Textos más vistos de Bram Stoker publicados por Edu Robsy | pág. 2

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autor: Bram Stoker editor: Edu Robsy


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El Sueño de las Manos Ensangrentadas

Bram Stoker


Cuento


Lo primero que oí acerca de Jacob Settle fue una sencilla afirmación que describía su carácter: «Es un tipo triste». Sin embargo, más tarde me di cuenta de que esa opinión solo expresaba lo que sus compañeros de trabajo pensaban de él. En aquellas palabras había cierto grado de intolerancia; les faltaba el lado positivo que toda opinión que se precie debe tener y que sitúa a la persona en la justa medida de la estima social. Pero había algo que no encajaba con el aspecto del personaje. Esto me dio que pensar y, poco a poco, y a medida que fui conociendo cada vez más el lugar y a sus compañeros de trabajo, fue creciendo mi interés por él. Supe que siempre estaba haciendo favores que podía cumplir y que en todo momento se dejaba guiar por la previsión, la paciencia y el autocontrol, verdaderos valores de la vida. Las mujeres y los niños confiaban ciegamente en él pero, por extraño que parezca, él los evitaba, salvo cuando alguien estaba enfermo; entonces, aparecía tímido y desgarbado para ofrecer su ayuda.

Llevaba una vida muy solitaria. Él mismo se hacía las cosas de casa. Vivía en una pequeña casa de campo, lo más parecida a una cabaña, de una sola habitación y alejada del mundo, en los límites del páramo. Su existencia parecía tan triste y solitaria que me entraron ganas de animarla. Me decidí a ello un día que nos encontramos ayudando a incorporarse a un chico herido, con el que choqué accidentalmente. Fue entonces cuando me ofrecí a prestarle unos libros. Él aceptó de buen grado y, al separarnos, ya al amanecer, sentí que entre nosotros había surgido cierto grado de confianza.


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12 págs. / 21 minutos / 435 visitas.

Publicado el 17 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

La Cadena del Destino

Bram Stoker


Cuento


1. El aviso

El día que llegué a Scarp era tan tarde que apenas me di cuenta del aspecto exterior de la casa pero, por lo que pude apreciar a la débil luz del crepúsculo, se trataba de un edificio majestuoso, de aspecto bastante antiguo y construido en piedra blanca. Sin embargo, al atravesar el pórtico, pude apreciar más de cerca su belleza: en el vestíbulo ardía una gran chimenea y todas las habitaciones y pasillos estaban iluminados. El vestíbulo podía ser, por su tamaño, el de un palacio y daba a una escalera de roble oscuro tan ancha y empinada que casi podía subir por ella un carruaje. Las habitaciones eran espaciosas, de techos altos y con las paredes revestidas de roble negro igual que la escalera. Este oscuro material habría hecho que la casa pareciera terriblemente lóbrega de no ser por lo espacioso y alto de las habitaciones y los pasillos. La impresión que causaba era una acogedora combinación de calidez y estilo. Las ventanas estaban encajadas en profundos alféizares y, en la planta baja, casi llegaban desde el suelo hasta el techo. Las chimeneas eran de estilo antiguo, grandes y con tallas de roble macizo, que representaban escenas de la Historia Sagrada. A ambos lados de las mismas se erguían dos atizadores de hierro macizo con forma de perro. Era justo el tipo de edificio que hubiera emocionado a Washington Irving o a Nathaniel Hawthorne.

Hacía poco que habían restaurado la casa, sin olvidar por ello las comodidades, y le habían añadido todas aquellas mejoras que pudieran hacer más acogedoras las habitaciones. Las viejas ventanas de hoja romboidal, que probablemente databan de la época isabelina, habían sido sustituidas por otras de vidrio, mucho más prácticas. Y, de idéntica manera, se habían incorporado otros muchos cambios, pero se había hecho con tan buen gusto que nada de lo antiguo desentonaba con lo moderno. Se había conseguido una armonía de conjunto.


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52 págs. / 1 hora, 32 minutos / 220 visitas.

Publicado el 17 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Una Profecía Gitana

Bram Stoker


Cuento


—Creo que lo mejor —dijo el doctor— es que uno de nosotros vaya a comprobar si se trata o no de un engaño.

—De acuerdo —contestó Considine—. Cuando acabemos de cenar, nos fumamos un puro y nos acercamos al campamento.

Y así, después de cenar, y tras haber terminado el Latour, Joshua Considine y su amigo el doctor Burleigh se encaminaron hacia el lado este del páramo, donde se levantaba el campamento gitano. Según salían, Mary Considine, que se había acercado hasta el final del jardín, justo donde empezaba el camino, llamó a su marido:

—Joshua, por favor, recuerda que vas a darles una oportunidad, no la fórmula para hacerse ricos. No tontees con ninguna mujer gitana ni dejes que Gerald haga ninguna tontería.

Considine alzó la mano como única respuesta, como si estuviera haciendo un juramento, y se puso a silbar la vieja canción «La Condesa Gitana». Gerald se le unió en la melodía y, entre risas, saludaron una y otra vez con la mano a Mary, que estaba apoyada en la verja contemplando cómo se alejaban a la luz del atardecer.

Era una hermosa noche de verano. Todo estaba en completa calma y se respiraba una felicidad serena, como si aquella alegría y aquel sosiego hubieran hecho del hogar de la joven pareja un paraíso. La vida de Considine había sido bastante normal. El único acontecimiento digno de mención, del que él tuviera conciencia, había sido su relación con Mary Winston y la continua oposición de sus ambiciosos padres, que esperaban un buen partido para su única hija.


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10 págs. / 18 minutos / 398 visitas.

Publicado el 17 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

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