Textos más populares esta semana de Arturo Robsy

Mostrando 1 a 10 de 184 textos encontrados.


Buscador de títulos

autor: Arturo Robsy


12345

Peripecias

Arturo Robsy


Cuento


Uno de los ultimos domingos del verano, seis amigos decidimos salir de excursión, una excursión a la antigua, a base de transportar cada uno parte del condumio, juntarlo todo una vez llegados al lugar y deglutirlo mezclado con reparador vinillo.

Seis éramos, seis. Seis tipos jóvenes, no excesivamente atolondrados ni absolutamente cuerdos. Seis muchachos y un utilitario que debería soportarnos durante algunos quilómetros (pues pensábamos ir a Cala Blanca desde Mahón).

Uno era el encargado del pan. Otro el del vino. Otro llevaría el aceite, el vinagre y la sal; otro más la leche, el tomate y la cebolla para la ensalada. El quinto el fuego y los cacharros de cocina, y el sexto, yo, la comida propiamente dicha. Los huevos y la carne y alguna lata para el aperitivo.

Salimos, por fin, con el retraso previsto. Enfilamos la carretera canturreando sin demasiado éxito. Las canciones entre seis muchachos ni excesivamente atolondrados ni absolutamente cuerdos, pronto degeneran y se vuelven groseras más que picantes. Por ejemplo, aquella que empieza:


"La vaca,
chunda-chún,
del Eleuterio,
chunda-chún,
ha sido sorprendida
en adulterio,
chunda-chún."


No es que nuestros pulcros oídos nos impidiesen escuchar este tipo de canciones, ni que virginal rubor nos invadiera al oírlas. No, qué va. Pero como todos conocíamos muy bien sus argumentos, resultaban un entretenimiento bastante flojo a aquellas alturas.

Terminamos la que estaba empezada:


"Y con eso,
chunda-chún,
de las vacas disipadas,
chunda-chún,
andan los toros a cornadas..."


Entonces voy y propongo que cada uno cuente una historia divertida mientras llegamos. Somo seis y el coche va cargado, pero sabe correr: basta con dejarle floja la rienda y despreocuparse. De esta manera tendremos tiempo de sobra en el camino para contar cada uno nuestro chiste.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
6 págs. / 11 minutos / 55 visitas.

Publicado el 18 de julio de 2021 por Edu Robsy.

Hombre Sin Retorno

Arturo Robsy


Poesía


Principio

¿Quién no ha oído hablar de la poesía que promete? Más allá de lo que cada uno de los versos que siguen dice, más allá de las palabras que los componen, alienta una promesa general de renovación y éxito.

El presente libro es una corta antología de la obra del poeta del que nos preguntamos si es falangista porque es poeta o si es poeta porque primero fue falangista. Quiso el hombre salir del paso con diez romances nacidos en la noche mágica del último 18 de Julio, pero al fin este libro ha sido lo que tienes en las manos: una breve antología de urgencia de una obra amplia.

Hombre sin retorno plantea, desde su título, las tres angustias básicas del pensamiento de su autor: la de la Patria, en la que cree profundamente; la del Tiempo, en el que confía, y la de la Esperanza.

Es la suya una postura poética que, afortunadamente, excluye las dudas negras. El poeta cree en sólidas ideas y las explica a golpes de ilusión y hasta de ira. Se alista definitivamente en el futuro y quiere hacer de su palabra espuela, voz amiga que consuele y llamada que convoque a empresas vitales más amplias.

Con este primer libro de poemas, Hombre sin retorno, Editorial Ímpetu se suma también al ya extenso movimiento poético falangista y patriótico, llamado a ser la conciencia más limpia de las ambiciones de un pueblo que no se decide a olvidar ni a abandonar sus sueños. Arturo Robsy no necesita otra presentación: es de sobra conocido en la Menorca vital en la que ejerce de ilusionada conciencia.

El lector le encontrará en la mejor vena del romance, popular y sentidísimo, acusándonos a todos:


Nuestra vergüenza secreta
gritará durante siglos
en el corazón del tiempo.
Ojalá nos mates flechas
antes que soportar yugos,
y en el cielo los luceros,
y los hijos en el mundo,
tachen nuestro nombre negro.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
17 págs. / 30 minutos / 34 visitas.

Publicado el 8 de noviembre de 2025 por Edu Robsy.

Mínimas Razones

Arturo Robsy


Artículos, política, ensayo


Lo electoral y lo real

El esfuerzo publicitario que han llevado a cabo todos los partidos con posibles plantea una cuestión grave a la sociedad: los electores han votado con arreglo a una campaña a de imagen, y eso quiere decir que han elegido entre la oferta publicitaria influidos por simpatías, antipatías y el talento de los hombres de las relaciones públicas. ¿Pero hay más socialistas tras las elecciones que antes? ¿Se ha convertido algún nuevo elector a la ideología política que ha votado?

No ha sido así, y eso quiere decir que mayorías y minorías son inestables; tanto al menos como lo es la popularidad. Lo electoral vale para las elecciones, pero no después. Los argumentos electorales quedan sin efecto cuando se trasladan al plano político, y el supuesto apoyo popular al líder no equivale, en modo alguno, a que se apoye su ideología, pues ésa no ha sido votada en realidad.

¿Puede alguien afirmar que la mayoría desea una España socialista? No: han querido a Felipe González de presidente del Gobierno de España; España a secas, sin apellidos, sin ideologías. ¿Están las ideas de España en el Parlamento? ¿Están sus costumbres, sus tradiciones y su cultura? ¿Está en él su visión del mundo? Pues si no están, España no podrá ser gobernada por su mayoría política, y será, como ya es, una nación que se desnacionaliza, que se pierde, que se ignora a sí misma.

La distancia que va entre lo electoral y lo real es la misma que media entre los gobernantes y los gobernados. Pasadas, pues, las elecciones, debieran los políticos averiguar qué quieren los españoles, con qué urgencia y por qué. De lo contrario no gobernarán: alimentarán iras que acabarán por herirlos. La historia, como los ríos, tiende a pasar siempre por el mismo cauce.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
36 págs. / 1 hora, 4 minutos / 32 visitas.

Publicado el 22 de noviembre de 2025 por Edu Robsy.

Aventura

Arturo Robsy


Cuento


Cuando Apolo era joven y andaba por las ciudades de Grecia estudiando medicina, su carácter admiraba a todos sus condiscípulos: reidor y alegre, no desdeñaba la última copa nocturna en la taberna oscura y pobre, ni el beso comprado a la puerta del burdel, ni la chirigota truhanesca en la persona de algún profesor despistado (por ejemplo, el de historia que, desde la última Olimpiada, tras la gripe asiática, tenía puesto un pie en la barca de Caronte).

Sin embargo Apolo también sabía ser serio cuando la ocasión lo requería y pasaba por el más correcto de los muchachos de su cuadrilla. Pasable atleta y mejor orador, acudía todos los días al ágora para instruirse con los discursos de los ciudadanos y, también, componer hermosos versos en honor de tal o cual muchacha que, por entonces, llenaba sus pensamientos.

Huelga decir que Apolo era un mozo bello y bien planteado, y que las niñas gozaban con su compañía por más que nunca dejaban de mirarle como a un juguete encantador, un lindo muñeco parlante lleno de sonrisas, pero frío. Y Apolo lo sabía y se entristecía en su corazón, porque él hubiera querido tener una novia como los demás, una mujercita cándida (o no) a la que contar sus pequeños desengaños de adolescente en estudios, sus enormes ideas de poeta joven y sus blancas ilusiones de dios en sazón.

Vivía de pensión con su hermana Diana, con la que compartía habitación, secretos y yantar, y, con ella también, salía de caza todos los festivos en busca del corzo descuidado o del jabalí poderoso; pero estas ocupaciones no bastaban a apagar los fuegos de su alma saltarina y si su hermana --irreductible virgen-- se conformaba con ligeros escarceos, él andaba necesitado de un amor profundo y verdadero que viniese a completar la paz de espíritu que sus versos le anticipaban.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
5 págs. / 9 minutos / 68 visitas.

Publicado el 11 de julio de 2021 por Edu Robsy.

Retrato de Navidad

Arturo Robsy


Cuento


(A las tantas de la tarde del día veinticuatro o día de Nochebuena. Por las calles húmedas viene y va la gente. "Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad". "Dame la bota, María, que me voy a emborrachar". "Y al Niño recién nacido los pañales le han robado". Esta gente es, según su piel, blanca, sonrosada y atezada. Según su vestido, gris, negra, verde, ocre, marrón y azul. Según su pelo, negra, dorada, roja y marrón. Y, así, todos los colores acaban por cernerse sobre cada persona, según sus ojos, sus uñas, sus ilusiones y sus miserias).

Por estas calles sin cielo (porque el cielo amenaza lluvia y ruina de alegrías) los amigos catalogan escaparates y jovencitas; aspiran con glotonería el olor a refrito que sube de las bodegas y que revolotea en torno a los bares; hablan de Navidades ya desvanecidas donde hubo aventuras, trasnochos vinosos y canciones que tiritaban en el alba fría.

A esos amigos me acerco precisamente. Mañana tal vez necesitarán tisanas para despejar las ideas, pero hoy, en mitad de la tarde que termina, están lúcidos y poseen todos los rincones de sus ilustres cabezas.

—Encuesta Pública: ¿Qué es la Navidad? —pregunto.

—Págate un vino y tendrás respuestas.

(Así pues, bajamos al calorcillo de una bodega y nos instalamos en mitad de ese tufo a gente, de los humos conjugados del aceite y del tabaco, y nos ponemos a beber a tragos cortos, que es como se bebe de verdad).

—La Navidad —me dice Miguel— es un pretexto.

—¿Para qué?

(Miguel abre los brazos como un viejo Cristo velazqueño).

—Para todo. Para bebe, como ahora nosotros. Para gastar. Para cantar. Para hacer regalos. Para alegrarse. Para vender...

(Vicente interviene sonriéndose para adentro).

—Hay una teoría: que se celebra el nacimiento de un Dios, del Dios Hijo. Pero sólo es una teoría.

—¿Por qué? —vuelo a preguntar.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
8 págs. / 14 minutos / 70 visitas.

Publicado el 7 de septiembre de 2020 por Edu Robsy.

Hablar de España

Arturo Robsy


Ensayo, Política


DELANTAL QUE SE PONE AL LIBRO.

Panorama

El hombre es un ser sometido a instintos, como el de conservación o el gregario, y a reflejos como el de la búsqueda (qué difícil es dejar de buscar algo extraviado). Sometido. No hay libertad frente a ellos ni frente al tiempo que toca vivir. Llegar a percibir que hoy no es ayer, que se han modificado los principios activos de nuestro mundo, es difícil. Más si se trata con demagogia.

Hay que contar siempre con que la metafísica no pesa en los postulados que rigen el rumbo de la sociedad. Hay que atenerse, críticamente, a lo que hay, sabiendo que no se busca lo permanente y que se silencia la trascendencia de lo que realmente trasciende.

El mundo del hombre, el único verdaderamente accesible, es la sociedad y, en específico, la propia, en la que se ha formado y cuyo paso debe seguir, a gusto o a disgusto, o aceptar el riesgo de quedarse fuera. La sociedad es un sino, algo a lo que estamos condenados, un principio automático de sometimiento que, si falla, es restaurado por la coacción o la coerción: Policías y jueces cuidan de ello. Y quienes legislan.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
55 págs. / 1 hora, 37 minutos / 169 visitas.

Publicado el 14 de julio de 2016 por Edu Robsy.

El Ancla del Espíritu

Arturo Robsy


Cuento


Allá cuando la infancia se convierte en ensueño y el bozo apunta, el director espiritual del instituto, hombre santo llamado Alberto, que cerraba los ojos para atreverse a hablar del espíritu a los alumnos, percibió la clave de Julio. Se la reveló en el confesonario, después de la absolución:

—Julio: tú eres un místico.

Por si acaso, el mozo miró en el diccionario. Hubiera preferido ser guitarrista por ciencia infusa, o donjuán con arte de embaucamiento, pero era místico a decir del clérigo.

Como dolía poco, lo dejó estar, no antes de leer los poemas de Juan de la Cruz. Se le clavaron en el pecho y, en cada herida, sintió florecer una rosa. Una sensación muy extraña, pero un joven no puede presentarse en la consulta del médico y explicarle que hay poemas que le perforan el pecho, circunstancia que aprovechan las rosas para florecer por los intersticios. Hasta un especialista pensaría mal y recetaría baños fríos.

Los años, a falta de mejor ocupación, le fueron esculpiendo. Empezó a parecerse a un árbol que tendiera las ramas hacia el cielo. Los ojos se le hicieron grandes y le servían por igual para mirar hacia adentro y hacia afuera. Las estrellas, malévolas, cogieron la costumbre de reflejarse en ellos.

También se le alargaron las manos y los dedos. Cualquier literato hubiera diagnosticado sin dificultad: Manos sensitivas. De poeta, de artista, de pianista. Pero Julio, que no lo sabía, se hacía un lío con ellas.

Julio prendía hogueras para encandilarse con el baile de las llamas. Seguía sus arabescos con la vista y, perdido en el laberinto, penetraba en mundos ignorados. Estaba cansado de contemplar soles azules. Alguna que otra vez había visto mares blancos, de plata. Hasta en una ocasión le pareció percibir el aire perfumado de las alas de un ángel dándole en la cara.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
4 págs. / 7 minutos / 107 visitas.

Publicado el 21 de abril de 2016 por Edu Robsy.

Primeras Crónicas Populares del Viejo Buda

Arturo Robsy


Cuento


Buda ha sido, sin duda, uno de los cinco hombres que más han influido en el Pensamiento Universal. Yo, como el doscientos por cien de los españoles, al pensar en Buda imaginaba estatuas con enormes brazos debajo del vientre, piedras con la pátina de la edad, exóticos nombres como Yokohama... Pero la resonancia de Buda fue tal que el pueblo —su pueblo— se le apoderó de la figura para transplantarla a una mitología del más puro sabor popular.

Martin Hoenülher tradujo al bávaro una pequeña colección de Máximas de Buda oídas a los nativos (mientras comían con curry) durante su viaje a La India en 1837. He tomado nota de algunas de ellas, porque el lector menorquín merece sonreír un poco y meditar otro poco ante estas perlas de sabiduría popular, tan parecidas algunas a nuestro refranero.

Retrato de Buda

Era un viejecito —no un hombre viejo— miope, profundamente alegre, con el vicio de inclinar la cabeza para escuchar (quizá a causa de una sordera no confesada), el de tomarse seriamente las cosas serias y el de sonreír por encima de todo. Pasó la vida recorriendo el mundo, hablando lo imprescindible y meditando. Al contrario que muchos pensadores occidentales, él no encontró amargura en el poso de las cosas, ni se inclinó por la crítica acerba.

—Vivir, como morir —dijo en los últimos golpes de la agonía— sólo tiene un inconveniente: la espera.

Anduvo muchos caminos Buda. Se adentró en mil nuevas fronteras y su ingenio (mucho más castizo de lo que el lector pueda imaginar) quedó ahí, a la vista de todos, dando definitiva y precisa fe de cómo se puede ser santo sin pasar por tonto.

(¡Ah, estos hindúes! Si un día se comen las vacas no sabrán qué hacer con tanto cuerno).

Primera serie

(Máximas Cortas. By Martin Hoenzülher. Edición en bávaro de 1838)

1ª

(Reinaba Chundraguptha)


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
5 págs. / 9 minutos / 71 visitas.

Publicado el 11 de julio de 2021 por Edu Robsy.

Cuestionarios

Arturo Robsy


Cuento


"Esto no es cierto. Cuando lo sea, los tiempos habrán llegado".

Consultorio 501

Internista Sr. D. Víctor. Consultas los martes y jueves.

Jueves por la mañana

—Buenos días, señorita.

—Buenos días. Usted dirá.

Rogelio mira la sala de espera: doce personas sobre doce sillas, un jarrón vacío, unas revistas en mal estado y una enfermera protegida tras una rectilínea mesa de material plástico.

—Quisiera ver al doctor.

—¿Tiene hora?

Rogelio consulta su reloj de pulsera un poco extrañado.

—Las nueve y media.

—No, no. Digo que si tiene hora fijada para la consulta.

—No, no. Resulta que me duele aquí. Bastante, ¿sabe usted? En el taller me han dicho que viniera para acá a que me...

—Lo siento. El doctor Víctor tiene mucho trabajo.

—Sí, claro. Lo siento. Pero como me duele...

La enfermera se apiada y consulta su libro: uno de esos cuadernos de tapas impresionantes donde se escribe el nombre del enfermo y la hora de visita que le corresponde. Rogelio parpadea angustiado: no es un quejica, pero desde la mañana los dolores son más y más fuertes y algo tiene que hacerse para acabarlos.

—No va a poder ser esta mañana... A ver... Sí: por la tarde hay un huequecito. A las siete. ¿Le va bien?

—Sí, sí. No creo que sea algo importante, pero en el taller me han dicho: ve a donde el doctor Víctor, y yo...

—Tenga. Rellene este cuestionario con todos los detalles y me lo entrega luego.

Rogelio no tiene bolígrafo, pero no sabe cómo decírselo a la enfermera. Además, su letra no es muy clara y siente los doce pares de ojos de los doce pacientes metidos en su espinazo: le vigilan para que no les pise la vez y se les cuele.

—No he cogido el bolígrafo... Como no sabía que hiciera falta...

—Tenga.

Súbitamente desconfiada, la enfermera le avisa:


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
4 págs. / 7 minutos / 51 visitas.

Publicado el 16 de julio de 2021 por Edu Robsy.

Tírese Después de Usar

Arturo Robsy


Cuento


A no es siempre A (salgo en algunos momentos).

C no es A (hasta que se demuestre lo contrario).

B coincide siempre con A y con C.

Éste es el cuento: un imposible lógico.

(Recuerden: A no es no-A. Si C no es A, B=A no puede coincidir con C. B no puede ser más que B).

Y, sin embargo, uno puede ilustrar el cuento anterior a fin de que la lógica clásica (tan "clásica" como la trirreme) medite largamente.

Imaginen el Buen Hombre que se casó a los veintiocho años, justo en cuanto tuvo apañadito lo porvenir. De eso, por supuesto, hace ya otro veinte. Procedente de un pueblo urbano, sus alternativas estaban entre la "industria" y los "servicios". En la industria, jamás hubiese llegado a gerente; ni siquiera a segundo contable. Y eso lo sabía él. En la industria no se asciende (casi nunca) a las oficinas desde las máquinas. El siervo del acero, como recompensa, cambia de aparato y su escala va desde los más simples e incómodos, casi manuales, a los automáticos y semi-perfectos artilugios que sólo por compromiso tienen a un hombre delante. Después se interrumpe el escalafón. Y, sin máquina ya, uno se convierte en encargado, jefe de sección, de taller o capataz. No más. No queda, por cierto, el tiempo suficiente.

En los servicios, las cosas van de otro modo. Existe realmente una posibilidad de promoción. Existe un escalafón más o menos rígido y ésta es la tabla de náufrago de muchos que, en otras condiciones, hubiesen sido devorados por la máquina.


Leer / Descargar texto

Dominio público
6 págs. / 10 minutos / 47 visitas.

Publicado el 18 de julio de 2021 por Edu Robsy.

12345