El Ajuste de Cuentas
Francisco A. Baldarena
cuento
Creative Commons
1 pág. / 1 minuto / 485 visitas.
Publicado el 22 de agosto de 2021 por Francisco A. Baldarena .
Mostrando 111 a 120 de 171 textos encontrados.
Creative Commons
1 pág. / 1 minuto / 485 visitas.
Publicado el 22 de agosto de 2021 por Francisco A. Baldarena .
Creative Commons
1 pág. / 1 minuto / 376 visitas.
Publicado el 13 de agosto de 2021 por Francisco A. Baldarena .
Creative Commons
1 pág. / 1 minuto / 229 visitas.
Publicado el 5 de mayo de 2022 por Francisco A. Baldarena .
«¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia.»
Epicuro
1
Primer día de vacaciones de Frank Sandbucket. Vacaciones que pensaba aprovechar al máximo, por eso al entrar en la habitación no se fijó en nada; ni en las comodidades ni en el paisaje que podía ver desde la ventana, sino que se deshizo de la ropa —solo eso quería.
«Adiós por un mes a los zapatos, al traje y a la corbata.»
Menos de media hora después, descalzo y vistiendo un short de baño y una camisa floreada —que compró, al llegar, en una tienda del aeropuerto—, bajó a la playa y, como cuando era niño, se lanzó a caminar sin descanso hasta que tuviese hambre.
Le habían dicho los empleados del hotel que no debía preocuparse en llevar agua, pues varios arroyos cortaban la playa, despejando sus aguas frescas, cristalinas y, sobre todo, puras en el mar; y también que caminara con calma, de lo contrario daría la vuelta a la isla en un par de horas, a pesar de que en su interior había tantas diversiones como para mantenerse bastante ocupado durante el mes que él pensaba quedarse.
Cerca de una hora de caminata, Franck se deparó, confundido entre la maleza, con un antiguo caserón destartalado, pero todavía conservando un vago vestigio de lo imponente y bello que fuera alguna vez.
—¿Qué tal echar un vistazo? —dijo y se abrió camino por la tupida vegetación que rodeaba la vivienda. La puerta, ligeramente caída a un lado, estaba abierta.
Franck inspeccionó cómodo por cómodo en busca de un souvenir, pero después de unos pocos minutos todo lo que encontró para llevarse de recuerdo fue un botellón de vidrio mugriento, que yacía olvidado sobre una opaca y polvorienta repisa agujereada por las termitas.
Creative Commons
7 págs. / 13 minutos / 296 visitas.
Publicado el 18 de septiembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
Creative Commons
1 pág. / 1 minuto / 297 visitas.
Publicado el 18 de febrero de 2022 por Francisco A. Baldarena .
Creative Commons
1 pág. / 1 minuto / 379 visitas.
Publicado el 20 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .
Creative Commons
1 pág. / 1 minuto / 369 visitas.
Publicado el 7 de agosto de 2021 por Francisco A. Baldarena .
Creative Commons
1 pág. / 1 minuto / 269 visitas.
Publicado el 2 de septiembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
1
EL VELORIO
Aníbal Pérez tendría unos cinco o seis años, cuando le agarró un miedo terrible a la muerte. Todo se originó el día que su tío Manuel murió y al pobrecito de Aníbal le hicieron besar al muerto, frío como el mármol. Como su abuela, que lo criaba, no tuvo con quien dejarlo, se lo llevó al velorio con ella. Además del beso al muerto, que fue como darle un beso a la misma muerte, la parentela se pasó toda la noche entre accesos de llanto —de los lastimosos y de los histéricos—, quejidos moribundos y lúgubres lamentaciones. ¡Y todo alumbrado a trémula luz de velas! Con lo que Aníbal, todavía tuvo que vérselas con siniestras sombras fantasmales, moviéndose temblorosas sobre las paredes grises del living donde velaban al pariente. Y para terminar de completar el trauma, al otro día se lo llevaron al cementerio bajo una lluvia fina que, caprichosamente, se le había antojado caer justo esa mañana. El aterrado Aníbal, como una garrapata, no soltaba la falda de su abuela ni para ir al baño. Y la cosa no paró por ahí: de yapa, pesadillas aterradoras lo persiguieron durante casi un mes.
2
CATALEPSIA
Creative Commons
13 págs. / 23 minutos / 589 visitas.
Publicado el 8 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .
I
LA MUERTE
La tarde en que Remigio González fue asesinado parecía que el sol hubiera evaporado hasta la última gota de aire. Nada se movía, a no ser el asesino, a camino de su destino aniquilador.
II
UNA VUELTA EN EL PUEBLO
Los pinos delante del rancho iban fundiéndose imperceptiblemente en el azabache de la noche que ya caía, cuando Pedro Campos sintió ganas de dar una vuelta por el pueblo. Era viernes. Pensó en lo duro que había trabajado en los últimos días en la estancia, y, por lo tanto, que merecía distraerse un poco. Se afeitó la barba de varios días, emparejó el bigote y se dio un baño sin muchos retoques.
«Las horas del patrón pasan rápido, las nuestras no», reflexionó, mientras se secaba.
Vistió ropa limpia: la bombacha negra de salir, una camisa inmaculadamente blanca y un pañuelo rojo, que anudó al cuello con parsimonia y esmero; luego calzó las botas de cuero, negras y lustrosas, se ciñó firmemente la faja, también roja para combinar con el pañuelo, y se acomodó el facón de plata por detrás de la cintura. Finalmente, dobló el poncho bordó y se lo acomodó sobre el hombro izquierdo. Antes de salir al patio, agarró el rebenque y el sombrero de fieltro negro, que siempre dejaba colgados detrás de la puerta de entrada, y, dándole un beso en la frente a su esposa, le dijo:
—Ya vuelvo, voy al pueblo. Enseguida salió hacia el fondo, allá, en el corral, ensilló el caballo y, al rato y al trotecito manso, tomó el rumbo del pueblo.
III
EL BOLICHE
A través de los amplios ventanales, Pedro Campos vio que el boliche estaba a medio llenar, como siempre a esa hora. Ató el caballo al palenque y entró, saludando a los presentes mientras se acercaba al mostrador, donde pidió un tinto y se puso a armar un firme.
Creative Commons
9 págs. / 17 minutos / 615 visitas.
Publicado el 10 de junio de 2021 por Francisco A. Baldarena .