de invocar a mi Dios y Señor? Porque si lo invoco será ciertamente para que venga a mí. Pero, ¿qué lugar hay en mí para que a mí venga Dios, ese Dios que hizo el cielo y la tierra? ¡Señor santo! ¿Cómo es posible que haya en mí algo capaz de ti? Porque a ti no pueden contenerte ni el cielo ni la tierra que tú creaste, y yo en ella me encuentro, porque en ella me creaste.


Leer / Descargar texto

Dominio público
146 págs. / 4 horas, 17 minutos / 3.307 visitas.

Publicado el 28 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Confesiones de un Alma Bella

Wolfgang Goethe


Cuento


Hasta que cumplí los ocho años fui una niña enteramente sana, pero de aquella época consigo acordarme tan poco como del día de mi nacimiento. Nada más comenzar mi octavo año tuve un vómito de sangre y al instante fue mi alma todo sensibilidad y memoria. Las más pequeñas circunstancias de este azar están aún ante mis ojos, como si hubieran sucedido ayer.

A lo largo de los nueve meses que la enfermedad me hizo guardar cama, que soporté con paciencia, nació también, así me lo parece, el fundamento de toda mi forma de pensar, pues se le brindaron entonces a mi espíritu los primeros medios para desarrollarse de acuerdo con su específica forma de ser.

Sufría y amaba, y ésa era la auténtica figura de mi corazón. En medio de las más violentas toses y de una fatigante fiebre estaba tranquila como un caracol que se retira a su concha. Tan pronto como tenía un poco de aire, deseaba sentir algo agradable, y como todos los restantes deleites me estaban vedados, buscaba resarcirme con ojos y oídos. Me traían juegos de muñecas y libros ilustrados, y quien deseara tener un sitio junto a mi lecho tenía que narrarme alguna historia.


Información texto

Protegido por copyright
71 págs. / 2 horas, 5 minutos / 361 visitas.

Publicado el 4 de julio de 2018 por Edu Robsy.

Confesiones de un Bribón

Wilkie Collins


Novela


AL LECTOR

Las siguientes páginas fueron escritas hace más de veinte años y desde entonces, se han venido publicando periódicamente en «Household Words».

Tal como fue publicado originariamente, «El Bribón» fue acogido muy favorablemente. Año tras año, fui retrasando la reedición, haciéndome eco de la propuesta de mi viejo amigo Mr. Charles Reade, que sugería matizar más y alargar las aventuras del héroe en Australia, pero la oportunidad de llevar a cabo este proyecto, realmente ha resultado ser una oportunidad perdida de mi vida. Reedito la historia sin alterar el final original, pero con adiciones ocasionales y mejoras que, espero, la harán más merececedora de atención en el momento actual.

El lector crítico, puede observar, posiblemente, un tono de alegría casi bulliciosa en ciertas partes de estas confesiones imaginarias. Sólo puedo alegar, en mi defensa, que la historia ofrece el fiel reflejo de una etapa muy feliz de mi vida pasada. Fue escrita en París, cuando tuve a Charles Dickens de vecino cercano y compañía diaria, y cuando gastaba alegremente las horas de ocio con muchos otros amigos, todos relacionados con la literatura y el arte, de los cuales el admirable comediante Regnier, es ahora el único sobreviviente. La revisión de estas páginas ha sido para mí una tarea melancólica. Sólo puedo esperar que animen los momentos de tristeza de los demás. «El Bribón» sin duda puede reclamar dos méritos, al menos, a los ojos de la nueva generación: que esta obra no contiene dos momentos serios seguidos, y que «no se necesita mucho tiempo para leerlo».

Wilkie Collins.

GLOUCESTER PLACE, LONDRES, 6 de Marzo de 1879.


Información texto

Protegido por copyright
145 págs. / 4 horas, 14 minutos / 122 visitas.

Publicado el 28 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Confesiones de un espíritu del tercer mundo

Víctor Salmerón


Literatura, novela, Víctor Salmerón


Confesiones de un espíritu del tercer mundo, de Víctor Salmerón, es un testimonio que navega entre la memoria personal y la crítica social. La obra se erige como una reflexión profunda sobre las realidades de los países en desarrollo, abordando las tensiones entre el pasado colonial y los desafíos contemporáneos.

Con una narrativa incisiva y reflexiva, Salmerón explora los dilemas que enfrentan las sociedades periféricas frente al avance del neoliberalismo y la globalización, mientras reivindica las luchas de los sectores más vulnerables. Su escritura, cargada de sensibilidad, logra conectar las experiencias individuales con los grandes procesos históricos, ofreciendo al lector un espacio para repensar su lugar en el mundo.

Es un texto que trasciende lo literario, convirtiéndose en un llamado a la conciencia y a la acción. Una obra imprescindible para quienes buscan comprender las complejidades del tercer mundo desde una perspectiva crítica y honesta.


Información texto

Protegido por copyright
1 pág. / 1 minuto / 68 visitas.

Publicado el 15 de diciembre de 2024 por Víctor Salmerón .

8182838485