Textos más vistos de Hector Hugh Munro "Saki" publicados el 13 de mayo de 2018 | pág. 3

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autor: Hector Hugh Munro "Saki" fecha: 13-05-2018


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La Fiesta de Némesis

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


—Es una suerte que haya dejado de estar de moda el Día de San Valentín —dijo la señora Thackenbury—. Con Navidad, Año Nuevo y Pascua, por no hablar de los cumpleaños, hay ya bastantes días para el recuerdo. Estas últimas Navidades traté de evitarme problemas enviándoles flores a todos mis amigos, pero no sirvió de nada; Gertrude tiene once invernaderos y unos treinta jardineros, por lo que habría sido ridículo enviarle flores, y Milly acaba de inaugurar una floristería, por lo que resultaba también fuera de cuestión. La tensión de tener que decidir precipitadamente qué les regalaba a Gertrude y a Milly cuando creía tener toda la cuestión solucionada me arruinó totalmente las Navidades, por no hablar de la terrible monotonía de las cartas de agradecimiento: «Te agradezco mucho tus encantadoras flores. Fuiste tan amable al pensar en mí». Desde luego que en la mayoría de los casos ni siquiera había pensado en los receptores; sus nombres estaban en mi lista de «personas a las que no hay que olvidar». De haber tenido que confiar en mi memoria se hubieran producido terribles pecados de omisión.

—Lo malo es que todos estos días en los que se entromete el recuerdo persisten en referirse a un aspecto de la naturaleza humana e ignoran totalmente el otro —le comentó Clovis a su tía—. Por eso se han hecho tan superficiales y artificiales. En Navidad y Año Nuevo la convención te estimula a enviar efusivos mensajes de optimista buena voluntad y afecto servil a personas a las que apenas te atreverías a invitar a almorzar a menos que no te hubiera fallado un comensal en el último momento; si estas cenando en un restaurante en la víspera de Año Nuevo se espera que, cantando «For Auld Land Syne», estreches la mano de desconocidos a los que nunca habías visto y no deseas volver a ver. Pero no se permite licencia alguna en la dirección opuesta.


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Publicado el 13 de mayo de 2018 por Edu Robsy.

La Manera de Yarkanda

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


Sir Lulworth Quayne avanzaba ociosamente por los jardines de la sociedad zoológica en compañía de su sobrino, que acababa de regresar de México. Este último estaba interesado en comparar y contrastar los tipos de animales semejantes que se encuentran en la fauna norteamericana y en la del Viejo Mundo.

—Una de las cosas más notables en el movimiento de las especies —comentó—, es el impulso repentino a viajar y emigrar que, sin ninguna razón aparente, surge de vez en cuando en comunidades de animales hasta ese momento establecidas.

—El mismo fenómeno se observa ocasionalmente en los asuntos humanos —añadió sir Lulworth—. Posiblemente el ejemplo más notable se produjo en este país mientras tú estabas en las zonas salvajes de México. Me refiero a la fiebre de movimiento que se produjo repentinamente en el personal directivo y editorial de algunos periódicos londinenses. Empezó con la estampida de todo el personal de uno de nuestros semanarios más brillantes y emprendedores a las orillas del Sena y las alturas de Montmatre. Esa migración fue breve, pero fue el anuncio de una era de inquietud en el mundo de la prensa que dio un significado nuevo a la frase «circulación periodística». Otros miembros del personal editorial no tardaron en imitar el ejemplo que se les había propuesto. París dejó de estar de moda muy pronto, por resultar demasiado próxima a nuestra ciudad; Nuremberg, Sevilla y Salónica fueron las ciudades elegidas para el trasplante del personal, no sólo ya de los semanarios, sino también de los diarios. Quizás esos lugares no estuvieron siempre bien elegidos; el hecho de que el principal órgano del pensamiento evangélico fuera editado durante dos quincenas sucesivas desde Trouville y Montecarlo fue considerado en general como un error. E incluso cuando editores emprendedores y aventureros se fueron mucho más lejos, junto con su personal, se produjeron los inevitables enfrentamientos.


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Publicado el 13 de mayo de 2018 por Edu Robsy.

La Séptima Pollita

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


—De lo que me quejo no es del pesado trabajo diario, sino de la monotonía gris y apagada de mi vida fuera de las horas de oficina —expresó Blenkinthrope con resentimiento—. No me sucede nada interesante, nada notable o fuera de lo común. Incluso las pequeñas cosas que hago tratando de encontrar algún interés no parecen interesar a los demás. Por ejemplo, las cosas de mi jardín.

—Como la patata que pesó más de un kilo —replicó su amigo Gorworth.

—¿Te había hablado de eso? —comentó Blenkinthrope—. Se lo contaba a los otros en el tren esta mañana. Me olvidé de que te lo había dicho a ti.

—Para ser exactos, me dijiste que pesaba algo menos de un kilo, pero yo tuve en cuenta el hecho de que las verduras y los peces de agua dulce anormales tienen otra vida, en la que el crecimiento no se detiene.

—Eres igual que los demás, sólo te causa diversión —exclamó con tristeza Blenkinthrope.

—La culpa es de la patata, no nuestra —contestó Gorworth—. No estamos interesados lo más mínimo por ella porque no es lo más mínimo interesante. Los conocidos con los que subes al tren cada día se encuentran en el mismo caso que tú; su vida es un lugar común y no es muy interesante para ellos, por lo que ciertamente no van a mostrarse entusiastas por los acontecimientos comunes de las vidas de otros hombres. Cuéntales algo sorprendente, dramático o picante que te haya sucedido a ti o a algún miembro de tu familia y captarás su interés enseguida. Hablarán de ti a todos sus conocidos con cierto orgullo personal. «Un hombre al que conozco íntimamente, un tipo llamado Blenkinthrope, que vive cerca de mi casa, perdió dos dedos cuando le mordió una langosta que llevaba a casa para la cena. Dicen los médicos que pudo haber perdido la mano entera». Ésa sí que es conversación de orden superior. Pero imagínate entrar en el club de tenis y hacer el siguiente comentario: «conozco a un hombre que ha cultivado una patata que pesa más de un kilo».


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Publicado el 13 de mayo de 2018 por Edu Robsy.

Las Ratoneras Prohibidas

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


—¿Te dedicas a actividades de casamentero?

Hugo Peterby planteó la pregunta con cierto interés personal.

—No es mi especialidad —contestó Clovis—. Todo va muy bien mientras lo estás haciendo, pero los efectos secundarios resultan a veces tan desconcertantes... las miradas de reproche mudo de las mismas personas a las que has ayudado e incitado a experimentos matrimoniales. Es tan malo como vender a un hombre un caballo con media docena de vicios ocultos y ver que los descubre, hecho pedazos, durante la estación de caza. Supongo que estarás pensando en la joven Coulterneb. Cierto que es divertida, que en cuanto al físico está muy bien y creo que tiene algo de dinero. Lo que no veo es cómo conseguirás nunca proponérselo. Desde que la conozco no recuerdo que haya dejado de hablar tres minutos seguidos. Tendríais que apostar a correr seis veces alrededor del prado de hierba, para lanzarle luego tu propuesta antes de que ella recuperara el aliento. El prado está preparado para el heno, pero si realmente estás enamorado de ella no dejarás que ese tipo de consideraciones te detengan; sobre todo porque el heno no es tuyo.

—Creo que podría arreglármelas bastante bien con la proposición si pudiera quedarme a solas con ella cuatro o cinco horas —contestó Hugo—. El problema es que no es probable que consiga todo ese tiempo de gracia. El tipo ése, Lanner, está mostrando signos de interesarse en la misma dirección. Es angustiosamente rico, y bastante guapo a su manera; la verdad es que hasta nuestra anfitriona está evidentemente halagada de tenerlo aquí. Si se entera de que está predispuesto a sentirse atraído por Betty Coulterneb, ella lo considerará una unión espléndida y se pasará el día entero arrojándole a uno en brazos del otro. ¿Y qué oportunidades tendré yo entonces? Lo que me preocupa es mantenerlo lejos de ella lo más posible, y si tú pudieras ayudarme...


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Publicado el 13 de mayo de 2018 por Edu Robsy.

Brogue

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


La estación de caza había llegado a su fin sin que los Mullet hubieran conseguido vender a Brogue. Había sido una especie de tradición en la familia durante los últimos tres o cuatro años, un tipo de esperanza fatalista, que Brogue encontraría comprador antes de que terminara la temporada de caza, pero las estaciones iban y venían sin que sucediera nada que justificara ese optimismo mal fundado. El animal había recibido el nombre de Berserker en anteriores fases de su carrera, pero había sido rebautizado como Brogue posteriormente, como reconocimiento al hecho de que, una vez adquirido, era extremadamente difícil librarse de él.

Era sabido que el malevolente ingenio de los vecinos había sugerido que sobraba la primera letra de su nombre . Brogue había sido descrito diversamente en los catálogos de venta como cazador de peso ligero, como caballo de dama y, de manera más simple, aunque todavía con un toque de imaginación, como un útil castrado pardo, de 15,1 de medida. Toby Mullet lo había montado durante cuatro estaciones con los West Wessex; se puede montar casi cualquier tipo de caballo con los West Wessex con tal de que sea un animal que conozca el terreno. Y Brogue conocía íntimamente el terreno, pues había abierto personalmente la mayor parte de los boquetes que había en los lindes y setos en muchas millas a la redonda. No es que su actitud y características resultaran ideales en la caza, pero probablemente era más seguro si se montaba junto a los perros que como rocín por los caminos rurales. Según la familia Mullet, en realidad no se trataba de que le asustaran los caminos, sino que había algunos elementos que le desagradaban y provocaban en él ataques repentinos de lo que Toby llamaba «la enfermedad del viraje repentino». A los coches de motor y las motocicletas los trataba con tolerante desprecio; pero los cerdos, las carretillas, las piedras apiladas al lado...


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Publicado el 13 de mayo de 2018 por Edu Robsy.

El Golpe Más Cruel

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


La temporada de las huelgas parecía haberse detenido. Casi todos los comercios, industrias y profesiones en los que había sido posible producir una dislocación, se habían permitido ese lujo. La última convulsión, y la de menos éxito, había sido la huelga del Sindicato Mundial de Ayudantes de Parques Zoológicos, quienes mientras discutían ciertas demandas se habían negado a cuidar de las necesidades de los animales entregados a su cargo evitando que cualquier otro ayudante ocupara su puesto. En este caso la crisis se intensificó y precipitó por la amenaza de las autoridades de los Parques Zoológicos de que si los hombres «abandonaban» sus puestos de trabajo, los animales abandonarían también el recinto. La perspectiva inminente de que los carnívoros más grandes, por no hablar de los rinocerontes y bisontes, camparan a su voluntad y en ayunas por el corazón de Londres no permitía conferencias prolongadas. El Gobierno del presente, que por su tendencia a ir con unas horas de retraso con respecto al curso de los acontecimientos había sido apodado el Gobierno del Futuro, se vio obligado a intervenir con prontitud y decisión. Una nutrida fuerza de chaquetas azules fue enviada a Regent's Park para que se hiciera cargo de los deberes temporalmente abandonados por los huelguistas. Los chaquetas azules fueron elegidos con preferencia a las fuerzas terrestres en parte por la tradicional disposición de la Armada Británica a ir a cualquier parte y hacer cualquier cosa, y en parte por razón de la familiaridad del marinero con los monos, loros y otros animales tropicales, pero sobre todo por la urgente petición del Primer Lord del Almirantazgo, que tenía grandes deseos de aprovechar la oportunidad de realizar un acto personal de servicio público discreto dentro de las atribuciones de su departamento.

—Si insiste en alimentar personalmente al cachorro de jaguar, desafiando los deseos...


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Publicado el 13 de mayo de 2018 por Edu Robsy.

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