Supongo que algunos de ustedes recordarán el
caso ocurrido no hace mucho del acróbata que murió en un accidente
durante una representación. No hace falta mencionar nombres. Nos
referiremos a él como Mortimer, Henry Mortimer. Nunca se supo la causa
de su muerte, pero yo sí sé cómo se produjo. He guardado silencio
durante todo este tiempo, y ahora puedo hablar sin miedo a herir a
nadie. Ya han fallecido todos los interesados en su muerte o en la del
hombre que la planeó.
Cualquiera de ustedes que conozca el caso recordará lo apuesto, bien
parecido y elegante que era Mortimer. Creo que es el hombre más
atractivo que he visto nunca. Además, era el tipo más ágil que haya
pisado nunca un escenario. Estaba tan seguro de sí mismo que utilizaba
peso extra; así, cuando caía el contrapeso, saltaba cinco o seis pies
más alto de lo que nunca nadie ha podido saltar. Además, levantaba las
piernas en el aire de tal forma, parecida a como hacen las ranas al
nadar, que daba la sensación de que saltaba mucho más arriba.
Creo que todas las chicas estaban enamoradas de él por la forma en
que se comportaban cuando estaban entre bastidores y se acercaba el
momento de su entrada. Eso no le habría importado mucho (las chicas
siempre se enamoran de un hombre u otro), de no haber sido porque varias
mujeres casadas empezaron a comportarse igual. Para mayor vergüenza,
algunas de las que iban siempre detrás de él llevaban a sus propios
maridos.
Información texto 'Muerte Entre Bastidores'