Textos más populares este mes de Ambrose Bierce que contienen 'b' | pág. 6

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El Entorno Conveniente

Ambrose Bierce


Cuento


LA NOCHE

Una noche de mediados de verano, el hijo de un granjero que vivía a unos veinte kilómetros de la ciudad de Cincinnati, cruzaba un bosque denso y oscuro siguiendo un camino de herradura. Se había desorientado mientras buscaba unas vacas perdidas, y cerca ya de la medianoche se encontraba muy lejos de su casa, en una zona con la que no estaba familiarizado. Pero era un joven valiente y, como conocía la dirección aproximada en la que se hallaba su casa, se metió en el bosque sin vacilar, guiado por las estrellas. Al encontrarse, el camino de herradura y observar que iba en la dirección correcta, lo siguió.

La noche era clara, pero en el bosque estaba todo muy oscuro. El muchacho se mantenía en el camino más por el sentido del tacto que por el de la vista. La verdad es que no era fácil perderse, pues los matorrales de ambos lados eran tan espesos que resultaban casi impenetrables. Se había introducido ya en el bosque unos dos kilómetros cuando se sorprendió al ver un débil rayo de luz que brillaba a través del follaje que bordeaba el camino por el lado izquierdo. Ver aquello le sorprendió e hizo que su corazón empezara a latir poderosamente.

—La casa del viejo Breede debe estar por aquí —dijo para sí mismo—. Éste debe ser el otro lado del camino por el que llegamos a ella desde nuestra casa. ¿Pero qué será esa luz encendida?


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Publicado el 1 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Un Vagabundo Infantil

Ambrose Bierce


Cuento


Difícilmente habría admirado usted al pequeño Jo si lo hubiera visto de pie en la esquina de una calle bajo la lluvia. Aparentemente se trataba de una tormenta otoñal ordinaria, pero el agua que caía sobre Jo (que no era lo bastante mayor para ser justo o injusto, por lo que quizás no entrara bajo la ley de la distribución imparcial) parecía tener una propiedad peculiar: uno diría que era oscura y adhesiva; pegajosa. Pero resulta difícil que fuera así, incluso en Blackburg, donde ocurrían algunas cosas que se salían bastante de lo común.

Por ejemplo, diez o doce años antes había caído una lluvia de ranas pequeñas, tal como atestiguó creíblemente una crónica contemporánea, que concluía con una afirmación, algo oscura, en el sentido de que el cronista consideraba que significaba un buen momento para el progreso de los franceses.

Años más tarde había caído sobre Blackburg una nevada carmesí; en Blackburg hace frío durante el invierno y las nevadas son frecuentes y copiosas. Mas no cabía ninguna duda al respecto: en aquel caso la nieve tenía el color de la sangre y al fundirse en agua seguía manteniendo esa tonalidad, aunque fuera agua y no sangre. El fenómeno había atraído una amplia atención y la ciencia había dado tantas explicaciones como científicos hubo que se preocuparon por ello, sin llegar a saber nada. Pero los hombres de Blackburg —hombres que durante muchos años habían vivido precisamente donde cayó la nieve roja, y podía suponerse que sabían mucho sobre el asunto— sacudieron la cabeza y dijeron que algo iba a pasar.


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Publicado el 1 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Diagnóstico de Muerte

Ambrose Bierce


Cuento


— No soy tan supersticioso como algunos de tus doctores de ciencia, como tu te complaces en decir — dijo Hawver, replicando una acusación que no había sido hecha — Algunos de ustedes, solo algunos, confieso, creen en la inmortalidad del alma, y en apariciones que tu no tienes la honestidad de llamar fantasmas. No voy decir más que tengo la convicción que los vivos algunas veces son vistos donde no están, en lugares donde han estado, donde ellos vivieron tanto tiempo, quizás tan intensamente, como para dejar sus impresiones en todo lo que los rodea. Lo se, en efecto, puede ser que un ambiente pueda ser tan afectado por la personalidad de una persona como para impresionar, mucho después, una imagen de uno mismo a los ojos de otro. Indudablemente la personalidad impresa tiene que ser el tipo justo de personalidad y los ojos perceptores tienen que ser el tipo justo de ojos, los míos por ejemplo.

— Si, el tipo justo de ojos, sensaciones convincentes del lugar erróneo del cerebro — dijo el Dr. Frayley, sonriendo.

— Gracias; uno gusta tener sus expectativas gratificada; esto es en réplica de lo que yo supongo que haría alguien civilizado.

— Perdón, pero tu dices que lo sabes. Es algo fácil de decir, ¿no crees? Quizás tu no pensarás en el problema de decirme como lo supiste.

— Tu lo llamarás una alucinación — dijo Hawver, — pero no es tal cosa — y le contó la historia.


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Publicado el 7 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

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