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autor: Antonio de Trueba


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Narraciones Populares

Antonio de Trueba


Cuentos, Colección


A Don Eduardo Bustillo

No debo, querido Eduardo, contentarme con dedicarte este libro, como si dijéramos, a secas, porque eso sería, en primer lugar, como si un hermano, al encontrarse con el hermano querido, después de larga ausencia, lo saludase con un «beso a Vd. la mano,» y, en segundo lugar, sería desperdiciar una buena ocasión de decir al público, por el sistema de «a ti te lo digo, nuera, entiéndelo tú, mi suegra,» lo que acerca de este libro necesito, o, cuando menos, deseo decirle.

Antes de todo te diré por qué llamo a este libro Narraciones populares. Confiésote, aunque no te guste, pues eres algo menos reaccionario que yo, que a pesar de mi antigua afición a lo que se llama el pueblo, porque procedo de esta clase social, porque casi siempre he vivido entre ella y porque he dedicado, buena parte de mi vida al estudio de sus sentimientos y costumbres; confiésote que me va ya apestando el calificativo de «popular,» porque, de algún tiempo a esta parte, se, abusa de él tan escandalosamente como te lo probarán dos ejemplos que voy a someter a tu consideración. En estos últimos años, en que tanto se han cacareado la libertad y los derecho individuales, he visto en una capital de treinta mil almas, rica, culta, liberal, independiente, altiva, llamar ayuntamiento popular al elegido por ciento cincuenta ciudadanos, únicos a quienes había permitido votar el garrote de dos aprendices de torero, y he visto en la misma, provincia llamar también ayuntamientos populares a una porción de ayuntamientos elegidos a culatazos por un pelotón de soldados.


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Dominio público
182 págs. / 5 horas, 19 minutos / 400 visitas.

Publicado el 5 de enero de 2019 por Edu Robsy.

La Casualidad

Antonio de Trueba


Cuento


I

Eran frecuentes mis escapatorias de la villa a la aldea natal, adonde me estaban siempre llamando la familia, los amigos, los recuerdos de la niñez y mi afición a la vida campesina.

Llegué a la aldea al anochecer de un día de Invierno, y como llegase cansado y hacía frío y la noche era obscura, me instalé inmediatamente junto al hogar, y siguiendo el consejo de mi padre y mis hermanos, reservé para la mañana siguiente la visita a los amigos y compañeros de la infancia, a pesar de lo muy grata que me era siempre esta visita y de mi impaciencia por hacerla.

Algunos amigos míos, menos egoístas y no más descansados que yo, pues habían pasado el día trabajando en sus heredades, arrostraron el cansancio y el frío y la obscuridad, para ir a verme tan pronto como supieron mi llegada.

Con tal motivo, aquella noche había gran tertulia en casa. Mis sobrinitos, que ordinariamente se acostaban al anochecer, con un huevo o una taza de leche casi todas las veces, y las demás con la añadidura de un azote que les daba su madre con toda la suavidad que permitía el caso, para corregir las mañas en que incurrían cuando el sueño les rondaba, estaban aquella noche despabiladísimos, y todas las amenazas de su madre de que haría y acontecería con ellos si no se iban a acostar eran inútiles, pues poniéndose bajo la salvaguardia del tío y del abuelo, las desafiaban valerosamente.


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Dominio público
13 págs. / 22 minutos / 57 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Cuentos Campesinos

Antonio de Trueba


Cuentos, colección


Al Sr. D. Carmelo Puyol

Hace dos años dediqué un libro á las costumbres campesinas de Vizcaya que había observado en mi niñez, y ahora dedico otro á las costumbres campesinas de Castilla, que he observado en mi mocedad. Sin embargo, los CUENTOS DE COLOR DE ROSA se idearon en Castilla, y los CUENTOS CAMPESINOS se idearon en Vizcaya.

¿Por qué el autor de este libro pensaba en Vizcaya cuando estaba en Castilla, y en Castilla cuando estaba en Vizcaya? No era porque las cosas vistas desde lejos son más hermosas que vistas desde cerca, no; era porque el autor de este libro divide su amor entre Vizcaya, donde pasó la infancia, y Castilla, donde pasó la adolescencia; dos épocas de la vida que llenan el corazón de infinito amor y de infinitos recuerdos.

Desde su hogar, divisa usted, noble y leal amigo mío, allá en la falda del monte, unos nogales que dan sombra á una casa, y allá en el fondo del valle, unos fresnos que dan sombra á una iglesia. ¡A la sombra de aquellos nogales duermen las memorias de mi infancia, y á la sombra de aquellos fresnos duerme para siempre mi madre!

¡Cómo no ha de parecerme ese valle tan hermoso desde cerca como desde lejos!

Desde mi hogar diviso los campos donde agitaron mi corazón todos los sueños de amor y gloria de mi juventud, donde la amistad me prodigó su cariño, donde la experiencia y los libros iluminaron mi inteligencia, donde el trabajo y el dolor enaltecieron mi alma, y donde Dios me consoló con el sol que hace brillar su mirada y las flores que hace brotar su aliento.

¡Cómo no han de parecerme estos campos tan hermosos, desde lejos como desde cerca!

Aquí, tiene usted explicado por qué hace dos años dediqué un libro á Vizcaya, y ahora dedico otro á Castilla. Fáltame ahora explicar cómo concebí la forma de este libro.


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Dominio público
270 págs. / 7 horas, 54 minutos / 193 visitas.

Publicado el 23 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

Ibaizábal y Compañía

Antonio de Trueba


Cuento


I

Frescos como la nieve del Gorbea y el Aitzgorri, y limpios como la honra de las tres hermanas que al pié de aquellos excelsos montes se asientan, bajaban hacia Bilbao dos robustos aldeanos, naturales y procedentes, el uno de las montañas del lado de Durango, y el otro de las del lado de Orduña.

Para guarecerse de los rayos del sol, que picaba de lo lindo, se daban sombra con ramas-de castaño, de roble, de nogal, de haya y de otros árboles; y para regalar su olfato y realzar su gallardía, se habían adornado con sendos ramilletes formados con la flor de los cerezos, los perales, los manzanos y los melocotoneros que encontraban á su paso.

No hacían su viajo en ayunas, que llevaban el vientre bien repleto de ricas truchas, anguilas, loinas y bermejuelas, sazonadas con tragos de las buenas fuentes, algunas medicinales, que habían encontrado en su camino; porque ambos viajeros, como-eran aguados, habían pasado de largo por delante de las ventas y caserías en que se vendía el zumo de la uva foránea, ó el de la uva y la manzana indígenas.

Durante su viaje habían dado pruebas de serviciales y amigos de fomentar la industria y la agricultura patrias, ya impulsando con su empuje las ruedas de los molinos y ferrerías, ya regando los huertos y las arboledas con que tropezaban.

Al llegar á la jurisdicción de Galdácano, un poco más de una legua más arriba de Bilbao, se encontraron de repente, sin haberse visto hasta aquel instante, y después de saludarse con la cortesía y fraternidad propias de la gente de su tierra, trabaren conversación en los términos que sabrán los que leyeren ú oyeren leer.

II

—¿De dónde se viene, buen amigo, aunque sea mal preguntado?

—Do hacia Orduña.

—Qué, ¿es usted de por allá?

—Para servir á Dios y á usted.

—¿De qué parte?


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Dominio público
10 págs. / 18 minutos / 49 visitas.

Publicado el 24 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

Rebañaplatos

Antonio de Trueba


Cuento


I

Tomillarejo y Retamarejo son dos pueblecillos de la Alcarria que, como quien dice, se dan la mano, y siempre tendrá cada uno sus cincuenta vecinos.

Aunque en los nombres de Tomillarejo y Retamarejo haya alguna semejanza, no sucede así en el carácter de sus habitantes, porque todo lo que tienen de sencillotes y a la buena de Dios los de Tomillarejo, tienen los de Retamarejo de maliciosos y otras cosas que me callo, porque no he de ser yo tan murmurador y burlón como ellos.

Andando por aquella comarca a caza, no de liebres ni conejos ni perdices, que sólo cazo en el plato cuando se me ponen a tiro, sino a caza de curiosidades populares, que son mi encanto, descubrí ambos pueblecillos desde un altillo que hacía la carretera, y me parecieron tan pintorescos, tan floridos y tan aromosos, que me decidí a pasar un par de días en cualquiera de ellos.

Era por el mes de mayo, y los dos pueblos parecían dos colmenas en el centro de dos ramilletes de flores; sólo que las flores que rodeaban a Tomillarejo eran blancas y azules, y las que rodeaban, a Retamarejo eran amarillas.

Anduve, anduve hacia Retamarejo, que era el primero, y estaba separado de Tomillarejo por una verde loma donde había una ermita, y entonces vi que las flores amarillas eran de retama y ruda.

—¿De qué serán las de Tomillarejo?—me pregunté—

Y una dulce tufaradilla que me trajo de hacia allá la brisa de la mañana me contestó que eran de tomillo y romero.

—Pues a Tomillarejo me voy dije para mí —que


Retama y ruda me carga
por inodora y amarga,
y amo romero y tomillo
por oloroso y sencillo.
 

Pero como Retamarejo me salía al paso, no quise seguir adelante sin detenerme un poco en él a descansar y ver las curiosidades, que para mí no faltan en pueblo alguno, por miserable que sea, con tal que tenga iglesia parroquial o algo que se le parezca.


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Dominio público
18 págs. / 32 minutos / 55 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

La Viña Mágica

Antonio de Trueba


Cuento


I

La Humanidad tuvo en los tiempos antiguos quien la redimiese del pecado, y en los tiempos modernos tiene quien la redima de la miseria. Si bendice al redentor antiguo, también debe bendecir al moderno, porque los hijos de la miseria no son tiranos menos abominables que lo eran los hijos del pecado.

El redentor antiguo era Jesús, entre cuyas maravillosas virtudes se contaba la de multiplicar los peces y los panes y dar salud al enfermo y alegría al triste por obra exclusiva de su santa voluntad. El redentor moderno, que también tiene la virtud de multiplicar el alimento del hombre y devolver a éste la salud del cuerpo y aun la del alma, es el que va a ser santificado y bendecido en este cuento que recogí en los campos de mi infancia, cuando Dios derramaba en ellos su bendición y no Caín la sangre de su hermano.

II

El valle de Somorrostro se extiende cerca de dos leguas de Oriente a Ocaso, entre una cordillera férrea y otra volcánica que siguen la misma dirección: la férrea resguardándole del calor y la violencia de los vientos meridionales y enriqueciéndole con el precioso e inagotable metal que encierra en sus entrañas, y la volcánica protegiéndole de la furia del mar Cantábrico y de la frialdad de los vientos boreales, y alegrándole con el jugo de las vides que cría en sus estribaciones y faldas del Mediodía.

Junto a su extremo occidental crúzale, de Sur a Norte, un vallecito secundario, de modo que el valle de Somorrostro, parece una cruz tendida, cuya peana es Baracaldo, cuya cabeza es Larrigada, y cuyos brazos constituyen el vallecito de San Juan del Astillero, apoyándose el extremo Sur de estos brazos en Galdames, y el extremo Norte en el mar.


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Dominio público
29 págs. / 51 minutos / 68 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Lozoya

Antonio de Trueba


Cuento


I

El pecho sacó fuera
el río, y le habló de esta manera.

(Fr. Luis de León.—Prof. del Tajo.)


Más fresco que una lechuga y más limpio que la plata, el serranito Lozoya saltaba y corría y hacía doscientas mil diabluras en el apacible valle de la Oliva, cuando allá por el año de 1852 se encontró de manos á boca con unos señores madrileños, que le dijeron:

—¡Alto ahí, buen amigo! Traemos orden de Su Majestad la Reina para prenderle á usted y llevarle á Madrid.

—¡Vayan ustedes adonde se fué mi dinero!—replicó Lozoya sin dignarse detener el paso.—¿Que tengo yo que ver con la Reina ni con Madrid?

—Eso no es cuenta nuestra. Deténgase usted y no se ande con juegos, que nosotros somos mandados, y el que manda, manda.

—¡Pues les digo á ustedes que no me detengo! ¡Caracoles! ¡También es mucho cuento esto de que ni en los valles más solitarios le han de dejar á uno vivir en paz y en gracia de Dios! ¿Me moto yo con alguien acaso?

—Hombro no sea usted majadero, que no se le va á llevar á Madrid para nada malo. Se le construirá á usted un magnífico palacio en el Campo de Guardias; se le liarán á usted dentro de Madrid caminos cubiertos para que no le molesten los carruajes, ni la gente, ni el sol, ni la lluvia, ni el viento; se le admitirá á usted en las casas principales de la corte; tendrá usted entrada en los jardines...

—Pues dénlos ustedes muchos recados al palacio y á los caminos y á las casas y á los jardines, que yo me encuentro tan ricamente aquí, y no tengo gana de conversación. ¿Están ustedes enterados? Con que beso á ustedes la mano.

—¡Oiga usted!...

—Al otro oído, que por éste no oigo.

Y así diciendo, Lozoya apretó el paso murmurando no se qué y echando espumarajos de coraje.

—¡Favor á Isabel II!—gritaron los madrileños.


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Dominio público
8 págs. / 14 minutos / 41 visitas.

Publicado el 23 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

El Fomes Pecatti

Antonio de Trueba


Cuento


I

Con esta pícara afición que desde chiquitín he tenido a averiguarlo todo, menos aquello cuya averiguación es pecado, apenas llegó a mi noticia el aforismo teológico de que todos tenemos dentro del cuerpo el fomes peccati, me entró gran comezón por averiguar, no si el aforismo era cierto como regla general, pues no dudaba que lo fuese, sino si esta regla tenía su excepción como todas.

Molí con mis preguntas a todo Dios, incluso la historia civil y religiosa, y todas las contestaciones que obtuve fueron que, en efecto, el fomes peccati se encierra en todo cuerpo humano, sin excepción de los más santos. Generalmente estas contestaciones se resentían de cierta metafísica, y, por consiguiente, su aridez y oscuridad las hacía inadecuadas para incluirlas en el género de literatura lisa y llana y a la buena de Dios que yo cultivo; pero entre ellas había una que no tenía aquella condición, y por consecuencia aquel inconveniente y esta contestación, que es la de la tradición. popular, es la que voy a confiar al público, un poquito ampliada y glosada, eso sí, pero en lo esencial sin quitarle punto ni coma.

Veamos, pues, con qué ejemplos al canto me afirmó la tradición popular ser cierto que todos tenemos el fomes peccati dentro del cuerpo; unos en la cabeza, otros en la boca, otros en el pecho, otros en el estómago y otros aún más abajo, como que hasta en los pies le tienen muchas personas.


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Dominio público
29 págs. / 50 minutos / 66 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Pico de Oro

Antonio de Trueba


Cuento


I

Trabajillo nos costará, ahora que estamos en invierno, trasladarnos, aunque sólo sea con la imaginación, a la ciudad de Burgos, dejando la benigna temperatura de las marismas de Vizcaya, donde fructifican el naranjo y el limonero, porque la temperatura de Burgos es tan fría, que allí, cuando el termómetro de Reaumur baja al grado de congelación, exclaman las gentes. «¡Qué, si tenemos una temperatura primaveral!» Pero ello, no hay remedio, hemos de trasladarnos allá, si hemos de oír al famoso Pico de Oro, que va a predicar en la nunca bastante ponderada catedral de Burgos.

¿No saben Vds. quién es Pico de Oro? Pues él muy nombrado es, porque en las iglesias siempre está uno oyendo exclamar a las mujeres: «¡Jesús, qué pico de oro!»

No sé si habrá más picos de oro que uno; pero el de mi narración era un fraile dominico tan célebre en toda Castilla por su elocuencia en el púlpito, que en cuanto se anunciaba que iba a predicar en cualquiera parte, no quedaba pueblo alguno entre las cordilleras carpetana y pirenaico-cantábrica de donde no fuera gente a oírle.

II

La buena, la religiosa, la caballeresca, la hidalga, la histórica, la monumental ciudad de Burgos estaba alborotada con la noticia de que el famoso Pico de Oro iba a predicar en su santa iglesia catedral, y con tal motivo por toda Castilla la Vieja acudían las gentes como en romería a la ilustre caput Castellæ, aunque, como de costumbre, hacía en Burgos un frío que ya, ya.

¡Para qué quería Burgos capitanía general, ni audiencia, ni presidio, ni instituto, ni seminario, ni escuela normal, ni demonios colorados, si el famoso Pico de Oro fijase allí su residencia y echase aunque no fuese más que un sermoncito cada semana!


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 191 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

La Fuente de la Sabiduría

Antonio de Trueba


Cuento


Cuento popular recogido en la merindad de Marquina (Vizcaya)

I

Sancho López de Urberuaga, no se había tenido nunca por tonto, ni por tal había tenido nadie, sino antes bien, por tan discreto como los viejos de la merindad de Marquina decían haberlo sido cuando mozo el caballero de Barroeta, cuya tontería había llegado á ser proverbial desde el Urola al Lea, y desde el mar al Urco y Oiz; pero empezaba á creerse tan falto de seso, como el caballero de Barroeta lo era desde que salió de la mocedad, y las gentes más discretas empezaban á participar de su opinión.

La razón que tenía el solariego de Urberuaga para sospechar que se había tornado tonto como el caballero de Barroeta, es lo que en breves cláusulas voy á explicar.

Dejóle su padre buena casa, buena ferrería. buen molino, buena heredad, labrantías, buenos bosques de carboneo, buenos ganados y buenos castañares y manzanares, y á pesar de no haber sido nunca holgazán, ni vicioso ni manirroto, de tal modo había menguado su herencia paterna, que quedaba reducida á la casa solar, ya tan desvencijada, que á no ser por la yedra, que la abrazaba y sostenía hubiera dado en el suelo; á unas tierrecillas labrantías, dilatadas á modo de estrechos listones, á ambas orillas del río, desde la revuelta que éste da pasado el solar de Ubilla, hasta Aspilza; el bosque costanero que dominaba el solar á la banda diestra del río; y hasta una veintena de cabezas de ganado mayor y menor, y no cuento entre los cortos bienes de Sancho, la ferrería y el molino de Aspilza, porque éstos, lejos de ser labrantes y molientes, como lo eran cuando de su padre los heredó, eran ya sendos montones de ruinas por haber carecido y carecer su señor de haberos monedados para conservarlos y repararlos.


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Dominio público
11 págs. / 20 minutos / 71 visitas.

Publicado el 24 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

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