Textos más populares este mes de Abraham Valdelomar etiquetados como Cuento | pág. 3

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autor: Abraham Valdelomar etiqueta: Cuento


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Breve Historia Veraz de un Pericote

Abraham Valdelomar


Cuento


Que concreta en la siguiente carta al protagonista.


Muy estimado amigo:

Anoche, tres de abril de mil novecientos dieciocho, a las nueve y diez —supongo que esta fecha sea inolvidable para usted (el hecho de haberle a Ud. salvado la vida no me autoriza a hablarle de tú)— anoche, digo, por uno de esos motivos que no tiene explicación, vi a Ud. que en el fondo de la tina vacía, debatíase desesperadamente, sin poder salir. Estaba oscuro. Ud. había caído, por una inexperiencia juvenil, en aquel espacio y allí habría Ud. perecido. Yo no tenía nada que hacer en el baño. Fumaba, en mi escritorio pensando en cosas tan inconsistentes como el humo de mi cigarrillo. De pronto me levanto violentamente, voy al baño, enciendo un fósforo y veo a Ud. recorriendo, nervioso y despavorido, el fondo húmedo de la tina. El caño mal cerrado, dejaba caer con desgana, una columna de agua. Parecía la arteria de un colosal Petronio desangrándose en el baño. Tuve el impulso de abrirlo, llenar de agua la tina y ahogarlo a usted.

Ud. me miró, debe usted recordarlo, porque en su mirada inteligente parecía concretarse su alma llena de angustia brillante, llena de urgente invocación. Sólo entonces pude apreciar su estatura. Era Ud. joven como yo. Comprendí su dolor. En su mirada comprendí que me hablaba usted de su madre, de su rinconcillo obscuro y húmedo en el fondo del parquet, de su vida en flor. Si usted joven, después de verme, hubiera intentado la fuga imposible, yo le habría matado, tal vez. Pero usted al verme, se detuvo, sin tener la presunción de buscar una huida necia y puso usted en mí toda su esperanza. "Tú me puedes salvar o matar. Tengo madre. Te ruego que me salves". Así decían sus ojos, querido amigo mío.

Yo lo comprendí. ¡Qué bueno es que le comprendan a uno en la mirada! Yo no soy tan feliz como Ud., pericotito de mi corazón.


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Publicado el 1 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

Tres Senas, Dos Ases

Abraham Valdelomar


Cuento


A mi amigo Rafael Marquina

I

Dos amigos me fueron presentados esa noche bajo la luz violeta del Manhattan, en Nueva York: Archibald Scheefer e Irving Winder. Desde el primer instante, toda mi atención fue dedicada a Irving. Era un tipo de estudio. Bien sabéis cuán difícil es encontrar en un tipo caucásico una cara interesante. Siendo común encontrar en los tipos morenos espíritus pensativos, es raro hallarlos entre los hombres blancos. Sólo en los tipos que han nacido bajo el sol y se han criado en la perezosa molicie de los trópicos o en los arenales, se enseñorea un espíritu. Los climas fríos no dejan pensar a los hombres porque hacen trabajar demasiado a los músculos.

Sin embargo, Irving tenía un raro tipo pensativo. Me pareció tan desoladamente triste, que llegó a preocuparme y me propuse desentrañar el misterio de su tristeza, rompiendo la valla de su madurez. El mozo nos había servido manzanas. En el gran comedor, las mujeres ostentaban sus senos y sus amantes con discreción. Cruzábanse los garçons, oíase a menudo destapar el champagne y la música modelaba a media voz un turkey trot. Invité a almorzar a Irving para el día siguiente, en Coney Island. Iríamos en auto. Nos despedimos. En efecto, a la hora precisa el auto de Irving se detenía en el Wotham Hotel, y juntos con dirigirnos hacia Coney Island. Atravesamos las avenidas congestionadas, los edificios colosales huían a nuestro paso, y por fin, pasado el puente de Brooklyn, entramos en aquella maravillosa avenida de abetos que sombrean la asfaltada carretera que conduce a la playa infantil de Coney Island. Allí elegimos un hotel que da al mar, y en una especie de recodo conversamos largamente lo que os voy a referir.


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Publicado el 8 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

El Cantor Errante

Abraham Valdelomar


Cuento


Chasca avanzaba silenciosamente por el borde de los sembríos. El cielo principiaba a oscurecer. El Sol habíase dormido sobre el mar lejano, y él debía estar en el Castillo entrada la noche. Tenía prisa para poder hacer la caminata en seis horas. Como tuviera que saltar muchas vallas, Chasca salió de los sembrados y se internó por su sendero poco traficado; sin embargo iba encontrándose en el camino con gañanes rezagados que caminaban a prisa, temerosos de llegar a sus terrados demasiado tarde.

Bien pronto tuvo que ocultarse para no encontrarse con un grupo numeroso que comentaba la cacería de Makta-Sumac. Los hombres acaloradamente discutían y hablaban de los destinos y de los oráculos, Chasca salió cuando hubo pasado el último quechua. Ya era de noche y el silencio reinaba en todo el Imperio. El viejo guerrero caminaba de prisa. Tenía que concluir el sendero y cortar luego hacia el lado del río, luego subir por el camino de la orilla hasta el puente y pasarlo, para internarse en el vallecito en cuyo fondo se elevaba el castillo del noble joven.

Al acercarse al río, principió a percibirse el ruido del agua desgarrándose entre los peñascales y, serpenteando entre ese ruido, un eco apenas perceptible, suave como un suspiro, el eco de una música lejana. Chasca no reparó; mas, a medida que se acercaba a la caja del río, las notas, entre el ruido rocalloso, se hacían más perceptibles. Era como un quejido sin reproches, un dulce lamento, un dolor supremo e inconsolable, que llegaba a los ojos y les robaba lágrimas, que se filtraba entre los huesos y abría el pecho a todos los dolores pasados.


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Publicado el 1 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

Chaymanta Huayñuy

Abraham Valdelomar


Cuento


I

Agonizaba el día. El Sol, circundado de nubes cenicientas, besaba el horizonte. Por el sendero del norte, que en la mañana recorriera, ágil y jovial, la comitiva, volvían ahora, taciturnos y graves, con su noble jefe a la cabeza, los soldados de Sumaj Majta. Chasca, desde el mismo peñón que dominaba el río, los vio acercarse. El príncipe descendió de su silla y se acercó al anciano guerrero:

–Sumaj Majta, ¿dónde está el puma que profanó los rebaños del Sol y en cuyo acecho iban tus gloriosas huestes?...

–No lo hemos hallado, Chasca, respondió gravemente el príncipe. Al penetrar en el bosque, una víbora cruzó ante mí, se deslizó y huyó a la selva. Hice detener mi comitiva, ordené que se hiciera una fogata para cazarla, pero fue inútil. Arde todavía la selva pero ella no ha sido cogida. Ordené entonces suspender la cacería. Cazamos un cóndor, y lo ofreceré esta noche, en sacrificio sobre la pira.

–¿A quién lo ofreces?

–A Mama Quilla. La Luna está ofendida. Ofreceré el sacrificio en el palacio de Yucay, ante los Huillac Umas y los Humiuká; es fuerza, pues, general, que asistas al sacrificio...

–Cuando la Luna bese los muros de tu castillo, llegaré, Sumaj Majta.

La comitiva se alejó en silencio, solemne, siniestra. Nadie que no fuera el Inca, se habría atrevido a romper la silenciosidad de aquel desfile de guerreros, que, como un ejército de vencidos, se perdía en los caminos oscuros donde la sombra era fría. El temor se reflejaba en los rostros, abría desmesuradamente los ojos, hacía palidecer las teces y hería las pupilas cálidas que avivaba el extraño fulgor de los presentimientos.


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Publicado el 1 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

El Palacio de Hielo

Abraham Valdelomar


Cuento


I

–¿Quieres un cuento oriental en el que pasen caravanas de fetiches sedientos, caballeros en arqueados dromedarios hacia espejismos de plata líquida, o prefieres un cuento ruso de la Perspectiva Nevski o de las desiertas estepas. O la famosa leyenda del Palacio del Hielo o un amor inédito de Catalina II?...

Puedo contarte una escena florentina, un amor en góndola en Venecia, un motivo germano o un cuento turco. Si prefieres oirás una venganza de la vieja Bohemia, una crónica de Albión o una noche del Molino Rojo ilustrada con minués y colombinas.

Puedes ir en mi relato a los campos en flor de Niza, al tapete verde de Montecarlo o a un bosque de Pierre Loti con gheisas y guerreros, lotos, anémonas y crisantemos. Jardines con ciruelos rojos como labios de mujer y árboles, enguirnaldados en rosa. O te agrada la leyenda del rey de Ys, y los amores de Dahnt... ¿Grecia?. Te diré de los bosques de Hircania con afroditas y anadyomenas o será de Roma, el capitolio y los gladiadores de miradas glaucas y nervudos brazos.

Si quieres te contaré de Pompeya con sus frescos clásicos y enervantes, leyendas de Petronio, capiteles de Praxiteles, bajorrelieves eróticos de Fidias y versos sálmicos de Aristipo. Ya sabes tú que he bebido sangre de las vides de Chipre y del Rhin. Que he pensado a la sombra de la esfinge y he subido las escalinatas en mármol de los palacios egipcianos. He visto perderse las líneas del horizonte sobre la mar verde del Adriático y he subido los alpes nevados...

–Prefiero algo ruso, refinado y sangriento...

Y dije:

...fue en un Sahara de hielo. Una larga extensión de millares de leguas sin vegetación donde los hielos jamás se derretían, donde ni se veía salir, ni se ponía el sol. Una claridad velada anunciaba la hora máxima y el gruñir de osos y lobos hambrientos anunciaba la noche.


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Publicado el 2 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

La Tragedia en una Redoma

Abraham Valdelomar


Cuento


(Cuento simiesco)


Bajo la luz roja del quinqué, hablaba yo con "Aquel" que vive dentro de mí, de esta manera:

–Necesito un cuento –le dije.

–Mi querido Valdelomar, –repuso "Aquel"– voy a relatarle el que he visto...

Tu hermano te trajo, desde la fecunda lejanía del Madre de Dios, junto con la tortuga "Cleopatra" de que te hablara el otro día, unas flechas de chonta, vistosos collares de huesecillos, ricos atavíos de las Tahís montañeses y además, un mono...

Yo no he tratado muy de cerca a los monos, de quienes solo tengo referencias por Rudyard Kipling, quien los agrupa bajo el mote despectivo y genérico de los "vanderloog". Si bien es cierto que creía todo lo que de ellos apunta el poeta inglés, jamás mi alma fue enturbiada por la más leve aversión a tan ágiles pre-hombres, ya que los monos no son en el fondo sino trogloditas retardados. El mono de hoy será el sabio de mañana, así como el catedrático de hoy no es sino el mono de ayer...

–Ja! Ja! Ja! –le interrumpí...

–Además –siguió diciendo "Aquel"– este mono pequeño y juguetón, parecía conducirse tan bien! Sus mayores audacias eran subírseme al hombro por el codo, coger con delicado gesto furtivo una aceituna a la hora del refectorio, trepar a los muebles, cazar moscas y mirarse en el espejo. Cosas inofensivas y muy humanas, como ves.


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Publicado el 5 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

Las Vísceras del Superior

Abraham Valdelomar


Cuento


o sea
La historia de la poca vergüenza


(Cuento chino)


Había en un lejano rincón de China, allí por los tiempos en que Confucio fumaba opio y dictaba lecciones de Moral en la Universidad de Pekín, cierta gran aldea llamada Siké, regida por mandarines, en la cual acaeció la historia que te voy a referir, Rolando, a condición de que la retengas en tu privilegiada memoria –pues la memoria es el principal auxiliar para los que han de gobernar a los pueblos– y tú Rolando, tienes delante de ti grandes expectativas y todas las puertas abiertas, excepto las de la cárcel, que serán para tus víctimas.


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Publicado el 7 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

Almas prestadas. Heliodoro, el reloj, mi nuevo amigo

Abraham Valdelomar


Cuento


El señor Emilio Hilbck;

A la señora Josefa Navarrete de Hilbck;


Amigos muy distinguidos y cordiales:

El reloj en el cual quisísteis fijar la hora, para mí inolvidable y encantadora, en que nuestras almas se comprendieron, está conmigo. Ya me ha visto llorar: ya es mi amigo íntimo. Ha marcado ya las horas de mis breves, hondas, mudas y frías tragedias cotidianas: ya lo sabe todo. Es la Hostia de Eternidad —¿no es acaso como una hostia que marcara el viaje de la Vida por el Espacio y por el Tiempo?— Esta hostia de Eternidad, esta especie de oblea de Infinito, esta moneda filosófica que ponéis en mis manos para que me acompañe en la peregrinación de la tierra de igual manera que los egipcios ponían una moneda en las manos de sus seres queridos, al despedirse de la vida para que los acompañara en el viaje misterioso; este corazón, chato, cincelado y de oro que tiene sobre nuestros corazones la gran ventaja de que para hacerlo latir basta con darle cuerda; este reloj, esta pulsera y cincelada joya que me habéis obsequiado, este ser delicado, elegante, armonioso cuyo ritmo es perfecto y cuyos dos brazos que giran, se abren y se cierran, se distancian y se juntan, parecen, al ponerse horizontalmente, que nos llaman con los brazos abiertos; cuando éstos se juntan en las XII, ¿no parece, distinguida y esbelta señora y altísimo amigo, que se juntaran en una oración, como si rezaran por la vida? ¿Y cuando caen, formando ángulo hacia abajo, que lloraran, con los brazos caídos, alguna terrible desilusión? El reloj es como un hombre, amigos míos y señores; algo más, es como un hombre inteligente, discreto, muy elegante, muy laborioso, que trabaja en la tarea más elevada y más llena de filosofía:

...tac-tac... tac-tac... tac-tac...


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Publicado el 1 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

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