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El Estilo es el Hombre

Antonio de Trueba


Cuento


I

Dos personas han dicho que el estilo es el hombre. Como tengo poca memoria y menos erudición, no estoy seguro de que fuese Buffón una de esas personas, pero sí lo estoy de que la otra fué un guardia civil.

Soy ya hombre casado, y por consiguiente no me hallo en estado de merecer; pero si me hallara, me guardaría muy bien de sacar á relucir la máxima de aquellos señores, porque ¿qué idea formarían de mí las muchachas que juzgasen de mis merecimientos por mi estilo desaliñado y vulgar?

En obsequio á mi señora esposa, digo públicamente que en mí el estilo es el hombre. Hecha esta confesión, no hay miedo de que ninguna de mis lectoras se enamore de mí. ¡Qué ganga, querida esposa, tienes en el estilo y en la franqueza de tu marido!

Pero echemos noramala esta maldita propensión que uno tiene á irse á la broma, y hablemos con un poco más de formalidad.

Tres cosas hay en el mundo cuya fisonomía es única: la letra, la cara y el alma. «Fulano, decimos, se parece á Zutano», y hacemos bien en decir que se parece, porque si dijésemos que es idéntico, faltariamos á la verdad.

Cualquiera de estas tres cosas, en el hecho de ser únicas, sirvo para identificar á la persona y no lo ignora la policía, que sabe muy bien poner una pluma en la mano de aquél á quien sospecha autor del documento falso que posee, y sabe proveerse del retrato fotográfico del criminal á quien cree capaz de tomar las de Villadiego: pero ¿cómo se identifica la persona por medio del alma? ¿Cómo se obtiene un retrato fotográfico del alma que pueda servir de punto de comparación?


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26 págs. / 46 minutos / 63 visitas.

Publicado el 23 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

Atezayaga

Antonio de Trueba


Cuento


Tradición popular recogida en el valle de Guernica


En tiempos muy antiguos, no empezaba el mar á donde ahora se llama Mundaca, y en aquél tiempo se llamaba Munácoa y no Menosca como dijeron los historiadores romanos, á cuyo oído era refractaria la lengua que que hablaba en esta región, y persevera en ella después de haber sido la de toda la península ibérica. El mar empezaba entonces bastante más allá; pero las olas fueron atacando la punta de tierra por sus dos obstados y concluyeron por circunvalarla, de lo que resultó la isla de Izaro, cuyo nombre significa isla marina. Entonces, naturalmente, aquél pedazo de tierra tenía otro nombre, porque, no podía tener, el de Izaro no estando aislado en el mar; entonces se llamaba Atezayaga, que equivale á portería ó lugar de porteros; y se llamaba así con muchísima razón, como vamos á ver en este relato, que sustancialmente he recogido de boca del pueblo.

En Atezayaga había una casa solariega y tan noble, que á cuantos procedían de ella, con sólo acreditar esta procedencia, se los relevaba en todos los imperios y monarquías á donde iban de pruebas de nobleza, se les concedían gracias y privilegios y los linajes más encumbrados y esclarecidos se creían honrados con emparentar con ellos.

Sin embargo de esto, los del solar de Atezayaga eran muy pobres, como que todas sus riquezas materiales se reducían á unas cortas tierras labrantías, á algunos ganados, á un molino, á una ferrería donde labraban algunos quintales de fierro con el carbón que producían sus bosques y el mineral que producía una venera que tenían cerca de ellos, y á la pesca que extraían, del mar que azotaba su modesta propiedad territorial.


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 63 visitas.

Publicado el 24 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

Los Tomillareses

Antonio de Trueba


Cuento


I

En un hermoso y solitario valle de la Alcarria hay dos pueblecitos olvidados de todo el mundo, menos del Gobierno, que los tiene muy presentes cuando reparten las contribuciones.

Uno de estos pueblos se llama el Retamar, y el Tomillar el otro.

Los retamareses tienen fama de ásperos y amargos como la zarza y la retama, y los tomillareses la tienen de suaves y dulces como el tomillo y la miel.

Un caballero, montado en la cruz de los calzones, y llevando por único acompañamiento un perro, y por único equipaje una escopeta, llegó una hermosa mañana de primavera á una colina desde donde se descubrían las dos aldeas que ocupan los dos extremos del valle, y después de pararse y meditar un rato, continuó su camino hacia el Retarmar, que era el primer pueblo.

A tiro de piedra del Retamar, bajo unos hermosos álamos que se alzan á la orilla del camino, hay una fuente, donde en tiempo de calor no dejan de detenerse las pocas personas que por allí viajan, para beber un trago de agua fresca y cristalina y descansar un rato en un asiento de piedra toscamente labrado que hay al pie de los álamos.

Cuando el viajero del perro y la escopeta llegó á la fuente, un muchacho acababa de llenar dos cántaros de agua, que colocó en las aguaderas de un borriquillo, que mientras se llenaban los cántaros pacía entre los álamos.

El muchacho saludó cortesmente al viajero, y éste se detuvo y trabó conversación con el muchacho.

—¿Cómo se llama este pueblo?

—Se llama el Retamar, señor.

—No me disgusta su aspecto.

—Señor, aunque me esté mal en decirlo, mejor pueblo que éste no le hay en la Alcarria.

—¿Y aquel otro que se ve al fin del valle?

—Aquel es el Tomillar; pero no vale la mitad que éste.

—Y la gente del Tomillar, ¿qué tal es?

—La gente buena, pero muy boba.

—¿Cómo que boba?


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Dominio público
14 págs. / 24 minutos / 62 visitas.

Publicado el 23 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

El Apetito

Antonio de Trueba


Cuento


I

Cuando Cristo y San Pedro andaban por el mundo sucedió que una mañana se encontraron con ellos en el camino dos jóvenes muy guapos y enamorados que volvían de la iglesia, donde acababan de casarse, y se dirigían á una casita blanca que tenían ya preparada allá arriba para vivir en ella queriéndose y ayudándose uno á otro como Dios manda.

—No será malo—dijo la mujer al marido viendo que se acercaba á olios Cristo y San Pedro,—que aprovechemos la ocasión para preguntar á Cristo qué es lo que principalmente debemos hacer para ser buenos casados, porque aunque ya nos ha dicho algo de eso el señor Cura, naturalmente Cristo y aun San Pedro han de saber más que él de esas cosas.

—Tienes mucha razón—contestó el marido,—y tanto más nos conviene preguntarles eso, cuanto el señor Cura nos ha dicho, que como tenemos poco talento...

—De tí ha dicho eso, que no de mí.

—Lo mismo da, mujer, que lo que se dice del marido, como si se dijera de la mujer es.

—Eso según y conforme.

—¿No has oído al señor Cura que la mujer y el marido son una sola carne y un solo hueso?

—No, ha dicho el señor Cura eso: ha dicho que el marido debe tener por carne de su carne y hueso de su hueso á la mujer.

—Pues llámale hache.

—No le llamo hache ni jota, que lo que con eso ha querido decir el señor Cura es que si, pongo por caso, tú me das una bofetada que me rompa las muelas, te ha de doler la bofetada como dada en carne de tu carne y hueso de tu hueso.

—Zape, ya me guardaré yo muy bien de dártela que no soy tan tonto como eso.

—¡Podía llegar hasta eso tu tontería!

—Pues como íbamos diciendo, nos conviene tanto más preguntar á Cristo que es lo que principalmente debemos hacer para ser buenos casados cuanto el señor Cura nos ha aconsejado que cuando no sepamos alguna cosa, la preguntemos á quien sepa más que nosotros..


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8 págs. / 14 minutos / 61 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

El Desmemoriado

Antonio de Trueba


Cuento


Cuento popular recogido en Vizcaya

I

Carranza es un valle de Vizcaya que tiene más fisonomía montañesa que vizcaína, como metido casi en el corazón de la montaña. Dícese en las Encartaciones que en Carranza todo es pequeño: los hombres, que son bajos, aunque rechonchos y fuertes; los ganados, que son de razas pequeñas; el maíz, que es de la especie llamada en vascuence arto-chiquili (maíz pequeño), y hasta la extensión de terreno que cada labrador cultiva es pequeña, aun comparada con la que cultivan los del resto de Vizcaya, que no es grande, aunque sí productiva, por el mucho esmero del cultivo, el abono y la bondad del clima.

A ésta última pequeñez se alude en una de las muchas anécdotas con que los encanutados dan bromas á los carranzanos. Cuéntase que con motivo de cierta festividad, en Carranza había corridas de toros ó novillos, y el público, apostado en las paredes del coso y en los portales, se impacientaba porque tardaba en dar principio la fiesta.

Esta tardanza era para dar tiempo á que llegara una señora llamada doña María de Trilla, muy popular y estimada en todo el valle por lo dispuesta que estaba siempre á favorecer á sus convecinos necesitados. Uno de los espectadores ge distinguía entre todos por su oposición á que empezase la corrida antes de la llegada de doña María de Trilla

Esta llegada se dilataba, el público no podía ya contener su impaciencia y el alcalde se mostraba como dispuesto á hacer la seña para que se abriera la puerta del toril.

—¡Salga el toro! ¡Salga el toro!—gritaba la muchedumbre. Y entonces el carranzano que más empeño había mostrado porque se esperase á doña María de Trilla, saltó al coso, y encarándose con el público, respondió desesperado al grito de ¡salga el toro!


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10 págs. / 18 minutos / 61 visitas.

Publicado el 24 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

Por Qué Hay un Poeta Más y un Labrador Menos

Antonio de Trueba


Cuento


I

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, demos principio a LOS CUENTOS DE COLOR DE ROSA, y démosle evocando los amados recuerdos de aquel rinconcito del mundo que se llama las Encartaciones de Vizcaya, donde aprendí a amar a Dios, a la familia, a la Patria y al trabajo.

Inspirado por estos recuerdos y por ti, dulce amor mío, cuyo corazón ha de ser el primero que conmuevan, y cuyos ojos han de ser los primeros que humedezcan, ¡cómo no han de ser puras, sentidas, honradas, estas sencillas narraciones, que tienen por principal objeto la glorificación de Dios y la familia y la Patria!

La azada encalleció mis manos de niño, y la pluma, más pesada aún que la azada, seca mis manos de hombre. ¿Quieres saber por qué hay en el mundo un poeta más y un labrador menos? Pues escucha éste que sólo tiene de cuento la condición de cosa contada, y de color de rosa los matices que cubren su fondo pavoroso y negro.

Era un caluroso día del mes de julio. Al sonar las doce en el campanario que se alzaba allá abajo, en el fondo del verde y hermoso valle, en una de cuyas vertientes estaba nuestra casa, todos los que trabajábamos en las heredados, unos en la siega del trigo, otros en la salla de la borona1, soltamos la hoz o la azada y nos encaminamos alegremente a nuestros hogares, en cuyo camino nos habían precedido media hora antes las hacendosas madres de familia, que levantaban de cada hogar una azulada columnita de humo, preparando la comida para cuando el ansiado toque de la campana parroquial nos dijese: «Ea, al hogar, al hogar, que los que trabajan desde que el sol despunta, justo es que se alimenten y descansen cuando el sol llega al cenit».


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26 págs. / 45 minutos / 58 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Los Borrachos

Antonio de Trueba


Cuento


I

El pintor, antes de pintar el cuadro, prepara el lienzo; y lo mismo debo hacer yo, que también soy pintor, aunque de brocha gorda.

Preparemos el lienzo.

El lienzo en que voy á pintar es uno de los valles más hermosos de Vizcaya.

Entre las razones que tengo para llamarle hermoso, hay dos muy poderosas: la primera que lo es, y la segunda que nací en él.

—Y á nosotros—dirá el lector,—¿qué nos importa que naciera usted en él ó en el infierno, que es tierra caliente?

—¡Pues no les ha de importar á ustedes! Diciendo que nací en él pruebo que sé lo que digo, cosa que no sucede á todos los que hablan ó escriben.

Por medio del valle corre un río no muy cauda loso, pero sí muy claro y muy fresco.

¡Ay, castaños! y ¡ay, nogales, que os miráis en las fugitivas ondas de aquel río! ¡Quién fuera, no ya nogal ni castaño, quién fuera alcornoque, con tal que pudiera mirarse en vuestro espejo!

En la ribera del Sur hay un altito, y allí está rodeada de fresnos y de casas blancas, la iglesia de Santa María, para mí la de más sonoras campanas, la de más hermosas imágenes y la de más santos y dulces recuerdos.

Desde la iglesia al río hay una cuestecita de doscientos pasos.

En aquella cuestecita se encuentra lo siguiente: un cauce que Hoya el agua á un molino y á una ferrería, que medio se ven un poquito más abajo entro los nogales; cuatro ó cinco casas á la derecha, un verde huerto á la izquierda, y por último, el puente, por el cual pasaba á gatas Lorenzo...

—Pero ¡qué Lorenzo ni qué niño muerto, si aún no hornos acabado de preparar el lienzo!

El puente es muy viejo, muy firme, muy alto, muy angosto y muy escueto.

Al otro lado del río hay un cerro muy alto, coronado por una cruz adonde sube el párroco de la aldea durante las rogativas de Mayo para bendecir los campos desde allí.


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36 págs. / 1 hora, 3 minutos / 58 visitas.

Publicado el 23 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

La Leyenda de Begoña

Antonio de Trueba


Cuento


I

La insigne villa de Bilbao está al pié de una montaña. En las estribaciones de esta montaña hay una colina que lleva el nombre de Artagan, equivalente á Alto del Encinar; y al pié de la colina existe desde tiempo inmemorial el celebrado santuario de la Virgen de Begoña, cuya principal y maravillosa leyenda voy á escribir, después de decir algo acerca del origen y el nombre de santuario tan venerado en todo el litoral cantábrico..

Ni la tradición popular ni la historia fijan la época en que empezó á darse culto á la Virgen María al pié de la colina de Artagan. La tradición sólo dice que la imagen apareció en una encina de las que, como el nombre de Artagan indica, poblaban cl sitio donde se erigió el santuario; y añade la vulgarísima y repetida cantinela, propia de casi todos los santuarios de la Virgen, de que se trató de erigir el templo en punto distante del de la aparición, y se desistió de ello porque milagrosamente eran trasladados de noche á este último punto los materiales que de día se acopiaban en el primero. En cuanto á la historia, la primera vez que menciona el santuario de Begoña no pasa del año 1300, en que, de la carta de población de la villa de Bilbao, resulta que aquel santuario existía ya como monasterio, ó lo que es lo mismo, como iglesia parroquial, pues los que en este pais se llamaban monasterios eran los templos que hoy llamamos iglesias parroquiales.

La tradición enlaza y explica el nombre de Begoña con la milagrosa resistencia de la Virgen á que se le erigiera templo en sitio distinto de aquel donde había aparecido su imagen, pues supone que al ir á trasladar ésta á lo alto de la montaña, se oyó una voz misteriosa que decía begoañá, quieto el pié; y de aquí el nombre de Begoña que conservan la imagen y el sitio donde se erigió el santuario.


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Publicado el 24 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

El Maestro de Hacer Cucharas

Antonio de Trueba


Cuento


I

A Ramón no le podían ver ni pintado en su pueblo, porque era un holgazán como una loma, sin oficio ni beneficio, por lo que le llamaban el maestro de hacer cucharas, que en aquel país significa aproximadamente lo que en otros el maestro de atar escobas. Mientras le duró la herencia paterna lo pasó muy bien, andando de viga derecha; pero cuando acabó de comérsela, no encontró quien le diese para llenar la andorga, y á fuerza de acostarse con una ración de hambre y levantarse con otra de necesidad, se iba quedando como un alambre.

—Pero, hombre—le decían todos,—ya sabes que en esta vida caduca, el que no trabaja no manduca.

—¡Ya lo sé, por mi desgracia!—contestaba Ramón bostezando.

—Pues entonces, ¿por qué no trabajas para manducar? Dios opina que el hombre debe ganar el sustento con el sudor de su frente.

—En ese punto no estoy conforme con Dios.

—¡No digas judiadas, hombre!

—Las opiniones son libres.

—Pero no las opiniones contrarias á las de Dios.

Razonando y disputando así el maestro de hacer cucharas, se moría de hambre por no querer doblar el espinazo, y recordando é interpretando absurdamente el precepto bíblico que dice: «Nadie es profeta en su patria», y el refrán que añade: «El que no se aventura no pasa la mar», determinó irse por el mundo en busca de tierra donde pudiera comer sin trabajar.

Andando, andando, recorrió las siete partidas sin encontrar lo que buscaba, y llegó á un pueblo, donde se sentó, desfallecido de hambre, en uno de los bancos de piedra que adornaban un paseo.

Al fin del paseo se veía un convento, cuyos frailes pasaban y repasaban por delante de Ramón, tan colorados y tan gordos, que daba gusto el verlos.


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18 págs. / 32 minutos / 56 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

La Cruz Más Santa

Antonio de Trueba


Cuento


(Leyenda del siglo XVI)

I

Alboreaba el siglo décimoquinto de la Era cristiana á cuyas efemérides pertenecen las gloriosas de la invención de la imprenta, del descubrimiento de América, de la conquista de Granada y de la terminación de los bandos de Oñez y Gamboa que por espacio de más de dos centurias habían desolado la región vasco-cántabra.

Estos funestos bandos estaban más enconados que nunca al alborear aquel dichoso siglo, y particularmente lo estaban en los valles occidentales de Vizcaya conocidos desde tiempo inmemorial con el nombre de Encartaciones, conmemorativo de la carta ó pacto que mediaba entre ellos y el resto de Vizcaya.

Aunque por regla general los linajes estaban afiliados en uno ú otro bando, algunos había que no lo estaban en ninguno, por cuya circunstancia se llamaba hombres comunes á los no abanderizados. Los hombres comunes eran respetados por los banderizos, pero esto no obstaba para que el vulgo los considerase como poco celosos de su honra y pobremente dotados de lo que en aquel tiempo se consideraba como la mayor virtud, que era el valor para combatir con una espada, una lanza ó una ballesta en la mano.

Entre los pocos hombres comunes de las Encartaciones se contaban los del linaje de Aranguren de Baracaldo, rama desprendida hacía siglos del glorioso árbol de Susúnaga que florecía desde tiempo inmemorial en la misma república, y trasplantada al apacible vallecito de Mendi-errea vegetaba allí con extraordinaria lozanía y ópimo fruto.

Señor de aquella casa era entonces Martín Sanchez de Aranguren, que siguiendo la tradición de sus antepasados, buscaba la gloria por caminos muy distintos de aquellos por donde la buscaban los caballeros principales de su tiempo; aquellos caminos eran los de la paz y el trabajo bendecidos de Dios, aunque odiados de la generalidad de los hombres.


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23 págs. / 41 minutos / 54 visitas.

Publicado el 24 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

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