Sub conservatione formæ specifícæ salva anima.
(Raimundo Lulio)
Vengo
de una raza notable por la fuerza de la imaginación y el ardor de las
pasiones. Los hombres me han
llamado loco; pero todavía no se ha resuelto la cuestión de si la locura es o
no la forma más elevada de la inteligencia, si mucho de lo glorioso, si todo
lo profundo, no surgen de una enfermedad del pensamiento, de estados de
ánimo exaltados a expensas del intelecto general. Aquellos que sueñan de
día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche. En sus
grises visiones obtienen atisbos de eternidad y se estremecen, al despertar,
descubriendo que han estado al borde del gran secreto. De un modo fragmentario
aprenden algo de la sabiduría propia y mucho más del mero conocimiento propio
del mal. Penetran, aunque sin timón ni brújula, en el vasto océano de la «luz
inefable», y otra vez, como los aventureros del geógrafo nubio, «agressi
sunt mare tenebrarum quid in eo esset exploraturi».
Diremos, pues, que estoy loco.
Concedo, por lo menos, que hay dos estados distintos en mi existencia mental:
el estado de razón lúcida, que no puede discutirse y pertenece a la memoria de
los sucesos de la primera época de mi vida, y un estado de sombra y duda, que
pertenece al presente y a los recuerdos que constituyen la segunda era de mi
existencia. Por eso, creed lo que contaré del primer período, y, a lo que
pueda relatar del último, conceded tan sólo el crédito que merezca; o dudad
resueltamente, y, si no podéis dudar, haced lo que Edipo ante el enigma.
Información texto 'Eleonora'