Textos más populares este mes de Emilia Pardo Bazán disponibles publicados el 10 de mayo de 2021 | pág. 9

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autor: Emilia Pardo Bazán textos disponibles fecha: 10-05-2021


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Las Siete Dudas

Emilia Pardo Bazán


Cuento


Es preciso que a vosotros, los que camináis en tinieblas, los que tenéis el alma sumergida en las aguas del dolor, los que ya no esperáis, os diga cómo luché con esas mismas congojas que os empalidecen la cara y os hacen odiar la vida; cómo vencí las siete dudas mortales. Si mi historia no os sirve de medicina, sírvaos siquiera de consuelo.

I. La amistad. La duda.

Me llamo Jacobo, y nací de padres acomodados en hacienda y nobles en prosapia. Mi niñez puedo decir que fue venturosa, pues la rodeó de cuidados el cariño de mis padres, a quienes tuve el dolor de perder antes de que yo cumpliese los veinte años. Así es que entre mis siete dudas no encontraréis una de las más amargas; no me veréis tender a la familia sobre la fría mesa de disección.

Si recuerdo los primeros periodos de mi vida, lo que más se destaca en ellos es un afecto amistoso, que empezó en los bancos de la escuela y me acompañó hasta muy entrada la juventud, hasta los veinticinco bien cumplidos.


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Dominio público
5 págs. / 9 minutos / 53 visitas.

Publicado el 10 de mayo de 2021 por Edu Robsy.

El Mascarón

Emilia Pardo Bazán


Cuento


No quería señá Cipriana, la prendera, cerrar tan temprano aquel lunes del Carnaval. La prisa que le estaba dando la buena pieza de su sobrino, era «motivá» por las ganas de largarse al baile, a gastar las perras y volver, si a mano viene, con la crisma rota.

El lunes de Carnaval era la gran ocasión de alquilar los mantones que se ostentaban en el escaparate, y hasta las once y las doce estaban viniendo chulillas del barrio, modistas y ribeteadoras, a llevarse aquellos trapos castizos, donde pajarracos y floripondios desplegaban sus formas, sus asiáticos colorines. Noches semejantes engrosaban el cajón del mostrador, y después, el fajo de billetes que, ocultos por algún tiempo en el buró, salían luego para préstamos a rédito seriecito, del quince o del veinte.

Tanto, sin embargo, la mareó el sobrino, alborotado por el olor de juerga que exhalaba el barrio entero, las calles regadas de confeti, los chiquillos vestidos de demonios verdes, azotando a los transeúntes con el rabo, que acabó por decirle:

—¡Ay, hijo! No vayas a mal parirte. Cierra el escaparate, deja la puerta encajá, pa que si pasa alguna de ésas, sepa que velo… Y listo, en aeroplano, pa llegar más antes.

Por conciencia, el mozo avisó:

—No debía usté velar. Cierre pronto. No quea usté bien, así sola…

—No me come el coco. Sola está una por lo regular…

Sin meterse en más advertencias, el sobrino requirió capa y gorra, y salió, al paso elástico de los que van hacia su deseo.

La prendera se sentó en la tienda, en su rincón favorito, notando lo mal que alumbraba aquel día la luz eléctrica, y su fulgor pálido y extraño.

«Como encienden pa tanta fiesta y tanto bailoteo…», pensó.


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 62 visitas.

Publicado el 10 de mayo de 2021 por Edu Robsy.

Los Santos Reyes

Emilia Pardo Bazán


Cuento


Mientras atravesaban el desierto, al zanquilargueo cachazudo de sus camellos, sólo acelerado por un sobresalto de miedo cuando el aire de la noche traía una tufarada del bravío hedor de los chacales y las hienas, los que dejaron su reino por seguir a una estrella singular, más fúlgida que todas, conferenciaban desahogando las preocupaciones y esperanzas que sugería la aventura.

—En verdad, sabio Baltasar —murmuraba Melchor el etíope—, que no sabemos a dónde vamos, ni quién sea ese Rey, más grande que nosotros, más grande que cuantos existen, al cual llevamos tan espléndido tributo de oro de Ofir, mirra de Arabia e incienso índico.

—No lo barruntamos siquiera —confirmó Gaspar el guerrero—, cuyas armas lucientes refractaban los destellos del astro guía.

El monarca de la barba de plata hilada, semejante a las aguas de un río, no contestó al pronto. Reflexionaba, como suelen los ancianos prudentes, antes de opinar. Al cabo, mirando no sin recelo hacia el horizonte escueto e interminable, sobre el cual la bóveda del firmamento era un casquete de metal sombrío, respondió pausadamente:


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Dominio público
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Publicado el 10 de mayo de 2021 por Edu Robsy.

Los Novios de Pastaflora

Emilia Pardo Bazán


Cuento


Tres años hacía que estaban «en relaciones» y todavía no hablaban de casarse. La gente, de continuo, anunciaba la boda «para el mes que viene», «para la entrada del invierno», «para las ferias». Y transcurría el mes, y el invierno, y la primavera, y el verano, y el tiempo corría, y no parecía que se pensase en dar al amor su corona de flores… o de espinas, que eso está por averiguar.

Y, sin embargo, nadie ni nada lo impedía. No existían obstáculos entre los enamorados; no había oposición de familia, ni dificultades de dinero, ni de salud, ni diferencias de clase social, ni aun de gustos y aficiones. Pareja mejor combinada no se encontraría fácilmente. Las vejezuelas del barrio decían que el señorito Andrés y la señorita Matilde eran nacidos el uno para el otro, y que, desde el cielo, algún santo les había puesto en contacto para que las dos mitades de una naranja no anduviesen sueltas por el mundo.


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Publicado el 10 de mayo de 2021 por Edu Robsy.

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