Textos más vistos de Antonio de Trueba publicados el 26 de octubre de 2020

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autor: Antonio de Trueba fecha: 26-10-2020


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Traga Sardinas

Antonio de Trueba


Cuento


Al señor don Raimundo de Miguel

Como usted, mi querido y respetado amigo, es autor de la mejor colección de fábulas morales que se ha escrito en lengua castellana, el recuerdo del fabulista Samaniego, que evoco en este cuento, ha traído a mi memoria el de usted, siempre grato para mí, porque además de ser el de un maestro benemeritísimo, el de un poeta esclarecido y el de un ciudadano tan honrado en la vida privada como en la vida pública, es para mí el de un excelente amigo. Una humilde florecilla del campo salpicada de rocío es recuerdo tan tierno como una flor de oro salpicada de brillantes, y por eso me atrevo a ofrecerle a usted esta humilde florecilla de mi ingenio.

I

El insigne fabulista alavés don Félix María de Samaniego casó en Bilbao, donde vivió mucho tiempo y dejó muchos recuerdos de su donoso ingenio. Samaniego es en Bilbao algo parecido a lo que es Quevedo en Madrid, o mejor dicho, en España; no hay agudeza de ingenio que no se le atribuya con más o menos verosimilitud. Sin embargo, se cuentan allí muchas que indudablemente son suyas, y a este número pertenece la anécdota que voy a contar. Es posible que esta anécdota no sea original del mismo Samaniego, y sí sólo una de aquellas imitaciones de que tan discreto ejemplo nos dio en muchas de sus fábulas, cuyo pensamiento pertenecía a los fabulistas que le precedieron, desde Esopo a Lafontaine; pero no por eso tiene menos gracia, a pesar de lo pícaramente que yo la voy a contar.


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9 págs. / 17 minutos / 72 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Creo en Dios

Antonio de Trueba


Cuento


I

Todavía con los ojos húmedos y el corazón agitado por las emociones que habla experimentado al penetrar en el hogar paterno tras una ausencia de veinte años, dejó la aldea nativa una tarde del mes de septiembre de 1859, y me dirigí a un valle cercano, lleno para mí de dulces memorias, como todos los de las nobles Encartaciones.

En el valle a donde me dirigía hay una ermita consagrada a la Virgen de la Consolación, y aquella ermita encerraba para mí recuerdos muy santos, porque mi madre encontraba allí consuelo en sus grandes aflicciones, y más de una vez me llevó asido de la mano al pie del altar de la Virgen, que yo, viéndola con un niño en los brazos, y no comprendiendo aún los misterios de la religión, amaba más por lo que tenía, de madre que por lo que tenía de santa.

Quería yo rejuvenecer aquellos santos recuerdos y dar gracias en aquel humilde templo a la madre de Dios, a cuya intercesión creía deber el haber vuelto a sentarme en el hogar de mis padres y el haber vuelto a postrarme en el templo donde recibí el bautismo.

No intentaré pintar aquí lo que sintió mi corazón cuando penetró en la ermita y cuando dobló la rodilla sobre aquella misma grada donde mi madre la dobló tantas veces, llorando de fe y de consuelo, porque todas estas impresiones, todas estas dulces y santas agitaciones de mi alma, están escritas en un libro que acaso nunca se publicará.

La ermita estaba más blanca, más limpia, más engalanada, más joven que yo la había dejado.

Así que recé y pasé una hora ante el altar, confundiendo en mi pensamiento la idea de Dios con los recuerdos de mi infancia, salí al pórtico de la ermita, donde, sentado en un poyo de piedra, se hallaba un anciano que me había facilitado la entrada en el templo.


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30 págs. / 53 minutos / 86 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

La Viña Mágica

Antonio de Trueba


Cuento


I

La Humanidad tuvo en los tiempos antiguos quien la redimiese del pecado, y en los tiempos modernos tiene quien la redima de la miseria. Si bendice al redentor antiguo, también debe bendecir al moderno, porque los hijos de la miseria no son tiranos menos abominables que lo eran los hijos del pecado.

El redentor antiguo era Jesús, entre cuyas maravillosas virtudes se contaba la de multiplicar los peces y los panes y dar salud al enfermo y alegría al triste por obra exclusiva de su santa voluntad. El redentor moderno, que también tiene la virtud de multiplicar el alimento del hombre y devolver a éste la salud del cuerpo y aun la del alma, es el que va a ser santificado y bendecido en este cuento que recogí en los campos de mi infancia, cuando Dios derramaba en ellos su bendición y no Caín la sangre de su hermano.

II

El valle de Somorrostro se extiende cerca de dos leguas de Oriente a Ocaso, entre una cordillera férrea y otra volcánica que siguen la misma dirección: la férrea resguardándole del calor y la violencia de los vientos meridionales y enriqueciéndole con el precioso e inagotable metal que encierra en sus entrañas, y la volcánica protegiéndole de la furia del mar Cantábrico y de la frialdad de los vientos boreales, y alegrándole con el jugo de las vides que cría en sus estribaciones y faldas del Mediodía.

Junto a su extremo occidental crúzale, de Sur a Norte, un vallecito secundario, de modo que el valle de Somorrostro, parece una cruz tendida, cuya peana es Baracaldo, cuya cabeza es Larrigada, y cuyos brazos constituyen el vallecito de San Juan del Astillero, apoyándose el extremo Sur de estos brazos en Galdames, y el extremo Norte en el mar.


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29 págs. / 51 minutos / 68 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

La Yesca

Antonio de Trueba


Cuento


I

Éste era un hombre casado, a quien llamaban Juan Lanas, porque era como Dios le había hecho y no como Dios quiere que nos hagamos nosotros mismos con ayuda del entendimiento que para ello nos ha dado.

Su mujer y él se llevaban muy bien; pero no por eso dejaban de tener de higos a brevas sus altercados por la falta de filosofía de Juan Lanas. Uno de los altercados que solían tener era éste:

—¡Cuidado que son dichosas las señoras mujeres!

—Más dichosos son los señores hombres.

—¡No digas disparates, mujer!

—¡No los digas tú, marido!

—Pero, mujer, ¿quieres comparar la vida aperreada que nosotros pasamos trabajando como negros para mantener a la mujer y los hijos, con la vida que vosotras pasáis sin más trabajo ni quebraderos de cabeza que cuidar de la casa?

—Y qué, ¿es poco trabajo ese?

—¡Vaya un trabajo! Parir y criar tantos y cuantos chicos, y luego cuidar de ellos y del marido. ¡No hay duda que el trabajo es para reventar a nadie!

—Ya te quisiera yo ver en nuestro lugar, a ver si mudabas de parecer.

—Pues no mudaría.

—Pues te equivocas de medio a medio: una legua andada con los pies cansa más que veinte andadas con la imaginación.

—Será todo lo que tú quieras; pero lo que yo sé es.....

—¡Qué has de saber tú, si eres un Juan Lanas!

—¡Adiós, ya salió a relucir el pícaro mote!

—Los motes no los pone el que los usa.

—¡Otra te pego, Antón! ¿Pues quién los pone si no?

—El que los merece.

—¡No, si a las señoras mujeres las dejan hablar!.....

—¡No, si a los señores hombres los dejan hacer y decir disparates!.... Jesús, ¡y luego dicen que los hombres se casan! Mentira, mentira, que las que se casan son las mujeres.


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6 págs. / 10 minutos / 54 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Los Exorcizadores

Antonio de Trueba


Cuento


I

Allá por los años de 1850 a 1853, los jóvenes de la colonia literaria y artística, que llamábamos del Pensamiento, éramos todos tan pobres de dinero y renombre, que con dificultad pagábamos a nuestras respectivas patronas el hospedaje de seis o siete reales diarios, y con más dificultad aún se recordaban nuestros nombres en los círculos literarios y artísticos; pero, andando el tiempo, todos los de la colonia, excepto yo, fueron alcanzando puestos muy elevados y honrosos en la literatura, en las bellas artes, en la política y en la administración del Estado; de modo que unos han sido ministros, otros son o han sido altos empleados, los más han adquirido un nombre ilustre como escritores o artistas, y los que menos son académicos, que es tanto como reventar de gloria y desmayar de hambre. Sólo yo, por mi encogimiento, me encuentro al cabo de treinta años de trabajos literarios teniendo que ganar hoy los garbanzos de mañana; y digo por mi encogimiento y no por falta de talento, porque sabido es que la falta de talento no es inconveniente para ser rico ni ministro ni académico.

Si éramos pobres de dinero, de fama y de influencia, aún lo era mucho más Gumersindo, un pobre chico de algunos años menos que nosotros, que vivía y estudiaba y esperaba, si no al calor de nuestra liberalidad, a lo menos al calor de nuestro cariño.

Gumersindo era de Murcia. Pertenecía a una familia muy honrada, pero tan pobre de bienes de fortuna, que no hubiera podido enviarle a seguir una carrera literaria o científica en Madrid, a no concederle la Diputación de aquella provincia (que se ha distinguido siempre por su protección a la juventud apta para el estudio y cultivo de las letras y las artes) una pensioncilla de tres o cuatro mil reales anuos.


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11 págs. / 20 minutos / 54 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Pico de Oro

Antonio de Trueba


Cuento


I

Trabajillo nos costará, ahora que estamos en invierno, trasladarnos, aunque sólo sea con la imaginación, a la ciudad de Burgos, dejando la benigna temperatura de las marismas de Vizcaya, donde fructifican el naranjo y el limonero, porque la temperatura de Burgos es tan fría, que allí, cuando el termómetro de Reaumur baja al grado de congelación, exclaman las gentes. «¡Qué, si tenemos una temperatura primaveral!» Pero ello, no hay remedio, hemos de trasladarnos allá, si hemos de oír al famoso Pico de Oro, que va a predicar en la nunca bastante ponderada catedral de Burgos.

¿No saben Vds. quién es Pico de Oro? Pues él muy nombrado es, porque en las iglesias siempre está uno oyendo exclamar a las mujeres: «¡Jesús, qué pico de oro!»

No sé si habrá más picos de oro que uno; pero el de mi narración era un fraile dominico tan célebre en toda Castilla por su elocuencia en el púlpito, que en cuanto se anunciaba que iba a predicar en cualquiera parte, no quedaba pueblo alguno entre las cordilleras carpetana y pirenaico-cantábrica de donde no fuera gente a oírle.

II

La buena, la religiosa, la caballeresca, la hidalga, la histórica, la monumental ciudad de Burgos estaba alborotada con la noticia de que el famoso Pico de Oro iba a predicar en su santa iglesia catedral, y con tal motivo por toda Castilla la Vieja acudían las gentes como en romería a la ilustre caput Castellæ, aunque, como de costumbre, hacía en Burgos un frío que ya, ya.

¡Para qué quería Burgos capitanía general, ni audiencia, ni presidio, ni instituto, ni seminario, ni escuela normal, ni demonios colorados, si el famoso Pico de Oro fijase allí su residencia y echase aunque no fuese más que un sermoncito cada semana!


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4 págs. / 7 minutos / 189 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Un Siglo en un Minuto

Antonio de Trueba


Cuento


I

Esta narración necesita prólogo propio. En cambio, no le necesitan ajeno tantos y tantos libros como ahora salen con prólogo ajeno, a pesar de estar vivos y sanos, gracias a Dios, sus autores, y ser éstos muy listos y muy guapos para no necesitar que el vecino se encargue de decir al público lo que nadie mejor que ellos sabe.

En el de este libro he citado la opinión de cierto caballero particular que asegura son una misma cosa la mentira y la poesía, y no quiero poner término a estas narraciones sin hacer un esfuerzo para averiguar lo que haya de cierto en la susodicha opinión. El procedimiento de que me voy a valer es muy sencillo, pues consiste en contar algo que sea mentira, y luego ver si hay o no poesía en ello.

Tengo por mentira lo que voy a contar; pero también tengo mis temorcillos de que no lo sea, porque, además de ser personas muy verídicas y bien informadas unas buenas aldeanas de Güeñes, que me lo contaron una noche de Difuntos, mientras ellas hilaban y nosotros los hombres fumábamos a la orilla del fuego, he leido algo que corrobora su aserto en un libro que, si mal no recuerdo, se llama Leyendas de Flandes, escrito por un tal Berthout, o cosa así, y cuando una noticia anda de Vizcaya a Flandes, algo debe tener de cierta.

Moreto ha dicho que la poesía y la filosofía son una misma cosa, y si resultase que la poesía y la mentira tambien lo son, ¡buena, buena va a quedar la filosofía, tras lo mal parada que ha quedado en manos de los krausistas!

II

Allá hacia mediados del siglo XIV, eran célebres en Vizcaya dos caballeros, llamados, el uno, D. Juan de Abendaño, y el otro, Fortun de Mariaca, este último más conocido con el sobrenombre de Ozpina, que equivale a Vinagre.


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Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Desde la Patria al Cielo

Antonio de Trueba


Novela corta


I

Lector despreocupado: sí abres por la S el Diccionario geográfico, de Madoz, o cualquiera otro, encontrarás un artículito que dice, poco más o menos, lo siguiente:

«S..., concejo de las encartaciones de Vizcaya partido judicial de Balmaseda, con trescientos vecinos y una iglesia parroquial dedicada a San Fulano. Dista de Bilbao cinco leguas, y sesenta y cinco de Madrid.»

Aquí tienes todas las noticias geográficas, históricas, estadísticas, etc., que dan los libros acerca del rinconcito del mundo de que vamos a hablar.

Pero como el concejo de S... me interesa algo más que a los autores de Diccionarios geográficos, voy a suplir el desdeñoso laconismo de estos señores.

Verdaderamente, el concejo de S..., no tiene grandes títulos a la atención del viajero, y sobre todo si el viajero es despreocupado como tú.

Su iglesia es buena para glorificar y pedir consuelos a Dios; pero... pare usted de contar.

Los vecinos del concejo la tienen mucho cariño; pero ¿sabes por qué, lector despreocupado? Porque, según dicen, sus padres la construyeron amasando con el sudor de su frente la cal de aquellas blancas paredes; porque allí están enterradas las personas por quienes rezan y oran todos los días; porque allí recibieron ellos el agua santa del bautismo; porque allí se unieron para siempre con la compañera de sus alegrías y sus tristezas; porque allí alcanzan de Dios consuelo en sus tribulaciones, y porque allí la palabra del sacerdote les indujo, e induce aún a sus hijos, a amar y reverenciar a sus padres, a detestar el vicio y a adorar la virtud.

¿Qué te, parece, lector despreocupado? ¿Has visto simpleza igual?

Pues no para en esto la de los tales aldeanos.


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Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

El Expósito

Antonio de Trueba


Teatro


Personas

MARI-CRUZ.
MARTÍN.
ISABEL.
DON LIBORIO.
ANTÓN.
UN MOZO.


Portalada o plazoleta que precede a la puerta de una casería en la vertiente meridional del valle de Zemudio, en Vizcaya.— Un nogal grande sombrea la portalada.— Al pie del nogal, un banco rústico.— Sobre la puerta de la casería, un balcón con antepecho de madera y una parra por adorno y quitasol.— En el rondo del valle, heredades verdes y caserías blancas.— En la vertiente opuesta, en primer término, collados con algunas caserías rodeadas de heredades, y en último, las altas cumbres del Jata.— Al Oeste, el mar, que comienza en el abra que separa a Santurce y Algorta, y se ensancha y se dilata y se pierde en la azul inmensidad del horizonte.

Escena I

MARTÍN, solo.— Es un joven de veinte a veintidós años, que viste pantalón blanco de lienzo, blusa azul y boina encarnada.— Repican campanas hacia el fondo del valle, donde se descubre un campanario.


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Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

El Rico y el Pobre

Antonio de Trueba


Cuento


I

Éste era un caballero de Madrid, llamado don Juan Lozano, que tenía el oro y el moro, y gozaba tanto de los enemigos del alma, mundo, demonio y carne, que pasaba la vida rabiando.

Aunque esto último parece mentira, es una verdad como un templo (y califico de gran verdad al templo, no por su gran tamaño, sino por su gran verdad); y si no, expliquémonos, que explicándose se entiende la gente.

Don Juan vivía en la calle de Atocha, en un palacio cuyo lujo y comodidades eran el presulta del lujo y la comodidad (como decía Perico, el zapatero remendón de la guardilla de enfrente, llamado por mal nombre Carape, que entendía de latín tanto como yo); sus coches y caballos valían un dineral; en su mesa se servían hasta en día de trabajo los manjares más ricos que Dios crió o inventaron los hombres, y, por último, las chicas más, guapas que paseaban por Madrid se despepitaban por don Juan. Pues a pesar de todo esto, y mucho más que no es para dicho, don Juan pasaba la vida rabiando, porque el regalo y el placer habían estragado de tal modo su cuerpo y su alma, que lo que a todo el mundo le sabe a gloria, a él le sabía a rejalgar de lo fino; y así era que nunca se le veía reír, y siempre estaba con una cara de condenado, que metía miedo.

A Perico, el zapatero de enfrente, le sucedía todo, lo contrario que a don Juan: era más pobre que las ratas, y, sin embargo, era más rico que don Juan el de enfrente. Esto último también parece mentira, y no lo es; y en prueba de ello me contentaré por ahora con decir que Perico se pasaba el día, y aun la noche, canta que canta, fuma que fuma, y echa que echa chicoleos a su mujer, aunque era más fea que el voto va Dios.


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21 págs. / 38 minutos / 103 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

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